domingo, 14 de abril de 2019

La realidad objetiva humana no existe fuera del consenso general subjetivo

"Tilt", obra de Romain Laurent

La realidad objetiva no existe. Así de contundente se ha pronunciado la comunidad científica a principios de este año mediante la experimentación ampliada de la prueba del “Amigo de Wigner”, en mención al físico y premio Nobel Eugene Wigner quien describió un experimento mental, ahora ratificado mediante fotones con última tecnología (técnicas de entrelazamiento de partículas), que ha demostrado una de las paradojas más importantes de la mecánica cuántica: pueden coexistir dos versiones irreconciliables de la realidad.

La física, una vez más, nos obliga a reconsiderar la naturaleza de la realidad misma, ya que para que haya un supuesto de realidad objetiva, fundamento de la ciencia moderna, debe concurrir la siguiente trilogía de supuestos a la vez:

1.-Que los hechos universales realmente existan, y que los observadores puedan ponerse de acuerdo sobre ellos.

2.-Que los observadores tengan la libertad de hacer las observaciones que deseen.

3.-Y que las elecciones que hace un observador no influyan en las elecciones que hacen otros observadores (principio de localidad).

No obstante, la prueba actualizada de Wigner demuestra que uno o más de dichos supuestos siempre son erróneos, de lo que debemos deducir, por tanto, que no existe la realidad objetiva. Lo cual, no solo tiene grandes implicaciones para la validez del método científico (que se basa en hechos determinados mediante mediciones repetidas y acordadas a nivel geneal, con independencia de quien las haya observado), sino que nos obliga a reabrir el debate filosófico de: ¿qué es la realidad?.

Lo que sabemos, aunque sea por intuición, es que cuando nos referimos a la realidad debemos diferenciar entre la realidad en sí misma (naturaleza) y la realidad percibida por el hombre (conocimiento de dicha naturaleza), dejando de lado la realidad creada por el hombre para no extendernos.

Así pues, desde un enfoque ontológico, si entendemos la realidad como aquello que acontece de manera verdadera o cierta, en oposición a lo que pertenece al ámbito de la fantasía, la imaginación o la ilusión, la realidad conforme a la prueba de Wigner es de naturaleza doble, indivisible y codependiente: la realidad de facto y su contrarium como realidad irreconciliable. Es decir, la realidad es dual con opuestos idénticos en su naturaleza pero con diferente posición (y por ende manifestación) espacio-temporal para cada una de sus polarizaciones.

Mientras que desde un enfoque epistemológico, si entendemos la realidad como aquello que acontece efectivamente, con independencia de la capacidad subjetiva de aprehensión por parte de uno o más observadores, la realidad conforme a la prueba de Wigner es tanto objetiva como no-objetiva. Es decir, la realidad es siempre relativa de acuerdo a las referencias espacio-temporales y perceptivas del observador.

En otras palabras, aquello que nos parece real (percepción) no es la realidad (naturaleza). Por lo que para poder acercarnos al conocimiento de la realidad objetiva debemos ser capaces de aprehender su contrarium. Lo cual resulta fácil cuando la realidad observada tan solo es un fotón, pues el espectro de contrarios posibles es limitado. Un ejercicio que ya se nos complica al poner en juego el entrelazamiento al unísono de diversos fotones que conforman una única realidad. Y qué decir que a día de hoy se nos presenta como una aventura imposible cuando parte de la realidad observada, como es la materia y su energía, está determinada por una multiplicidad poliédrica de fotones que, a su vez, como partículas elementales de una de las cuatro grandes fuerzas del universo conocidas como es el fenómeno electromagnético, es codeterminada asimismo por otra de las grandes fuerzas naturales como es la gravitatoria que afecta de manera directa a la estructura espacio-temporal en la que existimos. Es decir, la búsqueda del conocimiento del contrarium de la realidad de facto nos abre un vasto registro de posibles realidades alternativas irreconciliables, a las que en la actualidad el ser humano tan solo puede aproximarse mediante cálculos de probabilidades matemáticas inteligencia artificial mediante. Lo cual es de preveer el hecho de que nos espera un viaje futuro por un universo tan extraño y desconocido como inimaginable para la mente humana contemporánea.

Expuesto lo cual:

1.-Si la realidad es dual con opuestos idénticos en su naturaleza pero con diferente manifestación espacio-temporal para cada una de sus polarizaciones,

2.-Si la realidad es percibida tanto de manera objetiva como no-objetiva dependiendo del sistema de referencias de dichas polarizaciones en relación con el observador.

3.-Ergo, la realidad humana tan solo es el fruto de un consenso general de la percepción subjetiva humana sobre los hechos espacio-temporales observados.

Así pues, el punto de inflexión de la realidad objetiva a escala humana no es más que el consenso general sobre la misma ya sea a nivel local o global, lo que implica en sí misma una importante carga cultural inherente (que por esencia es antagónicamente subjetiva), lo que caracteriza una realidad en continua actualización o redefinición en base al desarrollo social de la comunidad humana en materia de gestión del conocimiento. Por lo que la realidad, para el hombre, es tanto ontológica por su condicionante epistemológico. Lo cual, claramente, pone en tela de juicio las ideas propias de los arquetipos apriorísticos del saber humano sobre el universo, el ser y su existencia. O dicho en otras palabras, el hombre se equipara al conocimiento que tiene la hormiga fuera de su hormiguero en lo que se refiere a la naturaleza de la Realidad (del universo) que Es y Existe. La parte positiva es que el hombre, al igual que las hormigas, para vivir en nuestra cotidianidad no estamos obligados a salir -de momento- de nuestra pequeña realidad complaciente.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano