sábado, 13 de octubre de 2018

La Belleza es la percepción, la estética y el placer del equilibrio geométrico de la Vida

Ensalada de los Hermanos Torres. Foto: Teresa Mas de Roda

La Belleza, que nos produce placer sensorial, intelectual o espiritual, es la manifestación de la estética perceptible en el mundo de las formas y las ideas. Por lo que podemos decir que la Belleza es percepción, estética y placer. Pero, ¿qué es aquello que percibimos, que consideramos estético, y que nos hace sentir placer, como algo bello?. La respuesta está en la esencia geométrica de las formas tangibles e intangibles, y más concretamente su característica idiosincrática: el equilibrio o armonía de dicha geometría.

Sí, la Belleza es geometría, y ésta a su vez es equilibrio. El equilibrio geométrico podemos encontrarlo tanto concentrado en una sola forma o idea, o en el patrón resultante de la combinación de una multiplicidad de estas. Así podemos percibir y sentir el placer estético en una sola pieza, como puede ser una cuchara o una escultura, o en la combinación armoniosa de un conjunto de elementos interrelacionados entre sí, como puede ser un elaborado plato gastronómico, una obra musical, una creación pictórica, la decoración ambiental de una estancia, la composición natural de un paisaje o el desarrollo argumental de una ponencia, un libro o una película, entre otros muchos ejemplos de nuestra vida cotidiana.

No obstante, como la Vida se manifiesta geométricamente, la relación de patrones inteconectados en un sistema multigeométrico que anhela la Belleza manifestada en el equilibrio del conjunto es tanto infinita en sí misma, pues infinita es la Vida, como limitada espacio-temporalmente a la capacidad perceptiva humana. Por lo que solo encontraremos Belleza en el mundo exterior, tanto en los pequeños como en los grandes placeres de la existencia, si su patrón de equilibrio está contemplado asimismo en la capacidad descodificadora de éste en el mundo interior y personal del hombre que como ser racional lo percibe. Ya que la Belleza, a parte de perceptible es estética, y la estética tanto es sensibilidad -en gran medida innata y por ende trascendental en el ser humano- como cultural, por lo que la estética se enseña y se aprehende. De ahí la razón de ser de los críticos gastronómicos, musicales, de arte y tantos otros (aunque abundan más los críticos de personas, que nada tienen que ver con la Belleza), y los educadores como garantes del conocimiento de lo estéticamente bello conforme a unos cánones que, por ser sociales, son temporales y profundamente humanos.

Llegados a este punto, ¿podemos decir que la percepción del equilibrio que eleva algo a la categoría de bello, y que por tanto nos produce placer, viene dado por el determinismo cultural? En el sentido estrictamente humano, sí. Entendiendo ampliamente el determinismo cultural como condicionante psicológico, intelectual y espiritual de una persona. Pues no todos los seres humanos comparten el mismo sentido de la estética, pues cada cual es hijo de su propia cultura que, además, es heterogénea en el seno de una misma comunidad por las disfunciones reales en la aplicación social del principio de igualdad de oportunidades. Pero no así en el sentido amplio y apriorístico de la Belleza como entidad independiente a la percepción humana (estética transcendental kantiana como eco de los arquetipos platónicos). Como es el caso, por ejemplo, del Caos, que si bien resulta antagónico al principio de equilibrio y armonía conceptualizado por el hombre, ello no significa que dentro del sistema de patrones interrelacionados de una Vida tan impermanente como indefinible no exista equilibrio y, por extensión, Belleza per se.

Aunque también es interesante observar como la Belleza a veces surge como resultado de una compensación de equilibrios en el que el hombre, como ser perceptible, acaba formando parte del patrón del sistema geométrico percibido, donde el punto de equilibrio del que emerge la Belleza y el consiguiente placer es codependiente y retroalimentado por las necesidades de cubrir las carencias bidireccionales del perceptible y lo percibido. Lo cual explica el sentido de Belleza y placer socialmente anómalos en comportamientos de disfunción psicoemocional e incluso patológicas. Pues, al final, el hombre no es más que un punto espacio-temporal interrelacionado con otros puntos espacio-temporales dentro de un sistema de patrones geométricos de la Vida misma en continuo movimiento, cambio y transformación.

Pero volviendo al mundo de las personas en plena y sana facultad de sus capacidades cognitivas, diremos que una persona a la que le gusta el placer busca la Belleza en la Vida, y a quien le gusta la Belleza persigue el placer en la Vida (cada cual a su justa medida), y que ambas consiguen su objetivo mediante la percepción del equilibrio en un mundo de contrastes geométricos (pues hasta el aroma o el sonido es geometría manifestada de la Vida).

Y tras esta breve reflexión sobre la Belleza, me vuelvo a sumergir en el deleite del placer sensitivo de un magnífico plato del menú degustación de los chefs Torres, en la burbuja dimensional de su restaurante Cocina Hermanos Torres, con la inmejorable compañía de mi bella intelectual, emocional y física mujer Teresa.

Gracias, amor, por compartir la Belleza de la Vida con este filósofo efímero.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano