domingo, 19 de agosto de 2018

La preocupante mitologización de la razón política en Cataluña

Colón, Cervantes y Da Vinci eran catalanes según la Generalitat

Una de las veces que más he disfrutado fue en una ocasión en que compartí mesa con Santiago Carrillo y Miguel Herrero de Miñón, quienes nos deleitaron con una tertulia de gran nivel intelectual”, me comentó una ilustrada y lúcida persona de avanzada edad en una reciente y agradable cena de verano al amparo de un cielo estrellado. ¡Qué lujo!, pensé yo. Dos grandes ideólogos antagónicos políticamente, actores principales de la transición española, debatiendo sus ideas mediante el uso de la razón. Tras escuchar -con cierta envidia sana, no voy a negarlo- la experiencia, no pude dejar de pensar en la posibilidad de que una escena similar pudiera tener lugar entre idearios opuestos en el contexto de la Cataluña actual, llegando a la conclusión que hoy por hoy es imposible puesto que se evidencia la ausencia del elemento básico para el encuentro de cualquier debate de altura intelectual que se precie: la razón.

Y no me refiero a la razón pura kantiana (que legisla la naturaleza, como afirmaba el filósofo alemán), sino a la razón aristotélica, al logos propio de la retórica en que se fundamenta un discurso persuasivo. Un logos, como base argumental, que se desarrolla de manera inherente a través del “Principio de razón suficiente” que da consistencia y fundamento al conjunto de ideas que se exponen, y que desde su coherencia no hay lugar para las contradicciones. Un logos que en su discurso da cabida a un enriquecedor debate intelectual de tantos razonamientos opuestos como ideas diferentes puedan existir.

Si bien es cierto que el logos brilla por su ausencia de manera genérica en el conjunto de la política española sustituido por breves anuncios publicitarios, que no llegan a la categoría de axiomas, para ser encabidos en los limitados caracteres de un twitter cuya única finalidad es su posible repercusión mediática (se valora más al mensajero que al mensaje, para devaluación del pensamiento crítico-reflexivo). El logos, en el caso concreto del marco político institucional catalán, ha sido sustituido por el mythos, donde el principio de razón es insuficiente por incoherente y contradictorio, ya que todo mito se fundamenta en una ficción presentada como verdad social e histórica, carente de base real y, por tanto, de falsedad popular y tradicional. Solo desde la lógica del mythos se puede entender, por ejemplo, que el Gobierno de Cataluña defienda la libertad de expresión política a la vez que mande a la policía catalana para que denuncie a los ciudadanos que, desde su libertad de expresión, retiran de las vías públicas símbolos proindependentistas. Que el mismo presidente del Gobierno catalán, representante del Estado en Cataluña, haga un llamamiento público a luchar contra el propio Estado que califica de antidemocrático. O que desde el Gobierno catalán se promueva institucionalmente la deliberada manipulación y falsificación de la Historia.

El mythos es el opuesto del logos. La finalidad del logos es, justamente, razonar; mientras que el mythos solo busca imponer. El logos enriquece desde la inclusión de razonamientos opuestos, frente al mythos que empobrece desde la exclusión de razonamientos diferentes. Sobre esta premisa, no cabe decir que el mythos, por esencia, elevado a la esfera política es contrario al espíritu básico de la Democracia. Es por ello que el proceso de mitologización de la razón política en Cataluña que estamos viviendo en los últimos tiempos se presenta, como menos, preocupante.

La razón no solo representa los cimientos de una sociedad parlamentaria moderna que hace posible el encuentro civilizado entre personas ideológicamente antagónicas, sino que la actividad de la razón y de los hábitos ordenados, como apuntó ya la filosofía aristotélica hace más de dos milenios (pilar de la historia intelectual occidental), es en el hombre una virtud. Pues fuera de la razón solo existe penumbras, sombras e incluso oscuridad, un entorno donde la evolución del ser humano siempre se estanca. Pero no es menos cierto que la oscuridad no es más que ausencia de luz, por lo que frente al mythos solo cabe más logos mediante los diversos mecanismos legítimos de defensa con los que cuenta todo Estado Social y democrático de Derecho. Si bien no puede existir la virtud de la actividad de la razón en el hombre sin la virtud del valor por defenderla.

Mientras tanto llegue el tiempo de vuelta a la razón en la política catalana, espero poder yo mismo comentar la experiencia, ya en avanzada edad, a algún joven comensal en una futura y agradable cena de verano al amparo de un cielo estrellado de que: “una de las veces que más disfruté fue en ocasión de compartir mesa con un líder independentista y un líder constitucionalista, quienes me deleitaron con una tertulia de gran nivel intelectual”. A expensas de poder parecer un romántico iluso, más si cabe en una tierra donde tristemente las banderas en vez de unir separan, me niego a renunciar a la esperanza de recuperar el logos como elemento de encuentro en la política, puesto que de la esperanza también (o sobretodo) vive el hombre. Ya que sin logos no hay razonamiento, y sin éste no existe el pensamiento lógico discursivo que posibilita la capacidad intelectual del ser humano. Y, personalmente, me espeluzna la idea de vivir en una sociedad donde la intelectualidad ha sido suprimida del estamento político a favor de una neomitología que impone su propio y particular imaginario social.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano