sábado, 15 de septiembre de 2018

Bloqueado, el síndrome de la rueda de hamster


Cuando se piensa en búsqueda de caminos alternativos, y aun dislumbrándolos no se perciben como posibles por falta de puentes que nos permitan acceder a ellos, es como acelerar las revoluciones de un motor sin que genere movimiento. Es pensar sin poder pensar. Pues el pensamiento discurre infinitamente hasta el agotamiento por el espacio finito en si mismo de la rueda del hamster, siendo la mente el pequeño roedor que corre por escapar y la estructura de pensamiento la rueda viciosa que cierra una y otra vez el recorrido del circuito neuronal. Es entonces cuando nos sentimos bloqueados mentalmente. Un bloqueo que en su esfuerzo por encontrar una salida va consumiendo progresivamente el aire que respiramos, convirtiendo en asfixiante el espacio vital, lo que provoca una reacción involuntaria del organismo en forma de ansiedad, que no es más que la angustia que se mira en el espejo de la impotencia. Llegados a este punto solo queda reaprender a respirar, aunque sea a través de aspirar grandes bocanadas de aire, como un náufrago que lucha por no ahogarse. Inspirar y expirar.Y dejar de pensar para, desde la abrupta respiración consciente, solo ser.

El sentimiento de bloqueo mental no solo pone en duda la capacidad del libre albedrío, sino la idea misma de libertad individual. ¿A caso no somos libres para tomar las acciones necesarias que nos permitan escapar de la rueda de hamster personal? A todas luces, no. Pues somos nosotros mismos quienes saboteamos nuestra posible fuga hacia un nuevo horizonte condicionados por deudas familiares, sociales o profesionales autocontraidas con nuestro entorno más inmediato. Inhibidores de libertad personal integrados en el adn de nuestras estructuras de pensamiento, como férreas cadenas que mantienen preso al reo en su celda.

Pensar dentro de la rueda del hamster, un día tras otro, sin poder pensar, hasta caer abatidos por el agotamiento. Solo queda dejar de pensar, respirar, y solo ser. Lo contrario solo aboca a la locura o ver arrastrado al frágil espíritu humano a los confines emocionales de lo sombrío. Toda una prueba de fuego para la fortaleza mental de las personas. ¿Es que no hay salida posible al bloqueo mental sin romper las limitaciones de libertad personal que nos hemos autoimpuesto por responsabilidad del deber asumido frente a terceros?. La respuesta es que sí, sí que hay salida, pero solo hay una: romper la estructura de pensamiento, que es lo mismo que liberar al hamster de su rueda. Pero para romper la estructura personal de pensamiento no solo se debe ejercitar el estado de abrir la mente, sino que se requiere de la fuerza interior suficiente para reinventarnos en el mundo.

Abrir la mente conlleva valorar opciones que o bien no se contemplaban con anterioridad, o bien se desestimaban de antemano por la rigidez mental respecto a la idea de identidad que tenemos de nosotros mismos en relación al lugar que creemos que debemos ocupar en el mundo. Pero la dificultad no se haya en pensarnos de manera diferente a como nos pensábamos hasta el momento, sino en asumirlo emocionalmente. Pues abrir la mente sin alinearlo con el sentimiento de aceptación de nuestro potencial nuevo yo, no genera ningún cambio de estructura de pensamiento que nos permita reinventarnos. Una cosa es pensarlo, y otra muy diferente es sentirlo para poder llevar a la acción el pensamiento de cambio.

Pero si bien es cierto que el factor emocional es clave para la motivación personal que genera el movimiento en el mundo material -o de las formas como diría Platón-, dicho movimiento requiere de la fuerza interior suficiente para romper el bloqueo que podamos sufrir en cualquier dimensión de nuestras vidas cotidianas. Pues como reza el refranero, del dicho al hecho hay un gran trecho. El reto, en este punto, resulta especialmente significativo para aquellas personas que sienten el alma cansada, fruto de innumerables batallas existenciales a sus espaldas propio de la edad. Es entonces cuando la fuerza interior puede flaquear, o incluso aparecer y desaparecer intermitentemente, lo que dificulta la posibilidad de romper el bloqueo mental y, por extensión, dar salida a una vida estancada. Frente a la imposibilidad de entrar en batalla, solo queda dejar de pensar, respirar, y volver a ser en una redefinición tanto de la identidad de uno mismo, como de una actualización del sentido que se otorga a la vida. Mientras que frente a la posibilidad de entrar en batalla, solo cabe la determinación y el coraje de luchar sin tregua por alcanzar nuevos horizontes o, en su defecto, hasta que las fuerzas nos abandonen. Que no te puedas a llegar a decir, al final de tus días, que no hiciste lo imposible por escapar de la rueda del hamster. Libertas capitur (la libertad se conquista).



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano