miércoles, 31 de enero de 2018

Árbol Genealógico Filosófico Personal (De la 29ª hasta la 34ª y última línea generacional de pensamiento)

Última entrega del Árbol Genealógico Filosófico Personal que comencé con el inicio de este año, en la búsqueda del genoma de mi pensamiento contradictorio por humano, profundamente humano, que corresponde con las líneas generacionales de la 29ª a la 34ª de mi herencia filosófica personal del Siglo XX, al menos hasta 1971 como fecha máxima de fallecimiento de pensadores y en concordancia con mi propio año de nacimiento.

V.-FAMILIA GENEALÓGICA DE PENSAMIENTO DEL SIGLO XX 
Hasta 1971 como año máximo de fallecimiento de pensadores y en concordancia con la fecha de mi nacimiento.
(De la 29ª a la 34ª línea generacional de mi árbol de pensamiento personal)

29ª-Linaje genealógico de Bergson

En la veintinovena línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el genoma de la filosofía de la vida o vitalismo de Bergson con su impulso vital (élan vital) como expresión del “Ser”, quien marca la idea en mi estructura de pensamiento personal de que para apreciar debidamente la vida no basta el pensar científico-matemático (ya que éste es siempre mecánico, esquemático y analítico), sino que para la vida necesitamos la intuición y su mirada al todo, con fineza de comprensión para poder vivir lo interior, único e intransferible; como también necesitamos conocer la libertad para avanzar más allá de lo mecánico y poder estimar en su debido valor la espontaneidad, ya que donde hay espontaneidad y libertad también hay alma y consciencia de sí. El genoma vitalista de Bergson deja la huella de pensamiento en mi código genético personal de que si ser es vida, y vida es alma y consciencia, entonces el ser en cuanto tal es consciencia, pero no solo consciencia pensante, sino consciencia que es vivencia, impulso, duración, libertad, invención, energía y dinámica creadora.

30ª-Linaje genealógico de la Fenomenología

En la treinteava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya la influencia de la fenomenología, si bien soy consciente que más que filosofía es solo un método para saber y descubrir la condición misma de las cosas, de verlas, describirlas y presentarlas de forma convincente. Este genoma cuenta con la marca de Husserl en la estructura de mi pensamiento personal que me permite entender que las esencias se intuyen mediante una reducción fenomenológica que despeja lo accesorio, lo meramente factual, para aferrar lo esencial, pero no solo en sentido universal, sino como la ideación valedera en sí misma que posee un ser objetivo, intelectual y pensable. Un genoma que se complementa con la marca genética, asimismo, de Scheler que me permite entender que si uno contempla lo absoluto, no lo contempla en sí, sino que contempla su propio pensar de lo absoluto, pero no lo absoluto, sino el suyo. Y que, conforme al gen scheleriano, los valores son entidades, aunque no lo sean más que en las cualidades de nuestros actos, pero que como entidades son necesarios y a la vez son fines a priori de nuestro obrar moral; y que no tienen necesidad de ningún precepto obligatorio sino que en sí mismos son algo que idealmente debe ser, que espera ser realizado por el obrar humano, de lo que se concluye que las personas no “son”, sino que “se hacen”.

31ª-Linaje genealógico de Whitehead

En la treintaunava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya el idealrealismo de Whitehead que marca la estructura de mi pensamiento personal sobre la idea de que en realidad todo está orgánicamente tratado, y cada esencia real existente “siente” las demás, pero que es el pensamiento quien lo disgrega todo dividiéndolo en partes que luego se consideran autónomas, por lo que la sensibilidad es el camino para reconocer lo otro y el todo, el camino para llegar a la realidad. Pues la experiencia del mundo es posible mediante los llamados objetos eternos, que nos permiten leer en el dato sensible -como reminiscencia de las ideas platónicas-, pero estos objetos eternos solo son posibilidades, pues necesitan del medio de lo real para manifestarse, pero al mismo tiempo son ellos también los que hacen posible lo real, ya que lo real es por lo ideal y lo ideal no puede existir sin lo real.

32ª-Linaje genealógico de Hartmann

En la treintadosava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el genoma de la ontología fenomenalista de Hartman que marca la estructura de mi pensamiento personal con la idea de que el conocimiento no es una producción de objetos, sino la captación de algo que existe anteriormente a nuestro conocimiento y es independiente de él, por lo que todo conocimiento es siempre un extenderse más allá de uno mismo (trascendencia gnoseológica). El genoma de Hartmann introduce en mi genética pensante que cuando arrancamos nuestros conceptos al reino de los seres, éstos conceptos siempre son hipotéticos, puesto que -al igual que en las ciencias naturales- solo nos acercamos al ser mediante ciertas hipótesis y de esta manera lo describimos, lo calculamos y lo predecimos, debiendo luego quedar a la expectativa de si se verifica o no nuestra “ciencia”; puesto que fuera de esto, queda todavía un considerable residuo no conocido, de modo que no tenemos la menor razón de identificar el ser con lo verdadero. De igual manera, del gen hartmanniano viene mi concepción -evolucionada desde Platón-, que los valores son a priori y tienen un ser en sí, siendo impotentes por aguardar su realización por parte del hombre, para el que significa un deber ser ideal, pero que no le obliga, sino que lo deja completamente libre, con lo cual asegura su autonomía.

33ª-Linaje genealógico de Jaspers

En la treintatresava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya el existencialismo alemán de Jaspers en mi estructura de pensamiento personal, bajo la máxima de que “la existencia solo se esclarece con la razón, y la razón solo tiene contenido con la existencia”, pues razón y existencia son los dos grandes polos de la vida, siendo la existencia una sintonía de vida y espíritu. Este genoma jaspersiano condiciona mi concepción de que el esclarecimiento de la existencia es más bien como un llamamiento a las posibilidades de uno mismo, en un constante poner en juego las tensiones entre espíritu y vida, con lo cual estas posibilidades van continuamente esclareciéndose y fortaleciéndose para llegar a descubrir lo mejor que dormita en ellas. Un genoma filosófico jaspersiano que marca mi estructura pensante sobre la exigencia de que el hombre no debe asentarse nunca en ninguna parte, sino que esté siempre en camino, abierto a todo, aspirando por tanto a una comunicación absoluta, puesto que “se trata de romper esa configuración que va estableciéndose como algo definitivo, de dominar en su relatividad todos los puntos de vista concebibles”. Un gen existencialista alemán que me marca en la idea de que el fracaso es el que principalmente nos lleva adelante, pues en él experimentamos la fragilidad relativa del mundo, ya que todo lo que nos sale al paso, todo lo que nos sucede es solo símbolo y cifra, nada es la realidad y la verdad misma, y que solo es este seguir hacia adelante se manifiesta la trascendencia como posibilidad de las posibilidades, como el “movimiento de una lógica filosófica”.

34ª-Linaje genealógico de Ortega y Gasset

En la treintacuatroava y última línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro, con especial estimación, el raciovitalismo (Perspectivismo y Razón Vital) de Ortega y Gasset, quien marca en mi estructura de pensamiento personal la idea de que todo contenido de consciencia es, por definición, fragmentario, y no sirve para ofrecer el sentido del mundo y de la existencia, solo de aproximarnos a ésta a través de la filosofía, puesto que “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, siendo la realidad circundante la que “forma la otra mitad de mi persona”; por lo que la verdad absoluta, omnímoda, puede ser la suma de las perspectivas individuales o de éstas más una parte fuera de la perspectiva (no vista), que, por eso mismo, son parcialmente verdaderas. Asimismo, el gen gassetiano marca de manera especial y remarcada en mi genoma pensante la concepción negativa de la figura atemporal del “hombre-masa”.

Con ésta última entrega completo los treinta y cuatro linajes geanológicos filosóficos de los que soy descendiente directo y que definen mi pensamiento contradictorio por humano, profundamente humano, que determinan la naturaleza evolutiva de mi propia evolución filosófica en vida. Y es que, al final, no podemos dejar de ser en esencia lo que somos.




Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

martes, 30 de enero de 2018

El trilema de Fuigdemont

El trilema de Fuigdemont (1) señala que es imposible conseguir al mismo tiempo el Nacionalismo Secesionista (2), la Democracia Liberal (3) y el Estado de Bienestar Social (4). Las tres opciones son incompatibles de manera simultánea, ya que obtener una impide complementar las otras, por lo que solo se puede hacer una combinación de dos de ellas. De esta manera, las opciones de combinaciones válidas se limitan a tres:

Optar por combinar el Nacionalismo Secesionista con la Democracia Liberal representa sacrificar parte del Estado de Bienestar Social. Puesto que el Estado de Bienestar Social se sustenta mediante una economía de escala dentro de la estructura de recursos del conjunto del Estado, así como se nutre de la economía de Mercado cuya base de desarrollo es la estabilidad política, principio que se ve quebrado por el desequilibrio provocado entre poder político (con incerteza jurídica incluida) y poder económico. (El desequilibrio entre Política y Economía genera desequilibrio entre Política y Sociedad, y éste, asimismo, desequilibrios dentro de la propia Sociedad).

Optar por combinar el Nacionalismo Secesionista con el Estado de Bienestar Social va en detrimento de la Democracia Liberal. Puesto que el secesionismo nacionalista implica, por antonomasia, la quita de garantías de derechos y libertades adquiridos de individuos y colectivos no nacionalistas secesionistas en relación a su prestación de derechos sociales.

Mientras que optar por combinar Democracia Liberal con Estado de Bienestar Social implica menguar el Nacionalismo Secesionista. Puesto que la Democracia Liberal y el Estado de Bienestar Social de corte occidental y europeista se fundamentan y desarrollan sobre los principios rectores de un mundo globalizado (en el marco de un capitalismo democrático y una organización política internacional propia del siglo XXI) donde los secesionismos tiene poco o nulo encaje.

Así pues, conforme a la presente trilogía de Fuigdemont, las opciones de Nacionalismo Secesionista, Democracia Liberal y Estado de Bienestar Social representan un trilema ya que es imposible tenerlas todas al mismo tiempo (son incompatibles), por lo que los políticos y los ciudadanos de razón nos vemos obligados a escoger dos de ellas. ¿La mejor opción?, sin duda la combinación entre Democracia Liberal y Estado de Bienestar Social. A quien tenga oídos que oiga, y si no, que al menos se asome a la ventana y mire (pues ver requiere su tiempo) la realidad.



(1) Fuigdemont: síntesis del concepto de estado de fuga o huido de la justicia, con el nombre propio de Puigdemont (político catalán, 2018)
(2) Nacionalismo Secesionista: ideología nacionalista que desea secesionarse de una parte del territorio de su Estado natural e histórico propio, versus el nacionalismo independentista que representa la segregación de una colonia acorde a Derecho Internacional.
(3) Democracia Liberal: forma de gobierno de democracia representativa occidental, sujeta al Estado de Derecho y moderada por una constitución que proteje los derechos y libertades individuales y colectivos
(4) Estado de Bienestar Social: modelo de Estado y organización social europeo que provee de servicios y derechos sociales a sus ciudadanos de derecho


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

domingo, 28 de enero de 2018

"Manual de la Persona Feliz", Tecnología Mental para una buena salud Emocional

Si preguntásemos a todas las personas del mundo, con independencia de culturas y épocas históricas, ¿qué buscan o quieren en la vida?, la respuesta siempre sería la misma: ser felices. Una constante universal que emana de la propia esencia innata de la naturaleza humana. En lo que diferiríamos, en cambio, es en los medios para conseguirla, una selección opcional de medios que vienen determinados por el peso de los tiempos culturales habidos y por haber en cada periodo de la historia de la humanidad.
No obstante, con independencia de los medios que elijamos para alcanzar el bien preciado de una vida feliz, en cualquiera de las fracciones temporales a lo largo del continuo evolutivo de nuestra especie, el hombre siempre debe enfrentarse a los retos llenos de contradicciones, opuestos e incluso obstáculos que le depara la experiencia de una vida cotidiana en un mundo tan bello y fascinante como imperfecto e injusto, que hacen de la consecución de una vida feliz una tarea heroica.
Si bien, en los tiempos contemporáneos, se impone que el estadio de una vida personal feliz se consigue mediante la rendición y control del mundo exterior a nuestra voluntad (para beneficio de lo que conocemos como cultura hedonista de la economía de Mercado) en una agotadora lucha sin tregua de recursos siempre insuficientes, la presente obra se enfoca a la inversa: controlar y gestionar nuestro mundo psicoemocional individual (emociones, pensamientos y sentimientos) para conseguir el estadio de la felicidad personal frente a los continuos retos que nos depara el mudo exterior en el que nos toca vivir. En otras palabras, dejamos de buscar la felicidad efímera del mundo exterior que se proyecte sobre nuestro yo interior, para buscar una felicidad afianzada en nuestro yo interior que se proyecte sobre el mundo exterior.

En esta línea, el pequeño pero práctico Manual de la Persona Feliz, que puedes descargar gratuitamente, consta de tres partes nucleares: Descubrir, Conocer, e Integrar cómo funciona la naturaleza emocional, y con ella las prácticas y técnicas esenciales que nos permitan convertirnos en una Persona Feliz. Pues al final, en la vida no hay autorrealización sin felicidad personal, ni felicidad personal sin autorrealización personal, siendo la gestión emocional la piedra angular de la felicidad, pues ésta no es más ni menos que un estado de consciencia.

FICHA TÉCNICA
Manual de la Persona Feliz
Jesús A. Mármol
Desarrollo Personal
Obra Abierta. ebook, 2018.
Enlace Descarga



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sábado, 27 de enero de 2018

Decálogo del Buen Filósofo

1.-Piensa para poder respirar, y si te ahogas piensa críticamente.

2.-Deconstruye el mundo para encontrar tu propio encaje en él.

3.-Relativiza el absolutismo y absolutiza el relativismo en el viaje hacia tu mismidad.

4.-Muéstrate escandalosamente inútil frente a la productividad ciega.

5.-Filosofa como terapia personal para una buena salud psicoemocional.

6.-Cultiva la sensibilidad, del logos y la estética, como camino hacia la trascendencia personal.

7.-Cuídate de dogmatizar el pensamiento ajeno, pues los dogmas atentan contra la libertad y evolución del pensamiento.

8.-Sé metafísico y empirista en tu vida, pues así es la naturaleza cognitiva dual del hombre.

9.-Practica lo que teorizas y teoriza lo que practicas, olvidando a cada nuevo día lo teorizado y practicado, para volver a practicar una nueva teoría y teorizar una nueva práctica en un mundo impermanente.

10.-Y no te tomes en serio todo lo que filosofes, pues al final no eres más que un ser humano cautivo en un espacio-temporal humano, profundamente humano.

El Filósofo Efímero
En un lugar del Mediterráneo, a 27 de enero de 2018



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miércoles, 24 de enero de 2018

Árbol Genealógico Filosófico Personal (De la 23ª hasta la 28ª línea generacional de pensamiento)

Siguiendo con el Árbol Genealógico Filosófico Personal que comencé con el inicio de este año, prosigo en la búsqueda del genoma de mi pensamiento contradictorio por humano, profundamente humano, de la 23ª a la 28ª línea generacional que corresponden a mi herencia filosófica personal del Siglo XIX.

IV.-FAMILIA GENEALÓGICA DE PENSAMIENTO DEL SIGLO XIX
(De la 23ª a la 28ª línea generacional de mi árbol de pensamiento personal)

23ª-Linaje genealógico de Kierkegaard

En la veintitresava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el genoma de la revolución cristiana de Kierkegaard en mi estructura de pensamiento personal, entendiendo por existencia lo inédito e intransferible del yo y de sus decisiones, concibiendo que “la historia de la vida individual avanza en un movimiento de situación a situación, donde cada una de estas situaciones se establece por un salto”, y significado por la idea principal de que lo que me hace falta es “llevar una vida perfectamente humana, no una vida de puro conocimiento, hasta llegar a cimentar mis reflexiones intelectuales sobre algo... tan hondo como las más profundas raíces de mi existencia, por las que estoy, por así decirlo, inserto en lo divino”. Pero, asimismo, el gen del pensamiento kierkegaardiano me empuja a reclamar un cristianismo completamente nuevo donde los sacerdotes sean poderosos en callar y en tolerar, maestros de abstenerse de juicios y anatemas, que sepan usar su autoridad temperándola con el arte del desprendimiento y desinterés, preparados, educados y formados para obedecer y sufrir, de modo que sepan aliviar, exhortar, edificar, conmover, pero también rendir mediante la obligación de la propia obediencia, en un reencuentro de los escritos ascéticos de la Iglesia.

24ª-Linaje genealógico de Nietzsche

En la veinticuatroava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal marca mi estructura de pensamiento personal la filosofía de la época vitalista y existencialista (que no nihilista) de Nietzsche con el nuevo ideal de cultura de tipo heróico-estético del hombre, elogiando el libre pensamiento intelectual-socrático sintetizado en la máxima de “humano, demasiado humano”, y teniendo la vida como objetivo filosófico.

25ª-Linaje genealógico del Pragmatismo

En la veinticincoava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro la filosofía práctica del pragmatismo en mi estructura de pensamiento personal, donde no es suficiente describir la fenomenología del mundo de manera crítica conforme las leyes lógicas o trascendentales, sino que se requiere la voluntad de dominarlos y hacerlos manejables al hombre para podernos sentir bien en el mundo y hacernos crecer positivamente como seres humanos. El gen del pensamiento pragmático respeta la libertad del individuo, y por influencia de Fr. A. Lange asienta la idea en mi estructura pensante que lo que interesa saber no es qué es verdadero y qué falso, sino solo qué necesita el hombre, y en esta necesidad fundar el valor de la religión como el de los ideales en general; mientras que por influencia de W. James, entender que “al fin y al cabo, nuestros errores no son cosas tan terribles. En un mundo en el que, pese a todas nuestras preocupaciones, no podemos evitarlos, cierta dosis de despreocupación y ligereza es cosa más sana que una excesiva ansiedad”.

26ª-Linaje genealógico de la Metafísica Inductiva

En la veintisextava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro la metafísica inductiva en mi estructura de pensamiento personal bajo la marca genética de Gustav Th. Fechner con la idea de que hay que tratar de llegar en la metafísica a una configuración de la fe religiosa que no sea mera construcción conceptual al servicio de tal o cual pragmatismo, sino que sin renunciar al pensar crítico y a la conciencia científica pueda también admitirla el hombre de la ciencia, puesto que la metafísica debe partir de la experiencia, debe ser inductiva, pero luego conducir más allá. Un genoma metafísico inductivo que se completa con el gen del pensamiento de Herman Lotze sobre la idea de que los valores son vigencias objetivas, y que dada la fundamental conexión del mundo, toda causalidad debe estar incluida en una causalidad universal.

27ª-Linaje genealógico de Trendelenburg

En la veintiseptava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal está marcado por la metafísica clásica del neoaristoletismo de Trendelenburg que incide en orientar la estructura de mi pensamiento personal (casi) siempre hacia lo eternamente verdadero, desde la base que no es preciso que cada pensador empiece desde el principio para inventar cada vez una filosofía completamente nueva, ya que la filosofía, en líneas generales, está ya encontrada “en la concepción orgánica del mundo fundada por Platón y Aristóteles, desarrollada a partir de ellos y capaz de ulterior desarrollo y perfeccionamiento, con una investigación más profunda de los conceptos fundamentales de los aspectos particulares, y mediante un fecundo intercambio con las ciencias empíricas”, siendo el derecho natural la base de la ética.

28ª-Linaje genealógico de la Neoescolástica

En la veintioctava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro la influencia, dentro de mi ser pensante en continua contradicción por humano, profundamente humano, con las tesis de la metafísica clásica de la neoescolástica fundamentada sobre que hay verdad en general y existen verdades eternas; que el conocimiento del hombre está condicionado subjetivamente, pero no es pura subjetividad relativa, sino que está orientado hacia el ser mismo, por lo cual tiene un lado objetivo que domina la subjetividad; que el ser mismo es por consiguiente cognoscible; que se puede distinguir entre ser creado e increado, substancia y accidente, esencia y existencia, acto y potencia, ejemplar y copia, estratos del ser corpóreo, viviente, anímico y espiritual; y que el alma del hombre es inmaterial, substancial, espiritual e inmortal.




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lunes, 22 de enero de 2018

El Consciente Onírico: la consciencia personal en estado puro

Se dice de un planteamiento que es falso cuando se sustenta sobre la premisa de dos verdades que a su vez son opuestas entre sí. Este es el caso que se nos presenta, al menos a primer golpe de impresión, con el concepto de “consciente onírico”, pues tenemos catalogado como consciente todo aquello que no pertenece al mundo de los sueños, y onírico aquello que no es consciente por no estar en estado de “despiertos”. Pero, ¿qué pasaría si realmente solo fuéramos conscientes en estado puro mientras soñamos?. Una pregunta que, para responderla, requiere del proceso lógico deductivo de una serie de postulados previos:

1.-Entendemos como consciente (del latín conscire, conocer, ser conocedor de), en un sentido amplio, cuando conocemos algo, con independencia de que este algo sea real o no.

2.-Entendemos como onírico, en sentido ortodoxo, como la manifestación del subconsciente, el cual lo definimos a su vez como aquel nivel de conciencia -verdadero en relación con nuestra mismidad (yo individual) por manifestarse libre de estereotipos sociales y de parámetros espacio-temporales- que aunque no es accesible directamente a la introsprección puede conocerse por técnicas como el análisis de los sueños. Por lo que, una vez (re)conocido ya toma la categoría plena de consciente.

3.-Sabemos hoy en día, gracias a la ciencia, que la conciencia en el ser humano es previa al “mundo real” y no a la inversa, puesto que el día cero del pensamiento comienza antes de nacer (constatado ya -de momento- a los 5 meses de vida del feto) y que se desarrolla en un ambiente onírico, siendo la realidad de los sueños de los bebés anterior a su nacimiento, por lo que la primera consciencia del ser humano es una consciencia onírica.

Y, 4.-Conocemos, también gracias a la neofilosofía de la naturaleza racionalista y empirista del siglo XXI: la ciencia, de la existencia de arquetipos universales de conciencia básicos innatos y apriorísticos en la consciencia onírica del nasciturus consigo mismo y en relación con el mundo que le rodea, ya sea éste intra o extrauterino (Teoría de las muecas del feto).

Ergo, si la consciencia del ser humano es de origen onírica, estructurada a partir de ideas arquetípicas a priori e innatas (uno de los grandes misterios de la humanidad aún por resolver, propio de la metafísica), que manifiesta su mismidad, su yo más personal y auténtico, libre de determinismos espacio-temporales (y por extensión culturales) a través de los sueños, podemos sustraer cuatro principios generales:

1.-Existe el consciente onírico.

2.-Solo somos conscientes puros (o en estado puro) mientras soñamos.

3.-La consciencia pura está por encima de parámetros espacio-temporales.

Y, 4.-El consciente onírico es un camino de autoconocimiento personal.

Llegados a este punto, la pregunta del millón no es otra que, ¿si tan importante es la conciencia onírica para el conocimiento de nuestra conciencia personal en estado puro, cómo es que no recordamos mayoritariamente lo que soñamos? Y, si recordamos lo soñado, ¿por qué no reconocemos su significado?.

La respuesta a estas preguntas me las ha refrescado en estos días mi pareja Teresa, la cual trabaja en su desarrollo personal a través del (re)conocimiento de su consciencia onírica. En primera instancia, no recordamos lo que soñamos porque no tenemos voluntad de ello, y no tenemos voluntad porque impera la cultura de la “desconexión” de nosotros mismos, de nuestra propia consciencia, aún estando despiertos (aunque este es grano de otro trigal). Además de estar inmersos en una sociedad que desnaturaliza el estado onírico necesario para soñar conscientemente por desajustes provocados tanto por la afección negativa de los horarios nocturnos televisivos, como por el ritmo marcado por las jornadas laborales. Sí, la consciencia onírica también necesita de su propio tiempo y espacio para manifestarse, como todo en la vida.

La actitud de la voluntad por recordar lo que soñamos activa lo que conocemos como “consciencia despierta”, y solo depende de nuestra intencionalidad de querer recordar. Un hábito que, como todo, se alcanza con la práctica. Así pues, solo mediante la voluntad activa y decidida de recordar, recordaremos lo que soñamos, abriéndonos a una nueva dimensión de nosotros mismos desconocida (o desatendida) hasta la fecha. Pues la intencionalidad de recordad los sueños es la sencilla llave de paso que transmuta nuestro subconsciente en consciente.

Pero ser consciente de algo no equivale a conocer su significado (como sucede en cualquier otro aspecto o materia de la vida), por lo que el segundo paso tras activar la voluntad de recordar es analizar el sueño recordado para extraer su síntesis. Aquí es cuando la cosa se pone interesante, pues como ya hemos apuntado anteriormente, la conciencia onírica está por encima de parámetros espacio-temporales, lo que nos puede dar la sensación de encontrarnos ante relatos aparentemente surrealistas e inconexos entre sí al buscarles una correspondencia directa con los referentes de nuestra realidad externa espacio-temporal. Si entendemos la consciencia onírica como nuestra consciencia personal y singular en estado puro, libre de determinismos culturales y fundamentada en arquetipos innatos y apriorísticos que transciende la temporalidad, no podemos pretender que sigan la lógica del desarrollo coherente de una novela o una película -tal como estamos sociabilizados- de naturaleza limitada en una consciencia colectiva no pura por antonomasia al ser profundamente cultural y no universal.

En otras palabras, la consciencia onírica tiene su propia lógica de significado. Un camino de aprendizaje tan antiguo y extenso como la propia humanidad, desarrollado más por unas culturas que por otras, pero plenamente accesible a cualquier persona, pues forma parte de nuestra propia naturaleza como especie, y que por ello cuenta con abundante literatura al alcance de quién la requiera en una era de comunicación global. Un camino más para el desarrollo personal de nuestro autoconocimiento, donde la conciencia onírica, por ser conciencia personal pura, nos permite ver la verdadera esencia de nuestro yo en relación al momento de nuestra vida singular versus los velos más o menos opacos, contradictorios y enredados, de lo que llamamos realidad. Así pues, quien quiera ver (a sí mismo), que sueñe (conscientemente). Ya que: Sueño, luego soy.


Fedón: -¿Qué se sabe antes de nacer?

Sócrates: -Todo, pero poco a poco lo vamos olvidando.
Por eso el conocimiento y la sabiduría es recordar.

(Versión libre de la obra Fedón -Sobre el Alma-, de Platón)


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jueves, 18 de enero de 2018

La Sensibilidad, el camino trascendente del hombre

La sensibilidad es una característica de la conciencia trascendental, ¿pero trascendental hacia qué?, pues justamente a alcanzar los arquetipos ideales de belleza, amor o justicia universal. Lo cual presupone que el ser humano nace con ideas a priori de dichos arquetipos idílicos, con independencia de determinismos culturales y contextos histórico temporales, que influyen en los preceptos más nobles que marcan el desarrollo de la humanidad como sociedad. No obstante, si aceptamos la premisa de unos arquetipos de ideas superiores, cabe aceptar asimismo la premisa de la existencia de una fuente originaria de la que emanan dichos arquetipos ideales, la cual debe tener voluntad, intencionalidad e inteligencia creadora -a la vista del funcionamiento mecánico del mundo- a la que podemos denominar Dios (sin entrar en connotaciones culturaes religiosas).

Es por ello que podemos afirmar que si la sensibilidad es una característica de la consciencia trascendental, pues busca instintivamente la trascendencia de la naturaleza humana, la sensibilidad no deja de ser sino un camino al encuentro de nuestra dimensión espiritual como seres con capacidad cognitiva. Cabe aquí diferenciar sensibilidad como habilidad innata humana, del sensibilismo y la sensibilería como expresión emocional propia de un estado psicomental desajustado. Si bien la primera nos transciende como especie humana hacia una órbita de naturaleza divina (sin catalogación previa), la segunda es de carácter profundamente mundana e individual enraizada y enredada en las cuestiones cotidianas del mundo.

Sí, la sensibilidad es un camino de espiritualidad al encuentro de nosotros mismos en relación al todo creador, desde donde emanan los arquetipos ideales apriorísticos que guían la evolución positiva ascendente del conjunto de la humanidad. En este punto, hay que diferenciar la espiritualidad de la religión, pues si bien las diversas religiones (creadas a posterori por los hombres a partir de las enseñanzas de un maestro espiritual) tienen como objetivo ayudar a canalizar la espiritualidad de las personas, las religiones se fundamentan en dogmas de fe (culturales, profundamente culturales) que pueden llegar a cohibir e incluso deformar la habilidad espiritual innata de las personas si no están bien gestionadas. Pues si bien todo instrumento tiene su utilidad, no todas las utilidades requieren del mismo instrumento, sin contar con la validación de las capacidades idóneas de quienes tienen la voluntad de controlar y gestionar dicho instrumento.

La sensibilidad, como característica de la conciencia trascendental del hombre y camino hacia el encuentro de su espiritualidad, conecta la individualidad con lo múltiple, y lo múltiple con el todo, desde donde el ser humano se reencuentra con otra dimensión personal en relación a la naturaleza divina del mundo. Entendiendo divino como la fuerza unitaria creadora, infinita y atemporal, que da sentido armónico a todo lo existente, y desde la que intuitivamente podemos captar y entender, aunque sea dentro de nuestras limitaciones humanas, los grandes arquetipos ideales sobre los que se fundamenta nuestro universo percibido, y cuya aproximación nos permite ser mejores personas como individuos y como especie.

Sí, la espiritualidad es un estadio de desarrollo de la capacidad innata del hombre de su sensibilidad por el conjunto de partes que forman la creación en su conjunto, lo cual nos conduce a una actitud de respeto y amor por los no-yo, ya sean personas, animales, vegetales, minerales, objetos u elementos. Pues la capacidad de nuestra trascendencia como seres sintientes, pensantes y espirituales se mide en relación directa al reflejo de nuestra coexistencia armónica con el mundo que nos rodea dentro de la vida que nos toca vivir. Aunque, como todos sabemos, el gran reto de hoy en día no es otro que el desarrollar la sensibilidad de la espiritualidad personal en un mundo humano lleno de contradicciones y contrastes de opuestos, donde la búsqueda de la trascendencia y el seguimiento de los arquetipos ideales brilla por su ausencia a favor de un individualismo exacerbado que ha creado sus pseudoarquetipos propios, tal como si fueran figuras de barro divinizadas, pautando la actual concepción que tenemos de los valores mundanos (versus trascendentales) del Mercado, el Estado y la sociedad misma. Atrás hemos dejado, como sociedad, la sensibilidad como característica de la conciencia trascendental, para abrazar la estética como característica predominante de la conciencia mundana en nuestras vidas diarias. La buena noticia es que los arquetipos ideales divinos continúan persistiendo como semillas de ideas innatas en la naturaleza humana, que la espiritualidad es una necesidad impulsiva que nunca se sacia en el seno interior del hombre como individuo, y que toda evolución de la humanidad está marcada por el principio pendular ascendente (con sus correspondientes devaneos incluidos) hacia nuevas, mejores y más perfectas cuotas de humanismo en un viaje sin fin. Puesto que, al fin y al cabo, ¿qué es el hombre? sino un ser espiritual por naturaleza, aunque esté de moda (caduca por antonomasia) el negarlo.



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martes, 16 de enero de 2018

Árbol Genealógico Filosófico Personal (De la 9ª hasta la 22ª línea generacional de pensamiento)

Siguiendo con el Árbol Genealógico Filosófico Personal que comencé con el inicio de este año, prosigo en la búsqueda del genoma de mi pensamiento contradictorio por humano, profundamente humano, con la novena a la veintidosava línea generacional que corresponden a mi herencia filosófica personal de la Edad Moderna.  

III.-FAMILIA GENEALÓGICA DE PENSAMIENTO DE LA EDAD MODERNA
(De la 9ª a la 22ª línea generacional de mi árbol de pensamiento personal)

9ª-Linaje genealógico de Franscisco Bacon

En la novena línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro la huella genética renacentista que conforma la estructura de mi pensamiento sobre la idea de que el hombre es “Dios en la tierra”, siendo el filósofo del método empírico, Bacon, del que heredo el pensamiento de que “el Saber es poder”, y que la ciencia de la naturaleza necesitará siempre de la filosofía, de su metafísica y de su ética, si quiere llegar a dominar los poderes que ha conjurado.

10ª-Linaje genealógico de Descartes

En la décima línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya, con especial importancia, el padre de la filosofía moderna, Descartes, cuyo racionalismo impregna mi estructura del pensamiento con la duda radical como punto de partida de la filosofía en un marco subjetivista donde el pensar lógico puede errar, axioma que maestralmente coexiste con la certeza de que sobre la duda misma no se puede dudar, por lo que mi existencia depende de mi pensamiento: Pienso, luego existo (Cogito ergo sum).

11ª-Linaje genealógico de Spinoza

En la onceava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal está el genoma de Spinoza, cuyo legado racionalista sobre mi estructura de pensamiento personal es el saber que la felicidad humana solo se logra cuando se llega a ser un verdadero hombre, es decir, sabio.

12ª-Linaje genealógico de Leibniz

En la doceava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el racionalismo de Leibniz quien alienta a mi estructura de pensamiento a buscar el todo sin olvidar lo individual (mónada), bajo el principio de armonía preestablecida que dictamina que todo está en conexión mútua, todo está en todo (como en Axanágoras, Platón, Plotinio y Cusano), pero sin que asimismo lo individual pierda autonomía. Una armonía preestablecida, dentro de un todo superior que lo conforma, que permite un proceso apriorístico en el conocimiento humano mediante las ideas innatas que nos permite dirimir entre verdades de razón y verdades de hecho. Y cuya perfección del hombre viene por vía de la elevación del ser, siendo la felicidad, el placer, el amor, la perfección, el ser, la fuerza, la libertad, la armonía, el orden y la belleza cosas ligadas entre sí.

13ª-Linaje genealógico de Hobbes

En la treceava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el empirismo de Hobbes, que introduce la ruptura radical con los genomas de la metafisica aristotelicoplatónica, donde no hay ni trascendencias ni verdades eternas, marcando mi estructura de pensamiento personal en materia del hombre como ciudadano del Estado bajo la máxima de que el hombre es un lobo para el hombre, por lo que se requiere de un contrato social político que tenga afecciones directas sobre la moral y el derecho.

14ª-Linaje genealógico de Locke

En la catorceava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el empirismo de la filosofía inglesa de Locke, que influye decididamente en mi estructura de pensamiento tanto en las ideas innatas como capacidades nativas del entendimiento humano, que son comienzos apriorísticos de las eternas verdades de razón que nos sitúan por encima de la experiencia (mediante la abstracción y la coexistencia de conceptos); tanto en la concepción del Estado como origen en los individuos y su libre querer, un querer que en lo esencial se rige por las ideas del bien común y del poder del Estado mismo que se equilibran mediante la novedosa filosofía de la división de los poderes (de los Estados modernos), y que representa el reconocimiento incipiente de los derechos inalienables de la naturaleza y del hombre.

15ª-Linaje genealógico de Hume

En la quinceava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el empirismo de Hume en mi estructura de pensamiento sobre el entendimiento humano como proceso de asociación de ideas para crear conceptos, si bien estos conceptos deben considerarse como relativos pues solo valen tanto cuanto vale el material de experiencia que les sirve de base, y que toda verdad queda psicologizada, puesto que debido a la costumbre solo consiste en una sensación de expectativa o verosimilitud.

16ª-Linaje genealógico de Rousseau

En la decimosexta línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra la ilustración francesa de Rousseau, cuyo genoma de pensamiento solo incide levemente en mi estructura de pensar personal sobre el concepto de una educación ideal por encima de la cultura, como un eco lejano y reivindicativo -no sin ciertos recelos- del ideal de la naturaleza humana como reacción directa a una visión racionalista-deista de un Voltaire del que no tengo legado genealógico filosófico.

17ª-Linaje genealógico de Thomasius

En la decimoséptima línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra la ilustración alemana de Thomasius, cuyo genoma marca mi estructura de pensamiento personal en materia de filosofía del derecho como un ordenamiento de la vida instintiva y afectiva del hombre, en cuanto ser sensitivo que busca su ventaja, por lo que debe ser reducido a sus justos límites con los correspondientes medios materiales y físicos del poder.

18ª-Linaje genealógico de Kant

En la decimoctava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el gen del pensamiento del idealismo alemán de Kant, con especial relevancia, el cual cuenta con una ascendencia singular en mi sobre el idealismo crítico, la crítica de la razón pura, la crítica de la razón práctica, y la crítica del juicio.

El gen kantiano en materia de idealismo crítico determina la estructura de mi pensamiento sobre la armonía que representa el hecho de que ni el subjetivismo tiene por qué ser individualista, ni el idealismo tiene por qué significar una negación del mundo exterior o una renuncia a la objetividad.

El gen kantiano en materia de crítica de la razón pura, que tiene como objeto de estudio el conocimiento, determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea (como contrapeso a los empiristas) de que en nuestro conocimiento hay elementos que proceden de nosotros mismos y que están presentes a priori, antes de toda experiencia, que tienen el mismo sentido para todo espíritu que piensa y por tanto son estrictamente necesarios, pero que solo se pueden conocer subjetivamente (e imperfectamente) en términos lógico-trascendentales, ya sea a a través de la estética (percepción), del análisis o de la dialéctica trascendental.

El gen kantiano en materia de crítica de la razón práctica, que tiene como objeto de estudio la voluntad, determina la estructura de mi pensamiento sobre el deber moral como un apriorismo de la esencia del hombre, con carácter universal que es independiente de los tiempos, circunstancias o individuos, y del que tiene como consecuencia la libertad del hombre. Un deber moral y una libertad que, no obstante, solo son buenos si procede de la razón (que por sí misma es práctica). Y de la que se deriva un principio moral básico: “Obra de modo que siempre, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, tomes a la humanidad como fin, y jamás la utilices como simple medio”. Por otro lado, el genoma del pensamiento kantiano sobre la crítica de la razón práctica también influye en la estructura de mi pensamiento respecto a sus postulados sobre la inmortalidad y Dios, mediante la premisa que la inmortalidad se impone por la consideración de que el hombre nunca alcanza perfectamente el ideal moral, sino que deberá siempre aspirar a él acercándose indefinidamente; y que si podemos esperar que el buen obrar moral haya de ser recompensado, como por otra parte en la naturaleza sensible no existe un equilibrio justo, debemos admitir la existencia de una razón suprema que ordene conforme a las leyes morales y al mismo tiempo sea, como causa, fundamento de la naturaleza, es decir, que sea tan poderosa que pueda otorgarnos la felicidad. Mientras que en materia de Religión y de Estado, el gen kantiano de la crítica de la razón práctica marca mi estructura de pensamiento personal sobre la idea de que los datos históricos de revelación de la religión deben ser interpretados, hasta que por fin se desprenda de ellos una enseñanza moral; y que el fin de la historia universal ha de ser crear la mejor constitución del Estado, una liga de naciones con vistas a la paz perpetua, para conseguir lo cual no solo hace falta civilización, sino también cultura, y a la cultura pertenece en primera línea la moral.

El gen kantiano en materia de la crítica del juicio, que tiene como objeto de estudio el sentimiento, determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea de que todo fin puede ser subjetivo, si es establecido por el hombre, y objetivo si se da en la naturaleza misma. Un juicio de valor que en el fin en la naturaleza exige, además, la idea de un ser supremo, inteligente, que establezca fines de manera regulatorio.

19ª-Linaje genealógico de Fichte

En la decimonovena línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el empirismo del idealismo subjetivo de Fichte, que contraponiendo el dogmatismo kantiano, introduce la idea revolucionaria en mi estructura de pensamiento personal de que en el principio no era el Logos (como defendía Platón), sino la acción. Y que junto al yo hay un no-yo realmente trascendente, que en un principio se nos da a conocer a través de nuestro yo, pero que en su modo diferente de ser es eso superior que necesitamos si queremos ser perfectamente “yo”.

20ª-Linaje genealógico de Schelling

En la veinteava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el idealismo subjetivo de Schelling, como reencuentro del dogmatismo kantiano y el idealismo subjetivo fichteriano, que permite a mi estructura de pensamiento personal hacer coexistir la vida y el alma como principios relacionados constitutivos de la naturaleza, siendo la naturaleza y el espíritu idénticos en el fondo. He aquí mi genoma de pensamiento sobre la concepción del mundo como una obra de arte divina, donde lo infinito desciende en forma visible a lo finito, convirtiéndose lo finito en símbolo de lo infinito, en una unidad de cuerpo y alma, de naturaleza y espíritu, de ley y libertad, de individualidad y vigencia universal (rememorando a Platón). Un mundo en el que a pesar de la existencia de elementos irracionales, la luz siempre acaba triunfando sobre las tinieblas.

21ª-Linaje genealógico de Hegel

En la veintiunava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el idealismo absoluto del panlogismo de Hegel, con su célebre máxima de que el filósofo es Dios mismo, el cual cuenta con una ascendencia singular en mi estructura de pensamiento personal sobre la dialéctica.

El gen hegeliano en materia de la dialéctica determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea de que todo está en movimiento y todo lo estable o permanente no es sino un momento de ese movimiento eterno, quedando así es suspenso los principios de identidad y contradicción, pues si quisiéramos ver cualquier cosa como es en realidad deberíamos pensar justamente todas las condiciones de que depende en su historia, y deberíamos también pensar lo que ha de manar de él en sucesiones infinitas, pues al final la verdad es el todo. Un genoma de pensamiento que marca mi estructura pensante, a su vez, con una filosofía de contrarios sobre la base de que la vida misma es la síntesis de lo individual y de lo general, donde el concepto de flujo es irrealizable si no existe, a su vez, algo estático.

22ª-Linaje genealógico de Schopenhauer

En la veintidosava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el ocaso del idealismo con el pesimismo de Schopenhauer, un genoma de pensamiento de mi estructura pensante personal que debo reconocer que ha marcado pasajes de mi propia y contradictoria existencia humana, profundamente humana, pero cuya influencia se ha ido desvaneciendo a lo largo de los años entrada la madurez. Un gen schopenhauriano marcado por la idea de que a través de la voluntad nos ponemos en contacto con el mundo de las cosas en sí y esta vivencia es más intensa que la intuición y representación sensible en el conocimiento, pues “los últimos secretos fundamentales los lleva el hombre en su propio interior y éste le es accesible en la forma más inmediata”. Por lo que en un mundo donde la marcha del hombre es un caer contenido, y su vida una muerte en diferido, la negación de la voluntad -que es la negación del mundo y que se logra sumiéndose en el nirvana (mística cristiana y budista) con la renuncia a todos los deseos hasta la pérdida de la conciencia del yo-, permite elevarse por encima del espacio y del tiempo y de la singularidad humana para alcanzar la sabiduría que posibilita la contemplación de lo universal, lo uno en sí.


Árbol Genealógico Personal: De la 1ª a la 6ª línea generacional de pensamiento
Árbol Genealógico Personal: La 7ª y 8ª línea generacional de pensamiento


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 



viernes, 12 de enero de 2018

Árbol Genealógico Filosófico Personal (7ª y 8ª línea generacional de pensamiento)

Siguiendo con el Árbol Genealógico Filosófico Personal que comencé con el inicio de este año, prosigo en la búsqueda del genoma de mi pensamiento contradictorio por humano, profundamente humano, con la séptima y octava línea generacional que corresponden a mi herencia filosófica personal de la Edad Media.

II.-FAMILIA GENEALÓGICA DE PENSAMIENTO DE LA EDAD MEDIA
(De la 7ª a la 8ª línea generacional de mi árbol de pensamiento personal)

7ª-Linaje genealógico de la Patrística

En la séptima línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro la huella genética que conforma la estructura de mi pensamiento en la patrística (cristianismo antiguo), que aboga por la libertad de espíritu en tanto que el hombre debe seguir su conciencia personal aun cuando sea errónea. Dentro de esta línea genealógica de pensamiento cabe destacar una subfamilia genealógica con personalidad filosófica propia que debo remarcar: los sublinajes de San Agustín (el maestro de occidente) y Boecio (el último romano).

7ª.1-Sublinaje genealógico de San Agustín

En esta primera sublínea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el gen del pensamiento agustiniano, el cual cuenta con una ascendencia singular sobre la verdad, el alma, y la ciudad de Dios.

El gen agustiniano en materia de la verdad determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea principal de que no hay que buscar fuera, sino en uno mismo, “pues en el interior del hombre reside la verdad”, siempre a la luz de un espíritu racional, pero sin ser un siervo dócil.

El gen agustiniano en materia del alma determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea nuclear de que el hombre es propiamente alma, “un alma que tiene a su disposición un cuerpo mortal”.

El gen agustiniano en materia del Estado o la Ciudad de Dios determina la estructura de mi pensamiento sobre la convicción de una lucha eterna entre los poderes del bien que tienen que luchar constantemente contra los poderes del mal en la tierra, sobre el fundamento neoplatónico de que lo imperfecto vive sólo de lo perfecto y es pura decadencia, privación o negación que en el fondo carece de sustancia y al que siempre hay que contrarrestar en búsqueda del bien.

7ª.2-Sublinaje genealógico de Boecio

En esta segunda sublínea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el gen del pensamiento boeciano con filosofemas tan importantes como que el hombre es un individuo, es decir, algo peculiar, con impronta propia e irrepetible; el hombre es libre, aunque perciba el orden como un deber obligatorio; y, el hombre bueno es el más fuerte y dichoso, ya que en su razón tiene su fuerza y su felicidad (versus el hombre malo, que a pesar de su fuerza física -o poder-, es el más débil y el más desgraciado, ya que su sinrazón le hace débil y le priva de la paz).

8ª-Linaje genealógico de la Escolástica

En la octava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el gen escolástico, donde enseñar y aprender gozaba entonces de una importante relevancia social, y donde el hombre contaba más que la máquina y el dinero. Dentro de esta línea genealógica de pensamiento cabe destacar una subfamilia genealógica con personalidad filosófica propia que debo remarcar: San Anselmo de Cantorbery, Pedro Abelardo, San Bernando de Claraval, escuela de Oxford, Santo Tomás de Aquino, Ockham, Nicolas de Cusa.

8ª.1.-Sublinaje genealógico de San Anselmo de Cantorbery

En esta primera sublínea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el gen del pensamiento de San Anselmo de Cantorbery con la huella genética que marca mi convicción de que ninguna fe no puede nunca prescindir del saber, ni el saber de la fe, para alcanzar algún tipo de conocimiento.

8ª.2.-Sublinaje genealógico de Pedro Abelardo

En esta segunda sublínea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya una raíz genética que marca una de las constantes pendulares contradictorias de mi pensamiento: el subjetivismo medieval de Abelardo, quien enseñaba que los valores universales -como la moral o el pecado- son únicamente opiniones que no representan un saber cierto, y que el decidir sobre lo que es esencial y no esencial depende totalmente de nuestra atención subjetiva.

8ª.3.-Sublinaje genealógico de San Bernando de Claraval

En esta tercera sublínea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya la mística de San Bernando de Claraval, el cisterciense que deja huella en mi genoma de pensamiento sobre que la humildad es grande y la soberbia pequeña, y que la dialéctica puede ser palabrería vana e insustancial y la verdad puede ser escueta y sencilla.

8ª.4.-Sublinaje genealógico de la escuela de Oxford

En esta cuarta sublínea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal está el maravilloso gen de pensamiento de la escuela de Oxford del siglo XIII en plena alta escolástica, el cual me permite adoptar una actitud empírica en combinación con un pensamiento idealista (platónico).

8ª.5.-Sublinaje genealógico de Santo Tomás de Aquino

En esta quinta sublínea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el aristotelismo cristiano de Santo Tomás de Aquino, remarcando mi genoma de pensamiento en materia de Derecho y Estado. La huella filosófica tomista remarca la necesidad del temor del castigo en el Derecho no como un objetivo, sino como un elemento persuasivo y de prevención a fin de que las personas hagan libremente lo que deben de hacer. Mientras que la huella filosófica tomista del Estado es, al igual que para Aristóteles, derecho y moralidad, donde los ciudadanos deben ser educados por el Estado para una vida feliz dotada de sentido y de valor, pues si bien el Estado nace de las necesidades de la vida, debe tener como fin una vida “buena” para sus ciudadanos.

8ª.6.-Sublinaje genealógico de Ockham

En esta sexta sublínea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se revela un genoma de pensamiento ockhamismiano propio que contrarresta al genoma platónico de cuarta línea generacional, al negar todo universal anterior a las cosas y en las cosas mismas, concibiendo al arquetipo universal solo un signo en el mismo pensar humano, una creencia, una convención y una ficción.

8ª.7.-Sublinaje genealógico de Nicolas de Cusa

En esta séptima sublínea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya el genoma del pensamiento cusano de la idea de totalidad u omnidad de la realidad (omnitudo realitatis) que aparece a través de la razón. Pues la inteligencia deslinda las cosas, en la sede de los opuestos, pero la razón trasciende y circunscribe las partes en un todo bajo la idea gráfica de que en el infinito desaparecen todas las diferencias y coinciden todos los extremos opuestos. Un “todo está en todo” anaxagórico que el gen del pensamiento cusano se encarga de delimitar bajo el principio filosófico de la sabia ignorancia (docta ignorantia) del ser humano, puesto que todo conocimiento humano solo es una conjetura desde el momento que formamos parte de la infinidad que intentamos conocer.



Árbol Genealógico Filosófico Personal: De la 1ª a la 6ª línea generacional de pensamiento


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sábado, 6 de enero de 2018

Árbol Genealógico Filosófico Personal (Hasta 6ª línea generacional de pensamiento)

Es común, entre los mortales, mostrar curiosidad por la historia familiar de los antepasados y descendientes de una persona. Particularmente, a mis recién cumplidos 46 años, siento curiosidad no tanto por la ascendencia sanguínea, sino por redescubrir mi genoma de pensamiento fruto del linaje filosófico de la humanidad de mi familia cultural. Para ello, a modo de entretenimiento, he decidido dibujarme mi propio árbol genealógico filosófico personal con la intención de conocerme un poco más, lo que implica enlistar los pensamientos de los grandes pensadores de la historia occidental que resuenan en mi genoma como individuo pensante, de una forma organizada y sistemática, todo desenpolvando los viejos estudios de filosofía. Consciente que ello representa un trabajo ciertamente laborioso, pues parto de la premisa de desarrollarlo sin plazos ni prisas, por lo que éste árbol genealógico filosófico personal será una obra abierta que vaya representándose a lo largo del tiempo hasta finalizarla (a imagen y semejanza del espíritu de la primera obra abierta “Diccionario del Alma” que comencé en 2013 y que aún está sin concluir). Pues el objetivo no es tanto llegar a la meta, como disfrutar del viaje, y a lo largo, ancho y profundo del trayecto enfrentarme a mis propias contradicciones como ser pensante humano, profundamente humano.

I.-FAMILIA GENEALÓGICA DE PENSAMIENTO DE LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA
(De la 1º a la 6ª línea generacional de mi árbol de pensamiento personal)

1ª-Linaje genealógico Presocrático

Mi árbol genealógico filosófico personal parte de los genes del pensamiento demostrativo de los presocráticos, que ya no se limitan a escuchar relatos, sino que con su observación y reflexión crítica tratan de captar algo y al mismo tiempo razonarlo, creando así el pensamiento conceptual, germen de la filosofía de occidente. Y si algo marca mi ascendencia de pensamiento presocrático es justamente la búsqueda del arkhé, el origen esencial de todas las cosas en un mundo tan variado en formas y postulados. Así como la visión pitagórica de la idea de armonía cósmica, donde la forma y la materia se revelan a través de las matemáticas. Pero si algo de los genes presocráticos resuena en mi esencia como persona pensante es el heraclitismo con su principio de impermanencia: todo fluye en un devenir de eterno cambio, pero no de manera anárquica, sino dentro de un logos común. Un gen de pensamiento que en mi persona casa con otro gen de pensamiento que pueda parecer opuesto, el de Parménides, quien afirmaba que nuestros sentidos nos dan la ilusión del devenir y consiguientemente de la multiplicidad, en su búsqueda aparentemente paradójica del conocimiento sobre el todo y el uno. Una cápsula de pensamiento que se complementa con genes presocráticos complementarios como es la idea de Empédocles de que toda la materia está creada por partículas comunes últimas o primigénitas, la idea de Demócrito del movimiento eterno, y la idea de Anaxágoras de la existencia de un espíritu como fuerza vital que causa el movimiento y a la vez lo dirige todo con sentido.

2ª-Linaje genealógico Sofista

En la segunda línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el gen del pensamiento de Gorgias con su relativismo universal, donde no existe la verdad absoluta, y si existiera, no se podría conocer y, en el caso que se pudiera conocer, no se podría explicar humanamente. Así como el gen filosófico del relativismo subjetivo de Protágoras, donde todo es percibido dependiendo de la posición subjetiva de cada persona, siendo el hombre la medida de todas las cosas pensadas.

3ª-Linaje genealógico de Sócrates

En la tercera línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro, con especial importancia, el gen del pensamiento socrático, para quien la filosofía era más práctica que teoría. El gen de pensamiento por excelencia de la búsqueda del qué y del porqué, así como del arte filosófico de inducir a ver y vivir el bien moral como areté (virtud). Y todo ello desde la ironía anti irónica del “sólo sé que no se nada”.

4ª-Linaje genealógico de Platón

En la cuarta línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro, con relevancia destacada, el gen del pensamiento platónico, el cual cuenta con una ascendencia singular sobre el mundo de las ideas, el hombre, el Estado, y Dios.

El gen platónico en materia del mundo de las ideas determina la estructura de mi pensamiento sobre las virtudes del hombre como entidades ideales a las que continuamente se aspira (Ética). Unos valores que se escapan a las ciencias matemáticas, que son eternos, atemporales e inespaciales, pero que a su vez nunca son rígidos e inmóviles, pues pertenecen al mundo de las ideas (kosmos noetos) y desde él se revelan al hombre -mediante arquetipos- a través del pensamiento como facultad cognoscitiva, con independencia de una posible experiencia relacionada.

El gen platónico en materia del hombre determina la estructura de mi pensamiento sobre que si el ser humano configura su vida conforme a los arquetipos eternos del mundo de las ideas (mito de la caverna), no solo viene a dar con su mejor yo, hallando lo debido y lo bueno, sino que se hace más libre, siendo el camino del conocimiento de la esencia de los arquetipos la inteligencia y la sabiduría.

El gen platónico en materia del Estado determina la estructura de mi pensamiento sobre la búsqueda del bien común por parte del Estado y sus gobernantes, una organización basada en la razón y la verdad, en la libertad y el querer moral. Y en la convicción que toda polarización de la gestión pública conlleva como reacción el cambio en sus contrarios.

Y, por último, el gen platónico en materia de Dios determina la estructura de mi pensamiento sobre que el alma y el espíritu no son productos de la materia, sino preexistentes. Y que la figura de Dios es tanto la idea creadora de lo existente como de los arquetipos eternos del mundo de las ideas.

5ª-Linaje genealógico de Aristóteles

En la quinta línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro, con relevancia también destacada, el gen del pensamiento aristotélico, el cual cuenta con una ascendencia singular sobre la lógica, la metafísica y la ética.

El gen aristotélico en materia de la lógica determina la estructura de mi pensamiento sobre que el pensamiento utiliza tres recursos básicos: el concepto que busca la esencia o destaca lo universal de algo dentro de su diversidad, el juicio como asociación de conceptos para emitir un veredicto sobre la realidad desde un enfoque de verdad lógica y sujeta al determinismo subjetivo (y por tanto relativo) de la persona que lo emite, y el raciocinio (silogismo) que no escapa del conocimiento adquirido a través de los sentidos.

El gen aristotélico en materia de metafísica determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea de que tenemos la capacidad de obtener el conocimiento de lo que precede a lo que se manifiesta, a lo físico, un conocimiento sobre la consecuencia o fundamento de éste. Y asimismo, condiciona mi creencia sobre que el movimiento (energía) es uno de los principios del ser, siendo el movimiento el acto anterior a la potencia; es decir, la realización de toda posibilidad existente. Y que todo movimiento tiene un fin concreto (otro principio del ser), por lo que en el mismo concepto de una cosa está ya incluido su fin (entelequia). Por ello, lo acabado de algo nunca está en su fin (en términos de finalización), sino en su principio, y por naturaleza el fin es anterior.

Y, en tercer lugar, el gen aristotélico en materia de ética determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea de que la ética es aquello que encarna los valores del mejor ideal del hombre, cuyas virtudes esenciales son la sabiduría, la prudencia, el valor, la justicia, el dominio de sí mismo, la generosidad, la nobleza de espíritu, la grandeza de alma, la dignidad personal, la mansedumbre, la veracidad, la cortesía, y la amistad. Siendo así, pues, la ética como algo debido, bello, recto y razonable que representa el principio del bien moral. Y por lo que el hombre moralmente recto no hace el bien por placer o favor, sino por el bien en si mismo. Por otro lado, el gen del pensamiento aristotélico influye en mi genética filosófica al entender el hombre como un ser sociable por naturaleza, siendo el Estado una característica extensiva natural del ser humano, por lo que -a la luz de la ética aristotélica- el Estado debería ser la consumación de la moralidad terrestre (ética del Derecho y la Gobernanza), siendo los derechos fundamentales y libertades de los hombres características preexistentes a su propia naturaleza.

6ª-Linaje genealógico de la época helenística y romana

En la sexta línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro la huella genética que conforma la estructura de mi pensamiento en las grandes escuelas filosóficas de la época helenística y romana: la estoa, el epicurismo y el neoplatonismo.

El gen de los estoicos fundamenta mi pensamiento filosófico en la prescripción de que las pasiones internas deben dominarse, y en caso que el rigor de la virtud pueda verse comprometida, incluso extinguirse. Un gen duro de pensamiento y de orgullosa virtud donde resuena como eco la filosofía de vida de Séneca y Cicerón: hay que “abstenerse y soportar”, solo la razón debe dominar mediante el imperativo que habla en ella.

El gen de los epicuros, en contraposición, fundamenta mi pensamiento filosófico equilibrando la dureza del estoicismo con la filosofía del placer de la vida, el deseo de gozar, permitiendo así una armonía entre opuestos.

Mientras que el gen neoplatónico fundamenta mi pensamiento en una filosofía que se confunde con la religión, donde Filón de Alejandría deja huella con memoria celular en mi persona sobre la idea de la existencia de un Dios trascendente, mejor que bueno, más perfecto que perfecto, que además es un Dios personal, y donde la creación surge de la nada (o de una materia eterna), habiendo seres intermedios que sirven de mediadores entre el mundo y Dios (el completamente otro), el cual no puede captarse en absoluto mediante nuestros conceptos de temporalidad. Una marca genética que se complementa con el “Uno” de Plotino, en sentido de la negación de lo múltiple y en sentido del Primero de todo, del que emana el mundo y del que todo fluye, donde “lo múltiple es semejante al Uno, pero no el Uno a lo múltiple”, siendo lo divino solo semejante a Dios, sin ser Dios en sí mismo. Y donde lo múltiple, regresa al Uno como reverso de su emanación.



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