miércoles, 28 de agosto de 2019

Sobre el vacío o materia oscura personal, y el Ojo que no lo ve todo


El Ojo que todo lo ve, no lo ve todo. Pero no siempre fue así. En la época de los antiguos dioses, el Ojo de Ra u Ojo de Horus lo veía todo en plena era de la cuna de la civilización de la humanidad, el Ojo del Dios crístico lo veía todo desde la época medieval hasta los albores del ateísmo, y el Ojo del Gran Arquitecto lo veía todo en la superada (por el agnosticismo científico) era de la ilustración. Pero ahora el Ojo de la Providencia -muertos y prácticamente olvidados los dioses antiguos-, ya no es de naturaleza metafísica, mística y religiosa, sino que el nuevo Ojo imperante que todo lo ve es de naturaleza artificial por algorítmica y tecnológica, pues nos encontramos inmersos en la era del Ojo de Google (entiéndase como metonimia de la omnipotente era de internet).

El Ojo contemporáneo que todo lo ve, el Ojo de Google, solo ve las manifestaciones externas de los seres humanos, pero no así su mundo álmico interior, capacidad de visión que por otro lado sí tenían los antiguos dioses. Por no ver, el Ojo artificial que todo lo ve no puede ver el vacío de los hombres, al igual que los científicos no pueden captar la materia oscura del universo que cohesiona nuestro cósmos y sin la cual las galaxias y con ellas todos sus astros (planetas y estrellas incluidos) se dispersarían por su propia rotación. Y aun así, aunque el Ojo que todo lo ve no pueda ver o captar el vacío interior de las personas o la materia oscura del exterior del espacio, no significa que éstos no existan y cumplan una función relevante en nuestra existencia particular.

De hecho, el vacío interior del ser humano es equiparable a la materia oscura del universo, pues se sabe que existe pero se desconoce de qué está compuesta, es oscura porque no emite ningún tipo de luz mostrándose completamente transparente o invisible a cualquier espectro electromagnético, y aún así su existencia se puede inferir a partir de los efectos físicos, mentales y emocionales que ejerce sobre el cuerpo y la consciencia humana. Y aunque su porcentaje de materia no visible es pequeña en relación al conjunto de la materia visible del cuerpo del ser humano, pobre del que desde su mismidad se precipita en su oscuridad -por acción, omisión o accidente exógeno u endógeno- porque en el vacío de su interior toda luz personal acaba apagándose.

Tanto es así que se sabe cuando un ser humano ha sido engullido por la fuerza gravitatoria de su vacío o materia oscura personal porque su luz visible deja de brillar a los ojos del mundo exterior, mostrando una clara actitud psicoemocional de pérdida de ilusión, alegría y motivación por la vida en su día a día. (Pues no se puede dar lo que no se tiene). No existiendo más que apatía, pues en el insondable espacio del vacío personal los ecos del alma de la personalidad del hombre se pierden entre la oscuridad de la nada hasta su propia extinción. Ya que sobre la naturaleza del vacío interior, si bien desconocemos su composición, sabemos -por simple observación empírica- que priva a la persona de los rasgos característicos que definen su propia identidad innata, sin los cuales no puede manifestarse la chispa vital de todo individuo. O, dicho de otro modo, solo cabe arrebatar la esencia de la personalidad singular que caracteriza a un ser humano para empujarle irremediablemente al pozo de su vacío personal, allí donde solo existe la nada, que es lo más parecido a una muerte agónica -por lenta y arrebatada de sentido- en vida.

El vacío o materia oscura personal pertenece al mundo de la metafísica. Es por ello que el nuevo Ojo artificial no lo ve, pues éste solo forma parte del mundo físico. Pero aún no siendo visible en el mundo de las formas, es por todos sabido que el vacío personal existe. Así como el hombre sabe, aunque sea por puro instinto de supervivencia, que del vacío oscuro se puede salir, siendo el único camino de retorno o “renacimiento” la acción de volver a ser uno mismo -desde la esencia de la mismidad que caracteriza nuestra singular naturaleza personal-, frente al resto del mundo exterior. No obstante, no es menos cierto que enfrentarse a un mundo que coyunturalmente ahoga, presiona hacia nuestra propia nulidad y nos hace sentir impotentes como seres humanos individuales no resulta fácil, y más aun cuando el mundo inmoviliza con lazos sentimentales y responsabilidades tanto morales como materiales con el objetivo de forzar la cesión de nuestra mismidad. Es por ello que la reivindicación de la libertad del Yo Soy, como reactivo para escapar del vacío o materia oscura personal, solo es apta para valientes de espíritu, conscientes que no hay libertad sin lucha, ni lucha sin rebeldía. Pero no se trata de una rebeldía sin causa, sino de la rebeldía propia -que bien puede calificarse de resistencia existencial- de la chispa personal de la vida que todo ser humano debe resguardar por derecho y obligación natural para continuar sentirse vivo en su cotidianidad.

El Ojo de la Providencia de nuestro siglo que todo lo ve, no puede ver ni captar el vacío personal -como sí lo hacían los antiguos dioses-, por lo que aun exhibiendo una inteligencia artificial suprahumana no puede gestionar aquello que desconoce, dejando al ser humano contemporáneo al desamparo de sus propias capacidades. Todo un reto de superación personal para cualquier ser humano, en una sociedad enajenada por el Ojo de Google, en la búsqueda de un camino de autoaprendizaje e iniciación en soledad hacia la plena consciencia de la mismidad que permita a la persona salir de su vacío o materia oscura personal.

El vacío personal existe, aunque el Ojo que todo lo ve no lo vea, y como todo en el Universo tiene su propia función. Al igual que la materia oscura cohesiona nuestro cosmos, el vacío personal cohesiona nuestra singularidad como seres pensantes y sintientes, no por lo que hacemos sino por lo que somos. El vacío personal se muestra como un revulsivo existencial, claramente metafísico, para reencontrarnos nuevamente desde nuestra esencia singular una vez nos hemos perdido -o mejor dicho, dejado perder- en el mundo exterior. Por lo que si alguna razón de ser tiene el vacío personal ésta no es otra que la de ayudarnos en nuestro proceso de crecimiento personal. Pues la vida, aun en su fragilidad, es una fuerza inexorable.

A partir de aquí, que cada cual actúe como mejor sepa proceder inmersos -si es el caso- en los vacíos personales, pues no existen fórmulas estándares. Aceptando que muertos los antiguos dioses, el hombre está solo consigo mismo y frente a sus circunstancias en un mundo panóptico e invisible en su vacío frente a un Ojo que no todo lo ve. Sabiendo que solo se regresa al camino de la luz personal que nos permite sentir vivos, desde el espacio de la materia oscura individual, redescubriendo quiénes somos en verdad, para a continuación renovar las fuerzas existenciales actuando en consecuencia. Pues no hay mayor fortaleza y vitalidad personal que vivir siendo fieles desde el Yo Soy con nosotros mismos y frente al resto del mundo. Fiat lux!



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano