lunes, 28 de enero de 2019

La Avaricia, un medio aceptado para alcanzar el éxito social como fin

DiCaprio como Belfort en "El lobo de Wall Street"

Es curioso observar el hecho de que cuando hacemos alusión a la avaricia en seguida nos viene a la mente el señor Scrooge, el avaro arquetípico por excelencia que protagoniza el famoso cuento de navidad de Charles Dickens, popularizado en la actual era -dos siglos después- gracias a las diversas películas realizadas de corte más o menos infantil. Y, como segundo recurso memorístico, siempre solemos contar con Belfort, el protagonista de la hollywoodiana película contemporánea “El lobo de Wall Street”, interpretado por el actor Leonardo DiCaprio y dirigida por Scorsese. Pero, contrariamente, prácticamente en ninguna ocasión relacionamos la avaricia como un comportamiento característico por parte de alguna persona de nuestro entorno social conocido. Cuando, realmente, vivimos en un mundo rodeados y dirigido por avaros.

Pero, ¿qué es la avaricia?. Podemos sintetizarlo en una conducta humana que practica activamente el deseo excesivo, incluso insaciable en muchos casos, por la búsqueda de riquezas, estatus o poder, más allá de las necesidades básicas requeridas para una vida cómoda y digna como ser humano. Justamente en la descripción de dicha naturaleza conductual es donde se esconde, a los ojos de la gran mayoría, el vicio de la avaricia. Ya que ésta se confunde con un valor social elevado a virtud en las sociedades capitalistas de libre mercado: la consecución del éxito personal. En otras palabras, el vicio de la avaricia desde un punto de vista humanista, ha sido transmutado en virtud de éxito personal y social desde un punto de vista capitalista. Y ya sabemos que, en estos casos como en muchos otros, no hay más ciego que el que no quiere ver, y más si nos referimos a una conducta personal aceptada socialmente.

La avaricia, que va íntimamente relacionada con la codicia (tanto que ambas se confunden por su estrecha interrelación), por manifestarse diáfanamente normalizada -casi de manera insultante por su descarada exposición pública- en la realidad sociológica de nuestros tiempos, tiene una clara incidencia tanto en la psicología del ser humano contemporáneo, como en la continua revisión de los valores sociales que el conjunto de individuos como comunidad promulgan en su actualización.

Desde un punto de vista psicoemocional, la avaricia transformada en virtud de éxito personal genera personas desequilibradas por su insaciable deseo de satisfacción, ya que no solo nada nunca es suficiente, puesto que tras cubrir una necesidad de manera casi ipso facta y por una clara tendencia impulsiva-compulsiva, pierden el interés por el deseo cumplido para focalizar su motivación en una necesidad de nueva creación objeto de un reciente deseo anhelado. Lo cual demuestra una alteración mental tanto en la incapacidad de controlar los deseos, como en la incapacidad de satisfacer las necesidades, como asimismo en la incapacidad de dirimir prioridades existenciales. Un lujo de perfil conductual para la cultura del consumismo, y un éxito social de la filosofía capitalista al conseguir relacionar la felicidad con lo material y la apariencia. Nada más lejos de la verdad de la naturaleza de la felicidad, que no es una búsqueda continua por la acaparación de deseos exteriores cuyo hábito provoca cuadros de inestabilidad mental y emocional en los individuos, sino un estado de consciencia personal que aporta un estado psicoemocional de paz y autorealización interior. (En este punto recomiendo las diversas reflexiones sobre la felicidad recopiladas en el glosario del Vademécum del Ser Humano).

Mientras que desde un punto de vista de los valores sociales, el hecho de que la avaricia se aprecie como medio que justifica el éxito personal como fin, permite transmutar valores tradicionalmente humanistas negativos, como pueden ser el egoísmo, la desigualdad social, la corrupción, la estafa, la mentira, la traición, la deslealtad, el robo, o incluso la violencia, como valores positivos con mayor o menor grado de aceptación o permisividad social. Es decir, los valores inmorales se convierten en morales, y los valores morales clásicos se destierran de la sociedad contemporánea por ineficacia social, recuperando la picaresca del Lazarillo de Tormes como manual de conducta estándar en los diferentes estratos de la sociedad. Todo un despropósito de desvirtuación consciente del conjunto de valores reconocidos como parte del comportamiento social que se espera de los individuos que forman parte de dicha comunidad. Y es que, no en vano, la avaricia se simboliza con la figura de un lobo hambriento. No habiendo peor sociedad que aquella compuesta de lobos que comen lobos, reafirmando así la famosa cita de Hobbes “homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre).

Sí, aunque no queramos reconocerlo, vivimos en una sociedad donde la avaricia prácticamente es ley. La avaricia, como impulso de un deseo descontrolado propio de un trastorno mental y emocional que solo genera personas inestables por desequilibradas, puede convertirse en un hábito de conducta, incluso normalizado como podemos observar en la actualidad. Pero la grandeza del hombre está justamente en su capacidad de trascenderse, a través de reflexionar sobre su comportamiento y las consecuencias del mismo con su realidad más inmediata, y de modificarlo si así lo considera necesario a la luz de la razón del bien común. De nosotros depende qué tipo de sociedad queremos desarrollar, y así mismo qué tipo de valores sociales deseamos como guía e inspiración en la vida personal de sus miembros. Sin reflexión no hay conciencia, y sin éstos no existe el pensamiento crítico capaz de hacer emerger una mente colectiva lúcida. Personalmente abogo por luchar contra la desnaturalización del humanismo, pues fuera del humanismo involucionamos hacia sociedades más propias del mundo de las bestias, donde no hay mayor moral que la que se impone por la fuerza de la violencia, ya sea física o intelectual, como lo es la avaricia. Pues aunque pueda parecer utópico, anhelo una sociedad en la que el hombre sea un ser humano para el hombre. Fiat lux!



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano