domingo, 29 de noviembre de 2020

El Nuevo Orden Mundial

Si alguna teoría de tintes conspiracionista se revela de rabiosa actualidad en plena era pandémica ésta no es otra que aquella a la que se conoce como Nuevo Orden Mundial, la cual es tan prolifera en elementos estructurales, ornamentales e incluso delirantes, como diversas son las personas que la esgrimen para entretenimiento de tertulias más o menos acaloradas. No obstante, de la amalgama de versiones de la susodicha teoría puede sustraerse cuatro supuestos elementos nucleares: el traspaso de un antiguo a un nuevo régimen socio-político, la existencia de un plan diseñado para instaurar un gobierno único, la autoría directa de una élite económica, y la firme voluntad de controlar las masas.

Esta tetradimensión de la teoría conjuracionista conforma una misma naturaleza política sustancial que, de hecho, no es nada nueva sino que bien al contrario existe desde que el hombre es un ser social, por lo que podemos observarla como un patrón de gestión de poder sociológico reiterativo a lo largo de la historia de la humanidad. Pues un Nuevo Orden Mundial es stricto sensu, dentro del mundo conocido, lo que instauró el Imperio Egipcio de los faraones y posteriormente el Imperio Romano en la Antigüedad, la Iglesia Católica (como heredera, sea dicho de paso, de la cultura romana) en la Edad Media, la Ilustración con la Revolución Francesa a la cabeza (germen de los actuales Estados Sociales y Democráticos de Derecho) en la era Moderna, y el Capitalismo con la Revolución Industrial ya en la era Contemporánea. Y llegados a éste corte temporal, como punto y seguido de nuestra historia, cabe apuntar que el imaginario colectivo sobre la teoría del Nuevo Orden Mundial se enriquece en su complejidad por devenir una figura poliédrica fruto de la suma de múltiples actores participantes, con independencia tanto de su insostenible relación antagónica como de la falta de rigurosidad histórica de los mismos a la luz de la lógica.

Si nos ceñimos a la observancia de nuestra actual era contemporánea, en la que llevamos registradas cuatro revoluciones industriales bajo un sistema de organización social basado en el capitalismo (cada cual más disruptiva y acelerada, si cabe, para la vida cotidiana del ciudadano medio: la era del carbón a finales del s.XIX, la era de la electricidad a principios del s.XX, la era de internet y de las energías renovables en la segunda mitad del s.XX, y la era de la inteligencia artificial a principios del s.XXI), podemos constatar tres nuevos hitos manifiestos de implantación de lo que podemos denominar proyectos para un Nuevo Orden Mundial con personalidad socio-económica y política propia por singular.

El primer proyecto para un Nuevo Orden Mundial, desde la primera revolución industrial, lo encontramos en 1945 tras el fin de la segunda Guerra Mundial, siendo los protagonistas los países Aliados que junto a Estados Unidos (con tan solo treinta años como primera potencia económica mundial), establecieron las bases no solo de la actual era de las relaciones internacionales políticas, sino a su vez planificaron el desarrollo y crecimiento económico y comercial del mundo desarrollado.

El segundo proyecto para un Nuevo Orden Mundial, desde la primera revolución industrial, debemos fijarlo en 2008 con la quiebra de la financiera norteamericana Lehman Brothers, la cual sume al mundo occidental -o primer mundo- en una profunda crisis del modelo capitalista y por extensión socio-económico que perdura hasta el día de hoy, afectando de manera directa a los Estados de Bienestar Social de la zona Euro. Este acontecimiento representa el inicio del fin de Estados Unidos como potencia mundial, y abre el camino de su relevo a China como nueva y emergente potencia económica global, con el tensionado reequilibrio de poderes a nivel internacional que ello implica.

Y el tercer proyecto para un Nuevo Orden Mundial, desde la primera revolución industrial, debe fijarse en 2020 con la declaración de pandemia global por coronavirus por parte de la OMS, lo cual como es bien sabido por todos no solo implica un recorte de los derechos fundamentales de las personas como ciudadanos y un retroceso de la economía productiva mundial (con la consiguiente caída de los PIB’s nacionales), sino sobre todo un cambio de paradigma económico y por extensión laboral y educativo por implantación de la realidad virtual de manera transversal en el conjunto de dimensiones de la vida cotidiana de los individuos (Ver: La Pandemia, el año cero de la nueva era).

Como puede deducirse a la luz de la cronología expuesta, los presumibles proyectos para un Nuevo Orden Mundial siempre surgen a partir de una catarsis global, ya sea de naturaleza bélica, financiera o sanitaria, que en todo caso tienen una afección directa sobre la economía, en su doble dimensión macro y micro, que obliga a una reestructuración de los parámetros de la realidad social conocida. Pero, llegados a éste punto, y sobre la aceptación de la existencia de la teoría del Nuevo Orden Mundial bajo los postulados de su naturaleza tetradimensional inicialmente presentados, la pregunta del millón no puede ser otra que: ¿quiénes están detrás del Nuevo Orden Mundial contemporáneo?.

Para responder a ésta pregunta, cabe señalar que a nadie se le escapa que los tres supuestos proyectos enumerados para un Nuevo Orden Mundial en los tiempos presentes, en el contexto de una sociedad estructurada sobre el eje vertebrador del capitalismo (donde prima el capital como generador de riqueza para beneficio de la propiedad privada, que no colectiva, pues en caso contrario no existiría la desigualdad y por extensión la injusticia social), están profundamente marcados por los designios del Mercado. El cual, no debe concebirse como un ente abstracto ya que cuenta con personas físicas y jurídicas bien definidas y corpóreas bajo el principio de realidad, sino que aún más el Mercado representa de facto el Estado dentro de los estados por su omnipotente influencia sobre el conjunto de las sociedades. Es decir, las entidades mercantiles –y con ellas las personas que conforman sus consejos de administración- que controlan el Mercado global dentro de una sociedad de consumo como la actual, se erigen ciertamente como un Gobierno mundial que opera sobre los gobiernos locales de los Estados democráticos (Ver: El Mercado, un nuevo modelo de Dictadura global). Por lo que en respuesta a la pregunta planteada sobre los actores del Nuevo Orden Mundial, la réplica no es otra que aquellas personas que dirigen el Mercado: las élites económicas.

Planteado lo cual, cabe puntualizar ciertos aspectos clave sobre la naturaleza de los actores de dichos Nuevos Órdenes Mundiales:

1.-En una sociedad de mercado capitalista, los actores del Nuevo Orden Mundial son agentes económicos.

2.-Dichos agentes económicos son una minoría de la población mundial por acumulación de recursos del Mercado (el 1% de los ricos del mundo acumula el 82% de la riqueza global), derivado de un proceso de centralización del mismo iniciado ya desde la primera revolución industrial.

3.-El fin último de estas élites económicas no es otro que velar por su status quo privilegiado que, en una sociedad de consumo, representa controlar a la masa como ciudadanos-consumidores mediante planes estratégicos de desarrollo a escala global.

4.-La implementación de un sistema de control sobre el conjunto de una sociedad de consumo pasa, irrenunciablemente, por el establecimiento de un Orden Mundial de continua actualización que preserve sus intereses, lo cual tiene implicaciones directas en los ámbitos económicos, políticos y sociales de los ciudadanos de a pie.

5.-El grado de control de masas de los actores del Mercado es, a día de hoy, directamente proporcional a la sociabilización tecnológica, proceso consolidado en la Cuarta Era de la Revolución Industrial (2011) y consagrado en el año cero de la Nueva Era que inaugura la pandemia [Ver: El derecho de ser Divergente, una cuestión de Estado (con validez caduca)].        

6.-Si bien las élites económicas que controlan el Mercado son los actores intelectuales y materiales del Nuevo Orden Mundial, los miembros de dicha élite económica no son inmutables sino cambiantes, tal y como se pone de manifiesto en la alteración interanual de la lista de personas más ricas del mundo o en el ranking de grupos empresariales con mayor capitalización del mercado. Dicha actualización anual de las élites económicas viene determinado, en la actualidad, por dos variables claves: el auge de la economía de bienes y servicios tecnológicos en detrimento de los negocios clásicos, y la traslación del eje geoeconómico de Estados Unidos a China como nueva potencia mundial del siglo XXI.

Y, 7.-El elemento sustancial de los miembros que componen la élite económica en un tablero de juego como es el Mercado global no es otro que el Capital, siendo elementos accidentales por anecdóticos los credos, costumbres e incluso vicios particulares de dichos miembros. Es decir, que un miembro de la élite económica sea sionista, por poner un ejemplo, no presupone que la corriente filosófica sionista sea la artífice intelectual del Nuevo Orden Mundial. Pues el Capital no tiene otro credo que su propia religión, la cual se vertebra sobre un valor humano, profundamente humano, como es el egoísmo personal (Ver: La exaltación del Egoísmo:el éxito del Capitalismo).

No obstante, el hecho que los presuntos proyectos para un Nuevo Orden Mundial se fragüen en la discrecionalidad, por no decir secretismo, de los despachos de las élites económicas que buscan el control de masas para rentabilidad propia, es justamente un caldo de cultivo perfecto para todo tipo de especulaciones de los amantes de las teorías conspirativas. Por lo que, ¿quién soy yo para negar a los conspiracionistas la participación de illuminatis, masones, satanistas, reptilianos e incluso bebedores de sangre de hormigas azucaradas sin colorantes ni aditivos, entre muchos otros imaginarios, como manos invisibles que manejan los hilos del Nuevo Orden Mundial?.

La historia del Nuevo Orden Mundial se repite desde que el hombre tiene historia como ser social y político, pues es un reflejo externo de nuestra propia naturaleza egoísta sobresaturada de luchas de poder. Por lo que aquello que debe escandalizarnos en la actualidad no es la existencia de un Nuevo Orden Mundial (por enésima vez), sino la falta de control sobre el mismo en la vergonzosa cesión voluntaria de la responsabilidad de gobernanza de los Estados Sociales y Democráticos de Derecho a favor de un nuevo gobierno global instaurado por el Mercado. Los muchos –como rebaño de ovejas- se dejan gobernar por unos pocos –como manada de lobos-, aún conscientes que son devorados. El ciudadano libre, una vez más, desprecia su libertad para volver a la condición de esclavo, en un mundo cuya luz ilustrada se apaga por momentos. Nihil novum sub sole.