lunes, 17 de diciembre de 2018

Hay que refundar la Democracia (para corregir sus siete pecados capitales)


Que la Democracia occidental no pasa por sus mejores momentos, es un hecho constatable a ambos lados del Atlántico, si bien en la vieja Europa -cuna de la cultura democrática- es donde mayormente se evidencia mediante la manifestación de dos síntomas sociológicos en progresivo radicalismo: las revueltas sociales y el populismo. Pero la cuestión fundamental es observar si dicha fenomenología social, más allá de su sobreexposición circunstancial, es de naturaleza endógena o exógena a la propia Democracia, por lo que debemos analizar si nuestras sociedades democráticas están incurriendo en los pecados capitales propios de la Democracia.

Siete son los pecados capitales de la Democracia, entendiendo como pecados capitales aquellas acciones que son contrarios a los principios rectores del espíritu democrático, los cuales son -por orden alfabético- los que siguen:

1.-Analfabetismo Democrático
Una sociedad democrática incurre en el pecado capital del Analfabetismo Democrático cuando sus ciudadanos, en el ejercicio del uso de sus derechos y obligaciones, distorsionan el significado originario de los mismos pudiendo adoptar comportamientos antidemocráticos, por desconocimiento real (derivado de la dejación de funciones del Estado) de los valores morales emanados por el espíritu de la cultura democrática.

2.-Cesión de la Soberanía
Una sociedad democrática incurre en el pecado capital de la Cesión de la Soberanía cuando la autoridad en la que reside el poder del Estado deja de estar en manos de sus ciudadanos, para pasar a ostentarla un ente externo supraestatal con un poder económico-político superior (dígase Mercado).

3.-Corrupción Pública
Una sociedad democrática incurre en el pecado capital de la Corrupción Pública cuando existe un vicio estructural de abuso de poder, como efecto directo de una depravación moral sobre la gestión pública, por parte del poder político para beneficio partidista.

4.-Mediocridad Política
Una sociedad democrática incurre en el pecado capital de la Mediocridad Política cuando la clase dirigente política no está a la altura de las responsabilidades de Estado, mostrándose indiligente frente a las necesidades sociales de sus ciudadanos, por un manifiesto abaratamiento de los perfiles ideológicos de los gestores de las res publica.

5.-Neutralización de los Derechos Fundamentales
Una sociedad democrática incurre en el pecado capital de la Neutralización de los Derechos Fundamentales cuando, dichos derechos sociales amparados constitucionalmente (como puedan ser el derecho al trabajo y a una vivienda digna), son contrarrestados a favor de otro derecho no fundamental como es la protección de la economía de libre mercado.

6.-Pérdida de División de Poderes
Una sociedad democrática incurre en el pecado capital de la Pérdida de División de Poderes cuando los ciudadanos perciben que, por norma general, los poderes ejecutivo y legislativo coartan la independencia del poder judicial, poniendo en tela de juicio la salubridad de un Estado Democrático de Derecho fundamentado en la división independiente de sus tres poderes.

7.-Refutación de los Valores Humanistas
Una sociedad democrática incurre en el pecado capital de la Refutación de los Valores Humanistas cuando, los valores morales propios del humanismo -filosofía de cultivo de siglos de evolución para la cultura democrática contemporánea-, que se caracteriza por situar el bienestar de la persona como ciudadano en el epicentro de las políticas públicas de una Democracia por idiosincrasia, es substituido por otros contravalores moralmente opuestos como puedan ser los propios del mercantilismo.

Si vistos los siete pecados capitales de la Democracia, llegamos a la conclusión que vivimos en una sociedad que incurre en el pecado de prácticamente la totalidad de los mismos, en mayor o menor medida, lo que nos conduce a concluir que la sintomatología social de las revueltas sociales y el populismo que azotan la vieja Europa de principios de siglo XXI es de carácter endógeno a nuestro devaluado modelo democrático, resulta evidente la necesidad de refundar la Democracia. En caso contrario lloraremos como niños -emulando al último sultán de Granada-, lo que no supimos defender como hombres (humanistas, profundamente humanistas y por ende democráticos). Es tiempo,por tanto, de refundar la Democracia con el objetivo de fortalecerla.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano