miércoles, 23 de octubre de 2019

La educación online del futuro: ¿enseñar o adoctrinar?


La velocidad de vértigo a la que está sometida la sociedad, cuyo principio de realidad sufre un continuo estado de cambio y transformación, provocando que si nos despistamos lo más mínimo dejemos de reconocer aquel paisaje cotidiano que hasta la fecha conocíamos, tiene como efecto colateral la destilación de la formación reglada. A la cual, previo proceso intencionado de centrifugación, la estamos sintetizando en cápsulas modulares de conocimiento práctico, creando situaciones tan dispares como la aparición de nuevos grados universitarios en los que en un periodo de tiempo menor al que en antaño se estudiaba una carrera (al menos en mi época), ahora se estudian -teóricamente- dos carreras a la vez y de naturaleza dispar. Todo bajo la filosofía de buscar lo fácil, hacerlo rápido y tenerlo para ayer.

Un proceso marcado por el propio ritmo acelerado de la sociedad en el que, por sobrar, comienzan a sobrar incluso los profesores por ser elementos estadísticos de ralentización del proceso formativo. O al menos así si comienza ha concebirse en la nueva era de la revolución educativa del siglo XXI, con la compañía china Squirrel AI a la cabeza, máximo exponente del nuevo paradigma de la formación reglada online de interactuación alumno-ordenador en el que las tutorías están guiadas por un algoritmo de inteligencia artificial en substitución del clásico profesor humano. La fórmula de Squirrel AI está teniendo tanto éxito que en los cinco años de vida de la empresa ésta ya ha abierto 2.000 centros de aprendizaje en 200 ciudades chinas con un registro de más de dos millones de estudiantes (equivalentes a todo el sistema de escuelas públicas de la ciudad de Nueva York), y ya están planificando duplicar los centros abiertos a un año vista en una expansión sin parangón (Fuente: MIT Technology Review). Una tendencia que, a nivel mundial, queda respaldada por las decenas de millones de estudiantes que ya usan alguna plataforma de inteligencia artificial online para aprender.

Evidentemente, el auge imparable de la aplicación de la inteligencia artificial como metodología de aprendizaje no solo es debido a la riqueza de recursos pedagógicos multiniveles que posibilitan las plataformas online, así como la facilidad educativa ofertada en materia de gestión personalizable del tiempo para beneficio del alumno, sino aún más en el alto nivel de éxito de aprobados que obtiene versus el sistema educativo clásico en un mismo periodo de tiempo objeto de estudio. No obstante, el nuevo modelo educativo esconde un troyano de profundas implicaciones sociales: el peligro potencial a una formación global estandarizada. O, dicho en otras palabras, la posible homogeneización del conocimiento para la implementación de un pensamiento único. (Ver: ¿Está en peligro el pensamiento individual?).

Enseñar implica, a la luz de la filosofía humanista, ayudar a los alumnos a desarrollar su racionalidad desde un proceso lógico-reflexivo; es decir, enseñarles a pensar por sí mismos. Un factor clave, y aun más irrenunciable, para una formación sana de la individualidad de las personas. En cambio, el nuevo sistema formativo basado en la inteligencia artificial se decanta sin prejuicio alguno en no contemplar dicho axioma, ya que su objetivo principal no es otro que el alumno aprenda una materia concreta y en un tiempo predeterminado -por requerimientos socioproductivos-, y descarta que comprenda su propio proceso de aprendizaje, lo cual no da cabida al maravilloso despliegue de la lógica creativa, base del pensamiento crítico y disruptivo, que caracteriza al hombre como ser reflexivo. Ergo, si no se enseña, lo que realmente se está planteando es una apuesta clara y decidida por el adoctrinamiento, pero no en un sentido ideológico -aunque aquí podríamos abrir el melón de la ideología productivista del Mercado-, sino más bien en un sentido de neuroprogramación para el desempeño funcional de roles profesionales socialmente pre-estandarizados.

Desde el momento en que el profesor, como activo docente con pleno derecho para el ejercicio de la libertad de cátedra y por tanto garante del pensamiento crítico, queda excluido de la lógica del nuevo sistema formativo de futuras generaciones, el tipo de enseñanza futura, así como el modelo de pensamiento imperante, tiene el peligro no solo de acabar homogeneizado sino incluso de ser monopolizado (gestión del control) por unas pocas manos partidistas: los directivos de las empresas tecnológicas de formación. Lo cual, sin lugar a dudas, viciará la actual naturaleza de beneficio social de la educación en pos de un beneficio marcadamente económico.

Así pues, y filosofía mediante, como sociedad tenemos el imperativo moral de reflexionar qué modelo formativo de futuro deseamos desarrollar a través de las nuevas herramientas pedagógicas de las plataformas online con base de inteligencia artificial: ¿enseñar o adoctrinar?. Dos opciones diferentes para dos horizontes de la humanidad tan divergentes como antagónicos. Personalmente, como filósofo humanista y docente universitario -aunque cada vez más a tiempo parcial muy a mi pesar por causa mayor de un Mercado excluyente-, abogo sin fisuras por la enseñanza frente al adoctrinamiento. Pues, como ya apuntó Platón, el mayor objetivo de una sociedad es educar correctamente a la juventud. Así que dejemos los modelos sociales orwellianos (de la novela “1984”) para el ámbito de la recreación artística o el ocioso mundo de los videojuegos.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano