martes, 18 de diciembre de 2018

El Mercado, el nuevo modelo de Dictadura mundial


Los Estados ya no gobiernan el mundo. Y en muchos casos, ni sus propios países. Por lo que no importa si los gobiernos se estructuran en una de las dos formas genéricas de organización política contemporánea: la dictadura o la democracia constitucional. Ya sean éstas dictaduras militares, de partidos únicos, personalistas, monárquicas, híbridas, o sean democracias indirectas o representativas, semidirectas o participativas, o directas. No, el mundo ya no está en manos de los Estados, sino de un nuevo modelo de dictadura de naturaleza económica que denominamos Mercado. Por lo que el mundo ya no rige su destino desde parámetros geoestratégicos, como sucedía al menos hasta mediados del siglo XX, sino desde principios macroeconómicos.

Pero veamos, mediante el desglose de sus cuatro características principales, por qué el Mercado es el nuevo modelo de dictadura que gobierna el mundo del siglo XXI:

1.-Concentración de poder en personas no electas
El 80 por ciento de los recursos y del consumo mundial está en manos de 10 grandes grupos empresariales, los cuales están dirigidos por unos 700 accionistas, que representan el 0,000010 por ciento de personas frente a los 7.300 millones de habitantes que existimos en el planeta. Dirigentes mundiales que, aun no haciendo falta decirlo es importante remarcar, no han sido elegidas por sufragio universal.

2.-Forma autoritaria de gobierno
Ésta decena de grupos empresariales multinacionales se financian a través de los diversos grandes bancos mundiales que son controlados -Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Reserva Federal Americana, y Banco Central Europeo, incluidos- por un puñado de grandes empresas que representan a una decena de familias mutimillonarias de diversos continentes, las cuales no se someten a ningún tipo de limitaciones y ostentan la facultad de promover la promulgación y la modificación de leyes nacionales e internacionales a voluntad. Es decir, el máximo exponente de un gobierno totalitario, aunque permanezca en la sombra.

3.-Uso de propaganda para contrarrestar sistemas de gobierno alternativos
Dicha decena de grandes grupos empresariales cuentan, a su vez, con compañías cuyo volumen de facturación superan los presupuestos generales de muchos países desarrollados (BP supera a Suiza, Microsoft o Amazon a Portugal, Samsung a Dinamarca, Banco Santander a Colombia, Walmart a España, Alphabet a Nueva Zelanda, Apple a Bélgica, por poner algunos ejemplos), cuya propaganda partidista a través de sus múltiples divisiones de negocio y omnipotentes canales de marketing -por superioridad de recursos en sociedades de “libre” economía- influye de manera directa sobre los sistemas de gobierno y de partidos políticos de los diversos países en los que operan. En resumidas cuentas, la disidencia política se controla y, llegado el caso, se contrarresta.

4.-Supresión de la libertad personal y el discurso de masas
Y por último, éstas decenas de grandes grupos empresariales, mediante el control mayoritario del consumo mundial y del marketing de masas (publicidad en sus diferentes formatos) diseñan artificialmente estados de opinión paquetizados para el adecuado consumo, en tiempo y forma, del conjunto de la ciudadanía. Hasta el punto de interferir en la intención de voto de procesos electorales democráticos. Facultad la cual les cualifica para ejercer un vasto control sobre el medido margen de maniobra de lo que entendemos como libertad personal de los ciudadanos, así como sobre el discurso de masas que pueda generarse en el seno de las sociedades intervenidas, influenciando además sobre el propio esquema de valores morales imperantes en un país y una cultura concreta.

Sí, los Estados ya no gobiernan el mundo, sino que es el Mercado quien lo gobierna. Y además, bajo un régimen político dictatorial, en el que las reglas democráticas son neutralizadas de facto. Expuesta la evidencia, de la que el ciudadano de a pie debe tener conocimiento para mayor conciencia del estado de la situación, la pregunta del millón no es otra que plantearse hasta dónde va a llegar el pulso en alza actual -que propiamente se inició a partir de la segunda guerra mundial-, entre el gobierno mundial de la dictadura económica y los gobiernos de los estados democráticos. ¿Hasta dónde será capaz la dictadura económica mundial de devaluar las democracias de los estados? ¿Cuánto cederán, o en el mejor de los casos resistirán por oposición, los estados democráticos frente la batalla de expropiación de soberanía que le presenta la dictadura económica mundial?. Como reza la canción de Dylan, la respuesta está en el viento. Y el tiempo lo contará.

De momento, solo podemos confirmar, por simple constatación empírica, del amansamiento de las democracias constitucionales respecto al sibilino e implacable gobierno de la dictadura económica mundial, lo que se traduce en un recorte progresivo de los derechos sociales universales y en un aumento de la brecha de injusticia y desigualdad social. El destino de la humanidad está a merced de los designios totalitarios de un grupo exclusivo de personas invisibles a los ojos de todos. Y mientras tanto, la verborrea de los políticos locales ocupan la mayor parte del espacio de los informativos radiotelevisivos y de rotativos, intentando hacernos creer que son ellos los que controlan y gobiernan nuestros países. Y lo triste es que, como sociedad, aun nos lo creemos.

Como versaba Unamuno, más o menos, ¡bendita tú piedra, que pesas, existes, y no piensas!.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano