viernes, 5 de julio de 2019

España, la casa sin barrer mientras los políticos marean la perdiz


En España vivimos una época de pésimos gobernantes que solo hacen que marear la perdiz hasta el agotamiento, y mientras tanto -como dice el sabio refranero popular-, unos por otros la casa sin barrer: el músculo económico nacional en recesión, un paro estructural cronificado, un acceso a la vivienda prohibitivo solo apto para privilegiados, la capacidad de ahorro doméstico inexistente con familias que viven sumergidos en una economía de subsistencia sobre endeudada, un mercado laboral escaso y precario, un sistema educativo desalineado con la demanda laboral, un aumento continuo de la brecha de la desigualad social, un sistema de pensiones deficiente y en peligro de extinción, y un frágil e inestable sistema sanitario, entre otros rasgos característicos de nuestra radiografía actual. (Ver: ¿Por qué la clase media es la gran olvidada si aporta estabilidad económica,social y política?).

Y aun así, nos, el pueblo español, que en última instancia somos el depositario de la soberanía nacional de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho (aunque parece que todavía no nos lo creamos), miramos con desidia desde la distancia televisiva el circo político, cuyos malabaristas del vivir a costa del prójimo se sienten tan impunes que, sin vergüenza ni rubor alguno y aun menos sin despeinarse, toman como primera medida política en la reciente constitución de los consistorios locales un aumento de entre el 30 y más del 40 por ciento de sus sueldos regalados. Una parodia propia para la España de Berlanga. Quien sabe, quizás el masoquismo del homo español sea un rasgo característico por naturaleza. Pues ya el historiador romano Pompeyo Trogo, contemporáneo del emperador Augusto en el siglo I. a.C., nos definió tal como reza: “Los hispanos tienen preparado el cuerpo para la abstinencia y la fatiga, y el ánimo para la muerte: dura y austera sobriedad en todo”.

No obstante, no es menos cierto que a los españoles de a pie nos preocupa los aspectos más básicos de la pirámide de Maslow, que no son otros que aquellos que nos otorgan seguridad y cubren nuestras necesidades elementales: el empleo, la vivienda, la sanidad, la educación y una economía doméstica que asegure el desarrollo de una vida familiar digna (ya sea en estado de población activa o inactiva). Sí, somos así de elementales, al igual que el resto de la humanidad. Aspectos sociales fundamentales que en nuestro país no están resueltos, y que sin embargo nuestros gobernantes (que por nivel de rentas a costa de la austeridad de sus conciudadanos se sitúan en el estrato de clase social alta) no atienden ni por alusión directa, complicidad mediante la patente indiligencia de una sociedad quizás marcada a fuego lento y de manera secular por el rasgo definido por el antiguo Trogo.

Y bajo esta cuerda, o mejor dicho telón teatral, nuestros gobernantes lo tienen fácil para buen vivir del juego de marear la perdiz sin hacer nada: por un lado, lanzando pelotas de responsabilidad política fuera por causas de fuerza mayor en un mundo globalizado que obliga a una constante cesión y concesión de la soberanía nacional (Ver: El Mercado, el nuevo modelo de Dictadura mundial); y por otro lado, alimentando de manera continua la naturaleza de confrontación pseudofraticida del pueblo español desde postulados de exaltación emocional. Característica nacional que asimismo ya fue señalada por el mismo historiador romano Trogo, al afirmar que los españoles “prefieren la guerra al descanso y si no tienen enemigo exterior lo buscan en casa”. Pues el español de a pie se moviliza más por la enarbolación de los colores de su estandarte, como toro que embiste cualquier capote al viento, que por sus propias necesidades sociales. Y así vamos, preocupados en entelequias que no ocupados en lo que realmente importa.

Como me dijo una persona aun siendo yo muy joven, las sociedades tienen los gobernantes que se merecen. Por lo que el problema no radica tanto en el nivel de altura de nuestros gobernantes (que no son más que un reflejo de nuestra realidad), sino en la madurez política democrática del conjunto de los ciudadanos, la cual implica una consciencia proactiva y exigente de la sociedad con la política como medio de gestión instrumental de la res publica. Pues solo y de manera transversal desde la implicación del conjunto de los diferentes estratos sociales que configuran nuestra colectividad como país podremos mejorar los principios rectores y ejecutivos de la Democracia como sistema político de organización social, utilizando como base para el cambio de la mentalidad colectiva los resortes propios del sistema educativo. O dicho en otras palabras, si queremos mejorar nuestro pobre por ineficaz modelo político, que no provee más que al estatus social de aquellos que participan de la política, debemos mejorar como ciudadanos en el pleno ejercicio activo de nuestros derechos y obligaciones democráticas. Pues en caso contrario estaremos incurriendo en una flagrante dejación de nuestras propias responsabilidades, y siendo así no falta decir que sobran las lamentaciones para proseguir con unas vidas, como ya retrató el romano Trogo, preparadas para la abstinencia y la fatiga (que parece que la busquemos a posta). Eso sí, con austeridad alegre al frescor de una cervecita en la terraza del bar de la esquina, que hoy hay partido de fútbol.

Y es que, como ya sabían los contemporáneos de Trogo, nihil novum sub sole.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano