martes, 30 de octubre de 2018

Geometría de la letra


La letra es la representación gráfica de un sonido. Es, sintéticamente, un sonido escrito. Algo que en sí mismo ya es extraordinario. Pues el sonido es un conjunto de vibraciones que se propagan por el aire, lo que significa que al ser una vibración está en movimiento (repetitivo alrededor de una posición de equilibrio), y al estar en el aire se encuentra en un medio gaseoso (y por tanto poco denso) mayormente transparente. Mientras que la escritura es la plasmación geométrica de dicho sonido sobre un soporte en no-movimiento y con densidad propia de un cuerpo físico. Así pues, ¿cómo conjugamos una naturaleza en movimiento y poco densa con otra naturaleza en estado de no-movimiento y más densa?. El nodo conector de ambas realidades -como ya se avanza en la primera frase de la reflexión- es el signum, capaz de representar simbólicamente una realidad en otra diferente.

No obstante, sin entrar en las características propias de un signo de carácter lingüístico desde un enfoque de significación (como parte de una comunicación compartida por una comunidad de personas), lo que me interesa de la letra por fascinante es su geometría; es decir, la figura del signo en el plano espacial. Puesto que una letra no es más que una conjunción predeterminada de puntos que describen una posición en el espacio determinada respecto a un sistema de coordenadas preestablecidas. Sabedores que los puntos espaciales -como unidad irreductiblemente mínima de la comunicación visual- son figuras geométricas sin dimensión, y por tanto sin longitud, área, volumen, ni otro ángulo dimensional (lo que significa que no pertenecen al mundo físico). Y que por el hecho de ser entidades fundamentales de la geometría tan solo podemos describirlos en relación a otros elementos similares.

Sí, el punto que conforma la letra como signo es un concepto apriorístico, lo cual le otorga una dimensión trascendental a la propia letra, más propio del mundo de las ideas de Platón que del mundo humano de las formas. Por lo que uno no puede dejar de preguntarse si las letras, en su diversidad de expresión simbólica en un mundo multicultural, nos fueron dadas o son una creación propia del ser humano. Metafísica a parte, pues entrar en materia de metafísica es entrar en un universo teórico donde todos los discursos son válidos hasta que empíricamente no se demuestre lo contrario, la belleza de los puntos es que nos señalan una posición espacio-temporal cierta en el vasto Universo dentro de un sistema de coordenadas concreto, permitiéndonos percibir la geometría simbólica de las letras.

Personalmente me gusta imaginar la geometría plana de una letra suspendida en medio del espacio, con la que fantaseo modificando a voluntad la posición espacio-temporal de sus puntos hasta lograr cambiar de signo significativo su propia semiología con el fin de transformarla en otra letra tan perceptible como reconocible. Pero no así puedo modificar su sistema referencial de coordenadas, pues yo como interpretante o significante formo parte del mismo. Aún sustituyendo el sistema de coordenadas semiótico (por ejemplo por otra cultura diferente a la propia), como sujeto cognoscente que interpreta la realidad que representa la letra en su nuevo contexto continuo formando parte del nuevo sistema de coordenadas. Pues la letra, si bien es apriorística como esencia geométrica, es indisociable del significante (el hombre), el significado (la cultura del hombre), y el referente (el contexto dentro de la cultura del hombre).

Luego continuo imaginando que dicho signo geométrico plano suspendido en el espacio se adhiere a otras letras por el principio de atracción de opuestos (ley física de cargas), mediante un proceso de enlace con los puntos espaciales de otros cuerpos geométricos del mismo sistema de coordenadas con significación, para formar -mediante la concatenación de palabras sucesivas- un significado más complejo que concluye en un libro. Por lo que podemos decir que un libro es una compleja estructura -u organismo, según se aprecie- geométrica de la representación gráfica de un concierto de sonidos con significado propio.

Es por ello que cuando miro un libro no veo tan solo un conjunto de hojas de papel escritas, debidamente encuadernadas y protegidas por una cubierta más o menos atractiva. Sino que al mirar un libro veo una compleja obra geométrica de puntos espacio-temporales que conforman signos sonoros, dotada con musicalidad y relato singular, propio de un maestro arquitecto de las letras. Y cuando el libro forma parte de una biblioteca, con independencia de su dimensión, no puedo más que percibirla como una ciudad -muchas veces abandonada- a la espera que una mente significante y preclara desee redescubrirla deambulando por sus geométricas calles impregnadas de conocimiento.

Y la apriorística geometría espacial se hizo letra, para divulgar el sonido del conocimiento entre los hombres pensantes.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano