viernes, 14 de junio de 2019

La industria española se extingue, ¿cómo revertimos el ciclo?


El peso de la industria española (incluyendo energía y excluyendo la construcción) cae hasta el 12,6 por ciento en su peso respecto al PIB nacional, y sigue descendiendo con su consecuente destrucción de empleo, según datos oficiales hechos públicos hace tan solo un par de días por el Ministerio de Industria y corroborados tanto por la Fundación BBVA, como por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. Una evolución pareja, no obstante, al del conjunto de la eurozona, aunque ésta se encuentra a seis puntos por encima de España.

El actual panorama nada alentador para nuestro país pone de relieve dos aspectos clave: Una, que la economía española sigue sujeta a un modelo productivo basado en los servicios de bajo valor añadido como son la hostelería, el comercio, y los servicios auxiliares, lo que subyuga al país a una crisis estructural caracterizada por el empleo precario y los salarios bajos. Lo cual sitúa en una posición de jaque no solo a la calidad de vida del conjunto de los ciudadanos (que viven en una continua inflación), sino al mismo sistema público basado en el Estado de Bienestar Social (acomodado en los tipos de interés bajos por miedo a no alimentar aún más al monstruo de su sobredimensionada deuda pública). Y dos, que la apuesta por la innovación y la productividad no son garantes de la sostenibilidad y el desarrollo del modelo industrial que, por otro lado, se ha mostrado impermeable a las hipotéticas bonanzas de los sucesivos planes institucionales de rescate sectoriales.

Un contexto que augura un cambio de ciclo, en el que el actual modelo industrial no tiene encaje como motor tractor de la economía del país. Dos de las razones principales, como ya apunté en el artículo “Vivimos en un mundo de ángulos rectos en peligro de extinción, por la llegada de una nueva realidad”, es la escasez en ideas innovadoras que nos permitan evolucionar como sociedad por la complejidad que ha alcanzado nuestro conocimiento científico (ley de Moore), y el efecto techo de dicho conocimiento por la necesidad que tiene la ciencia de seguir desarrollándose fuera de nuestra caja euclidiana.

Así pues, el dilema está servido. Si la industria, que en el modelo capitalista clásico hasta la fecha ha ejercido de motor de la economía de los países desarrollados, hace fallida, ¿qué sistema económico productivo va a sustituir su papel?. La respuesta, aun por compleja, tan solo discurre por dos líneas de estudio posible. Una en la que cambiamos de modelo económico de organización social, la cual resulta inviable en un mundo estructurado sobre un mercado global. Y otra en la que transformamos el actual modelo industrial con el objetivo de revalorizar su potencialidad de generar riqueza social.

Llegados a este punto, la pregunta obligada no es otra que ¿cómo mejoramos el modelo industrial para que retome el rol de motor económico del país si no es suficiente con la apuesta por la innovación y la productividad como sinónimos de competitividad?. Lo que está claro es que si continuamos haciendo lo que hasta el momento hemos hecho, ya no solo conseguiremos los mismos resultados, sino que incluso empeoraremos la situación como demuestra el punto de inflexión actual, pues se conjugan nuevas variables en la ecuación económico-social hasta ahora desconocidas. El actual enfoque de la era disruptiva, a la luz inequívoca del balance resultante, no es suficiente.

Lo que está claro es que el principio tácito de conservación de la economía implica simetría con respecto a los cambios sociales, y que el principio explícito de conservación de calidad de vida de los ciudadanos en una sociedad de mercado se relaciona con la simetría del crecimiento orgánico de su modelo económico. Manifestándose la simetría en nuestra realidad de diversos tipos, entre los que se encuentra la axial (de rotación y traslación). Ergo, si el ciclo de crecimiento económico deviene negativo su sistema de referencia debe rotar y trasladarse axisimetricamente hasta el punto de conseguir el principio de conservación de calidad de vida de los ciudadanos. Y esto, en parámetros del sector industrial, ¿qué representa?.

Para que la economía industrial pueda realizar una simetría axial con respecto al principio de conservación del bienestar social de un país como fin último, debe superar la competitividad (innovación más productividad) real que solo se mueve en un plano lineal -de pasado a futuro- lleno de singularidades (picos oscilatorios), para incorporar una competitividad alternativa que se desplace de manera perpendicular al plano lineal de manera que permita trabajar la dimensión económica igual que si fuera una dimensión espacial, transgrediendo así las singularidades de cualquier ciclo económico, lo que nos permitiría armonizar las simetrías socioeconómicas. Asimismo, hacer referencia a una competitividad alternativa equivale a una innovación y una productividad alternativas, como contraposición a las reales, para lo que se requiere por tanto de un pensamiento alternativo o imaginario.

Debemos entender como pensamiento alternativo (al real) o imaginario a aquel que discurre tanto dentro como fuera de la caja euclidiana, facultad que ya en la actualidad es exclusiva de la inteligencia artificial mediante el proceso de aprendizaje profundo. Por lo que la industria española, al igual que el conjunto del sector productivo a nivel mundial, requiere incorporar un alto nivel de intensidad tecnológica no solo para revertir el ciclo económico, sino para devolver a la industria su papel de motor de las economías desarrolladas. (Ver: “La IA sustituirá a los humanos en los departamentos de Innovación de las empresas” y “El futuro es del Project Manager artificial”)

No cabe decir que en este sentido el Estado -como garante del bienestar social- debe jugar un papel destacado en la alta tecnologización del sector industrial, más si cabe cuando el 90 por ciento de su tejido empresarial está constituido por pymes, con una política activa y decidida de carácter transversal que acometa reformas paradigmáticas tanto en el ámbito educacional, como laboral y empresarial. Y sin caer en el autoengaño simplista de la cultura emprendedora -más propia del esquema Ponzi- [Ver: La estafa de ser pobre (modelo Ponzi)], pues la integración social de la alta tecnología en materia de reversión del ciclo económico mediante el cambio de modelo del sector industrial y sobre la base de una competitividad alternativa no es emprendedoría, sino conocimiento y gestión de la inteligencia artificial.

Así pues, ante la pregunta inicial de cómo cambiamos la tendencia de ciclo de una industria en fase de extinción, en términos de peso respecto al PIB nacional, la respuesta es diafanamente clara: cambiando el modelo de competitividad real por otro modelo de competitividad alternativo basado en el pensamiento artificial imaginario. Ante una nueva realidad, un nuevo paradigma. El tiempo de los seres artificiales se inicia, para continuar manteniendo el tiempo de los hombres.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano