sábado, 15 de septiembre de 2018

¿Trabajo o bombas? ¿Pan o moral?: Un dilema ético de rabiosa actualidad


Hace escasos días la opinión pública española se expuso a un doble juicio moral en el que debía decantarse o bien por mantener los puestos de trabajo para los próximos cinco años de un millar de familias trabajadoras del sector naviero militar del país, o bien por entregar un paquete de 400 bombas -llamadas desde el buenismo “de precisión”- destinadas a su inexorable uso inmediato contra una población étnica minoritaria en estado de continua represión bélica por parte de un relevante socio comercial extranjero. El dilema, sin entrar en detalles de las circunstancias del relato, se circunscribía al hecho de que no existía posibilidad alguna de elección por separado puesto que ambas opciones eran codependientes la una de la otra, como dos caras de una misma moneda. La resolución final del Gobierno de España, como todos sabemos, fue la de entregar las bombas -aun a sabiendas de su finalidad- para poder salvaguardar los puestos de trabajo de sus conciudadanos. Ante la dicotomía social del ¿trabajo o bombas?, la sociedad española optó por el trabajo, y al hacerlo asimismo asumió la complicidad del fin último de las bombas. Frente a la cuestión de Estado de ¿pan o moral?, la balanza se decantó por el pan en detrimento de la moral (al menos en una primera lectura superficial).

Si bien este caso, para regocijo intelectual de Kant en su Crítica de la Razón Práctica, ha sido un claro ejercicio práctico de conflicto moral al que la sociedad española del año 2018 -siempre es importante no perder la referencia del marco contextual socioeconómico- se ha visto sometida a reflexión, la pregunta que debemos hacernos es si la decisión tomada, por ineludible resolución, ha sido moral o inmoral con independencia de su evidente pragmatismo. La respuesta debemos buscarla en el escrutinio de la propia pregunta de origen: ¿pan o moral?.

Si aceptamos la pregunta objeto de análisis stricto sensu, damos por hecho que la actitud moral es aquella que opta por no entregar las bombas aun a costa de perder los puestos de trabajo, por lo que la resolución final tomada resulta como inmoral. He aquí un camino sin salida. Pero si nos planteamos sobre la correcta formulación de la pregunta, sustituyendo la conjunción “o” por “y”, se nos abre todo un ámbito de desarrollo ético. Pues ante la pregunta reformulada ¿pan y moral?, la salvaguarda de los puestos de trabajo es tanto moral per se, así como inmoral alium (por otros). En este sentido, la defensa y promoción del trabajo, como elemento esencial para el desarrollo digno de las personas, es un valor moral en sí mismo indiscutible. No obstante dicha moral puede transmutarse en un valor inmoral para otros según la finalidad última del trabajo, dimensión en la que no vamos a entrar, o según la escala de referencia de valores morales a la que se contraponga. Por ejemplo, si enfrentamos los valores morales de la Justicia y la Libertad, ¿la Justicia puede convertirse en inmoral si ataca la Libertad como moral, o viceversa?. ¿Y si la Justicia se contrapone a la Vida como valor moral?. De lo que se deduce, como bien supo distinguir el filósofo alemán hace ya tres siglos, que una cosa es la razón pura de los valores morales (teoría), y otra bien distinta, la razón práctica de dichos valores morales (realismo). Así como que en el mundo de los valores morales existe una jerarquía, la cual depende de la capacidad mental preclara del hombre de su tiempo, puesto que la moral, más allá de los arquetipos platónicos a los que aspira el ser humano como especie, no deja de ser un conjunto de usos y costumbres aceptados socialmente a la luz de la razón y reglada por las correspondientes legislaciones multiculturales. Pues el hombre, naturaleza trascendente a parte, es un producto cultural desde el momento incluso anterior a su propio nacimiento. Otra cosa es su potencial en poder transgredir su determinismo cultural en aras de la evolución humana, que no vamos a desarrollar en esta breve reflexión.

Llegados a este punto, queda evidenciado el posible conflicto entre valores morales, así como de escalas de jerarquización de las mismas, cuando confrontamos parámetros culturales diferentes, como pueda ser el caso de occidente versus oriente. Pues en definitiva, la cultura no es más que la particular visión cosmológica de la vida sobre la que se sustenta la identidad y la lógica relacional de una sociedad en concreto. Por lo que frente a la pregunta originaria de ¿pan o moral? que tanto conflicto ético nos ha traído en las últimas semanas, lo más inteligente es trabajar, desde nuestra visión humanista del mundo, para evitar la confrontación de valores morales en un mercado tan multicultural como global mediante la búsqueda de alternativas económicas y, por extensión, laborales. Un tránsito de economía productiva y de modelo de vida que sin lugar a dudas requiere de su tiempo. Pues es justamente con tiempo, y mediante el trabajo indelegable de los hombres, que se construye la Moral a la que como sociedad humanista debemos aspirar. Siendo conscientes, asimismo, que toda moral debe poder ejecutarse con pragmatismo en la realidad de un mundo tan rico en belleza como en peligrosidad.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano