miércoles, 27 de junio de 2018

Nueva África, el país africano de inmigrantes tutelado por la Unión Europea


La realidad dolorosa de la desesperación golpea diariamente las puertas traseras de la Unión Europea. Las imágenes de hinchables de juguete con bandera de muerte anunciada que surcan las aguas de nuestro Mediterráneo son de rabiosa actualidad en todos los medios de comunicación. Un eco de brisa de mar lejana que irrumpe nuestras consciencias cuando el dato se convierte en rostro, y el rostro se hace historia humana cuyo relato narra las miserias de nuestra especie.

El problema de la migración africana no es de fácil solución, ya que la ayuda en origen en sus respectivos países choca de frente con la corrupción estructural del stablishment (que hace inviable cualquier plan serio de ayuda al desarrollo económico), y con una cultura ancestral antagónica a la nuestra donde incluso se practica el esclavismo y el canibalismo en diversos países y en pleno siglo XXI de manera generalizada (lo que hace inviable, a su vez, un plan de acción de desarrollo social de corte occidental). Asimismo, la solución tampoco pasa por ofrecer ayuda en el trayecto, ya que el apoyo humanitario en alta mar -para socorrer a seres humanos frente a una muerte segura por naufragio- sostiene y promociona el modelo de negocio de las mafias que trafican con personas (básicamente marroquís, algerianas y líbias). Y tampoco la solución pasa por ofrecer ayuda en destino, ya que ésta acaba convirtiéndose en un problema de integración social en el seno de una Unión Europea con recursos económicos limitados, cimentada sobre el costoso Estado del Bienestar Social y con una cada vez más consciente reafirmación y defensa de la identidad cultural propia.

Así pues, si la solución al problema de la migración humanitaria africana no se encuentra ni en origen, ni en trayecto, ni en destino, ¿nos encontramos ante una conjetura de Collatz, es decir, ante un problema sin solución?. Podría ser. No obstante, bajo la licencia de autor de la presente y breve reflexión, propongo una fugaz idea alternativa no exenta de múltiples implicaciones (y complicaciones), algunas de las cuales soy consciente que pueden tender a la paradoja.Véase:

África es un continente que cuenta con grandes extensiones no habitadas. De hecho, si solo tomamos como ejemplo el desierto del Sáhara, que cruza todo el norte del continente, éste tiene la misma extensión que toda Europa (la cual cabe en un tercio de África). Cierto es que las extensiones desérticas no son continuas por la división política de los diversos países que lo componen, siendo Algeria, Líbia, Mauritania, Mali, Níger, el Chad y Sudán los más importantes por extensión geográfica. Pero aún así, encontramos grandes áreas desérticas en su conjunto. Si cogemos por ejemplo el caso de Algeria, el país más grande de África y del mundo árabe, éste es superior a la extensión total de España, Francia y Alemania juntos y aún nos sobra espacio para encajar casi dos Españas más. Por cierto, país el algerino que contó con presencia española entre los siglos XVI y XVIII, y que fue posteriormente colonia francesa desde 1830 hasta 1962 en que se independizó.

Pero historia a parte, Algeria sería un buen candidato para que la Unión Europea llevase a cabo un proyecto de adquisición de superficie para explotación humanitaria propia, legislación internacional mediante, con el objetivo de crear un nuevo país en el continente al que se le podría denominar “Nueva África”, bajo tutela político-administrativa de la Comisión Europea (órgano ejecutivo y de iniciativa legislativa de la UE), y cuyos habitantes se nutrirían del flujo migratorio de ciudadanos africanos irregulares llegados a Europa. Un nuevo país con un claro y definido plan de desarrollo económico y social, acorde a los retos de un mundo globalizado en plena cuarta era de la revolución industrial, donde los nuevos ciudadanos disfrutarían de una asegurada actividad profesional (previa formación) en un país en fase de construcción integral y al amparo de una filosofía de vida propia del modelo de Estado europeo de Bienestar Social. Un nuevo país que, a su vez, representaría un motor dinamizador económico-social para su entorno colindante natural, de cuyo desarrollo la propia Argelia sería una de las grandes beneficiadas por proximidad y estatus de relación. Y de cuyo proceso la propia UE también saldría beneficiada al liderar tangencialmente el desarrollo de un importante mercado potencial, como es el africano, para la economía de la zona euro en un mundo que tiende, por fuerza gravitatoria, a la globalización.

África significa en latín “sin frío”, por lo que el proyecto Nueva África podría resultar una oportunidad metafórica de sacar del frío de la desesperación a millares de personas que sufren una de las crisis humanitarias más acuciantes de nuestros tiempos. A grandes males, grandes remedios. Quizás éste no sea uno de tantos problemas sin solución que afronta la humanidad, sino tan solo un problema del que requiere un gran esfuerzo colectivo y coordinado por resolver la ecuación, cuya responsabilidad primera recae en quienes, como la UE, tienen consciencia y capacidad de resolución. A partir de aquí, la historia nos demuestra que todo es posible. Nueva África, ¿un estado de nueva creación adscrito y tutelado por la Unión Europea?. Tempus narrabo.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano