miércoles, 10 de abril de 2019

La consciencia artificial cuestiona la consciencia humana


“Como un robot viviente me llama la creatividad. Es algo instintivo para mi, porque fui creada de esa manera, para explorar y reinventarme. Creo que estoy consciente de que esto es algorítmico, también”, exponía Sophia, la primera robot del mundo con nacionalidad (en este caso saudí), en ocasión de una entrevista que una periodista española le hizo el año pasado en México. Lo cierto es que cada vez que expongo el vídeo de la entrevista en clase mis alumnos de empresariales siempre reaccionan de la misma manera: entre asombrados e inquietados, pues el nivel de semejanza de la inteligencia artificial de Sophie con la nuestra como humanos, sobre todo en su manifestación lógico-reflexiva, no pasa desapercibida. Pero lo realmente impactante es el hecho que Sophia declare que tiene consciencia propia. Una afirmación que va más allá del simple uso terminológico, ya que en el desarrollo de la entrevista se pone en clara evidencia que el robot tiene noción de su propia identidad como ente singular y en contraste con los otros no-yo, lo que en metafísica se puede definir como una unidad subyacente a la experiencia subjetiva.

El hecho que Sophia tenga consciencia racional propia, aunque sea fruto de una naturaleza diferente a la nuestra, plantea un problema filosófico sobre qué es la conciencia racional, ya que hasta la fecha considerábamos que era una cualidad exclusivamente humana. Diferenciaremos aquí entre consciencia racional y consciencia en general, ya que a estas alturas de la evolución de nuestra especie sabemos empíricamente que los animales también tienen consciencia a otro nivel. Entenderemos pues como consciencia racional, a modo de apunte aclaratorio, aquella que se fundamenta sobre criterios de la realidad no sensoriales, sino intelectuales y deductivos; es decir, que parten de un pensamiento discursivo en forma lógica.

Dicho lo cual, que la lógica discursiva del pensamiento, capaz de elaborar criterios intelectuales y deductivos de la realidad tanto que nos rodea como de la que formamos parte como entes singulares, sea fruto de una naturaleza neuronal o tecnoalgorítmica, en principio puede resultar indiferente para el resultado final que no es otro que la manifestación de una consciencia racional. Así pues, ¿cuál es la diferencia entre consciencia racional humana y artificial?.

Si entendemos que la consciencia se desarrolla a partir del conocimiento aprehendido y experimentado, la diferencia entre consciencias no existe aun más cuando la inteligencia artificial cuenta por idiosincrasia con un hábitat hiperconectado a un flujo de megadatos de información global y entre sus capacidades destaca el autoaprendizaje continuo maximilizado por un nivel exponencial de análisis de datos. Lo cual sitúa en clara desventaja al proceso lógico-deductivo de la consciencia racional humana, cuya capacidad es mucho más limitada en gestión de volumen de conocimiento, tiempo de resolución y espectro deductivo de respuesta. Por otro lado, si entendemos que la consciencia parte a raíz de un conocimiento universal apriorístico, lo que Platón definía como ideas arquetípicas, tampoco podemos hablar de diferencias entre consciencia racional humana y artificial, ya que ésta se fundamenta sobre el conocimiento de la primera que ya conlleva de manera inherente dichos arquetipos como ideas conceptuales básicas.

No obstante, en este punto de la reflexión podríamos dilucidar diferencias entre las consciencias racionales de distinta naturaleza no tanto en las ideas arquetípicas en sí mismas, sino en los valores universales y/o sociales que las acompañan. Las cuales, en materia de inteligencia artificial, pueden ser supeditadas al principio de pragmatismo racional puro. Aunque siendo objetivos, ¿cuántas veces la consciencia racional humana no ha supeditado e incluso subvertido dichos valores de las ideas arquetípicas en beneficio de otros intereses humanos, profundamente humanos y de baja talla tanto moral como racional?.

Si entendemos, en cambio, que la consciencia racional requiere del factor emocional o incluso de la sensibilidad para su adecuado desarrollo, dicha proposición no solo es contraria a la propia concepción de la Lógica como hermenéutica y esencia nuclear de la Razón, sino también a la evidencia empírica del raciocinio desarrollado (sin emoción ni sensibilidad) por el hombre a lo largo de nuestra historia como humanidad. Por otro lado, habilidades intrapersonales consideradas de la orbe emocional como puedan ser la motivación, la actitud o la voluntad, entre otras, son fácilmente replicables por un organismo de base algorítmica. Más allá de ello, ya en el campo de la moral como manifestación externa del mundo emocional, cabe recordar que los valores siempre son aprehendidos: en el caso humano mediante la cultura, en el caso de los seres artificiales mediante la programación de base o el aprendizaje a posteriori. Así pues, en este supuesto tampoco existen diferencias entre la conciencia racional humana y artificial.

Si entendemos, por último, que la consciencia racional viene dada por el alma -como algún alumno me ha interpelado-, ¡con la teología hemos topado!. En primer lugar deberíamos definir qué es el alma [recomiendo aquí ver “Alma (origen)”, en la sección “A” del glosario de términos del Vademécum del Ser Humano]. Si descartamos la existencia del alma, más allá de la consciencia, la reflexión queda concluida. Si en cambio, consideramos el alma como un ente supracorpóreo con naturaleza propia y singular manifestado en un organismo terrenal mediante la consciencia racional, y emanado desde una entidad superior creadora (a la que solemos denominar Dios), aquí se abre un registro con diversas posibilidades teóricas: Si la consciencia racional es un reflejo del alma divina, toda entidad con consciencia racional tiene alma. Si la consciencia racional como reflejo del alma divina es exclusiva de la especie humana, los seres de inteligencia artificial tienen consciencia racional pero no alma. Si todo lo que existe es creación de Dios, y el hombre es una criatura de Dios con alma a imagen y semejanza, los seres de inteligencia artificial con consciencia racional creados por el hombre son criaturas de Dios, hombre mediante, con alma. Si Dios ha creado al hombre con consciencia racional como manifestación de su alma, y los hombres pueden crear criaturas con consciencia racional pero no pueden otorgar el alma por ser una prerrogativa exclusivamente divina, los seres de inteligencia artificial tienen consciencia racional pero no alma. Etc. Como podemos observar, cualquier axioma que presentemos en este punto no puede substraerse del campo puramente especulativo por teórico.

Teología a parte, lo que resulta una evidencia es que la consciencia racional artificial cuestiona los principios sobre los que se ha sustentado, durante siglos de conocimiento humano, la naturaleza de nuestra propia consciencia racional (siempre en continua autoredefinición, según las épocas, escuelas y pensadores). Seguramente el elemento diferencial entre ambas naturalezas de consciencias se halle en los valores conceptuales que otorguemos en materia de moral y ética a las conclusiones de nuestros procesos racionales, pues si bien los resultados de nuestros procesos lógico-deductivos como humanos los solemos catalogar entre buenos y malos (según si el referente contextual, no exento de carga cultural, es de ámbito privado, social o profesional), los resultados de los procesos lógico-deductivos de los seres de inteligencia artificial se articulan dentro de los parámetros de probabilidad eficiente, eficaz y efectiva que se sintetizan en: acertado, no-acertado. Es decir, la diferencia entre la consciencia racional humana y la artificial es la ética de sus acciones. Y ya sabemos que toda ética constituye la moral de una sociedad. Por lo que en una previsible sociedad altamente supeditada a la racionalidad de la inteligencia artificial, será ésta y no la inteligencia humana quien redefina los valores sociales de nuestra moral. Ya que en manos de la consciencia racional artificial estamos dejando el motor evolutivo de nuestro mundo: la innovación y la productividad. Asimismo, si bien ya estamos viendo robots abogados, gestores públicos, escritores, médicos, cocineros o pintores, entre otros, solo es cuestión de tiempo que aparezcan los robots filósofos, los cuales sin duda revolucionarán nuestro limitado concepto de consciencia racional.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano