lunes, 6 de noviembre de 2017

La realidad humana es plástica a cada nueva elección

La realidad creada por el hombre, que difiere de la realidad en sí misma (pues existe independientemente al hombre) y de la realidad observada por el hombre (aquella percibida por el hombre bajo el tamiz de sus determinismos biológicos, ambientales y psicológicos), es de naturaleza plástica. Es decir, que es susceptible de moldearse y, por tanto, de cambiar de forma y contenido, siendo el hombre con sus acciones quien la reconfigura permanentemente.

Las acciones que dan forma y contenido a la realidad creada por el hombre pueden ser, indistintamente, lógicas o ilógicas, conscientes e inconscientes, impulsivas o reflexivas, ordenadas o caóticas, constructivas o destructivas, de ámbito de influencia personal o de ámbito de influencia social, pero en todo caso son el resultado de un efecto a una causa previa (ya sea exógena o endógena). Y este proceso de causalidad viene motivado por el principio de constrastes entre el hombre como individuo o el hombre masa que participa de una mente colectiva, y el resto de hombres a nivel individual o a escala colectiva. El principio de contrastes, como fuente motriz de toda causalidad, no solo pone en relieve la diferencia entre dos parámetros espacio-temporales humanos distintos, sino que forma parte de la naturaleza misma del hombre en su imperiosa necesidad por reafirmar una identidad propia y diferenciada frente al resto (La conciencia de un Yo diferenciado de los Otros: el ego). Una cualidad que, más allá de cualquier discernimiento intelectual, es una manifestación del instinto básico de supervivencia del ser humano en su reivindicación por vivir y defender el derecho a su propia existencia. Y como de conceptos de existencia existen tantos como gustos y colores existen y personas respiran, he aquí el encuentro pacífico (por acomodativo, evitativo o colaborativo) o el desencuentro violento (por competitivo e impositivo) entre realidades creadas por el hombre.

No obstante, si bien son las acciones de los hombres quienes dan forma y contenido a la realidad humana (en una decisión constante y continua frente a las múltiples variables que presenta la vida a cada instante), mediante un proceso de causa-efecto fundamentado sobre el principio de contrastes como manifestación del instinto básico de consciencia existencial individual del ser humano, en medio de ese enjambre de polielecciones de historias posibles que marcan caminos con múltiples variables se puede observar que la realidad creada por el hombre tiene un patrón bien definido: el movimiento pendular. Entendiendo éste movimiento como la acción mecánica de alternar la polaridad de la realidad humana creada. Es decir, de una realidad humana caótica se pasa a una ordenada y, tras un período determinado de tiempo, a la inversa en un proceso de continua rotación. Y así sucede lo mismo con una realidad lógica/ilógica, constructiva/destructiva, pacífica/violenta, etc.

Pero si bien es cierto que la realidad creada por el hombre es de naturaleza plástica, por las acciones de éste, con un comportamiento pendular entre sus opuestos, dicho movimiento de la realidad humana pivota sobre un eje gravitacional impertérrito: la moral. Es pues la moral el punto de posición de referencia en relación a los diferentes polos opuestos en constante expansión y contracción de la realidad humana. Entendiendo la moral como el valor humanista universal que define, por encima de determinismos culturales, qué es el bien y el mal y dónde se sitúa su franja divisoria.

Sí, la realidad del hombre, y con él la realidad del conjunto de la sociedad, es fruto del efecto de sus acciones incluso en el momento anterior al de la causa que lo genera. Y muchas veces el hombre, en su ilusorio libre albedrío, no va sino que sus acciones reactivas le empujan hacia senderos inimaginables donde la realidad ordenada se puede llegar a transmutar en caótica (ya sea a nivel individual o social). Es entonces que es necesario volver la mirada al punto gravitacional de la realidad humana, la moral, para tomar conciencia de las acciones a tomar en un futuro inminente que, como causas de una nueva cadena de efectos, redefinan una mejor y actualizada realidad. El problema, así como la solución, se haya en la siguiente elección.


Artículos relacionados


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano