martes, 23 de julio de 2019

El búho, un arquetipo ancestral con forma de animal


Hace tiempo que tengo un artículo reflexivo pendiente con un animal que, aun no siendo el predilecto de mi cosmoanimalogía personal, desde siempre he sentido hacia él una especial debilidad empática: el búho. Quizás se deba a que representa el icono de la sabiduría clásica, y servidor no siente más que amor (filos) por la sabiduría (sofia) en calidad de filó/sofo, aunque todo amante no deja de ser al fin y al cabo un buscador del amor anhelado, por lo que más que un amante de la sabiduría stricto sensu me considero un humilde buscador amoroso de la sabiduría [que nada tiene que ver con ser un sabio (sofós)]. O quizás se deba, asimismo, a que representa la capacidad de ver (la verdad última del conocimiento) más allá del mundo opaco de las formas, provocando un despertar de la consciencia, que es la máxima aspiración de todo filósofo como ser pensante y curioso que es.

Percepciones personales que, no obstante, no puedo considerarlas como exclusivas, ya que éstas junto a rasgos de carácter mágico, espirituales o metafísicas han sido compartidas por la humanidad desde los albores de la misma y de manera extensiva al conjunto de culturas humanas habidas. Pues se pueden encontrar búhos desde tiempos inmemorables en casi todas las regiones del planeta, desde el círculo polar ártico hasta los desiertos, pasando por las selvas tropicales y las estepas, hasta llegar a las zonas montañosas y costeras.

El búho, más que un ave rapaz nocturna cualquiera, es símbolo, signo, icono, mito y rito en la historia de la humanidad. Es símbolo porque representa una idea perceptible consensuada socialmente. Es signo porque posee un vínculo convencional entre su significante y su significado. Es icono porque su imagen identifica y representa un concepto. Es mito porque encierra un relato trascendental. Y es rito porque conlleva un carácter cultural expresivo del contenido del mito. Pero por encima de todo, el búho es una idea arquetípica universal, porque de él se deriva una noción común (como símbolo, signo, icono, mito, o rito) en el inconsciente colectivo del hombre con independencia de su tiempo. Por lo que se puede afirmar que el búho es un tótem metafísico atemporal para la especie humana.

En este sentido, si el búho es una idea arquetípica universal o un tótem metafísico atemporal significa, en términos platónicos, que el búho pertenece más al mundo de las ideas que al mundo de las formas. De lo que se deriva que su naturaleza es trascendente, equiparándose más -para la capacidad cognoscente humana- al reino de los animales mitológicos por su fuerza simbólica arquetípica, a semejanza del unicornio (pureza), el grifo (fuerza y empoderamiento) o el ave fénix (resilencia y renacimiento), que al mundo animal natural.

Y es justamente esa fuerza vigorosa arquetípica que emana del búho la que atrae y embruja al hombre, percibiéndolo más como un ser que transita entre dos mundos, el etérico y el material, que un ser puramente mortal. De ahí que los hilos invisibles del inconsciente ancestral del hombre, aquellos que aun sin saberlo -pero sí intuyéndolo en nuestra intimidad- nos conectan con todas las manifestaciones de la energía del universo que es la Vida, nos obligan sin forzamiento alguno a mostrar cierta actitud reverencial frente al búho, pues como arquetipo viviente percibimos en él un halo sagrado de la naturaleza existencial del mundo.

El búho es epistemología y hermenéutica, pues en él se guarda tanto los secretos del arjé (principio y fundamento) de la realidad como el método e interpretación a dicho conocimiento. Es por ello quizás que, arrastrado por un impulso más inconsciente que consciente, personalmente me gusta de coleccionar objetos figurativos de búhos. Cuya visión, sobre alguno de los estantes de mi casa, me produce al mirarlos una sensación de conexión con el mundo trascendente del que todos sin excepción venimos y al que inevitablemente regresaremos tarde o temprano, tras nuestro paso temporal por ésta densa dimensión donde las ideas arquetípicas tan solo pueden proyectarse sobre formas caducas, a imagen y semejanza de la caverna de Platón.

Así pues doy por informado: a aquellos argonautas de la vida, con los que coincidamos en algún punto de nuestro viaje mortal, que quieran traer un presente a mi casa no encontrarán mejor regalo que una figura de un búho para asegurarse un grato recibimiento. Dixi!.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano