miércoles, 14 de noviembre de 2018

Lupus civitatem, el depredador de la venta directa en la economía de mercado


Si fijamos la atención en la serie del bestiario urbano, como así lo hemos hecho en reflexiones anteriores, destacaremos en esta ocasión al animal superviviente por excelencia, el lupus civitatem o lobo de ciudad. Un espécimen depredador, que en tiempos de carencia puede comportarse como un carroñero, situado en el nivel medio-alto de la cadena alimentaria de la economía productiva urbana. El lupus civitatem es un animal muy preciado en la fauna capitalista de la oferta y la demanda, puesto que hace posible la sostenibilidad de la rueda de la economía de mercado a través de su intervención directa en las operaciones de venta. Sí, así es, el lupus civitatem se manifiesta socialmente bajo la forma profesional que conocemos como vendedor a domicilio. Veamos algunas de sus características más destacables:

-Como vendedor, el lupus civitatem es un profesional en cerrar acuerdos comerciales, con independencia de su conocimiento exacto de lo que está vendiendo. Pues si solo se limitase a informar o a exponer los argumentos o características de venta de un producto o servicio de manera excelente entre clientes potenciales pero no consiguiera vender, obviamente no sería un vendedor; ergo no se trataría de un lupus civitatem sino que estaríamos refiriéndonos a otra especie animal diferente dentro de la fauna urbana. Por lo que la capacidad de vender representa una habilidad innata de su propia naturaleza.

-El sentido existencial del lupus civitatem no es otro que el dinero como medio de conseguir su anhelado bienestar material, por lo que es un animal altamente focalizado en la caza desde el momento incluso anterior a la acción propia de perseguir una presa, la cual una vez identificada acorrala mediante diversas técnicas persuasivas y de manipulación emocional para acabar dando el golpe de venta de gracia. Un proceso en el que la empatía es una herramienta de trabajo más y la ética queda sujeta a los valores y principios de la fría productividad, reduciendo la visión del cliente a un mero rédito económico a conseguir.

-El lupus civitatem celebra en manada y con exaltada excitación entre medio de aullidos de guerra el éxito de sus cacerías diarias, y es con la manada que se congrega periódicamente tanto para realizar ritos de motivación comunales en un ambiente de corte formal, como para reafirmarse mútuamente en su identidad depredadora al calor desenfadado de espacios más ociosos. Puesto que si bien su modus operandi de caza es en solitario, es un animal social como especie dentro de un mismo territorio compartido, no dudando en sacrificar a alguno de sus miembros por el bien del balance de resultados comerciales común de la manada.

-El perfil del lupus civitatem es heterogéneo, incluso los hay con apariencia de ovejas hasta que no revelan sus colmillos justo antes de lanzarse al cuello de la presa, de ademán más o menos refinado, semblantes pulcros en su estética ex profeso, de nivel cultural medio-bajo pero con grandes dotes de inteligencia emocional y de locución, amantes de la vida en libertad y de trabajar en un entorno callejero, y como buenos depredadores gustan de relacionarse con personas del resto de la fauna urbana a quienes perciben, sin distinción, como presas potenciales.

-Socialmente el lupus civitatem está situado en un estatus de bienestar social medio-alto, por la protección y prebendas económicas que gozan como pago a sus servicios por parte de los depredadores más allegados a la cúspide de la cadena alimentaria de la economía productiva, pues realizan una inestimable función comercial de cadena de transmisión directa de flujos de bienes y servicios de mercado para beneficio de los cuadros de explotación de los productores.

Sí, el lupus civitatem, más conocido como vendedor profesional, es un animal de la fauna urbana indispensable en los procesos de venta directa en un ecosistema de economía de libre mercado. Un animal comercial producto de la sociedad capitalista cuya capacidad de adaptabilidad a los cambios del mercado lo categorizan como un superviviente, capaz de superar cualquier escenario de crisis, siendo dotado de una habilidad natural altamente valorada -por escasa entre el común de los mortales- como es la capacidad de vender. Otra cosa es que la práctica estándar de dicha habilidad comercial, que representa un activo de valor en las sociedades capitalistas, suela apreciarse como contraria a los principios éticos fundamentales de una sociedad humanista. Aunque a estas alturas, para qué nos vamos a engañar, todos sabemos que el modelo de sociedad por el que tristemente estamos apostando se basa en la máxima del tanto tienes, tanto vales. Así pues, no nos extrañemos al constatar que, en la vida diaria de las ciudades, el animal rey es el lobo.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano