viernes, 13 de septiembre de 2019

Homo Gallinaceo: superficialidad, ruido y desorden en nuestra sociedad


Hace tiempo que me di cuenta que estamos envueltos en tertulias de gallinas de las que resulta difícil escapar. Pero no en el sentido de gallinas como sinónimo de personas miedosas, sino en el sentido adjetival más estrictamente calificativo de la hembra de la especie gallus gallus domesticus que no deja de cacarear ni bajo el agua. De lo que deduje, para enriquecimiento de mi particular Bestiario Urbano, que dentro de la familia humana existe una subespecie ampliamente expandida a la que denomino Homo Gallinaceo.

Las características que definen al Homo Gallinaceo sobre el resto de miembros de los homo sapiens son básicamente las que siguen:

-Les gusta cacarear de todo y de nada en particular, entendiendo cacarear como la acción verbal de parlotear picando temas de conversación de aquí y de allí sin orden ni control.

-En su cacarear prima sobremaneramente el gusto por los temas superficiales, recreándose en tertulias vacuas por insustanciales que pueden acabar en verborreas yermas compartidas.

-Los cacareos se suelen caracterizar como monólogos, en los que cada miembro parlotea para sí mismo sin el menor interés de coparticipar, y menos empatizar, de los parloteos de terceros.

-El discurso del cacareo no se impone sobre el resto por méritos argumentales, sino por capacidad de vocerío y de agilidad de intervención (que ciertamente es todo un arte agotador), generando una sinfonía grupal cacofónica.

-Y, por último, les desagrada compartir su espacio y su tiempo con otros congéneres de la familia humana que no se ajusten a su perfil insulso por carente de interés.

De Homo Gallinaceo podemos encontrar en todos los estratos sociales, así como de manera transversal en el conjunto de las comunidades humanas. Tanto es así que se pueden identificar genéricamente y sin mayor dificultad en los entornos familiares, en los entornos de conocidos sociales, en los entornos laborales y, con especial relevancia por su placer a la exposición pública (no olvidemos que viven por y para enseñar sus plumajes), en los diversos programas televisivos de ocio y entretenimiento y, asimismo, en el conjunto de la vida política (para intranquilidad del resto de ciudadanos).

Por otro lado, cabe destacar que la naturaleza por antonomasia del Homo Gallinaceo como animal social es el ruido y el desorden, por lo que no se puede esperar de ésta subespecie humana ni que profundice sobre un tema concreto en búsqueda de su posible origen causal para poder dilucidar una acción lógica frente al mismo, ni que por tanto se comporte de manera resolutiva respecto a un problema común, y ni mucho menos que actúe de manera conjunta y ordenadamente coherente para beneficio colectivo. Además, como se trata de animales con poca agudeza sociovisual y de respuesta inmediata a los estímulos externos que perciben, sus acciones siempre son a corto -por no decir inmediato- plazo, lo cual los imposibilita para planificar estrategias de actuación grupal en un período de tiempo largo.

Sí, podemos afirmar, con tan solo observar a nuestro alrededor, que el Homo Gallinaceo se ha convertido en la subespecie prevaleciente de la familia del homo sapiens contemporáneo (aunque de sabios tenemos poco). Por lo que de la sociedad de esta era tan solo podemos esperar superficialidad, ruido y desorden. Aunque, rompiendo una lanza a favor de mis detractores, ciertamente ¿qué se yo?, pues en verdad sólo sé que sé menos que Sócrates.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano