domingo, 11 de noviembre de 2018

Declaración de principios de mi mismidad


Sobre el felpudo de la puerta que me adentra a los 47 años, se me antoja escribir la declaración de principios de mi mismidad por tres motivos bien definidos: porque tengo suficiente experiencia vital a estas alturas de la vida para saber quién y cómo soy, porque tengo suficiente experiencia vital para saber justamente lo que no quiero de la vida (en mi vida), y porque soy tan olvidadizo que necesito escribirlo para poder recordármelo a cada nuevo día. Y con la mente preclara, rezo así en mi mismidad:

1.-No traicionar mi propia consciencia por irresistible que sea el premio, pues al hacerlo dejo de ser yo mismo para convertirme en un alter ego que siempre acaba generándome tensión psicoemocional y me aleja del inestimable estado de paz interior.

2.-No ser infiel a mis propias habilidades innatas en favor de habilidades socialmente de moda más valoradas, pues a través de ellas me reafirmo en la singular identitaria de mi personalidad, y sin ellas vago sin rumbo ni dirección dando tumbos en un viaje errático y agotador que siempre finaliza en el punto de partida.

3.-No hipotecar las energías de mi vida en una actividad productiva que no me autorrealiza espiritualmente, aunque de ello dependa la calidad de mi bienestar material, pues al hacerlo pierdo el sentido personal de la ilusión por la vida, la enriquecedora y creativa chispa de la fuerza vital, y comienzo a marchitarme como planta privada de agua y luz.

4.-No renunciar a disfrutar de la intensidad de los momentos presentes de la vida, tanto solo como en compañía de los seres queridos, pues la vida no es más que el cómputo de la suma de pequeños instantes vividos conscientemente.

5.-No aguantar ni personas, ni ambientes, o circunstancias de manera forzada o por obligación, pues el tiempo de vida que se me ha dado es un bien que desde la madurez considero tan preciado como caduco.

6.-No dejarme encarcelar en el dramatismo de una vida percibida como seria, pues el reino de los cielos en la tierra es para las personas de espíritu jovial que saben desdramatizar la rígida vida de los adultos.

7.-No vivir la cotidianidad sin la sólida estructura de unos valores sociales fundamentados sobre los pensamientos lógico-reflexivos de mi propia individualidad, puesto que no consumo por indigestión ideas paquetizadas apriorísticamente y menos si están vacías de contenido o son edulcoradas con argumentos superficiales, ya que es el aliento natural de mi sentido de libertad personal.

8.-No desistir de una vida vivida desde la sensibilidad y la estética, pues en la sensibilidad encuentro la lucidez que me da acceso a la Razón de la Moral y mediante la estética puedo adentrame en el radiante secreto de la belleza de la vida, sin las cuales no podría trascender mi densa naturaleza humana.

9.-No abjurar de la promesa de un futuro siempre mejor, pues no hay suficientes vidas para descubrir los infinitos horizontes prometedores que existen, en cuya mirada alimento la esperanza que me hace permanecer fuerte en el continuo presente.

10.-Y no abandonar por nunca jamás el amor de pareja, padre, e hijo, como estado de conciencia, pues el amor es el alfa y el omega de todo ser humano, es la fuente de vida que todo lo puede y desde donde todo es posible, incluido lo aparentemente imposible.

Tarragona, a 28 días de mi 47 aniversario



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano