miércoles, 3 de julio de 2019

El ser humano dejará de ser obeso en el futuro


Que la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud (ente dependiente de la ONU), es por todos conocidos. Un problema que ataca a todos los países del planeta, con independencia de su nivel de riqueza, y que afecta al conjunto de los estratos de la pirámide poblacional de las sociedades, niños incluidos. Y, como todos sabemos, la preocupación general por la obesidad no es tanto estética ante la acumulación excesiva de grasa en los cuerpos humanos -en un mundo global que ensalza el culto al cuerpo-, sino por sus efectos nocivos contra la salud (vinculado a su vez a una docena de enfermedades psicológicas, cardiovasculares, traumatológicas, oncológicas y gastrointestinales). Tanto es así, que la obesidad -junto al sobrepeso- es el quinto factor principal de riesgo de defunción humana en el mundo, registrando un alarmante índice de 2'8 millones de fallecimientos al año.

Como apunte, solo en España, considerado como uno de los principales países por antonomasia de la equilibrada dieta mediterránea milenaria, los casos de exceso de peso afectan a día de hoy al 70 por ciento de los hombres y al 50 por ciento de las mujeres, lo que supone un sobre coste a las arcas de la sanidad pública de 2.000 millones de euros al año. Y suma y sigue a cada año que pasa.

Frente a este escenario sociológico, propio de un hábito conductual humano desordenado, uno no puede dejar de preguntarse si la tendencia ascendente de la obesidad a nivel mundial dejará algún día de aumentar y, si es así, si iniciará un proceso evolutivo inverso hasta retomar los niveles óptimos para la salud humana.

Personalmente considero que sí, y que la obesidad como enfermedad crónica elevada a la categoría de epidemia mundial se encuentra entre los valores más altos de su particular campana de Gauss, ya que en su desarrollo han entrado a participar un nuevo grupo aleatorio de datos propio de los fenómenos del ámbito del desarrollo tecnológico, los cuales se presentan como altamente relevantes para el inicio lento pero constante de la tendencia bajista de la distribución gaussiana del efecto de la obesidad en la sociedad humana. Entendiendo que la función gaussiana en este caso particular se distribuye a lo largo de varias décadas, es decir, que la campana de Gauss que dibuja el efecto social de la obesidad tiene una duración que afecta a diversas generaciones, por lo que el proceso descendente de la obesidad en la humanidad se alargará en el tiempo hasta un futuro a largo plazo aún de carácter indeterminable. Cuya singularidad final si bien no podremos observar en vida, sí que podemos prever por razonamiento inductivo.

Los nuevos datos que auguran la tendencia bajista o descendente de la obesidad en la humanidad, a largo plazo, son los que siguen:

1.-Evolución de la industria alimentaria.

La industria alimentaria camina, de manera inequívoca, hacia la producción artificial de alimentos, como podemos observar en la creación de productos cárnicos sin sacrificio animal mediante el cultivo de células madre de animales en laboratorio. Una tendencia en aumento promovida por dos grandes necesidades a resolver por parte del ser humano para nuestra subsistencia como especie: la disminución de la emisiones de los gases invernadero a la atmósfera (la ganadería industrial es, a día de hoy, la causa principal del calentamiento global), y la sostenibilidad de los recursos naturales cuya explotación están llegando a un punto de inflexión (para producir solo un kilo de carne vacuno intensivo son necesarios 20.000 litros de agua, por poner un ejemplo, en un planeta abocado a la desertización). Por lo que la evolución de la industria alimentaria comportará mayor control sobre la calidad de los alimentos que comemos.

2.-Aumento del nivel de esperanza de vida.

Los avances en materia de bienestar social, sanitarios y tecnológicos, hacen que la humanidad supere de manera constante y progresiva sus marcas récord de longevidad. Como ejemplo, solo en España la esperanza de vida aumenta a un ritmo de 10 horas por día, convirtiéndonos en un plazo de medio siglo en una sociedad de supercentenarios. Tendencia que, a ritmos diferentes entre los diferentes puntos del planeta, acabará por normalizarse a nivel global. (Ver: ¿Y si la inmortalidad se pudiera comprar?). Por lo que el aumento del nivel de esperanza de vida comportará mayor control sobre la calidad de vida de las personas.

3.-Robotización de la sociedad.

La imparable inmersión de nuestra sociedad en la era robótica, inteligencia artificial mediante, es una realidad de facto que tiene como causa principal la actual limitación humana para seguir evolucionando científica y tecnológicamente (Ver: Vivimos en un mundo de ángulos rectos en peligro de extinción, por la llegada de una nueva realidad). Lo que nos conduce al hecho indiscutible de que el futuro inminente de la humanidad no será creado por el hombre, sino por los seres artificiales. Lo cual no solo plantea preguntas respecto a qué nos vamos a dedicar los seres humanos en una sociedad robotizada (Ver: Ante la imparable robotización social, ¿de qué vamos a vivir y a qué nos vamos a dedicar los humanos?), sino que si a ello le sumamos el factor de una sociedad cada vez más longeva, se nos presenta la duda razonable de una sociedad futura en cuyo horizonte impere el control de la natalidad -lo que implica mayor control de la salud de las personas como colectividad-, a pesar de la clara tendencia de suicidio demográfico existente en los países más desarrollados (Ver: La dictadura de la sociedad joven). Por lo que la robotización de la sociedad, que conllevará una vigilancia sobre la masa poblacional del planeta, comportará un mayor control sobre la calidad de vida de la humanidad existente.

4.-Evolución de la industria de restauración.

Por otro lado, al argumento expuesto anteriormente sobre la evolución de la industria alimentaria, cabe complementarlo con la evolución de la industria de restauración que ya anuncia un futuro de comida impresa en 3D, lo que significa que los cocineros tendrán la capacidad de hacernos comidas personalizadas con productos no solo altamente saludables sino adecuados a nuestras necesidades alimenticias personales, bajo parámetros de necesidad fisiológica. De hecho, ya existen dispositivos que miden de manera no invasiva e indolora los nutrientes que necesita nuestro cuerpo. Por lo que no es difícil imaginar un futuro en el que los cocineros nos fabriquen comida reconocible en 3D de manera inmediata que de manera previa, tan solo tras entrar al restaurante, hayan diagnosticado que necesita nuestro organismo para su equilibrio nutricional. Y todo ello, seguro, añadiéndole los gustos a voluntad (sabor a grasa, a fritura, etc) que más nos apetezcan sin efectos colaterales dañinos para nuestro cuerpo. Tiempo al tiempo. Por lo que la evolución de la industria de la restauración comportará un mayor control sobre la salubridad individualizada de la comida de las personas.

Cuatro factores vinculados al desarrollo tecnológico y social de la humanidad que, junto a otras variables complementarias en la misma dirección habidas y aun por haber y descubrir, permitirán una tendencia descendente de la campana de Gauss de la obesidad para el ser humano del futuro. Y ello sin mencionar que, el día de mañana en el que el hombre consiga viajar por el espacio, nuestra masa muscular se verá altamente reducida por los cambios morfológicos producidos por la larga exposición a un hábitat ausente de gravedad que, entre otras consecuencias, conlleva un proceso de crecimiento estilizado generando unos cuerpos más altos, delgados y esbeltos.

Un mañana, que redefinirá la imagen actual que tenemos del cuerpo humano, que sin lugar a dudas ninguno de los presentes seremos testigos, por lo que a falta de una sociedad alimentariamente más controlada solo apta para las nuevas generaciones del futuro, no puedo dejar de pensar en las huevas de salmón que me comeré este mediodía, sobresaturadamente ricas en proteínas, para pesar de mi consciente inicio de sobrepeso. Aunque, como dicen los italianos, dolce far niente, o echando mano de nuestro refranero español: sarna con gusto no pica (pero mortifica). Salud y bon vivant!


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano