jueves, 17 de enero de 2019

Madama Butterfly, la cultura como anulador de la voluntad individual

La soprano Lianna Haroutounian como Butterfly en El Liceo 

La cultura se puede entender como un ecosistema de tradiciones y costumbres locales, o bien como el crisol del conocimiento. Un mismo nombre, para dos maneras muy diferentes, por no decir antagónicas, de enfrentar, entender y enjuiciar la realidad más inmediata. Si bien el peso de la cultura exclusivamente como tradición empobrece la mente humana, por limitación de miras, el bagaje de la cultura como conocimiento enriquece el saber humano, justamente por un enriquecimiento continuo de horizontes tanto aprehendidos como percibidos.

El significado restrictivo del concepto cultura como tradición no solo empobrece la visión que podemos tener del mundo, sino que incluso puede llegar a anular la voluntad individual de sus miembros. Un claro exponente de esta tesis la encontramos desarrollada en una de las óperas más famosas: Madama Butterfly, del compositor Giacomo Puccini y basada en una obra teatral de David Belasco. La ópera, inspirada en hechos reales, se sitúa en el Japón de finales del siglo XIX, y versa sobre la relación (o mejor dicho carencia de la misma, por ausencia del marido) de un matrimonio de conveniencia entre una geisha y un teniente de la marina norteamericana. Si bien la obra afronta diversas temáticas dignas de análisis filosófico, como es el papel de la mujer desde la desigualdad de género, las relaciones de poder basadas en la economía, el contraste de mentalidades entre civilizaciones denominadas modernas y tradicionales, los estigmas sociales propios de una comunidad conservadora, o el supramicismo desde un enfoque de profundo clasismo cultural, personalmente me interesa enfocarme en la presente reflexión en la anulación de la voluntad individual que sufre la protagonista de la ópera, el personaje japonés Cio-Cio-San (que se hace llamar Madama Butterfly en la obra).

En Madama Butterfly la anulación de la voluntad individual por parte de una tradición cultural restrictiva de la concepción de la vida, y por extensión del ser humano y más particularmente de la mujer, se manifiesta mediante tres caracteres bien definidos. En primer lugar, la protagonista no tiene libertad ni de decisión ni de movimiento fuera de la estructura organizativa familiar (en primera instancia de su familia de origen y, en segunda instancia una vez desposada, de su nueva unidad familiar de marcado perfil patriarcal). En segundo lugar, la protagonista se muestra como una persona plenamente dependiente psicoemocional y de acción respecto a su marido, careciendo de la capacidad de libre albedrío más allá de la sombra del cónyuge, y entendiendo el amor marital desde la obediencia debida. Y, en tercer lugar, la protagonista manifiesta un sentido propio de la vida como individuo única y exclusivamente dentro del contexto social y tradicional al que pertenece, fuera del cual la existencia como ser viviente no tiene sentido. (De hecho en el tercer y último acto de la ópera acaba suicidándose)

Salvando la distancia histórica en el que se desarrolla el drama operístico, donde la mujer carece de muchos de los derechos civiles estando supeditada por ley al hombre (no hay que olvidar que en Europa hasta mediados del siglo pasado no comienzan a equipararse los derechos entre géneros a favor de la mujer: participación en sufragio político, acceso a las universidades, igualdad frente al matrimonio, etc), Madama Butterfly se caracteriza por ser una mujer con un nivel cultural bajo en conocimientos generales (entendiendo conocimiento a la luz del concepto contemporáneo de conjunto de saberes académicos o pseudoacadémicos que otorgan a una persona un desarrollo competencial óptimo en materia de cultura general), y altamente dependiente de la cultura tradicional como uso y costumbres locales. En este sentido la ópera nos muestra, por tanto, una persona carente de libre albedrío, por un lado por falta de capacidad de pensamiento crítico ante un estado de gestión del conocimiento inexistente, así como una persona falta de capacidad de libre pensamiento, por otro lado al encontrarse limitado su proceso de raciocinio dentro de la estructura de pensamiento de la mente colectiva conservadora de su comunidad local. En otras palabras, una persona limitada a su caja existencial y fácilmente manipulada por la misma. Una persona sin autoridad interna, ni libertad personal.

Tristemente, de Madamas Butterflyes aun existen muchas mujeres en nuestro mundo, especialmente en aquellas zonas del planeta menos desarrolladas, como bien es conocido por todos. Por lo que es una obviedad que no podemos entender la cultura única y exclusivamente como hábito social de tradiciones y costumbres, sin una correspondiente cultura de la gestión del conocimiento para el desarrollo libre y digno de las personas. De hecho, nos parece inconcebible para aquellos que vivimos en las latitudes occidentales del globo terráqueo. Pues si bien las tradiciones nos aportan identidad social y arraigo natural a nuestras raíces de origen, el conocimiento como saber nos ayuda a trascendernos como seres humanos, tanto a nivel individual como sociedad, en un mundo complejo, cambiante, e interconectado, como es el actual. Y más si cabe cuando hace ya tiempo que dejamos de evolucionar biológicamente, para pasar a evolucionar culturalmente, conocimiento mediante.

Que la cultura no sea nunca un anulador de la voluntad individual, sino un potenciador de los talentos personales para la plena autorealización individual. La libertad se conquista a través del Saber.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano