viernes, 17 de mayo de 2019

Syn61, la puerta a otras formas de vida


Dentro de unos años el nombre de Syn61 será tan o más famoso que el nombre de Lucy, el primer homínido que caminó erguido hace más de tres millones de años de antigüedad. Y es que Syn61 es el primer ser vivo artificial con el ADN rediseñado y el código genético alterado creado por el ser humano, según ha hecho público esta semana un grupo investigador de Cambridge (Reino Unido). Es decir, Syn61 es el primer organismo con un ADN artificial. O dicho en otras palabras, es el primer ser vivo de nuestro planeta con un código genético editado artificialmente, aunque se trate de una bacteria (la primera forma de vida y la más abundante de nuestro mundo) como es el caso. Lo cual abre potencialmente la puerta a la creación futura de seres vivos creados artificialmente por el hombre.

Pero este hito, ya de por sí asombroso, debe complementarse con otro gran avance científico que tuvo lugar ahora hace ya unos 5 años en un instituto de biología molecular y química sintética de San Diego (USA), donde crearon un organismo semisintético con dos letras genéticas de ADN más (X e Y) -creadas en laboratorio y que no existen en la naturaleza-, que las cuatro letras genéticas (G, C, A y T) con que cuenta la forma típica de doble hélice del ADN de la que participa toda la rica diversidad orgánica del planeta, incluido el ser humano. Sintetizando: que los investigadores californianos crearon una nueva forma de vida.

Estos dos avances científicos reabren la gran pregunta filosófica de la historia de la humanidad: ¿qué es la Vida?. Desarrollémoslo, a la luz de los hechos expuestos, mediante un trilema:

1.-La Vida es el producto de la evolución biológica por selección natural a lo largo de milenios de historia, con o sin intervención divina, pero sin la injerencia artificial del hombre.

2.-La Vida es tanto el producto de la evolución biológica por selección natural, como de la creación mediante la injerencia artificial del hombre prescindiendo de dicha evolución biológica, pero desde la base de un ADN común arquetípico.

3.-La Vida es el producto tanto de la biológica por selección natural, como de la creación por injerencia artificial, pero desde la premisa de múltiples formas diferentes de ADN existentes.

Si optamos por la primera opción, defendemos la posición clásica sobre el concepto de la Vida hasta la fecha imperante, con independencia de si se afronta desde una escuela de pensamiento materialista o espiritual, siendo conscientes que a su vez se invalida los descubrimientos científicos de Cambridge y San Diego por pura contradicción argumental. Lo que nos lleva a un reductio ad absurdum por evidencia del contraste empírico. Esta premisa es tanto válida para los evolucionistas como para los teólogos (más allá de los credos culturales).

Si optamos por la segunda opción aceptamos de manera explícita una doble premisa: que el hombre puede crear Vida, y que la Vida solo se manifiesta mediante la estructura molecular del ADN común a todos los seres vivos del planeta. Lo cual, asimismo, también nos lleva a un reducto ad absurdum por evidencia del contraste empírico con el experimento científico de San Diego.

En este punto, sin embargo se abren nuevas cuestiones filosóficas como efecto cascada: ¿Debe el ser humano crear Vida artificialmente?, pregunta propia para la Ética. Y, ¿quién o qué es el ser humano en su categoría de creador de Vida?, pregunta propia para la Ontología. A mi personal parecer, respecto a la primera pregunta: sí que debe, siempre y cuando cumpla el principio de moralidad propio de la defensa y promoción del estado de bienestar social para el conjunto de la humanidad (avances en materia de salud). Mientras que respecto a la segunda pregunta: el hombre como creador de Vida es -por elevación de categoría- un semidios entre dioses conocidos y por conocer.

Si optamos, en cambio, por la tercera opción aceptamos de facto tres premisas disruptivas: 1) Que la Vida ha podido evolucionar en el inmensurable Universo a partir de estructuras de ADN radicalmente diferentes a la terrestre por conocida. 2) Que por no ser el ADN natural terrestre la base única para la manifestación de la Vida, tampoco tiene que representar la mejor opción evolutiva para el desarrollo de la Vida. Y, 3) Que existen nuevas y diferentes formas de Vida antagónicas a la naturaleza orgánica de nuestro planeta. Lo cual nos alinea con las tesis intelectuales de los experimentos de Cambridge y de San Diego.

Como podemos observar, el trilema da cobertura para todos los gustos y creencias. Si bien tan solo la tercera premisa encaja, por coherente, dentro de los parámetros racionales del pensamiento lógico. Por lo que no es de extrañar que, en un futuro no muy lejano en el que el hombre pueda ampliar su horizonte en el Universo gracias a los avances tecnológicos, nuestra especie llegue a relacionarse con especies orgánicas, semisintéticas, sintéticas o tecnoartificiales tan curiosas como las que estamos acostumbrados a ver en las películas de ciencia ficción. Aunque, ya se sabe, la realidad siempre acaba superando a la ficción. Pues a estas alturas afirmar que estamos solos o que somos la única vida “inteligente” en el Universo es equivalente a afirmar que la Tierra es plana.

Así pues, ¿qué es la Vida?. Ante esta gran pregunta tan solo podemos responder que solo sabemos que no sabemos nada, parafraseando a Sócrates. Y que, en todo caso, deberemos acostumbrarnos a diferenciar entre la Vida natural terrestre y otras catalogaciones de Vida por diferentes. E, incluso, el hecho que pueda existir una tipología de Vida que, por su naturaleza genética-molecular, no podamos llegar ni ha percibirla. Intentar buscar Vida fuera de la Tierra bajo los limitados parámetros orgánicos de nuestra concepción genética (estructura ADN y sus condicionantes biológicos) es, a la luz de los descubrimientos, como buscar Vida dentro de nuestros propios bolsillos.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano