sábado, 20 de octubre de 2018

ReconoceR, disertación sobre el ser pensante y el ser rumiante


Me gusta la palabra ReconoceR no solo porque es un palíndromo que puede leerse en ambos sentidos, sino por su profundo significado existencial. Ya que conocer (del latín cognoscere) es un acto sin duda intelectual de aprehensión de información, pero ReconoceR es poner en juicio de valor dicha información. Una valorización de la información aprehendida que, como buen palíndromo, puede producirse del enjuiciador a lo enjuiciado o, viceversa, de lo enjuiciado al enjuiciador. Es decir, que el acto de ReconoceR tanto puede venir derivado de un juicio de valor realizado por una persona cognoscente respecto al mundo percibido por observable, como puede venir derivado de un juicio de valor realizado por el mundo percibido por observable respecto a una persona cognoscente por racionalizada: tanto la persona reconoce (y por tanto enjuicia) la realidad, como ésta reconoce (y asimismo enjuicia) la persona. Pues si bien la realidad existe en tanto y cuanto es creada (por observada y percibida) por el hombre, el hombre igualmente existe en tanto y cuanto es creado (por observado y percibido) por la realidad, ya que hombre y realidad forman parte de una misma naturaleza indisociable al menos a escala humana.

Pero asimismo el acto de ReconoceR, como juicio de valor, tanto puede ser producto de un estereotipo social como producto de un pensamiento crítico reflexivo más o menos disruptivo, con independencia de si parte de la persona hacia la sociedad o de ésta hacia la persona. Personalmente me interesan más los juicios de valor a partir del pensamiento crítico, pues la acción de conocer se trasciende a sí misma pasando de un acto simple de aprehensión de información directa, y por tanto sin filtros, a un acto elaborado de aprehensión de información entendida como saber. El hombre que reconoce desde el estereotipo social se limita a ser un ser rumiante, mientras que el hombre que reconoce desde el pensamiento crítico deviene un ser pensante. Sin el acto de ReconoceR desde el pensamiento crítico no hay posibilidad para la transformación social.

Por otro lado, si bien el acto de ReconoceR es un acto intelectual, su metodología es diversa, ya que puede ser creado a partir de un procedimiento teórico, de un procedimiento experimental, o bien de una conjunción entre ambos. Cuando el acto de ReconoceR surge mediante un proceso teórico, el juicio de valor resultante puede llegar a ser puro en el sentido disruptivo, pues el enjuiciamiento está libre de cargas culturales dando lugar a estados que entendemos como creativos o de innovación. Un proceso intelectual propio de mentes despiertas y abiertas capaces de traspasar los límites de su caja de pensamientos referenciales. Un acto lógico-reflexivo tan hermoso de observar como escaso de encontrar. Pues la mayoría de las personas racionalizan no desde un planteamiento teórico puro, sino como resultado de una experiencia previa, es decir, requieren del método de un caso experimental para poder ReconoceR y, por tanto, el juicio de valor resultante está comprometido por su entorno cultural que lo determina. En este sentido, el acto de ReconoceR se fundamenta sobre un juicio de valor impuro en el sentido de continuista o inmutable respecto a los parámetros referenciales de un pensamiento colectivo o social.

Si alguna fuerza de la naturaleza humana caracteriza al acto de ReconoceR en sentido puro ésta es, sin lugar a dudas, la curiosidad. Una conducta impulsiva innata del ser humano que las personas desplegamos ya en nuestra tierna infancia y que, debidamente racionalizada por nuestra capacidad como seres pensantes, nos ofrece toda una infinita posibilidad de juicios de valor disruptivos. Es por ello que niños y genios tienen soluciones alternativas para los problemas que atañen a la vida mundana del conjunto de los mortales, pues su ámbito de ReconoceR está fuera de la caja pensante limitadora. Triste es el sistema educativo y los principios rectores de una sociedad de Mercado que restringen el acto de ReconoceR, mediante un férreo sistema sociabilizador (que busca la homogeneización de respuestas válidas a problemas multisolucionables), al interior de una caja de pensamientos referenciales estandar. Pues dentro de los límites de la caja todo es más controlable, incluida la capacidad natural de ReconoceR -y por tanto de enjuiciar- de las personas que viven dentro de ella. Y cuando se controla el acto individual de ReconoceR, los juicios de valores de las personas, así como sus conversaciones sociales como manifestación resultante, se convierten en superficiales por rumiantes. Las personas mastican una y otra vez los pensamientos, tranquilamente sentadas sobre sus conversaciones amanidas, que vuelven de manera reiterada desde las cavidades del estómago de la caja que solo engulle aquello que valida en su ReconoceR.

Por el bien de la libertad del alma humana, como personas a título individual sabedoras que nadie puede vivir la vida por nadie, recuperemos colectivamente la curiosidad infantil que nos permite ReconoceR la Vida más allá del pensamiento de la caja social, con el objetivo de poder regocijarnos a cada nuevo día en la intimidad de una existencia renovada de ilusión ante la posibilidad real de un nuevo horizonte que explorar. Pues solo desde el verdadero ReconoceR podemos trascendernos a lo que somos.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano