domingo, 21 de julio de 2019

Demasiado, un concepto mental limitador a transmutar


Que las palabras pueden limitar nuestra existencia humana, es un hecho conocido por la neurociencia, y más concretamente por la programación neurolinguïstica. Pues si al fin y al cabo nuestros pensamientos son estructuras neurolingüísticas, y éstos dan forma a nuestro cerebro como objeto cognoscente de la realidad que nos rodea, los pensamientos, por tanto, representan el código base de la programación mental que determina la historia de nuestra existencia, biología incluida.

Un conocimiento ampliamente respaldado por pensadores e investigadores tan diversos, en pleno siglo XXI, como el director del Centro para la Investigación de Mentes Saludables (USA) Richard J. Davidson, el investigador Perla Kaliman del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (España), el famoso epigenetista Bruce Lipton, el no menos conocido psicólogo Martin Seligman fundador de la Psicología Positiva y creador del método Perma, el filósofo español Luís Castellanos pionero en la investigación del lenguaje positivo, o un humilde servidor con la obra de tecnología mental para una buena salud emocional bajo el título “Manual de la Persona Feliz”, sin olvidar al recién fallecido científico japonés Masaru Emoto, entre otros muchos cuyas referencias -por extensas- nos darían para un libro en sí mismo.

En coherencia con dicho conocimiento, mi mujer Teresa hace tiempo que desterró de su vocabulario dos palabras clave para una transformación en positivo de su vida: culpa y normal. Pero, ¿qué significa transformar en positivo la propia realidad desde la reprogramación neurolingüística?. Básicamente, y a modo de síntesis, trabajar activa y conscientemente en alcanzar el estado de autorealización personal, que no es más que permitir el desarrollo y expansión del talento potencialmente manifestable en la vida como ser individual. Proceso para el cual se requiere, como punto de partida, un estado personal de Autoridad Interna, que es aquella actitud en la que la persona se muestra fiel a su naturaleza consigo misma y con la realidad más inmediata que le rodea, para lo cual es condición sine qua non previa un proceso de madurez personal de autoconocimiento del Yo Soy versus el Yo no-Soy o el Yo de los Otros.

No obstante, no podemos detectar las palabras objeto de una programación mental limitada susceptibles para un cambio y transformación de nuestra propia realidad hasta que la vida, como escuela máster del aprendizaje individual, nos ayuda a poner luz sobre las mismas, observación consciente personal mediante. Y en este sentido, en un continuo avance hacia la autorealización personal, Teresa me leyó ayer noche una sabia reflexión de autoría propia sobre un nuevo vocablo limitador que lleva tiempo reseteando de su programación mental: demasiado, la cual me ha evocado de manera entusiasta a la presente deliberación.

Y es que demasiado es un término que psicoemocionalmente contiene -desde una concepción social contemporánea- una gran carga limitadora para el óptimo desarrollo de nuestras capacidades hacia un estado de plena autorealización personal. Demasiado es un concepto que a menudo lo asociamos, aunque sea inconscientemente, como no merecedores de ello. Demasiado es una sentencia personal, por decreto mental, que comparten los tres jinetes del apocalipsis del mundo interior de muchas personas: Yo no puedo, Yo no valgo, Yo no me lo merezco. Demasiado, por tanto, es la guadaña que sega los sueños individuales de las personas que se atreven a transgredir, para mejorar, la realidad personal conocida. Demasiado es un limitador mecánico cuyo dispositivo se activa automáticamente, en el interior de los resortes de nuestro engranaje mental/emocional, para impedir nuestro crecimiento como personas con un alto potencial a desarrollar, habiendo sido inoculado en nuestro organismo desde el momento incluso anterior a nuestra propia concepción por la programación mental colectiva (determinismo cultural). Por lo que en este sentido, y a la suma de los factores expuestos, se puede afirmar sin rubor que el pensamiento de demasiado deviene un claro mecanismo de control social.

No, demasiado no se puede relacionar nunca con algo negativo, por no merecedores o capacitados, siempre y cuando se conciba desde la búsqueda de transcendencia hacia la libertad y el bien individual bajo la premisa del respeto al prójimo. Demasiado es una idea cuya carga moral debe resituarse en su justa medida, más allá de condicionantes culturales interesados, pues dicho concepto no es positivo ni negativo en sí mismo como sustancia potencial del cambio, sino que es éticamente loable o reprobable dependiendo del fin de su manifestación de facto. Por lo que demasiado como juicio de valor es claramente reprobable moralmente cuando limita el desarrollo por derecho (de iure) de una persona, mientras que contrariamente resulta loable moralmente cuando permite la plena autorealización personal de un ser humano.

Es por ello que demasiado es un concepto comúnmente limitador de la programación neurolingüística que las personas, en nuestra vocación de autorealizarnos individualmente desde la plena facultad de nuestras libertades personales en su justa medida, debemos trabajar ya no para transgredir, sino para transmutar positivamente en un valor potencial de crecimiento existencial. Un proceso altamente factible sabedores que si existe algún órgano reseteable en la fisiología humana éste es, sin lugar a dudas, nuestra propia mente.

Gracias, amor, por alumbrarme en mi camino de crecimiento personal, despertando mi interés reflexivo sobre uno más de los elementos culturalmente limitadores para el desarrollo humano. A partir de ahora reprogramaré en mi mente el término demasiado para substituirlo por el concepto de merecida abundancia. Fiat lux!


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano