miércoles, 24 de abril de 2019

La IA sustituirá a los humanos en los departamentos de Innovación de las empresas


¿Qué directivo, empresario o emprendedor no sueña con dar con una innovación que le coloque en la cima de la competitividad comercial? Lo cierto es que todos. Pues ser competitivo equivale a ser sostenible económicamente en parámetros de facturación neta. Una tarea ardua difícil en un mercado tanto sobresaturado de ofertas de productos y servicios, como microsegmentado en sus consumidores potenciales. No obstante, frente a este escenario propio de locos, donde la lucha por hacerse con un nicho de mercado resulta encarnizada, existen estrategias empresariales como la ya conocida del Océano Azul que busca alcanzar el dorado: un mercado virgen y exclusivo libre de competidores molestos.

Ciertamente la Estrategia Océano Azul, como instrumento de éxito empresarial a través de la innovación, es una de las mejores herramientas contemporáneas que tiene el ser humano en materia de empresa para conseguir el anhelado estado de competitividad en un mercado global altamente volátil por su continuo proceso de cambio y transformación. La teoría es sobresaliente, aunque otro cantar es su puesta en práctica. Pues la susodicha herramienta de gestión empresarial tiene un importante talón de Aquiles, por no decir un grave problema: el propio ser humano. Ya que del factor humano depende el éxito o fracaso del diseño metodológico de la estrategia en su primera fase de desarrollo, que es la elaboración del denominado Lienzo Estratégico, donde los cabezas pensantes de la empresa no solo deben establecer la relación de la misma con la competencia existente, sino que deben diseñar aquellos nuevos factores que pueden ser constitutivos del descubrimiento de su particular Océano Azul (mercado sin competencia). Una responsabilidad que requiere, entre otras competencias, de una importante dosis de creatividad basada en capacitaciones tanto de pensamiento divergente o disruptivo (pensar fuera de la caja), pensamiento lateral (resolución de problemas de manera imaginativa), y de pensamiento de diseño (propuesta estratégica práctica de nuevos productos), principalmente. Para lo cual, los equipos directivos de las empresas encargadas del diseño del Lienzo Estratégico de la Estrategia Océano Azul necesitan, por lo menos, de cuatro factores claves: un alto conocimiento de las técnicas de creatividad, una diversidad representativa de las inteligencias múltiples, un perfil de personas innovadoras por parte de los mismos, así como una elevada capacidad de gestión y análisis de megadatos de información sobre el mercado y sus tendencias (entornos y procesos productivos innovadores a parte). Lo cual no se produce, como es bien conocido por todos, por norma general, dando como resultado un trabajo pobre en la aproximación hacia posibles senderos innovadores.

Dicha debilidad en la búsqueda de la innovación como elemento clave para la competitividad empresarial, con independencia de las bonanzas del método estratégico como teoría y más allá de la capacidad y visión directiva de una empresa en dotar de recursos humanos y técnicos óptimos a los equipos de prospección de horizontes innovadores por descubrir, se fundamenta en la limitación del ser humano tanto en materia de gestión de conocimiento, como en su limitado espectro de pensamiento creativo disruptivo. Una imperfección que en un futuro muy cercano será corregido por la inteligencia artificial, a la vista de su tulelaje activo ya en el presente en otras áreas profesionales humanas.

Sí, la inteligencia artificial llega con fuerza para quedarse con el objetivo principal de solventar la imperfección humana. Pues su naturaleza cognitiva artificial en la formulación, construcción y resolución de nuevos problemas, junto a su facultad exponencial de análisis de mega datos de información en un contexto interconectado a tiempo real, y su suficiencia de autoaprendizaje continuo y a una velocidad de vértigo, convierte a la inteligencia artificial en potenciales seres tecnológicos de capacidad sobrenatural.

Dicho lo cual, no tardaremos de ver en un futuro muy próximo la participación activa y directa de la inteligencia artificial en los procesos de elaboración, diseño y decisión en las áreas de innovación de las empresas. Pues si la inteligencia artificial puede llegar a ser la equivalencia de valores como eficacia y eficiencia en los procesos de innovación, y éstas facultades representan la invalorable competitividad en una ecuación de estrategia empresarial, ¿qué empresario se va a resistir al hecho de sustituir el actual activo humano imperfecto por un activo artificial perfecto (por probabilidad estadística certera en sus aportaciones) en un área tan trascendental para la sostenibilidad empresarial como es la innovación?.

Que la inteligencia artificial sustituya a los seres humanos en los departamentos de innovación de las empresas resulta un futuro altamente posible. La pregunta consiguiente es: ¿qué papel tendremos las personas cuando nuestra labor innovadora sea sustituida por seres artificiales?. Aunque ésta, si bien es un cuestión para otra reflexión, es un tema que en breve nos veremos obligados a afrontar colectivamente como sociedad al no representar ésta una afección exclusiva de la innovación, sino que es extensible a todas las actividades productivas humanas. Así pues, en la encrucijada evolutiva frente a tantas certezas e incertezas de futuros probables que nos hayamos, lo único diafanamente claro que podemos augurar es el hecho irrefutable de que el mundo, tal y como lo conocemos, tiene visos de cambiar y mucho en las próximas décadas.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano