jueves, 27 de diciembre de 2018

La triple disonancia de Jesús de Nazaret


En plenos días de celebración de las fiestas navideñas, donde se adora por igual a dos dioses antagónicos y en continuo litigio en los tiempos que corren (Jesús, el dios cristiano de la humildad y la solidaridad; y Don Dinero, el dios capitalista de la soberbia y del egoísmo), debo reconocer que personalmente convivo, desde hace años, con tres figuras de Jesús de Nazaret diferentes y en clara contradicción entre sí: el Jesús humano, el Jesús religioso, y el Jesús arquetipo.

Hacer referencia al Jesús humano es aludir a mi dimensión ilustrada-racional, donde la figura de Jesús se circunscribe a un personaje humano, profundamente humano y datado históricamente, de nombre Yeshua ben Yosef y ciudadano de la Galilea del siglo I, que profesó una rama de la religión judía, y cuya personalidad tan delirante como rebelde si bien le llevó a ser condenado a la pena de muerte por sedición contra el poder imperante de la Roma de la época, ni se consideraba hijo de Dios -aunque en sus últimos días jugó burda y peligrosamente a la política haciéndose llamar Rey de los Judíos-, ni tenía intención alguna de fundar ninguna religión nueva.

Hacer referencia al Jesús religioso, por su parte, es aludir a mi dimensión cultural irracional, donde el Jesús humano es (re)inventado en un ser de naturaleza divina mediante un corte y pega de pedazos al uso cogidos y adaptados de diversas tradiciones religiosas multiculturales, amplificado por una gran dosis de imaginación creativa -y de oportunismo político- por parte de los propios evangelistas y posteriores padres de la Iglesia, que da origen a un cuento tan fantasioso como dogmático que siembra la semilla de un pensamiento fundamentalista. Personalmente me produce un pavor escalofriante cuando un creyente, profeso de cualquier religión pero en este caso particular cristiano católico, protestante, ortodoxo o evangelista, entre otros, levanta la Biblia y justifica su discurso a la vez que grita taxativamente: -¡porque lo pone en éstos textos sagrados!.

Mientras que hacer referencia al Jesús arquetipo, es aludir a mi dimensión espiritual y filosófica, pues el Jesús que describe el Nuevo Testamento, así como los evangelios apócrifos que conocemos, es la personalización de la idea arquetípica del amor, ya descrita conceptualmente siglos atrás por Platón. Un amor esencial en su manifestación que, por ser arquetípico, es a su vez trascendental. Una idea de amor universal germen del humanismo sobre el que se ha desarrollado, a lo largo de siglos de evolución, el actual sistema de organización socio-política de la civilización occidental.

Sí, reconozco que en mi madurez convivo con las diferentes facetas de Jesús de Nazaret en continua contradicción, pues si bien el hombre es contradictorio por naturaleza, vive en el pulso de una búsqueda perpetua por armonizar sus opuestos. Y sobre la base que el ser humano es un producto cultural desde el momento incluso anterior a su propia concepción, me considero culturalmente de tradición cristiana, lo que significa que trascendentalmente busco la espiritualidad a través del amor como arquetipo de valor superior, y mundanamente discierno la filosofía de vida a través del humanismo como sistema de organización social. En todo caso, lo que sí que no me considero a estas alturas de la vida es un creyente religioso, pero sí un creyente cultural. La diferencia radica en que si bien el primero participa de los dogmas de fe, el segundo tan solo participa de sus tradiciones culturales como elemento identitario diferenciador frente a terceras culturas.

Por todo ello, puedo concluir que el Jesús humano me aporta la tranquilidad de una mente racional inquieta que busca la verdad del mundo en su origen, el Jesús religioso me aporta el sentimiento de pertenencia a una cultura propia, y el Jesús espiritual me aporta una guía de crecimiento personal y la base de unos valores filosóficos sobre los que construir la realidad humana. Una triple aportación de luces no exenta de sombras en un mundo que, por esencia, es dual. Y todo ello desde la ironía de llamarme Jesús :-)

Así pues, desde un personal Jesús tetradimensional, solo me cabe finalizar esta reflexión declarativa deseando felices fiestas a todas las personas de buena voluntad. A las de mala voluntad, que no esperen la otra mejilla.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano