lunes, 3 de septiembre de 2018

El homo selfies, el alter ego virtual


La actual sociedad tecnológica de las redes sociales ha creado una nueva variedad de ser humano, el homo selfies, el cual experimenta la vida como un decorado permanente para sus autorretratos, donde no solo es importante el ángulo, la exposición de luz o el entorno encabido en el encuadre fotográfico, sino sobre todo la pose facial y corporal, más conocida como “postureo”. Un homo selfies como resultado del fenómeno social del culto a la imagen -en una sociedad enajenada en cánones estéticos de moda consumible-, hasta tal punto que se valora más a una persona por la imagen que expone virtualmente en las redes sociales, que por su vida real propia, la cual en la mayoría de los casos es diametralmente opuesta. Por lo que el homo selfies vive su existencia, prácticamente las 24 horas del día, desde la ficción de su segunda vida narrada virtualmente en una secuencia de fotogramas digitales.

De la naturaleza brevemente expuesta del homo selfies podemos destacar varios rasgos relevantes:

1.-El rasgo característico del “postureo”, junto a la exaltación de la imagen como eje vertebrador del sentido de la vida misma, denota una personalidad superficial que valora al mundo por lo que se tiene, y no por lo que se es, en una clara actitud arraigada al consumismo (que por esencia es egoísta).

2.-La característica de vivir desde una segunda vida virtual proyectada en las redes sociales, vivir desde un alter ego, potencia que el homo selfies se reafirme en la fantasía de la vida imaginaria que quiere vivir con el objetivo de percibirla como más real, frente a una realidad sustancial y de facto que no le gusta o no acepta. Un rasgo característico que se agudiza en los adolescentes como personas en plena fase de desarrollo y búsqueda de una identidad individual propia.

3.-La necesidad del culto a la imagen personal expuesta socialmente a través de la experiencia de un alter ego virtual viene inducido por un modelo de felicidad impuesto por el entorno, en el que la felicidad personal se equipara al éxito social, y éste se fundamenta asimismo en el cumplimiento de los cánones de consumo hedonistas marcados por referentes de moda (influencers). La felicidad deja de ser un estado de conciencia individual, como proceso de crecimiento interior y personal, para convertirse en un estado de exposición pública de la imagen individual, como necesidad exterior de agrado y aceptación social. Una necesidad de aparentar ser feliz y exitoso, en una vida real vacía de contenido (en la mayoría de los casos), que vivida desde una segunda vida virtual proyectada en las redes sociales provoca una obsesiva adicción a la conexión con los dispositivos móviles tecnológicos, pues fuera de ellos no se puede “sentir” la felicidad.

4.-Las relaciones entre homo selfies a través de sus alter egos como hábito normalizado socialmente, en un mundo tan virtual como ficticio, obviamente afecta de manera directa a las relaciones interpersonales de éstos en la vida real. El homo selfies, desprovisto de su alter ego y enfrentado a la realidad, tan solo puede mostrarse -por falta de un desarrollo adecuado y naturalizado como ser humano- tal y como es: una persona superficial (pues su relación con el mundo se basa en el continente y no en el contenido), egoísta (ya que busca la felicidad a través de la exaltación de un ego individualista), con carencias emocionales (puesto que reafirma su autoestima mediante el barómetro de aceptación de los demás: los “likes”), y exenta de una actitud hacia el compromiso (pues su concepto de éxito personal, y por extensión social, se fundamenta en la cultura hedonista de la obtención inmediata del placer a través del consumismo, que por ser efímera por naturaleza siempre requiere de una continua actualización de experiencias novedosas). Un perfil psicológico que hace del homo selfies una persona disfuncional mental y emocionalmente en la vida real. Unos rasgos generales de personalidad que, cabe remarcar, se muestran con diferente grado de intensidad en cada persona a título individual, según determinismos culturales-ambientales, de edad, desarrollo de madurez, etc.

Si bien el ser humano se manifiesta como polifacético, en tanto en cuanto su actitud viene determinada tanto por el conocimiento subjetivo percibido y por tanto aprehendido en un contexto ambiental concreto, como por la voluntad formal de relacionarse con el mismo, dentro de la lógica de la singularidad de la circunstancia experimentada en primera persona -lo que explica los rasgos característicos del alter ego en las nuevas generaciones de homo selfies-, la sustanciabilidad de la naturaleza humana del hombre se basa en valores arquetípicos objetivamente sólidos, atemporales y apriorísticos frente a cualquier moda pasajera a lo largo de la historia de la humanidad. Por lo que son estos valores universales humanistas del mundo real los que deben hacer contrapeso a los valores volátiles y temporales del homo selfies que lo aleja de su verdadera naturaleza humana, mediante una adecuada educación en desarrollo moral que permita al homo selfies alcanzar un lúcido razonamiento ético, mediante el uso del pensamiento crítico, en su relación cotidiana con la vida real. Ya que por el bien del conjunto de la humanidad, más nos vale transmutar una sociedad de homo selfies en una sociedad de homo humanistas (y por tanto éticamente racionales) que hacen selfies.

Enséñame que selfies estás compartiendo, y te diré qué sociedad estás construyendo. Que los likes no sean moneda de cambio, en un mundo altamente mecartilista, en detrimento de la dignidad de los valores universales del ser humano.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano