miércoles, 19 de diciembre de 2018

El Arte es contenido, o no es Arte

Selfie de Teresa, mi pareja, frente a una de las obras de Plensa

Un cuasi octogenario pintor reconocido en vida, de cuyo nombre no quiero desvelar, con las más altas condecoraciones locales sobre su cuello, me reconocía una noche no muy lejana, copa en mano y puro en boca, que sus obras pictóricas nunca habían partido de ningún planteamiento conceptual alguno, aunque fuera pseudofilosófico. Sino que sus cuadros eran el resultado de una continua experimentación, siempre partiendo de cero a cada nueva creación, sobre la combinación de colores, texturas y el uso de materiales diversos en algunos casos. Y que su única motivación como pintor no era trascendental, ni mucho menos respondía a la necesidad de cubrir una inquietud interior, sino que simplemente le impulsaba el acto de pintar el hecho de explotar comercialmente una habilidad innata que descubrió de bien pequeño y que le había permitido vivir a lo largo de todos sus años. En definitiva, para el viejo pintor, el único cuadro bueno era el cuadro vendido.

Con independencia del respeto que merece la amplia trayectoria creativa de un hombre trabajador, con más de 6.000 obras en su haber y comprometido con el ideal de disfrutar de una vida digna, la pregunta obligada que uno se plantea es ¿qué es el Arte?. Para la ortodoxia social contemporánea, el Arte se reduce a una obra -en su multiplicidad de géneros artísticos posibles- realizada con una finalidad estética que despierta una emoción en el espectador. Aunque bajo esta definición también tiene cabida la antiestética, cuya manifestación artística rechazo profundamente. Pues la estética hace referencia al estudio de la belleza, y no hay nada bello, al menos para una mente sana y equilibrada, en lo horrendo, grotesco, e hiriente emocionalmente de la manifestación antiestética. En este punto, resulta necesario situar cada concepto en su justo lugar para no desvariar y acabar malentendiendo que todo es Arte.

Así pues, el Arte tiene una finalidad estética, y la estética persigue la belleza. (Aquí recomiendo la lectura sobre “La Belleza es la percepción, la estética y el placer del equilibrio geométrico de la Vida”). Pero profundicemos un poco más. ¿Podemos considerar como Arte aquella obra que exclusivamente tiene una finalidad estética?. Para el laxo criterio generalista de la sociedad de nuestro tiempo, así es, aunque ello no representa que sea cierto. Pues la estética es la rama de la filosofía que estudia la esencia de las cosas, y dicha esencia es tanto manifestada previamente como percibida posteriormente mediante un proceso lógico-reflexivo capaz de enunciar, a través del intelecto, aquello que es como identidad singular. Es decir, no se puede sustraer la percepción de la esencia de algo sin un contenido previo que presente un discurso sobre el que se basa un pensamiento o razonamiento.

En este sentido, el Arte tiene una finalidad estética, sí, pero para que esa finalidad estética se pueda considerar Arte requiere de un contenido de partida, como materia reflexiva previa, para su posterior desarrollo. En caso contrario, una obra que exclusivamente persigue una finalidad estética, sin un discurso que sostenga la esencia que manifiesta, es solo eso: una obra estética. O, siendo generosos, podríamos calificarlo como arte vacuo. (Que el arte vacuo sea muy comercial no significa que sea Arte).

Personalmente, considero que un claro exponente de artista contemporáneo que crea Arte es, sin lugar a dudas, el español Jaume Plensa, cuya obra recientemente conocí en una exposición individual presentada en el MACBA de Barcelona de la mano de mi pareja Teresa, una gran admiradora de su obra desde hace años. Plensa cumple con todos los cánones necesarios para la creación de Arte, pues sus obras tienen una finalidad estética desde un discurso reflexivo previo, que mediante la búsqueda de la belleza sobre la esencia de su pensamiento creativo provoca no solo una emoción en el observador, sino que a su vez comunica una idea abierta al diálogo.

Sí, el Arte es contenido, o no es Arte. Para que una obra artística pueda considerarse Arte éste debe tener una finalidad estética, la cual debe partir del discurso personal del artista alrededor de la esencia de la identidad de una idea concreta, y ejecutarla mediante el anhelo de la búsqueda de la manifestación de la belleza. Lo demás es pura creación decorativa o simples bienes objeto de transacción comercial para mayor o menor especulación económica en una sociedad de mercado. No olvidemos que, a parte del ser humano, también existen animales pintores. Y por muy bonitos que apreciemos los cuadros que pintan los animales, y por mucha simpatía que les podamos prodigar, no podemos considerarlo Arte. Como decía el refrán de Marcelino, al pan, pan, y al vino, vino. Y al Arte, Arte.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano