miércoles, 26 de junio de 2019

La Luz, la nueva tecnología del futuro de la humanidad


Si algún elemento de la naturaleza nunca ha dejado de maravillarme ese no es otro que la luz. La luz no solo es vida (versus la oscuridad que se asocia con la muerte), sino que también es un misterio en sí misma y, a su vez, para el conocimiento del hombre es el futuro de nuestra propia humanidad. Y no me refiero a un conocimiento en el sentido clásico de iluminar la capacidad cognoscente del ser humano, sintetizado en la evocación latina fiat lux!, sino en un conocimiento empírico como fundamento del saber científico stricto sensu.

Ya de bien pequeño me fascinaba el hecho que los objetos que forman nuestra realidad tengan, para reconocimiento de nuestro limitado espectro visible, un color y no otro. Así como me generaba gran expectación la relación simbiótica existente entre color y luz, y el hecho que el color, como manifestación de las longitudes de las ondas electromagnéticas de la luz, pueda afectar positiva o negativamente sobre un sujeto u objeto mediante su interacción. Años más tarde me atrajo sobremaneramente el hecho que la luz, a través del proceso químico de la fotosíntesis, represente la energía imprescindible para crear oxígeno desde la materia orgánica (por lo que conociendo y teniendo a mano la energía principal de la susodicha transformación alquímica, el proceso químico de las plantas se presentaba como un simple juego mecanicista de combinación e interactuación de elementos varios de la tabla periódica, lo que me abocó al planteamiento de la fórmula teórica de la “Fotosíntesis artificial por laboratorio” hacia 1985, si no mal recuerdo, aunque este es trigo de otro costal). Para finalmente interesarme, ya de más mayor y por pura intuición -o razonamiento inductivo-, en la luz ya no como un medio, sino como el medio, de trasformación futura de nuestra realidad humana tal y como la conocemos.

Pero, ¿por qué la luz se presenta como el medio de desarrollo futuro de nuestra propia humanidad, en parámetros de transformación profunda de la realidad?. Para que nos entendamos, y a modo de síntesis, la razón se limita al cumplimiento de cuatro de los requisitos básicos de la realidad alternativa propia de la ciencia ficción (para nuestro contexto temporal):

1.-La luz puede transformarse de energía en materia y viceversa adoptando diversas formas.

Lo cual abre la puerta a los procesos de corporeidad y descorporeidad al uso de una forma, con todas la implicaciones que ello conlleva en los múltiples campos de aplicación, mediante el proceso de formación de electrones y positrones a partir de los fotones (partícula elemental de la luz), y gracias al hecho que los pulsos de radiación propios de la naturaleza del fotón pueden adaptar cualquier forma (dualidad onda-partícula), tanto en el espacio como en el tiempo, en función de las amplitudes y las fases de los componentes de la frecuencia del pulso, los cuales pueden ser codificados.

2.-La luz puede transmitir y almacenar información.

Lo cual abre el campo al insondable mundo con base tecnológica cuántica, permitiendo asimismo dar un salto evolutivo de gigante en materia de inteligencia artificial, mediante la capacidad de la luz de poder almacenar y transmitir un volumen de datos infinito gracias a la naturaleza multidimensional de su espín, propiedad física de las partículas elementales como son la familia del bosón, de la que pertenecen los fotones.

3.-La luz puede teletransportarse.

Lo cual abre el camino a la teletransportación espacio-temporal tanto de materia como de datos de información, lo que deja en evidente ridículo a nuestros actuales esfuerzos por normalizar la velocidad supersónica (que rompe la barrera del sonido), gracias al efecto del entrelazamiento cuántico existente en la naturaleza de los fotones, ya que de hecho un fotón no es más que la partícula elemental responsable de las manifestaciones cuánticas.

y, 4.-La luz puede modificar la realidad.

Lo cual abre abre la posibilidad a la transformación de una realidad enfocada, ya sea para uso instrumental benéfico (como pueda ser en los ámbitos de la salud o en los procesos productivos), ya sea para uso instrumental destructor (como pueda ser en el ámbito bélico), gracias a que los fotones son las partículas portadoras de todas las formas de radiación electromagnética conocidas en nuestro planeta (incluyendo rayos gamma, rayos X, luz ultravioleta, luz visible, luz infraroja, microondas y ondas de radio).

Y todo ello, sin contar que los fotones poseen energía -propia y/o transferida por una partícula ajena- de diferentes intensidades, lo cual abre la puerta a una nueva fuente de energía para gestión del hombre. Aunque, todo hay que decirlo, actualmente los fotones de mayor energía son aquellos que proceden del cosmos, como las recién registradas partículas lumínicas procedentes de la nebulosa Cangrejo (restos de una supernova que ocurrió en el año 1054 d.C. de nuestra era, en el Brazo de Perseo de la Vía Láctea, a unos 6.500 años luz de la Tierra).

Si podemos imaginarnos una sociedad de futuro donde los objetos se transformen de materia en energía y viceversa tomando diferentes formas posibles, en el que almacenemos y transmitamos datos de información a través de un haz cuántico, en el que nos movamos a la velocidad de la teletransportación, modifiquemos la estructura de la realidad mediante pulsaciones electromagnéticas, e incluso utilicemos la energía propia de los fotones tanto del planeta como del resto del universo para nuestra vida diaria, podremos imaginar sin esfuerzo una nueva concepción de la luz como nueva tecnología del futuro de la humanidad.

Y todo ello mediante la gestión inteligente de un recurso que aun estando sumergidos en él desde que la vida es vida, como es la luz -tan familiar como ignorada-, nuestra primitiva especie todavía no acaba de ver todo el potencial que alberga para el salto dimensional de nuestra propia evolución. Pues el enorme potencial de la luz es tan sutil como la idea arquetípica de la belleza que capta un artista, por lo que se requiere de intelectos sensibles capaces de reconocer toda su profunda naturaleza. Aunque siendo indulgentes con nuestra propia ignorancia, cabe reconocer los primeros pasos que como bebés estamos comenzando a dar en la dirección inequívoca hacia el irremediable desarrollo de la tecnología de la luz. Y es que el camino nos viene iluminado, por lo que no hay disculpas para la pérdida, a no ser que nos encabezonemos en continuar siendo ciegos.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano