martes, 23 de octubre de 2018

La vida en venta


En un sistema de organización social de libre Mercado, la vida de las personas que se desarrollan dentro de él están sometidos a los principios de éste. El cual, si por algo se caracteriza, es que absolutamente todo aquello que forma parte y lo constituye es objeto de transacción comercial, incluido los derechos sociales, pues solo tiene cabida en el sistema aquello que puede medirse económicamente y por tanto cuenta con una valorización -fluctuante, eso sí- de Mercado. Ergo, la vida de las personas que viven y se desarrollan como individuos en una sociedad de Mercado, por el hecho de estar integradas en el mismo, también están a la venta en el contexto de un parquet especulativo.

Tanto es así que objetivamente no existe libertad individual si esta no puede comprarse. Y he aquí una de las grandes trampas maestras de las sociedades de Mercado, pues la búsqueda de la libertad individual aboca al esclavismo inconsciente del individuo dentro del laberíntico juego del Mercado por intentar alcanzar la libertad anhelada. La persona se puede llegar a creer libre, pero realmente es un esclavo que busca azarosamente -mediante las rentas del trabajo o de capital- poder llegar a comprar algún día su propia libertad. Y si bien la libertad es relativa y nunca absoluta en el mundo de los humanos, no es menos cierto que existen personas que obtienen el privilegio de conmutar parcialmente su condición de esclavo con el disfrute del beneficio de una pequeña parcela de libertad individual adquirida, previa relación contractual mediante.

Mientras que para aquellos (demasiados en la actualidad) que no pueden acceder al mundo laboral o que permanecen en él en status precarium, y por tanto quedan excluidos de la capacidad de comprar su libertad y por extensión su propia vida, solo les queda -como bien exponía plásticamente un cartel sarcástico divulgado recientemente en redes sociales por la Sociedad de Filosofía Aplicada- apuntarse a un Curso de Fotosíntesis con el objetivo de aprender a generar su propio alimento a partir de filosofar bajo el sol.

No obstante, cierto es que en la vida de toda persona existen elementos que -voluntariamente y a la luz de la consciencia de la persona o personas implicadas-, pueden quedar apartados de la lógica mercantilista de la oferta y la demanda, como puede ser el amor de pareja o el rico mundo de las ideas a título individual, por poner unos ejemplos. Sí, una persona puede alcanzar un estado íntimo de libertad individual, ajeno a la fogacidad y control económico-patológico del Mercado, mediante el uso adecuado exclusivamente de sus pensamientos personales (a modo de kit domestico de pantalla aislante) frente al resto del mundo exterior. Pues no solo de pan vive el hombre. Pero esta libertad individual, por muy argumentada que esté sobre los cimientos de la mismidad de una persona, si no está alienada con los principios del Mercado, poco pan va a proveer. Pues aunque el hombre pueda dar sentido de libertad a su vida a través de sus pensamientos, los cuales son un magnífico nutriente para el alma, el hombre también necesita sustentar al cuerpo con un alimento mucho más denso y corpóreo tan solo suministrado por la sociedad de consumo en la que se desarrolla como persona. Ya que no solo de pensamientos vive el hombre.

Así es, la vida de toda persona está en venta. Por lo que la ecuación a resolver no es cómo vivimos, ni tan solo qué sentido le damos a nuestra caduca vida mortal (que solo tiente importancia en la intimidad de nuestro personal examen existencial), sino por cuánto acabamos vendiéndonos. Pues en la venta resultante queda reflejado el balance entre el haber de libertad y el deber de esclavitud de cada uno de nosotros como individuos. He aquí donde se demuestra la maestría del saber vivir. Ya que todo ser humano anhela trascender sus propias cadenas que nos limitan y condicionan en el espacio y el tiempo que nos toca vivir. El hombre es un producto cultural de su contexto desde el momento incluso anterior a su nacimiento, y el nuestro, como contemporáneos, viene determinado por la fuerte influencia del valor monetario sobre la máxima de que tanto vales cuánto tanto tienes en una sociedad profundamente mercantilista.

Me vendo. Te vendes. Se vende. Nos vendemos. Os vendéis. Se venden. Y en esta incansable transacción económica que puede sobrepasarnos a la misma muerte, pues hasta los muertos son moneda más o menos revalorizada de cambio, tozudamente los filósofos continuamos alimentando nuestro mundo de los ideas como alas que pueden llegar a liberar -quién sabe si eternamente- nuestras frágiles almas humanas. Cogito ergo sum, entre comidas.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano