miércoles, 5 de junio de 2019

La estafa de ser pobre (modelo Ponzi)


Ser pobre es una estafa, y los ricos lo saben; ya que en el mundo de las finanzas se tiene muy estudiado los diversos modelos de estafa posibles con el objetivo de minimizar los riesgos de inversión y asegurar el capital. Pero, cuando hablamos de que la pobreza es una estafa, ¿a qué nos referimos exactamente?.

En primer lugar, debemos tener claro qué es una estafa. En este sentido, se entiende como estafa un acto de daño o perjuicio contra el patrimonio (bienes tangibles o intangibles) de una persona, y que suele estar considerado como delito en la mayoría de los códigos penales del mundo. Pero, para que haya estafa, debe existir la voluntad del engaño deliberado, es decir: una persona cree adquirir algo que realmente no existe, puesto que le han afirmado de su (falsa) existencia. Como por ejemplo puede ser el pago (fijo o a plazos) a cuenta para la adquisición de una vivienda que realmente no existe.

Y en segundo lugar, y vista la naturaleza conceptual de la estafa, ¿a qué tipo de estafa en concreto aludimos cuando la relacionamos con el sistema de vida social propio de los pobres?. Pues aquel sistema económico caracterizado por captar miembros que se endeudan para aportar un dinero con el cual pagar una deuda antigua contraída por el mismo sistema con anteriores miembros. Un esquema económico fraudulento conocido en el ámbito financiero como modelo Ponzi.

Pero, ¿por qué se considera un fraude el esquema Ponzi?, podría alguien preguntarse. Principalmente por dos factores claves: Uno, porque este sistema no produce dinero, es decir que no invierte en producto financiero alguno que genere beneficios sobre el capital invertido, sino que tan solo redistribuye el dinero de unos miembros (participantes / inversionistas) hacia otros miembros más antiguos. Y dos, porque esta rueda nunca es eterna, ya que siempre llega un momento en el que dejan de entrar nuevos miembros al sistema, por lo que el sistema se ve impedido de cumplir su promesa con antiguos y nuevos miembros, dando como resultado un colapso de la rueda económica.

La estafa Ponzi, llamada así por el fraude realizado por el italiano Carlos Ponzi en 1920, si bien está muy regulada en los mercados financieros (donde se genera dinero), paradójicamente está plenamente aceptada sociológicamente en los Estados modernos, con independencia del régimen político imperante. Tanto es así que las nuevas deudas que los Estados contraen para pagar deudas antiguas siguen al pié de la letra el esquema Ponzi, con todos los peligros a futuro que ello conlleva.

Pero bajando de los estratos de la macroeconomía a la microeconomía, podemos observar como los propios sistemas públicos de prestaciones sociales de los Estados democráticos occidentales de la órbita del Bienestar Social hacen un Ponzi, ya que los ciudadanos son obligados a cotizar (endeudarse) en la Seguridad Social para poder pagar las prestaciones sociales (deudas) de antiguos cotizantes para cubrir la promesa futura de cobertura por jubilación, desempleo, viudedad, etc. Un esquema que como todos sabemos colapsa desde el momento en el que no hay suficientes entradas de nuevos miembros al sistema, en el caso específico occidental por el denominado suicidio demográfico: Más ancianos que nacimientos (inversión de la pirámide poblacional).

Una situación de microeconomía de un país extrapolable, asimismo, a la economía doméstica de una persona pobre (entendiendo pobre como todo individuo que sobrevive mediante las rentas del trabajo, y no del capital). Pues el pobre, con independencia de su renta por ingresos de trabajo siempre incierta y volátil, vive endeudándose por un futuro prometido que en los tiempos que corren no suele existir: Un joven que se endeuda económicamente estudiando para alcanzar un trabajo futuro presumiblemente inexistente, un trabajador precario que se endeuda económicamente en un mercado laboral para alcanzar la estabilidad futura de un trabajo seguro y de calidad que no existe, un emprendedor que se endeuda económicamente en una idea de negocio para alcanzar un nicho de mercado futuro inalcanzable por impermanente y altamente obsoleto, un trabajador fijo o discontinuo que se endeuda económicamente en un sistema público de pensiones para alcanzar una jubilación futura a todos visos inexistente, etc. Una dinámica económica a la que, bajo los parámetros del esquema Ponzi, podemos calificar sin rubor como de estafa social.

Paralelamente, la crisis económica global ha favorecido a las rentas más altas, generando que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres, aumentado así la brecha de desigualdad social. La razón es simple: las personas que viven de las rentas del trabajo -el pan ganado con el sudor de su frente- fundamentan su economía doméstica en los denominados activos reales (bienes físicos tangibles de uso y consumo para la vida cotidiana de las personas), los cuales están sometidos a las reglas del juego del esquema Ponzi. Mientras que las personas que viven de las rentas de capital -el pan obtenido sin necesidad de trabajar, que “viven de renta”- fundamentan su economía doméstica en los denominados activos financieros (productos propios del mercado financiero que ayudan a mantener y aumentar la riqueza de una persona, y que no se contabilizan como PIB de un país), los cuales se desarrollan lo más alejados posible ¡Dios lo quiera! de un sistema económico Ponzi. Por lo que cuando la economía real colapsa por el fraude del modelo Ponzi, sus bienes tangibles de uso y consumo (viviendas, vehículos, joyas, cuadros, propiedades varias...) son fácilmente adquiridos a bajo precio por la capacidad de liquidez de las personas que viven dentro de los parámetros de la economía financiera. Produciéndose así un daño o perjuicio contra el patrimonio de la persona (pobre), definición reglada del concepto de estafa [sic].

Sí, ser pobre es una estafa. Y lo grave de la situación no es que los ricos, que representan un porcentaje minoritario de la población de la sociedad, lo sepan y se aprovechen por profunda condición humana -como diría Nietzsche- mediante la sociabilización de un sistema de libre mercado. Sino que lo esperpéntico de la situación radica en la propia sociabilización del esquema Ponzi, el cual se erige como sistema vertebrador de la economía real de las sociedades contemporáneas. Pues un Ponzi es pan para hoy y hambre para mañana, con todas las posibles consecuencias sociológicas que ello puede comportar. Así pues, hágase la luz (fiat lux!), pues como ya preconizó Platón la ignorancia es el origen de todos los males.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano