miércoles, 17 de octubre de 2018

¿Está en peligro el pensamiento individual?


Las personas somos seres cognoscentes, es decir que somos seres pensantes con capacidad de conocer la realidad en la que vivimos. Otra cosa es si la realidad que conocemos, por percibida, es la verdadera realidad o un imaginario autoconstruido por el hombre, lo que contemporáneamente entendemos por la tesis de Matrix, y que la metafísica lleva siglos indagando a través del mundo de las ideas de Platón, el noúmeno y el fenómeno de Kant, o la autopoiesis de Maturana, entre otros. Pero con independencia de la naturaleza de la realidad de la que participamos, como seres pensantes creamos pensamientos individuales, fruto de una conciencia racional personal, que nos reafirman como seres independientes en la esencia de nuestra singular mismidad versus al resto del conjunto de personas.

Es evidente que en un mundo social por humano (pues el hombre es un ser social), el pensamiento es profundamente cultural por influencia de usos y costumbres familiares y colectivos, por el proceso de homogeneización del sistema educativo, y obviamente por la fuerza impositiva del pensamiento único del Mercado a través de las tendencias de consumo y el influjo de los medios de comunicación en su diversidad de canales. Un efecto rodillo apisonador del determinismo cultural respecto al pensamiento colectivo que, no obstante, permite el flujo del pensamiento individual desde el ejercicio personal de una razón crítica. De ahí la importancia de desarrollar el pensamiento crítico en una sociedad incisivamente marketiniana.

En definitiva, nuestras sociedades desarrolladas se asemejan a un enjambre en que cada individuo tiene libertad de pensamiento y, en consecuencia, de movimiento. Pero, ¿qué sucedería si las personas perdiéramos la capacidad del pensamiento individual? Pues seguramente que el enjambre se comportaría como una colmena obediente y ordenada, cuya lógica de entender, juzgar y actuar en la vida vendría dado por alguien que controlaría los flujos de pensamientos tanto colectivos como individuales. Un sueño, sin lugar a dudas, en antaño para dictadores y en la actualidad para titiriteros avariciosos que mueven los hilos de lo que llamamos Mercado, ese ente (in)tangible que controla y redefine a antojo nuestra sociedad bajo la máxima del beneficio económico privado.

La reflexión sobre la posibilidad de la pérdida del pensamiento individual viene derivada de la noticia que he leído recientemente en el boletín mensual del MIT Technology Review: “La primera 'red cerebral' conecta la mente de tres personas”. Un sistema de comunicación directa entre cerebros que envía pensamientos de unas a otras personas en tiempo real para la resolución de una tarea conjunta concreta. En otras palabras, que el hombre acaba de crear el internet neuronal con potencialidad para conectarnos a todos en una misma red de transmisión de información. ¡Qué miedo!, pues el ser humano justamente no se caracteriza por su impecabilidad moral, y más aun cuando hay gestión de poder por medio. Si ya el pensamiento crítico se ha convertido en un fenómeno extraño en nuestros tiempos, por difícil de encontrar, más propio de la resistencia lógico-reflexiva de unos pocos; todo apunta que el pensamiento crítico puede quedar extinto en un contexto donde el control y manipulación del pensamiento colectivo ya no se dará solo por técnicas externas de consumo sino mediante técnicas internas de intromisión cerebral sobre el pensamiento individual de cada persona. Y puestos a divagar en esta línea argumental, qué más cool que evolucionar de los dispositivos tecnológicos de información y comunicación (TIC) móviles actuales, a unos dispositivos TIC implantados directamente en nuestros cerebros con conexión wifi. Y voilà!, ya tenemos la colmena.

Qué decir que sin pensamiento crítico no hay posibilidad para el pensamiento individual sino es dentro de la lógica argumental del pensamiento colectivo predefinido y, por tanto, manipulado ex professo. Habrá quienes defiendan las benevolencias de una red cerebral en pos de la manoseada innovación, que no es más que la sombra alargada de la productividad bajo criterios de Mercado. Pues innovación, sin beneficio económico, no es innovación para una sociedad altamente mercantilizada (y si no que se lo pregunten a los investigadores).

Cuánto me gustaría que el futuro de la red cerebral pudiera aportar una mejora cualitativa en el bienestar social del hombre desde un enfoque humanista, pero para ello se requiere que su desarrollo parta de valores humanistas, los cuales se contradicen frontalmente con los principios rectores de una economía de libre mercado (que cada vez genera mayores desequilibrios sociales, por desprecio a la misma dignidad de la vida de las personas). Lo que no me cabe duda es que la red cerebral acabará por imponerse -con independencia de su forma, tiempos y procesos-, y para cuando esto ocurra ya no habrá que preocuparse por los valores humanistas, pues nunca nadie ha anhelado aquello que desconoce. Pensamiento individual que no ve, pensamiento colectivo que no siente.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano