miércoles, 3 de junio de 2020

El Desvarío, la segunda parada del Ulises moderno en su viaje personal


No hay que ser un Ulises clásico para haber experimentado, en algún momento de nuestra vida, algún tipo de Desvarío. Si bien justamente el Desvarío es el tema principal que se deriva de la segunda parada del viaje que Ulises, en su intento por regresar a su país Ítaca tras finalizar la guerra de Troya, realizó en el país del Loto, tierra de los Iotófagos. Según narra Homero en la Odisea, aquellos hombres de Ulises que comieron el loto perdieron la memoria de quiénes eran y de dónde venían, por lo que Ulises tuvo que llevárselos a la fuerza de vuelta a los barcos para poder proseguir su rumbo hacia Ítaca. El Desvarío, por tanto, se me tercia como el tercer concepto a analizar, desde un enfoque tanto de la Filosofía Contemporánea como de la Filosofía Efímera, en éstas Reflexiones filosóficas del viaje de Ulises, un viaje sea dicho de paso que la Odisea describe durante diez largos y tormentosos años. 

Es sabido por todos que el Desvarío es aquella alteración psicoemocional que provoca que las personas actúen de manera incoherentemente, es decir, carentes de sentido común. De hecho, referirse al Desvarío equivale a referirse a estados de delirio, de perturbación, de alucinación, de demencia e incluso de locura, todos ellos englobados en la gran familia de la enajenación. Pero sobre la enajenación stricto sensu no voy a referirme, pues ésta ya la desarrollé ampliamente con anterioridad (Ver: Enajenación colectiva). Así pues, centraré la presente reflexión en el Desvarío, pero no en su naturaleza esencial como materia de estudio la cual la dejo para psicólogos y psiquiatras, sino desde un enfoque de su lógica y sociología, pues se me antoja mucho más interesante.

La Lógica del Desvarío

Lógica y Desvarío son dos conceptos que, en primera instancia, parecen antagónicos e irreconciliables, en tanto que el Desvarío al carecer de sentido común parece estar exento de toda Lógica. No obstante, toda conducta humana parte de una Lógica propia, aunque ésta paradójicamente se muestre manifiestamente ilógica, pues hasta el caos tiene un patrón propio de recurrencia casuística. En el caso que nos ocupa, hacer referencia a la Lógica del Desvarío es aludir a las contradicciones de la Razón en términos hegelianos, pues justamente Hegel apuntaba que todas las cosas son contradictorias en sí mismas por ser la contradicción la raíz de todo movimiento vital, recogiendo así el testigo del presocrático Heráclito del principio de impermanencia como ley universal. En este sentido, podemos afirmar que la Lógica del Desvarío se enmarca dentro de la contradicción del tercer principio clásico de la Lógica, denominado del tercero excluido, que dicta que algo o es A o no es A, y que en dicho intento por rechazar la contradicción Aristóteles incurre en ésta sin remedio. Ya que dicha proposición, de manera sintetizada, afirma que algo es y no es, una proposición más propia de la física cuántica del Gato de Schrödinger que de la física newtoniana.

No obstante, dejando de lado dichas contradicciones, la Lógica del Desvarío puede entenderse como una Lógica fundamentada sobre sistemas complejos y dinámicos, propia de la fenomenología caótica, cuyo resultado depende de distintas variables aun por pequeñas que sean, cada una de las cuales implica grandes diferencias para la consiguiente suma de historias de futuros posibles. Pero aun así, por ser el hombre un ser finito y asimismo condicionado por una cuerda elástica invisible de naturaleza cultural y de recorrido existencial limitado que le ancla a su punto de partida u origen (Ver el Principio de Causalidad del Retorno, en “La ilusión del Retorno, el punto de partida del Ulises moderno”), dicha supuesta dinámica caótica propia de la Lógica del Desvarío es profundamente determinista y por tanto exenta de un azar radical. Lo que significa que el Desvarío, en sus múltiples variaciones manifiestas de evolución aparentemente caótica por azarosa, está sujeto a un único horizonte de sucesos posible por finito y limitado a la propia naturaleza del sujeto que desvaría y, por tanto, es susceptible de ser predecido. Y ya sabemos que todo aquello que es predecible, aun en la complejidad de un sistema de múltiples variaciones, se enmarca dentro de la Lógica de un patrón singular aun por aparentemente difícil que resulte de discernir. He aquí la Paradoja de la Lógica del Desvarío, cuya manifestación ilógica es reflejo de un sistema lógico referencial.

La Sociología del Desvarío

Expuesto lo cual, en tanto el Desvarío es un comportamiento conductual de la naturaleza humana, cuya fenomenología es propia de la Lógica y de la Epistemología como estudio de la capacidad cognitiva del conocimiento humano en relación a su realidad (independientemente de sus condicionantes neurológicos de raíz), es evidente que a su vez tiene una proyección a nivel sociológico. En éste sentido, puede observarse claramente como el Desvarío representa el componente nuclear de todo aquel comportamiento social que se desalinea con el Principio de Realidad. O dicho en otros términos, cabe entender el Desvarío en términos sociológicos como aquel imaginario colectivo cuyo sistema de creencias contradice por desviación los hechos objetivos de la realidad misma y, por ende, los fundamentos racionales de la Lógica. De Desvaríos sociales, en la sociedad contemporánea, cabe destacar dos por su entidad con personalidad propia: la Metarealidad y la Metaficción.

I.-El Desvarío como Metarealidad

Entenderemos como Metarealidad aquel Desvarío social fundamentado sobre una realidad distorsionada por grupos de opinión partidistas que, a través de la manipulación de las fuentes de información de masas voluntad consciente mediante, imponen el consumo colectivo del estado de opinión de una mentira como naturaleza de verdad, instaurando lo que podemos denominar la era de la Supramentira elevada a la categoría de verdad irrefutable. La Metarealidad también es conocida bajo la denominación de Posverdad, refiriéndose ambos términos a una misma cultura social donde la verdad se transmuta en mentira verídica. Sobre éste tema no me explayaré más, pues dicha materia ya la desarrollé ampliamente con anterioridad en la reflexión que sigue: Vivimos en la Sociedad de la Posverdad donde solo importa la mentira que impera.

II.-El Desvarío como Metaficción

Pero en coexistencia con la Metarealidad, encontramos la Metaficción. La cual la entenderemos como aquel Desvarío social fundamentado sobre la tan ambigua como ambivalente frontera entre la realidad y la ficción, y más específicamente sobre aquel estado de mentalidad colectiva que establece un conflicto cognoscente entre algo con apariencia real y la realidad misma, muy propio de la actual sociedad tecnológica de corte virtual. En éste sentido, la apariencia real de naturaleza ficticia -reforzada en su forma de imagen en una sociedad visual (Ver: En una sociedad visual, la palabra se destierra como medida contra la libertad de pensamiento)- llega a establecer los elementos estructurales sobre los que se construye la propia realidad social, lo cual no implica per se su alineación con el Principio de Realidad. Es decir, la Metaficción es un tipo de Desvarío social en el que la sociedad construye su realidad desde la ficción, lo cual tiene múltiples connotaciones sociológicas de carácter transversal. (Ver: El homo selfies, el alter ego virtual).

Si bien la Metaficción existe desde que el hombre es hombre, pues ya la encontramos en la antropología de las primeras civilizaciones que definían su realidad a partir de la mitología, tal es el conocido caso de la Antigua Grecia, y que asimismo supo plasmar magistralmente siglos después el gran Cervantes en la cosmología existencial de las aventuras y desventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, entre otros, no es menos cierto que la Metaficción como materia de construcción de la realidad social ha tomado su impulso hegemonizador en la era humana de las nuevas tecnologías y la robotización, donde todo lo que tiene apariencia real es real y aquello real que no cumple dicho principio no se considera como real. O, lo que es lo mismo, la realidad sin ficción mediante ha dejado de tener substancia propia para la nueva realidad social contemporánea. Una contradicción consustancial a la Paradoja de la Lógica del Desvarío.

Sea como fuere, el Ulises moderno que vive ya desde la Metarealidad o Posverdad, y/o desde la Metaficción, replica la historia de aquellos primeros hombres que comieron el loto para enajenación propia en su viaje particular. Aunque existe una diferencia sustancial nada desdeñable, ya que si bien el Ulises clásico y su tripulación tuvieron capacidad de elección a merced de su voluntad individual de sumergirse en la dimensión del Desvarío de la realidad, los Ulises modernos no tienen tal libertad (Ver: La última libertad humana es poder decidir), ya que son enajenados por los efectos desvariantes del loto desde el preciso momento de su nacimiento. Pues la inmersión sociabilizadora del hombre como ser social en la Metarealidad y la Metaficción es un proceso que se inicia, ya de manera sistemática, en el paritorio del hospital (Ver: los Votos de Sociabilización en “Capturar la Docilidad: duodécimo trabajo del Hércules moderno”). Es por ello que, en ésta sociedad del siglo XXI, el Desvarío social es un estado mental tan normalizado como el aire contaminado que respiramos, lo cual implica que el raro e inadaptado es justamente el cuerdo.




Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano