martes, 23 de abril de 2019

La rosa y el libro como parte de la representación simbólica de la vida humana


Todo el universo del ser humano es simbólico, pues es a través de los símbolos que los hombres representamos de manera perceptible una idea, un concepto o un término que nos permite relacionarnos entre nosotros mismos como especie social y contextualmente cultural, y con respecto al misterio de la propia vida de la que formamos parte. Pues símbolos son los signos matemáticos o químicos sobre los que se fundamenta la ciencia. O símbolos son, entre otros muchos, los signos gráficos de cada una de las letras con las que construyo el presente artículo. Por lo que podemos decir que la simbología es el fundamento primordial de nuestra capacidad cognitiva como humanos, donde la aprehensión de la realidad se establece como resultado de la relación indisoluble entre símbolo y significado, ya sea éste significado real o imaginario, ya sea el objeto de dicho significado tangible o intangible, y ya sea la naturaleza social (y por tanto temporal) del señalado significado consensuado o no por una misma comunidad.

La vida del hombre es una gran representación simbólica. Y en esta vida de simbología hoy me he levantado en mi ciudad de acogida con las calles invadidas por puestos de venta ambulantes repletos de libros y rosas, en ocasión de la festividad anual de San Jorge. Una tradición que, origen histórico-cultural a parte, convida a los hombres a regalar rosas a las mujeres, y a éstas a corresponder con libros a los hombres. O al menos en la sociedad contemporánea del nordeste mediterráneo español. Una bella costumbre cargada de significado simbólico, ya que por separado la rosa representa la alegoría tanto del amor como del renacimiento emocional (simbología mística-espiritual a parte), mientras que el libro se asocia a la alegoría de la sabiduría sobre la que se sustenta nuestra naturaleza racional y, por extensión, el conocimiento sobre el que se edifica nuestra civilización. A su vez que, la rosa y el libro como símbolos combinados representan la alegoría del respeto desde el amor y la fraternidad. Por lo que cabe subrayar que éstos símbolos -sin intención de profundizar en los mismos- trascienden su significado conceptual stricto sensu para elevarse a la categoría de significado simbólico de claro y definido valor social universal.

Y a este punto, de manera sintética para no extenderme, quería llegar. Si bien la simbología estructura la realidad humana, como principio y método de conocimiento y relación de nosotros mismos y con nuestro entorno, en esta pequeña reflexión quiero destacar de entre el vasto universo de la simbología humana las manifestaciones simbólicas con carga de valor social universal o arquetípica. Pues éstas, expresadas mediante costumbres o tradiciones locales a lo largo y ancho del planeta, buscan como denominador común la elevación de la talla moral humana, que no deja de ser una práctica de redención colectiva de nuestra naturaleza mundana como seres trascendentales, en un anhelo inherente a nuestra especie de intentar transformarnos en mejores personas tanto a título individual, como a nivel comunitario como sociedad.

Sí, aun por atroces y de baja talla moral que puedan ser algunos episodios experimentados en la historia de la humanidad, el ser humano tiende imperativamente a celebrar simbólicamente aquellos valores sociales cuyas ideas arquetípicas son universales por representar cualidades positivas, desde un enfoque humanista, para el conjunto de la sociedad como especie. Pues la esencia de la naturaleza (en continua evolución) del ser humano le empuja como fuerza mayor a celebrar la paz, y no la guerra; el respeto, y no la intolerancia; la justicia, y no la injusticia; el amor, y no el odio; la honradez, y no la inmoralidad; la libertad, y no la esclavitud; o la solidaridad, y no la insolidaridad; por poner algunos ejemplos de valores universales.

Hoy es día de la festividad de San Jorge, o Sant Jordi como se conoce en Cataluña. Y sobre la misma Rambla de Barcelona donde hace dos años se sembró el miedo, el odio, el terror y la muerte provocado por un horrible atentado terrorista, hoy miles de personas se regalan símbolos de amor, paz y respeto en forma de rosas y libros. La vida del ser humano es profundamente simbólica, y es justamente los símbolos propios de los valores sociales universales los que nos caracterizan como humanidad. Aquellos otros símbolos de signo opuesto, aun pudiendo formar parte de la realidad de nuestra cosmología simbólica de manera siempre temporal por insostenibles, van en contra de nuestra propia naturaleza como seres humanos por desequilibrados o incluso desnaturalizados.

El hombre nace, crece, se desarrolla y muere en una simbología ad hoc, tanto apriorística (ideas arquetípicas) como ex profeso (ideas construidas socialmente). La diferencia entre ambas viene marcada por la carga moral de su significado. Expuesto lo cual, y siendo fiel a la brevedad de mis reflexiones filosóficas efímeras, concluyo el presente artículo para entregarme un rato a un apasionante símbolo de amor, respeto y conocimiento como es el libro que me ha regalado esta mañana mi mujer Teresa: “Tras las huellas de Leonardo Da Vinci”, de Héctor Gil García. A ver cuál es la simbología de vida que me aporta.

Barcelona, 23 de abril de 2019
Diada de sant Jordi


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano