lunes, 20 de agosto de 2018

El libro, un portal de evasión de la realidad

Yo. Instantánea de Teresa Mas de Roda

Cuando caminas portando un libro contigo, ya sea bajo el brazo, en el bolsillo de la chaqueta o en el interior de una bolsa, realmente estás caminado sin estar presente por donde caminas. Pues el libro es la puerta dimensional que te conecta, mediante un cordón tan invisible como tangible sensorialmente, a otra realidad. La conexión que estableces con el libro no te hace invisible ante el mundo, pero sí que te invisibiliza la realidad más inmediata por la que transitas.

Existen dos tipos de libros, según su utilidad: los que nos aportan conocimiento y los que nos evaden de la realidad. Y justamente estos últimos, donde el género de la novela es el rey, nos permite corregir la visión imperfecta del mundo real a través de un relato perfecto en escenario, personajes, formas y tiempo. Así que sí, los libros son un portal de huida frente a un mundo que no acaba de gustarnos. Y en esa adversión, e incluso posible rencor, hacia una realidad que no se acepta, hay quienes llegan a tener tal adicción al refugio de mundos alternativos que no pueden caminar por la vida sin portar siempre un libro encima, pues de lo contrario se encuentran vulnerablemente expuestos a un mundo lleno de hostilidades.

Pero no hagamos del grano una montaña. Pues para montañas en evasión de la realidad no le ganan los libros a los dispositivos tecnológicos móviles, ya sean teléfonos, playstations, tablets, televisiones, ordenadores u otros, que son los verdaderos nodos enajenadores de las nuevas generaciones en el mundo contemporáneo. No obstante, volviendo a los libros como portales intermundos, los lectores somos verdaderos argonautas que, a diferencia de los viajes sensitivos audiovisuales, requerimos de una capacidad concreta y diferencial para poder realizar nuestro viaje a otros mundos: la imaginación.

El libro, por tanto, deviene un flotador personal para un mundo que puede llegar a ahogar existencialmente, permitiendo transgredir la realidad conocida mediante el vuelo de la mente a través de un imaginario guiado. Una manera de lidiar con la realidad a través de la evasión de la misma, con la misma eficacia que el agujero de conejo de Alicia en el País de las Maravillas, la bota traslador de Harry Potter, la máquina del tiempo Tardis del Doctor Who, la puerta estelar de Stargate o la magia teletransportadora del Dr. Strange. ¡Qué maravilla de conectores interdimensionales, quién los tuviera! :-)

Sí, los libros son portales de evasión de la realidad. Pero, ¿quién puede resistir la inmersión indefinida en una realidad tan sórdida, cuya prolongada exposición además no resulta nada saludable mentalmente?. Por otro lado, como dice mi padre, leer libros dice mucho de una persona. O, en boca del filósofo inglés Bacon: la lectura hace al hombre completo (...y el escribir lo hace preciso).

Así pues, cuando veamos transitar por la calle a una persona con un libro bajo el brazo, o leyendo un libro en una cafetería, en el trayecto del metro o del tren, o en la intimidad de su hogar, seamos conscientes no solo de que se trata de un argonauta intermundos con la mente imaginativa desplegada, sino también de una persona que está en lucha activa lidiando con su propia realidad y, lo que es más importante, en búsqueda -como todo buen navegante dimensional- de poder autocompletarse como ser humano.

-Te escondes escribiendo sobre temas filosóficos habituales para evitar profundizar en el tema que te preocupa, -me acaba de recordar Teresa, mi pareja. Así que llegados a este punto, y haciéndole caso, regreso de vuelta de mi viaje evasivo particular para lidiar de frente, nuevamente, con mi realidad imperfecta. Siempre hay tiempo, cuando el espíritu ya cansado lo requiere, de retomar un nuevo y reparador viaje intermundos. Hasta entonces, volvamos al barro de donde procedemos.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano