martes, 12 de febrero de 2019

Entre Metaradicales y Radicales se juega la Democracia


Cierto es que el radicalismo social ha existido desde que el hombre es hombre, ya que en definitivas cuentas no es más que una actitud individual o colectiva que pretende reformar de raíz una realidad concreta que considera desequilibrada e incluso injusta. Una postura frente a la vida que da el salto como movimiento político a las puertas del siglo XX, caracterizado por su intransigencia frente a todo orden social, político, económico o moral que no defendiese los principios humanistas, racionalistas, laicos, republicanos y anticlericales, en su busca de una nueva sociedad liberal progresista cuyo anhelo no era otro que implementar un conjunto de derechos civiles que en la actualidad asumimos como norma general. Nos encontramos, pues, en la era predemocrática y del prebienestar social. Un contexto histórico a todas luces comprensible desde la distancia, siglo y medio largo después, para la mirada retrospectiva de nuestra sociedad desarrollada.

Pero el radicalismo, para asombro de unos, júbilo de otros y temor de terceros, ha vuelto. En plena era contemporánea de los estados democráticos y sociales de derecho, cuando en principio el radicalismo ya no tiene sentido de existir por la esencia propia de la naturaleza del Estado de Bienestar Social (que da cobertura a los derechos sociales) por un lado, y por los mecanismos instaurados que posibilitan el cambio y la mejora social como proceso funcional inherente a los Estados Democráticos de Derecho (que dan cobertura a los derechos políticos) por otra parte, resurge paradógicamente en nuestro tiempo presente el radicalismo como movimiento social y político, aunque bajo una nueva concepción y variedad a diferenciar: los Radicales y los Metaradicales. Veamos sus características:

Entenderemos como movimientos políticos y sociales Radicales a aquellos que defienden, a ultranza, los principios y fundamentos (como equivalentes de la etimología latina de la palabra “raíz”) del orden democrático. Mientras que, en contraposición, entenderemos como movimientos políticos y sociales Metaradicales a aquellos que defienden, decididamente, el ir más allá y cambiar (como equivalentes de la etimología griega del prefijo “meta”), dichos principios y fundamentos del orden democrático. O, definido en otras palabras, los Radicales defienden el statu quo del orden democrático, mientras que los Metaradicales atentan contra el mismo con el objetivo de derrocarlo.

Cabe apuntar el hecho que desde un punto de vista cronológico político, los Radicales surgen como reacción contraria a los Metaradicales, los cuales se agrupan por desigual, tanto en volumen como en representación territorial, en tres grandes grupos: antisistemas, populistas de izquierdas (autodenominados socialdemócratas, aunque con base ideológica marxista), y nacionalistas secesionistas.

Las características fundamentales que diferencian a Radicales y Metaradicales se pueden enmarcar dentro de cinco líneas de manifestación ideológica:

1.-Principio constitucional
Los Radicales defienden el principio constitucional como marco de convivencia común, mientras que los Metaradicales fomentan la acción política fuera de los límites constitucionales.

2.-Derechos fundamentales
Los Radicales defienden principalmente los derechos de libertad de expresión, de libertad de creencias, de libertad y seguridad personal, y de igualdad ante la ley, mientras que los Metaradicales atentan de manera flagrante contra dichos derechos fundamentales en pos de su interés como instrumentalización de su acción política.

3.-Uso del espacio público
Los Radicales defienden el uso común del espacio público como medio de libertad de expresión reglada, mientras que los Metaradicales monopolizan el espacio público de manera no reglada, e incluso violenta, con carácter excluyente para la libre manifestación de su apología ideológica.

4.-Ordenamiento Jurídico
Los Radicales defienden el ordenamiento jurídico como norma conductual de organización social, mientras que los Metaradicales se sublevan frente al mismo por limitar su acción socio-política que se sitúa al margen de la Ley y la Democracia.

5.-Simbología del Estado
Los Radicales defienden los símbolos del Estado, como son la bandera y el himno nacional, como reivindicación de la identidad cultural y la unidad territorial del país, mientras que los Metaradicales los atacan activamente por su posición ideológica contraria y como estrategia de lucha política.

En resumen, se puede afirmar que en el radicalismo contemporáneo español, como movimiento de acción socio-política, los Radicales defienden un concepto de Estado basado en la Democracia como modelo de organización social y de derecho moderno, mientras que los Metaradicales atacan dicho concepto como vía para alcanzar de manera unilateral sus intereses políticos, resucitando la famosa frase marxista trasnochada de “conseguir en la calle (e incluso a través de las instituciones) aquello que no se ha conseguido por las urnas”.

Ante el actual estado de la situación, es por tanto comprensible que un demócrata se radicalice en la defensa de los principios y valores democráticos. Aunque asimismo, resulta triste que por dicha defensa -que entra dentro de la lógica de personas de razón- se tilde al ciudadano demócrata como Radical. Por lo que en este sentido, debo reconocer que me considero un Radical más entre los millones de ciudadanos españoles que creemos en la defensa de nuestra joven Democracia, con todos sus defectos aun por solventar como sociedad moderna.

Y a los Metaradicales que alegremente y sin pudor tildan de fascistas a los Radicales contemporáneos mediante la distorsión deliberada de la realidad (posverdad), por favor, que alguien los devuelva de regreso a la escuela para paliar su ignorancia. Pues no hay persona más peligrosa, para la Democracia y el conjunto de la sociedad, que un ignorante con poder.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano