lunes, 18 de mayo de 2020

Dominar al Hombre Indómito: octavo trabajo del Hércules moderno

Diomedes devorado por sus caballos. Moreau, Museo de Rouen, Francia

Amigo o amiga, imagina por un instante que eres un Hércules moderno, el cual debe realizar una penitencia de obligado cumplimiento impuesta por la más alta autoridad de tu sociedad para poder resarcirte de un grave daño causado en antaño, y con éste objetivo –beneplácito del Oráculo de Delfos mediante- se te encomienda que realices el total de Los Doce Trabajos de Hércules. Por lo que, tras haber acometido con éxito los siete primeros, debes ahora enfrentarte al octavo trabajo que es robar las Yeguas de Diomedes. No cabe decirte, sea dicho de paso, que por mucho que viajes hasta la Tracia del mar negro, una región del sureste de Europa en la península de los Balcanes en la que reinó el gigante Diomedes, no hallarás a las míticas yeguas, las cuales eran famosas por ser animales salvajes que comían carne humana y que se cuenta murieron en el monte Olimpo devoradas por fieras y alimañas. Por lo que únicamente te queda afrontar el trabajo metafóricamente; es decir, acabar con aquello que las Yeguas de Diomedes representan, que no es otra cosa que lo Indómito. Dicho lo cual, la pregunta pertinente es: ¿cómo dominar lo Indómito?.

Cuando nos referimos a lo Indómito como conducta manifiesta estamos aludiendo al estado anímico propio de un espíritu que se resiste a ser sometido, reprimido, controlado o guiado. O descrito de manera más sintetizada: que es un espíritu indomable. Es decir, lo Indómito es la expresión conductual máxima de la búsqueda de la libertad pura por radical. Tal es la esencia de las fuerzas primitivas que componen los elementos del Universo en su conjunto, y de la Naturaleza en particular, pues la Vida como fuerza creadora es en sí misma indómita. De igual manera podemos aludir al carácter Indómito en los seres vivos, cuya tendencia natural -ajena a la intervención humana- se caracteriza por su falta de docilidad e incluso fiereza y bravía al amparo de los instintos básicos propios del mundo animal. Pero la cosa se complica cuando aludimos a lo Indómito como rasgo representativo en el ser humano en calidad de animal racional, pues junto a la búsqueda instintiva o consciente de la libertad pura concurren tres factores intrínsecos añadidos sin los cuales dicho concepto de libertad individual no puede desplegarse: un razonamiento contestatario derivado de un pensamiento crítico, una conducta curiosa derivada de un conocimiento hambriento, y un sentido existencial propio derivado de un ideal particular de autorrealización. Por lo que para afrontar el reto de intentar dominar lo Indómito, previamente debemos profundizar en cada uno de dichos elementos.

I.-Libertad Pura
El hombre Indómito se caracteriza por priorizar y defender a ultranza la libertad personal frente a cualquier signo de control externo, y más si es percibido como negativo, que atente en idea o forma contra su propia libertad, y por extensión contra su propio propósito vital que se fundamenta sobre la idea de una libertad pura por radical. De hecho, el uso y disfrute de la libertad absoluta, en términos de libre albedrío, representa el sentido existencial del hombre Indómito. Pues el hombre Indómito es Indómito en tanto es radicalmente libre, lo cual no significa otra cosa que tener la plena libertad de decidir como capacidad personal. (Ver: La última libertad humana es poder decidir).

No obstante, no existe libertad pura como manifestación del libre albedrío sin consciencia del Yo frente al Yo de los otros. (Ver: Y tú, ¿tienes libre albedrío?). Ya que en caso contrario, si no existe consciencia de que las decisiones tomadas son propias a partir de un autoconocimiento sobre la mismidad (condición de ser uno mismo), dichas decisiones no son de uno sino de los otros en uno: el Yo de los otros (o ipseidad, como condición de no ser uno mismo sino aquello determinado por los demás). Por lo que en éste supuesto quien toma las decisiones personales, en última instancia, son los otros desde el Yo como persona individual por causas de determinismo ambiental (entorno familiar, sistema educativo, cultura laboral y tendencias sociales, principalmente). Así pues, cuando las decisiones personales son tomadas desde el Yo de los otros en sustitución y desplazamiento del Yo autoreconocible en la mismidad, por falta de consciencia sobre la misma, es obvio que no se puede hablar por tanto de libertad pura, y ni mucho menos de hombre Indómito. Ya que éste queda sujeto al control y guía de una mentalidad ajena por externa a la propia.

Es por ello que el hombre Indómito es un rara avis, un espécimen excepcional, pues el hombre es un ser profundamente condicionado culturalmente desde el momento incluso anterior a su propia concepción. De lo que se deduce que la libertad pura, como manifestación del hombre Indómito, no se nace con ella sino que se conquista mediante un esforzado proceso personal de transcendencia sobre la cultura que constituye y da sentido a su realidad, lo cual implica ineludiblemente un camino de autoconocimiento de la propia mismidad como entidad singular y por ende diferenciable del Yo de los otros. O dicho de otra manera, la libertad pura se gana por superación de la propia cultura personal desde el conocimiento del Yo Soy. Un proceso de liberación de los condicionantes ambientales que hacen del hombre Indómito una persona empoderada respecto a su entorno más inmediato, el cual se caracteriza tanto emocionalmente por poseer un alto nivel de Autoestima, como conductualmente por comportarse desde una Autoridad Interna singular, lo que equivale a decir que se relaciona consigo mismo y frente al resto del mundo no solo tal y como ES sino desde una plena fidelidad hacia su mismidad. (Ver conceptos de Autoestima y Autoridad Interna en el glosario de términos del Vademécum del Ser Humano).

II.-Contestatario Crítico
En éste sentido, por ser el hombre Indómito un individuo que alcanza la libertad pura desde la trascendencia de su entorno cultural natural, su génesis parte de una tan firme como atrevida voluntad de cuestionar radicalmente una realidad imperante por construida que, bajo la lógica sociabilizadora, no puede ni quiere garantizarle la libertad de ser y desarrollarse desde su mismidad. Es por ello que, en el caso del hombre Indómito, no hay trascendencia cultural sin transgresión de la realidad conocida, con la finalidad de poder crear y establecer su propio sistema de valores individuales. Lo cual conlleva implícito una rotura necesaria e inevitable con los valores morales tradicionales. Solo así, el hombre Indómito se convierte en un ser potscultural, que vive desde una dimensión externa a la cultura ambiental, como medio imprescindible para manifestarse en su máxima esencia desde la libertad pura.

Pero asimismo, el hombre Indómito, como animal social que es, vive su libertad pura en el contexto de una sociedad espacio-temporal concreta, sobre la que requiere expresar de manera continua su propia voluntad consciente desde su mismidad autoreconocida como medio de reafirmación de su identidad particular. Es decir, es un ser radicalmente libre que coexiste en un mundo carente de libertad absoluta, por lo que como estrategia de salvaguarda e imperativo de supervivencia de su posición existencial adquiere un comportamiento social caracterizado por un razonamiento contestatario derivado de un pensamiento crítico, reflejo de su consciencia singular. Dicha actitud contestataria crítica, no obstante, como parte de raíz de la premisa de la defensa de la libertad pura como sentido vital, siendo ésta tanto una virtud cardinal como un valor universal (Ver: Reflexiones del Filósofo Efímero sobre las Virtudes Cardinales y los Valores Universales en la sección de la Antología Efímera del Vademécum del Ser Humano), asimismo su autoestablecido e integrado sistema referencial de valores individuales sobre el que se rige está constituido en el elenco de valores universales, los cuales defienden la autorealización del ser humano desde el desarrollo de la idea de Dignidad de las personas como bien superior último. (Ver: ¿Qué es la Dignidad?).

III.-Conocimiento Hambriento
No obstante, la expuesta actitud contestataria crítica como rasgo característico del hombre Indómito, por derivar ésta de un pensamiento crítico que reflexiona sobre la realidad conocida para extraer sus propias conclusiones de acuerdo a un sistema de valores individuales adoptado como válido, le lleva a desear conocer qué existe más allá de los límites de la realidad de referencia. Ya que, de hecho, la libertad pura del hombre Indómito solo puede desarrollarse fuera de la caja sociológica imperante. Es decir, su existencia Es en tanto piensa de manera diferente, de manera no convencional, y por ende desde una nueva perspectiva a la conocida y consensuada colectivamente. Lo cual aboca al hombre Indómito, tal que impulso irrefrenable, a buscar nuevos horizontes de conocimiento aun por explorar, aunque en ello haya riesgo de perder el confort, en términos de bienestar personal, que le presupone un hábitat de partida por relativamente bien adaptado y conocido. Pues toda incursión en lo desconocido es una aventura incierta, equiparable metafóricamente a la expedición de Colón al traspasar los confines de lo conocido,  inclemencias y penurias propias de una larga e ignota travesía incluidas, para alcanzar el llamado Nuevo Mundo.

De hecho, el hombre Indómito sabe de ciencia cierta que no existe pensamiento crítico sin pensamiento creativo, tal dos caras de una misma moneda y como único proceso racional que permite redefinir las interrelaciones existentes entre parámetros de referencia tan parejos como dispares en forma y contenido, y cuyo fundamento metodológico no es otro que pensar más allá de los límites preconcebidos por el imaginario de la mentalidad colectiva. Es por ello que en la imperiosa necesidad de pensar fuera de los límites de la realidad conocida, con el fin de la superación de ésta, el hombre Indómito desarrolla un sentir hambriento de conocimiento por descubrir paradigmas desconocidos para la construcción de una nueva realidad. Un viaje personal que, por otro lado, no solo requiere de una capacidad creativa propia de un espíritu curioso por hambriento de nuevo conocimiento, así como de una actitud claramente corajosa para cultivar el pensamiento crítico que transgreda la realidad conocida a expensas de la opinión de terceros, sino que también se obliga por disciplina impuesta a una voluntad firme y decidida de autotransformación personal constante en la búsqueda por aproximarse al más alto nivel de fidelidad y coherencia con su propia mismidad.

IV.-Sentido de Autorrealización
Y es que al final, el impulso básico de alcanzar la libertad pura manifiesta, mediante la intelectualización fruto de un necesario razonamiento contestatario derivado del pensamiento crítico, que parte indisociablemente de una conducta curiosa propia de un conocimiento hambriento que le permite crear realidades alternativas, no es más en el hombre Indómito, que no por ello es menos, que lograr vivir un ideal particular de autorrealización como sentido existencial singular. Es decir, todos los rasgos característicos por conductuales del hombre Indómito persiguen, como fin primero y último, permitirle conquistar su sentido vital de autorrealización personal, el cual se sitúa fuera de los límites de la realidad conocida, pues sólo más allá de ésta puede desarrollar su Yo Soy auténtico y genuino desde la libertad pura. Un hombre Indómito cuya naturaleza encuentra su análogo filosófico, aunque con ciertos matices, en el Superhombre que Nietzsche vislumbró en su obra Así habló Zaratrusta.

Expuesto lo cual, y retomando el planteamiento inicial de la presente reflexión de afrontar el reto de domar lo Indómito como octavo trabajo herculiano encomendado, cabe decir que nuestro Hércules moderno no puede ni debe llevarlo a cabo. Me explico:

I.-No puede en tanto Hércules no es un ser Indómito, ya que el héroe clásico está sujeto al control de Euristeo, rey de la Argólida, y el héroe moderno está sujeto al control de la más alta autoridad de la sociedad actual, siendo ambos obligados a realizar los doce trabajos míticos sin disponer de autonomía personal propia y por tanto, menos aún, de libertad pura. Y aquello que es gobernable, dócil, flexible y disciplinado no puede someter a aquello que es ingobernable, indomable, inflexible y bravío, por simple planteamiento de una relación de fuerzas opuestas de distinta magnitud en la que la fuerza indómita es superior a la fuerza dócil. A no ser que medie en ello el uso de fuerzas superiores como puedan ser la enajenación mental, la represión por privación de libertad o la muerte inclusive, medios éstos que tienen cualquier otro efecto menos la doma de un espíritu Indómito en la naturaleza humana. Pues no se puede hablar de doma allí donde la voluntad consciente del Yo Soy queda anulada o eliminada.

II.-Y asimismo no debe, pues aun siendo el hombre Indómito un transgresor de la realidad conocida, con todo lo inoportuno e impertinente que pueda representar para el sistema de valores de referencia, es una verdadera fuerza motriz para la evolución de las sociedades humanas. Ya que no hay mayor innovación disruptiva por radical que el pensamiento tan alternativo como creativo de un hombre Indómito, el cual en su búsqueda continua de la libertad pura como medio de autorrealización personal, imagina y plantea escenarios de mundos mejores posibles para beneficio del conjunto de la sociedad, aunque ello no esté entre sus intenciones principales.

Así pues, amigo o amiga que representas a un Hércules moderno, aun a sabiendas de que no puedes no pretendas domar lo indomable y deja vivir en paz al hombre Indómito. Pues en el rastro que deja en su esforzado existir se abren nuevos e iluminados sendos por caminar para el resto de la humanidad. Fiat lux!


Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano