miércoles, 24 de julio de 2019

Círculos concéntricos, un conocimiento metafísico que nos viene dado de serie

Vista aérea de Sun City, Arizona (USA)

El hombre siempre se ha sentido maravillado por los círculos concéntricos, representándolos ya en monumentos prehistóricos de piedra, en petroglifos, o en pinturas rupestres, sin dejar de mencionar los misteriosos agroglifos que aparecen en cultivos de todo el planeta de un día para otro, o las estructuras urbanas diseñadas en círculos concéntricos que van desde la antigua ciudad de la Atlántida (según descripción del propio Platón, y que la comunidad científica sitúa en la ciudad española de Cádiz) hasta los modernos modelos urbanos de estructura interna como Canberra de Australia, Palmanova de Italia, Sun City de USA, Brasilia de Brasil, El Salvador de Chile, Brondby Haveby de Dinamarca, La Plata de Argentina, o Barcelona de España, entre otras muchas ciudades. Aunque seguramente los círculos concéntricos más famosos en la actualidad son las obras pintadas por el ruso Kandiski a principios del siglo pasado.

El elemento nuclear del efecto hipnótico para la psiqué humana de los círculos concéntricos es, justamente, su estructura geométrica fundamentada en el círculo, una de las formas más perfectas y primogénitas del Universo. De hecho, desde el átomo, pasando por el óvulo animal, hasta llegar a los astros del firmamento, el universo se expresa de forma circular. (Ver: Venimos de la esfera y, tras una vida en espiral, a la esfera regresamos). De lo que se deriva que la geometría del círculo forma parte de nuestra propia naturaleza biológica ancestral, latente en el inconsciente tanto individual como colectivo del ser humano. Solo hay que observar la cantidad de objetos a nuestro alrededor que contienen una estructura circular.

Pero a parte del círculo, como elemento sustancial de la geometría de los círculos concéntricos, éstos se definen por tres rasgos singularmente característicos para la percepción humana, aunque se manifiesten de manera ignota por participar en un plano inconsciente: una naturaleza expansiva, una secuencia discontinua periódica entre materia y vacío, y una singularidad dual.

La naturaleza expansiva de los círculos concéntricos invita al imaginario del ser humano a proyectar un punto de fuga en el espacio de la estructura geométrica que tiende hacia el infinito, sin limitaciones de conservación de la energía que puedan hacer decrecer la amplitud de los círculos con la distancia. Lo que eleva a los círculos concéntricos a la categoría de entidad trascendental.

La secuencia discontinua periódica entre materia y vacío de los círculos concéntricos, por su parte, invita al imaginario del ser humano a transitar por entre el misterio de los diferentes mundos o dimensiones que conforman la realidad, cuya manifestación material está esencialmente vacía (que no es lo mismo que la nada). Lo que eleva a los círculos concéntricos a la categoría de entidad multidimensional.

Mientras que la singularidad dual de los círculos concéntricos invita al imaginario del ser humano a la existencia de un origen común, el cual asimismo se manifiesta sin singularidad alguna en la estructura singular de las circunferencias trazadas en cada uno de sus respectivos círculos, induciendo a la idea del ser y el no-ser. Lo que eleva a los círculos concéntricos a la categoría de entidad metafísica.

Dicha triple naturaleza característica de los círculos concéntricos: entidad trascendental, entidad multidimensional y entidad metafísica, hacen que éste cuerpo geométrico, si bien podemos observarlo manifestado en el mundo formal euclidiano, proyecte claras emanaciones más propias del mundo de las ideas o mundo espiritual. Por lo que si echamos mano de un tuneado trilema epicuriano, podemos resolver que:

1.-Si los círculos concéntricos son trascedentales, multidimensionales y metafísicos, entonces no tienen su origen en éste mundo.

2.-Si los círculos concéntricos no tienen origen en éste mundo, pero el hombre puede manifestarlos en él, entonces el hombre tiene acceso a otros mundos.

3.-Si el hombre tiene acceso a los círculos concéntricos a través de otros mundos, entonces es que el hombre es trascendental, multidimensional y metafísico.

Afirmar que el hombre es trascendental, multidimensional y metafísico, equivale a afirmar que el hombre es un ser dualista: material y espiritual. (Ver: La espiritualidad como realidad de la naturaleza humana). Como tantas escuelas de pensamiento han afirmado a lo largo de la historia de la humanidad, con independencia de sus credos y praxis, versus las escuelas monistas de rabiosa actualidad propio de la sombra alargada del pensamiento cartesiano que consideran que el hombre solo es materia.

No obstante, sin entrar a debatir si el hombre es por naturaleza monista o dualista, resulta evidente que la realidad de la que participa y conforma al ser humano mismo parte de la confluencia universal entre materia y vacío, cuyo elemento cohesionador en todo el cósmos no es otro que la energía. A la cual podemos denominarla como realidad física desde una posición monista, o realidad espiritual desde una posición dualista (tanto monta, monta tanto) en términos de acceder a los diversos niveles de manifestación de la misma. Pero con independencia de nomenclaturas al uso, lo relevante es que desde ese sustrato cósmico común que es la energía, el mundo del hombre se ve sujeto a determinismos de realidad estructural de tipo arquetípico como son los círculos concéntricos. Determinismos arquetípicos que, por otro lado, portamos inherentes en el potencial cognoscente de nuestro propio código genético, y que nos vemos abocados a replicar aunque sea de manera inconsciente. Es decir, que los círculos concéntricos es un conocimiento metafísico que nos viene dado de serie. Por lo que podemos concluir que los círculos concéntricos, como formas arquetípicas trascendentales -como muchos otros por determinar-, representan una buena manifestación de los puentes de conexión entre la naturaleza mundana y trascendental del ser humano. A partir de aquí, de nosotros depende el rendimiento que hagamos de dicho conocimiento.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano