jueves, 28 de diciembre de 2017

Antología de antónimos de la Crisis (y prescripción terapeuta-filosófica)

El presente artículo no es tanto el desarrollo filosófico de un tema concreto, siguiendo mi línea habitual, como la reflexión conceptual de aquellos términos que llevan definiendo la última década de crisis social y económica del país. Una agrupación de términos -de los que seguro me olvido algunos-, ordenados alfabéticamente, a los que les he buscado una definición humanista, así como su antónimo en términos sociales, bajo mi prisma personal, como no puede ser de otra manera, pues no hay pensador que pueda substraerse de su yo pensante. La (brevísima) Antología de antónimos de la Crisis finaliza con una nota de autor a modo de prescripción terapeuta-filosófica.

Ahorrar: Gestionar la bombona de oxígeno.
Antónimo: Gastar en aires exentos de supervivencialidad.

Ajuste: Ceñir el cinturón.
Antónimo: Despilfarrar en tallas.

Angustia: El corazón en un puño.
Antónimo: #libertadcorazón

Austeridad: Aguantarse las ganas.
Antónimo: Consumir con ganas.

Cambio: Traslación obligada de un estadio o ubicación.
Antónimo: Movimiento voluntario.

Carencia: La huella del vacío.
Antónimo: Relleno de la huella.

Catástrofe: La pérdida de identidad.
Antónimo: Autorealización en el espacio del confort.

Cierre: El punto y aparte de una etapa.
Antónimo: Punto y seguido de una etapa.

Colapso: La centripitación de un microuniverso.
Antónimo: Centrifugación de un microuniverso.

Crisis: La falta de oportunidades.
Antónimo: Oportunidad en el cambio.

Déficit: La supremacía de las facturas sobre los ingresos.
Antónimo: Superávit del esfuerzo personal.

Deflación: La obesidad de la oferta en un mercado de anoréxicos forzosos.
Antónimo: Salubridad de la dieta consumista.

Depresión: Ausencia de autoestima.
Antónimo: Ánimo en la confianza de alcanzar metas personales.

Desesperación: El agujero negro donde el alma no encuentra eco.
Antónimo: Crisálida donde la esperanza genera la metamorfosis de los sueños.

Desigualdad: La trastienda tras el escaparate de las estadística de las rentas.
Antónimo: Equidad de oportunidades.

Devaluación: Proceso de pérdida de activos personales de un trabajador sin trabajo.
Antónimo: Reconocimiento del valor social de un trabajador.

Deuda: La vergüenza escondida del pobre.
Antónimo: Satisfacción de una cartera solvente.

Eliminación: Castigo de los nuevos sin nombre.
Antónimo: Reconocimiento de la existencia social del individuos.

Fracaso: Estigmatización social.
Antónimo: Aprendizaje de la experiencia de un error, oportunidad mediante.

Fractura: División dolorosa de una unidad.
Antónimo: Fortaleza de la unión.

Incertidumbre: El mercado laboral.
Antónimo: Solidez del Estado de Bienestar Social.

Inestabilidad: El coste de la impermanencia.
Antónimo: Haber de los gerentes públicos diligentes.

Miedo: La pérdida de referentes conocidos de seguridad.
Antónimo: Templanza en la incertidumbre.

Parado: Una hormiga sin antenas.
Antónimo: Satisfacción de saberse útil socialmente.

Paro: El banquillo impuesto del trabajador.
Antónimo: Creación de identidad y autorealización social de la persona.

Pobreza: La cara oculta de la productividad.
Antónimo: Dignificación del ser humano.

Recesión: Desandar lo andado.
Antónimo: Proseguir el camino.

Recortes: Tijeretazo a los más débiles.
Antónimo: Protección de los desequilibrios sociales.

Reducción: Quitar lastres.
Antónimo: Aumentar la potencia.

Reinventarse: Cambio de piel por caducidad.
Antónimo: Lifting personal por placer.

Restricción: Aplicar el colador chino.
Antónimo: Capacidad de entrada en su grado máximo de obertura.

Riesgo: Línea roja trazada por los intereses del Mercado.
Antónimo: Línea verde trazada por los intereses del Mercado.

Tristeza: Impotencia que incuba una posible rabia potencial.
Antónimo: Alegría de la capacidad personal.

Vergüenza: La barrera de reinserción social de los pobres.
Antónimo: Confianza de sentirse capacitado sin barreras limitantes.

Tras estos 24 términos que configuran la presente Antología de antónimos de la Crisis, me veo obligado moralmente a finalizar con una breve nota terapeuta-filosófica, con el objetivo de hacer un poco de higiene mental de tanta terminología negativa, principalmente para todos aquellos conciudadanos que están sufriendo en la intimidad de sus hogares las consecuencias de una cruda crisis que dura ya una década interminable. Para todos ellos, tres reflexiones filosóficas:

1.-Nada nunca es siempre igual. Todo está en continuo cambio y transformación. Es el Principio de Impermanencia de la Vida. Por lo que hoy es de una manera, mañana puede cambiar. Ya lo decía Heráclito.

2.-En momentos de dificultades, nada mejor que aplicar la Cláusula de Reserva de los Estoicos. La cual nos dice que como todo está sometido al Principio de Impermanencia, debemos aceptar que hay aspectos de la vida que se escapan a nuestro control y voluntad, lo cual nos libera de cargas de culpabilidad que atacan nuestra autoestima. La aceptación no es sumisión, sino desapego de aquello que ya no tenemos, y solo desde la aceptación de donde nos encontramos podemos proseguir el camino bajo la máxima de “A Dios/Suerte rogando, y con el mazo dando”. Ya lo decía Epicteto.

y, 3.-No hay mejor manera de llevar el Principio de Impermanencia y la Cláusula de Reserva a nivel personal, en cualquier travesía de desierto de la vida, que obligándonos a trabajar la Sonrisa a cada nuevo día. Pues la Sonrisa, como poderoso instrumento de higiene mental y emocional, retroalimenta la Autoestima, el Pensamiento Positivo, la Motivación, y la Actitud. Y éstas son habilidades personales básicas para superar cualquier revés en la vida. Ya lo decía el Filósofo Efímero, como tantos otros pensadores antes, que solo Viven aquellos que luchan por las ganas de Vivir.

Nihil novum sub sole.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano