martes, 3 de septiembre de 2019

Sobrepoblación mundial, efectos socio-económicos y políticos a corregir


Que somos cada vez más seres humanos los que coexistimos en el planeta es una evidencia. Para muestra, un botón: en el año 1.800 éramos 1000 millones de personas y, transcurridos tan solo dos siglos, actualmente sumamos ya los 7.300 millones de personas, cifra que según todas las previsiones se elevará a los 10.000 millones de personas a finales del presente siglo. Un ritmo de crecimiento poblacional de la especie humana nunca visto hasta la fecha en toda la historia de la humanidad.

Las razones son claras. El incremento poblacional mundial coincide con la aparición a finales del siglo XVIII de la primera revolución industrial -ya vamos por la cuarta desde 2011-, lo cual no solo conllevó un aumento exponencial de la renta por cápita en todo el planeta, que se había mantenido prácticamente estancada en los siglos anteriores, posibilitando la economía productiva de masa basada en la competitividad de mercado como motor de la innovación, sino que ha ido pareja asimismo de un alto crecimiento en el desarrollo del estado del bienestar social de las comunidades humanas.

Pero razones fenomenológicas a parte, lo cierto es que nuestra especie ya hace tiempo que ha alcanzado el estado de sobresaturación con respecto a nuestro propio planeta, pues nuestro conductismo existencial supera el límite que la Tierra puede admitir. Por lo que si existe alguna solución sobresaturada en el planeta -hablando en términos químicos-, éste no es otro que el propio ser humano, ya que nuestro nivel de explotación en materia de recursos naturales es superior a la capacidad de regeneración del planeta. Un ritmo conductual colectivo que, de proseguir, nos obligará a “tener que irnos con la música a otra parte”, como bien apuntó Stephen Hawking poco antes de morir en referencia a buscar nuevos planetas en el cosmos donde vivir.

No obstante, más allá de las implicaciones de salubridad medioambiental planetaria causadas por la sobrepoblación mundial -y nuestra fagocitación patológica propia de especies invasivas-, me interesa el estado de sobresaturación que hemos alcanzado con respecto ya no a nuestro propio planeta como organismo (tema del que se debate mucho), sino a nuestras propias sociedades como entidades orgánicas. En este sentido, cabe destacar los efectos de la sobresaturación por sobrepoblación en los estratos económico, social y político en el seno de las sociedades occidentales contemporáneas.

Los efectos de la sobresaturación en el modelo económico de mercado, por sobrepoblación de nuestras sociedades, se evidencia en la diferencia por exceso de la oferta de servicios y productos respecto a la demanda de los mismos sin capacidad para asimilarlos, lo cual conduce a un estado de decrecimiento económico que genera caída en la renta por cápita y aumento de la inflación.

Los efectos de la sobresaturación en el modelo de bienestar social, por sobrepoblación de nuestras sociedades -y en connivencia con el modelo económico de mercado-, se evidencia en la diferencia por exceso de la necesidad de cobertura de las prestaciones sociales para los miembros de una comunidad respecto a la capacidad de respuesta del Estado hacia la misma en la que se ve imposibilitado, lo cual conduce a un incremento de la deuda pública nacional y a un aumento de la brecha de desigualdad social.

Mientras que los efectos de la sobresaturación en el modelo político en estados democráticos sociales y de derecho, por sobrepoblación de nuestras sociedades -y en connivencia con los modelos económico de mercado y de bienestar social-, se evidencia en la diferencia por exceso de la capacidad hipotética de la política soberana respecto a la capacidad política real de la soberanía nacional, lo cual aboca a un aumento del estado de desafectación de la política y a un incremento de las políticas populistas.

Parece evidente que ante tal panorama, y entendiendo que sobrepoblación mundial equivale en términos sociológicos a globalización, no se pueden corregir los desequilibrios de los efectos de la sobresaturación en el modelo político sin antes corregir los efectos de la sobresaturación en el modelo de bienestar social, ni éste sin previamente corregir los efectos de la sobresatutación en el modelo económico de mercado, que es lo mismo que redefinir el actual estándar de la economía productiva que alinee oferta con demanda.

No obstante, el único camino existente para corregir el desequilibrio por sobresaturación poblacional del modelo económico de mercado no es otro que mediante la decidida intervención de un redefinido modelo político (con incidencias transversales en el conjunto de la sociedad), en el que la democracia vuelva a ser social y de derecho, con capacidad para hacer evolucionar el capitalismo hacia un estado de poder ponderado sobre el conjunto de la sociedad (capitalismo humanista). Lo contrario solo conduce a excesos en desigualdad social y a desequilibrios en la asignación y explotación de recursos en un planeta sobrepoblado que, con prescripción retrasada, requiere de un nuevo orden estable para su sostenibilidad. Aunque, como ya sabemos, la acción virtuosa del in medio virtus aristotélico nunca ha sido un fuerte para el ser humano.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano