viernes, 25 de enero de 2019

La triple naturaleza de la Alegría


Hoy me siento alegre, más si cabe de lo normal, por un pequeño pero grato acontecimiento que he protagonizado. Y lo cierto es que me gusta la sensación, ya que la alegría produce un estado de bienestar personal e íntimo que provoca que todo nuestro cuerpo, ya sea de manera verbal o no verbal, se exprese con júbilo. Si tuviéramos que darle una tonalidad a la alegría, diríamos que es luminosa. Si fuera un color, seguramente el amarillo intenso, como recuerdo reflejo de un radiante sol de verano. Y si fuera energía, la calificaríamos como de las más altas en el arco de frecuencias de vibración y longitud de ondas senoidales. Pero, realmente, ¿qué es la alegría?. Como respuesta, podemos afirmar que la alegría se caracteriza por una triple naturaleza:

1.-La alegría como emoción.
La alegría es una de las cuatro emociones básicas de los seres humanos, junto y como contraste a la tristeza, la rabia y el miedo. Por lo que la alegría es una de las primeras descodificaciones de las reacciones psicofisiológicas (liberación de neurotransmisores y hormonas) que experimenta una persona, a través de los sentidos físicos como medios para percibir el mundo, respecto a los estímulos recibidos desde nuestra realidad más inmediata: percibir un sujeto, un objeto, un lugar, un suceso, un recuerdo, etc.

La alegría, asimismo, es una emoción de apertura, y cumple la función de ayudarnos a crear vínculos hacia los demás, siendo una emoción básica expansiva. Puede manifestarse de diversas maneras, siendo las más frecuentes la ternura, la sensualidad y el erotismo. Y en el caso que seamos capaces de gestionar adecuadamente la alegría, podremos alcanzar estados emocionales propios de la serenidad y la plenitud, mientras que en caso contrario nos conducirá hacia la tristeza, la euforia o la frustración.

2.-La alegría como sentimiento.
En cambio, la alegría como sentimiento no es más -que no por ello es de menor importancia- que la carga de vibración emocional de un pensamiento, el cual es el resultado de una intelectualización o acción neurológica, en que las células del cerebro se comunican entre sí a través de un proceso electroquímico para crear estructuras de pensamiento, derivado de la emoción básica de la alegría. O dicho en otras palabras, la alegría como sentimiento es creado por un pensamiento positivo, el cual es creado a su vez -en un contexto cultural de moralidad equilibrada- por la emoción básica de la alegría.

Este sentimiento de alegría, prolongado en el tiempo, crea lo que conocemos como un estado emocional conductual positivo, de grandes beneficios para la vida de una persona, cuyos efectos inciden directamente en la salubridad del cuerpo humano. Como así ya ha demostrado ampliamente tanto la medicina psicosomática, como la neurociencia e incluso la epigenética.

Tanto las dimensiones de la alegría como emoción básica y como sentimiento, las desarrollo con mayor profundidad en mi obra “Manual de la Persona Feliz”, por lo que no me alargaré en esta breve reflexión.

3.-La alegría como manifestación de un estado de conciencia.
Personalmente, me interesa mucho más la alegría como manifestación del estado de conciencia de la felicidad. Ya que la diferencia entre los dos estadios anteriormente presentados y éste es, justamente, que mientras la alegría como emoción y sentimiento son un fin, la alegría como manifestación de un estado de conciencia es un medio. Es decir, si bien en los primeros existe una clara casuística psicofisiológica, en este tercer estadio la alegría se presenta como resultado de una profunda reacción racional consciente como hábito de comportamiento personal en relación con uno mismo y respecto al mundo exterior. La alegría no está en el objetivo a conseguir, sino en el viaje a transitar. Es por ello que al ser la alegría un hábito conductual, éste se puede aprender e integrar como opción de desarrollo y crecimiento personal frente a la vida, dando lugar a un estado de conciencia que denominamos felicidad. Sabedores que la felicidad en verdad es un camino de sabiduría y autoconocimiento personal.

En este punto, recomiendo la reflexión “Conoce la fórmula de la Felicidad”, ampliamente desarrollado, para los interesados, en mi obra “Tratado de Habilidología”.

En todo caso, es indiscutible que la alegría es el reflejo de una persona sana y equilibrada mental y emocionalmente, y que su poderosa disposición hacia comportamientos y actos personales y sociales constructivos es merecedora de nuestra mayor atención, educación mediante. Pues, como bien todos sabemos, el cielo en la tierra solo es meritorio para las personas con espíritu alegre.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano