viernes, 30 de noviembre de 2018

Viene la era del hombre colmena, para lo que se trabaja en una atmósfera de H2iO a medida


La humanidad se está preparando, aun sin saberlo, para una nueva era evolutiva de la especie. Del homo sapiens vamos a pasar al hombre colmena. Y como en todo cambio psicomorfológico de la vida, se exige una readaptación del medio para la supervivencia del nuevo advenedizo. Y aquí no hay excepciones. Es por ello que, para preparar la metamorfosis del ser humano contemporáneo al nuevo estadio de hombre colmena, gobiernos y principalmente importantes empresas privadas están trabajando arduamente en modificar la estructura del aire de nuestro ecosistema. En breve, prácticamente en horas, el aire de la atmósfera terrestre ya no estará compuesto únicamente por nitrógeno, oxígeno, argón y otros gases, sino que se le añadirá un nuevo elemento químico-tecnológico de número subatómico infinito, con masa atómica de 5G y símbolo “i” conocido como internet, por lo que parte de la famosa fórmula molecular del aire, en lo que respecta a su porcentaje de vapor de agua, pasará a ser el H2iO [sarcasmo :-)].

Bromas a parte, el proceso de modificación de la estructura atmosférica terrestre, que se inició en la década de los 90 con el proyecto GlobalStar o Iridium y que el próximo día 2 de diciembre dará un salto cualitativo con el despliegue inicial de 64 nanosatélites del proyecto Astrocast, forma parte de un plan en el que miles de satélites -muchos de los cuales miden poco más que la palma de una mano, made in SpaceX, Telesat y LeoSat- están siendo puestos en órbita para ofrecer conexión de internet a cualquier dispositivo del planeta en cualquier parte del mundo. En otras palabras, nuestra atmósfera está siendo cubierta por una tupida malla de nanosatélites interconectados entre sí que están creando un verdadero enjambre de flujos de datos de internet que viajan por el aire.

El cambio de la estructura del aire, con la introducción del elemento internet en su composición, va a acarrear, sin lugar a dudas, varias implicaciones de corte profundo para el ser humano como especie. Desde un punto de vista psicológico, el acceso directo por conexión continua a una red omnipresente de infinitos datos virtuales las 24 horas del día, afectará a nuestra capacidad cognoscitiva tanto de la realidad como de la irrealidad, por artificial, perceptible del mundo. Lo que significará una afectación por alteración en nuestro nivel de consciencia como humanos. Circunstancia que, más pronto que tarde, conllevará cambios significativos en nuestra red neurológica. Lo cual, indiscutiblemente, nos hará más evolucionados, aunque la pregunta del millón es si dicho cambio evolutivo nos hará más o menos humanos. Una cuestión que, en todo caso, irá intimamente ligado a nuestro futuro esquema moral en relación con nosotros mismos y respecto a la relación con el planeta en el que vivimos.

Pero a parte de las implicaciones a nivel de la conciencia individual del ser humano, están las implicaciones a nivel de la conciencia colectiva como sociedad. En este sentido, desde un punto de vista sociológico, el hecho que una mente global como internet llegue a formar parte en nuestro día a día -ingenuidad a parte- de un proceso vital biológicamente equiparable al proceso metabólico de respirar (ya en fase incipiente en las nuevas generaciones), no solo va a redefinir el concepto que tenemos sobre la individualidad, sino también sobre el concepto actual que tenemos de sociedad. En esta línea, la idea de aldea global, término acuñado hace ya 50 años, tomará un nuevo y más propio significado. La sociedad, en plena era de un internet omnipresente, será global sí o sí. Y en este contexto, el hombre social se convertirá en un hombre colmena, pues su hábito se asemejará al de un comportamiento de colmena, caracterizado por vivir en colonias de economía de mercado constituidas por miles de individuos, en los que cada persona tendrá una función a realizar y un encaje social (previsiblemente no equitativo) bajo el dictamen del Mercado. Y, ¿quién dirigirá los designios de dicho Mercado?. La respuesta es obvia: las mismas corporaciones público-privadas que controlan la tupida malla de nanosatélites que envuelve nuestro planeta. Pues no nos confundamos, el poder hoy en día no está en la información del conocimiento, ni en su producción (pobres son los investigadores y los eruditos), sino en la capacidad de distribuir a discreción la misma.

Sí, el nuevo hombre colmena vivirá bajo el yugo de las grandes corporaciones mercantiles cuyos credos, inhalados a lo largo y ancho de todo el planeta a través del internet que respiraremos, regirá la lógica de la productividad y del consumo del Mercado de (su) libre competencia como modelo global de organización social. El ciudadano de a pié, como hombre colmena, actuará y dará sentido a su vida según mandato dogmático del Mercado, cuya obediencia no diferirá mucho a la que las abejas obreras profesan a su abeja reina. Y en este escenario, el Mercado -como mano invisible pseudodivina que mueve los destinos humanos en sociedad, desde las alturas orbitales más allá del Olimpo-, gozará de plena influencia sobre el concepto y los modelos de la cultura, la política, y la economía para el conjunto de los mortales.

La realidad supera a la ficción. Y en esta nueva era del hombre colmena la libertad individual se verá comprometida más que nunca. Aunque no hay lugar para el terror, pues el marketing de la postverdad -basado en la inteligencia artificial como instrumento de control de masas por parte del Mercado- ya se encargará de hacernos sentir, ilusoriamente, personas libres. Aunque, seamos sinceros, la peor forma de libertad humana es la libertad social simulada.

...y mientras tanto acabo de escribir la presente reflexión como pensador libre, la cuenta atrás para el cambio de la atmósfera terrestre de H2O a H2iO prosigue para su completa ejecución...


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano