miércoles, 8 de mayo de 2019

Los dilemas de crear una nueva especie de ser humano


¿Estamos ante los inicios de convertir en realidad la película de “El Planeta de los Simios”?. Tras 50 años del primer estreno de la larga saga cinematográfica basada en la novela homónima del escritor francés Pierre Boulle, a nadie se le escapa cierta semejanza con la noticia que a finales de marzo destapó la revista china National Science Review (y que ha divulgado en abril para occidente la revista del MIT): científicos del sur de China han creado varios monos transgénicos con copias adicionales de un gen humano, específicamente -que se sepa- con el gen que se cree influye en la configuración de la inteligencia humana. Pero los investigadores chinos no se quedan ahí, y con independencia de los destacados resultados obtenidos con el citado grupo de monos, han informado a su vez que además han creado transgénicamente otro grupo de simios con un segundo gen denominado como el “interruptor de la humanidad” por su posible papel evolutivo en la aparición de la inteligencia humana, aunque todavía es pronto -dicen- para ver los resultados de dicho experimento.

Pronósticos de ciencia ficción a parte, es evidente que la práctica china abre la caja filosófica (por no decir de Pandora) a tres grandes dilemas merecedores de reflexión:

1.-Dilema antropológico:

Si el ser humano es capaz de injerir en la genética de un simio para dotarlo de mayores capacidades de inteligencia, saltándose las limitaciones del proceso evolutivo natural, uno no puede dejar de preguntarse si por la misma regla de tres nuestra propia especie no fue objeto, en algún punto de nuestra evolución como primates, de una injerencia de ingeniería genética externa que nos convirtió en homo sapiens. Lo cual daría luz a ciertas lagunas y contradicciones contemporáneas entre evolución biológica natural y estructura actual de nuestra cadena de adn. Aunque, si convertimos la presumible respuesta lógico deductiva en axioma, el siguiente tema que se nos presenta de manera correlativa no es otro que la cuestión sobre el origen y la finalidad de la supuesta injerencia en la naturaleza humana, lo cual nos aboca a un dilema religioso al que no pretendo entrar en esta breve reflexión. (Ver: ¿Cuál es el origen del hombre?).

2.-Dilema ético:

Mucho se ha avanzado en la ética con animales en el último siglo, ya que actualmente los consideremos como seres sintientes -superando la idea cartesiana de que los animales no-humanos son ajenos al sufrimiento-, y por tanto rechazamos genéricamente y por empatía toda condición de vida que les produzca sufrimiento y dolor. No obstante, lo cierto es que a día de hoy aun los tratamos -para cubrir nuestras necesidades tan básicas como desordenadas de supervivencia- como objetos alienables propios de la industria alimentaria. Y tres cuartos de los mismo podemos decir si nos referimos al trato de animales para uso experimental de la industria sanitaria. Paradojas del ser humano, al amparo de nuestra lógica de dominio sobre el mundo natural, que esperanzablemente es inversamente proporcional a nuestro nivel de desarrollo tecnológico.

Pero la práctica transgénica de los investigadores chinos da un salto cualitativo dimensional en materia de dilema ético animal. Pues, si los simios creados cuentan con genes propios del cerebro humano y más particularmente aquellos relativos a la inteligencia humana (además de poseer por naturaleza un 98% del genoma similar al de nuestra propia especie por tratarse específicamente de chimpancés), la pregunta que grita al cielo es diáfana: ¿debemos condenar a una vida esclava de reclusión y de sometimiento, sujetos a continuos experimentos científicos, a seres que además de sintientes poseen cualidades de la inteligencia humana?.

Si un chimpancé no transgénico ya lo consideramos con una capacidad mental propia de un niño humano de tres años, capaz de aprender el lenguaje de los signos con un vocabulario aceptable, con plena capacidad simbólica, uso natural de herramientas e incluso demostrando ser superiores a nosotros mismos en algunas habilidades de memoria matemática, ¿cómo debemos considerar a un chimpancé al que le hemos injertado los genes que desarrollan la inteligencia humana?.

Es decir, a un animal no-humano pero a su vez pseudo-humano, con potencialidad para evolucionar su intelecto a niveles cercanos al propio ser humano, ya no podemos catalogarlo como un ser exclusivamente sintiente. Y por tanto, tampoco deberíamos tratarlo como tal. Pues en definitiva estaríamos creando una diferencia de relación con un nuevo ser que, aun diferente en apariencia, podría llegar a ser definido de facto como un ser humano de segunda. Y a esta nueva especie de ser humano, ¿la continuaríamos teniendo enjaulada?.

Por otro lado, si la manipulación genética de los simios generada por la mano (irresponsable) del hombre, permite la evolución intelectual de sus capacidades cognitivas a umbrales humanos, ¿dónde deberemos situar la franja divisoria del desarrollo racional entre ser animal y una nueva especie de ser humano?.

3.-Dilema social:

El posible espectro de respuestas de la pregunta anterior nos lleva a un tercer dilema de naturaleza claramente social. ¿Un primate con inteligencia humana desarrollada podría gozar de derechos jurídicos como individuo en un entorno social humano?. De momento, ya existe el precedente de Sara, la orangutana que en una sentencia judicial argentina de hace unos años fue declarada como “persona no humana” y “un ser sintiente sujeto a derechos”. Y ello, solo con el reconocimiento -con ayuda del Proyecto Gran Simio del que participa investigadores de la talla de Jane Goodall-, de tratarse de un ser considerado como pensante, con conciencia de sí mismos y ricas vidas emocionales. Así pues, ¿qué sentencia judicial hubiese tenido Sara si, además, contase con la cualidad reconocida de la inteligencia humana?.

La pregunta del millón, por tanto, a falta de ver el verdadero desarrollo cognitivo de la injerencia genética de inteligencia humana en los primates, no es tanto si la potencial nueva especie de ser humano puede tener derechos jurídicos como individuo (seguramente catalogado como especial), sino si se los podremos negar. Y llegado el caso, ¿en qué modelo organizativo de sociedad coexistiremos los seres humanos naturales y los transgénicos?.

Un tridilema (el antropológico, el ético y el social) que más allá de provocar una entretenida reflexión y de generar preguntas repletas de incertidumbres, no me permite ofrecer respuesta cerrada alguna. Y más, lo admito, cuando me siento profundamente condicionado por la última versión cinematográfica de “La guerra del planeta de los simios”. No obstante, si llegase a cumplirse la ahora profética novela de Boulle, esperemos que el anunciado “César” resulte menos belicoso y más condescendiente con la especie humana. Aunque gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes, como parientes vivos más cercanos a nuestra especie, tienen argumentos suficientes para sentirse resentidos con nosotros sus primos primates los homo sapiens modernos.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano