martes, 26 de mayo de 2020

Capturar la Docilidad: duodécimo trabajo del Hércules moderno


Amigo o amiga, imagina por un instante que eres un Hércules moderno, el cual debe realizar una penitencia de obligado cumplimiento impuesta por la más alta autoridad de tu sociedad para poder resarcirte de un grave daño causado en antaño, y con éste objetivo –beneplácito del Oráculo de Delfos mediante- se te encomienda que realices el total de Los Doce Trabajos de Hércules. Por lo que, tras haber acometido con éxito los once primeros, debes ahora enfrentarte al duodécimo y último trabajo que es capturar al Cerbero y sacarlo del inframundo. No cabe decirte, sea dicho de paso, que por mucho que viajes hasta el actual cabo de Ténaro o Matapán, el central de los tres cabos del sur del Peloponeso en la Grecia continental, no hallarás ya la entrada al inframundo así como tampoco al mítico perro guardián del mismo. El cual no solo era famoso por ser el perro de Hades, dios del mundo de los muertos, sino porque era un monstruo infernal de tres cabezas que aseguraba que los muertos no salieran del inframundo a la vez que no permitía la entrada a los vivos. Así que únicamente te queda afrontar el trabajo metafóricamente; es decir, acabar con aquello que la historia de capturar al Cerbero y sacarlo del inframundo representa, que no es otra cosa que la Docilidad. Dicho lo cual, la pregunta pertinente es: ¿cómo capturar la Docilidad?.

Capturar la Docilidad no es lo mismo que dominar lo Indómito, temática que ya traté en el octavo trabajo de Hércules que versa sobre el robo de las yeguas de Diomedes. Por lo que en éste caso que nos ocupa nos centraremos en la naturaleza propia de la Docilidad. La cual, no solo cabe entenderse como una actitud de aceptar con mayor o menor agrado aquello que se manda y que asimismo resulta fácil de educar, sino que también cabe entenderla como un estado de consciencia que percibe la necesidad de recibir dirección y guía en todos los aspectos de la vida. Es decir, la Docilidad es la cesión del poder individual de una persona en pos del beneficio de criterios dictados por terceras personas. Una cesión del poder personal que, asimismo, se enmarca dentro de una actitud de sumisión voluntaria. Por lo que la pregunta obligada no puede ser otra que aquella que plantea la cuestión del cómo y el porqué una persona, a título individual, llega voluntariamente a un estado de sumisión manifiesto propio de la naturaleza de la Docilidad.

En una primera instancia, podríamos decir que el hombre es dócil en tanto que ontológicamente es un cuerpo orgánico dúctil a la realidad en la que vive, y que asimismo es maleable a dicha realidad en tanto que ésta es concebida epistemológicamente por una cultura concreta que la percibe y le da sentido existencial. Ergo, el hombre es un animal dócil porque es un producto cultural cuya cultura de la realidad le es impuesta en el momento incluso anterior a su propia concepción. Una explicación que bien puede aplicarse a una oveja por ser un animal sin raciocinio, pero que no resulta satisfactoria para un animal racional como es el ser humano con capacidad de libre albedrío.

Así pues, si el hombre aun siendo un producto cultural que se adapta a su realidad es capaz tanto de transgredir dicha cultura como de reinventar por disconformidad la misma realidad, ¿cuál es la causa verdadera de su Docilidad?. La razón debe buscarse no tanto en la naturaleza animal del hombre, ni asimismo en su condición de animal racional, sino en su dimensión inherente a la propia especie humana como animal social. La cual, si bien se manifiesta formalmente a través de la cultura (entendida como conjunto de normas y creencias que rigen una comunidad), es incluso previa a ésta por apriorística. Ésta razón o causa principal de la Docilidad en la naturaleza humana puede expresarse a través de lo que podemos denominar los Votos de Sociabilización, entendiendo como votos aquellas promesas que realiza una persona consigo misma de manera consciente o inconsciente de vivir bajo un determinado comportamiento conductual, el cual conlleva algún tipo sacrificio para la persona con el objetivo de obtener un supuesto beneficio personal. De dichos Votos de Sociabilización podemos observar un total de cinco:

1.-La Obediencia
He aquí el primer Voto de Sociabilización del hombre como ser social. La Obediencia es un instinto conductual básico del ser humano como reflejo inconsciente, desde el preciso momento de su nacimiento, de total dependencia de supervivencia respecto al mundo exterior. Un mundo que enseña al hombre, desde su tierna concepción de ser vivo tan frágil como insuficiente por incapaz, no solo el hecho de que depende de niveles de poder superiores a él mismo, sino que a su vez dichos poderes superiores son buenos por mejores en términos de proveer los recursos necesarios para poder sobrevivir y desarrollarse como persona. Y en el contexto de dicha relación, como elemento nuclear imprescindible para la constitución de toda organización social, el ser humano se relaciona positivamente con el precepto de la Obediencia. Entendiendo, casi como un rasgo genético de la propia especie, que el hombre es un animal social, que fuera de la sociedad no se puede sobrevivir, y que para que exista sociedad debe existir la Obediencia debida. Por lo que Obediencia y supervivencia son dos conceptos estrechamente interrelacionados en la psiqué del ser humano, equiparables a la relación existente entre la campana y el alimento en el experimento del perro de Pavlov.

2.-La Pobreza
He aquí el segundo Voto de Sociabilización del hombre como ser social. La Pobreza es una disposición conductual mental inconsciente en el hombre, derivada de su naturaleza frágil e insuficiente reforzada por el Voto de la Obediencia al amparo del instinto de supervivencia. Una percepción mental en base a que la realidad social se conforma según la lógica de la pirámide de Maslow, como estructura fundamental para el orden del desarrollo de un ser humano, que establece como verdad categórica que no hay posibilidad de autorrealización personal sin reconocimiento propio y/o ajeno, ni éste sin afiliación a un grupo social determinado, el cual requiere de una seguridad física en todos los ámbitos de la vida humana, para la que previamente deben estar cubiertas satisfactoriamente el conjunto de necesidades fisiológicas. Una escala gradual de necesidades existenciales individuales que parte de la idea inconsciente de la carencia personal, o lo que es lo mismo, de la Pobreza, con independencia del nivel de la escala del que se parta por condicionamientos de clase social. Es por ello que la Pobreza representa un elemento intrínseco en el proceso de Sociabilización de un hombre respecto a su sociedad, que aunque si bien puede percibirse como un factor positivo por su efecto proactivo en la búsqueda del desarrollo vital de una persona, no por ello cabe perder de referencia el hecho de que al tener como punto de partida el inconsciente tanto de la idea de carencia propia, como de la idea de dependencia frente a otros, la Pobreza queda sometida al Voto de Obediencia debida a la sociedad de la que se participa. Por lo que al ser la Obediencia un Voto, asimismo lo es la Pobreza aunque sea de naturaleza inconsciente.

3.-Castidad
He aquí el tercer Voto de Sociabilización del hombre como ser social. La Castidad no entendida en términos sexuales, sino concebida en términos mentales. Es decir, tanto el Voto de Obediencia por supervivencia, como el Voto de Pobreza como inconsciente reactivo de las ideas de carencia y de dependencia que anhelan por defecto el pleno desarrollo personal al amparo de la lógica de la Obediencia a la sociedad partícipe, requieren de una negación explícita del pensamiento crítico. Una actitud de autocensura que tanto puede ser voluntaria por consciente como involuntaria o automática por inconsciente, profundamente potenciada sea dicho de paso por la inmersión de un sistema educativo que amputa la capacidad del libre pensamiento, pero que en todo caso queda sustituida por estados de opinión consumibles previamente paquetizados por parte de los niveles de poder sociales superiores, los cuales como ya hemos expuesto con anterioridad se consideran instintivamente buenos por mejores en parámetros de facilitadores de recursos. Es decir, el Voto de Castidad como inhibición del pensamiento crítico se percibe como un resultado tan natural como previsible en el contexto de una sociedad de Obediencia, cuyos miembros autopercibidos como pobres requieren de ésta para su desarrollo vital. Un tema que, como apunte, ya desarrolló magistralmente Ortega y Gasset en su pensamiento social sobre la Docilidad de la masa.

4.-Silencio
He aquí el cuarto Voto de Sociabilización del hombre como ser social. Vistos los votos precedidos, el Silencio se presenta como una imposición conductual del hombre como animal social que es en su necesidad de integrarse plenamente en el hábitat social al que pertenece, ya que fuera de dicho hábitat el hombre social no es capaz de vislumbrar vida alguna posible. El Silencio, ya se parta de una consciencia crítica o de una carencia de la misma, es un comportamiento directamente derivado de la Obligación tan debida como asumida, pero no puede considerarse en ningún caso una actitud individual positiva sino claramente negativa, ya que conlleva una alta carga emocional de miedo personal a las posibles consecuencias emanadas de un hipotético enfrentamiento contra el establishment social. Si tal fuera el acontecimiento, frente a dicha afrenta, la pena social impuesta suele ser la destrucción de la identidad social del individuo. O, lo que es lo mismo, el destierro sine die de la sociedad. Es por ello que, frente al miedo a la exclusión social, los miembros de una sociedad integran por sumisión ciega el Voto del Silencio en su perfil conductual, lo que les convierte directamente en servidumbre de dicha sociedad.

5.-Penitencia
Y, he aquí el quinto y último Voto de Sociabilización del hombre como ser social: la Penitencia. La cual, por decantación por fuerza gravitatoria del resto de votos expuestos, se concreta en la imposición del autocastigo a la renuncia de la trascendencia personal. Ya que la búsqueda de la trascendencia personal es un camino que conduce al hombre a un estado de transgresión social, en contra de la Obediencia; de la consciencia de la autosuficiencia personal, en contra de la Pobreza; del libre pensamiento crítico, en contra de la Castidad; y de la reafirmación contestataria de la identidad individual, en contra del Silencio. Es por ello que la Penitencia se concreta, por oposición a la trascendencia, en apuntalar al hombre social en una existencia cuyo contenido se constituye por y desde experiencias tan sensitivas como fugaces por efímeras. Que si bien éstas pueden considerarse como un valor socialmente positivo, al verse fuertemente retroalimentadas por una cultura consumista contemporánea que exalta el placer mundano como bien superior a alcanzar, haciendo así suya la máxima de la filosofía hedonista, dicha existencia exclusivamente sensitiva es, en realidad, una Penitencia en tanto y cuanto imposibilita al ser humano no solo poder alimentar su mundo interior, y con ello acceder al autoconocimiento de su mismidad, sino asimismo le impide poder saciar dicho propio vacío mediante una nutrición social tan enajenadora como adictiva, lo que se traduce en una vida de insatisfacción y sufrimiento continuo característica del Purgatorio.

Éstos cinco Votos de Sociabilización, razón esencial de la Docilidad en la naturaleza humana, no solo crean hombres dóciles a título individual, sino que por extrapolación sobre el conjunto de una misma comunidad común hacen posible lo que se denomina como Docilidad de la masa, entendida ésta como aquel volumen de personas que forman un cuerpo orgánico homogéneo y definido socialmente.

Expuesto lo cual, frente al reto que ocupa al Hércules moderno de capturar la Docilidad, en su empresa metafórica por capturar al Cerbero y sacarlo del inframundo como duodécimo y último trabajo herculiano, no cabe hacer nada, pues la Docilidad ya se encuentra capturada por ella misma a la vista de los Votos de Sociabilización autoimpuestos. Otro cantar sería la liberación de dicha Docilidad, en el que se requeriría transformar al hombre dócil en un hombre indómito por libre, para lo que cabría combatir contra los Votos de la Obediencia, de la Pobreza, de la Castidad, del Silencio y de la Penitencia. O, lo que es lo mismo, luchar contra la propia naturaleza del hombre como animal social, así como contra la sociedad como hábitat natural del mismo. Lo cual, a todas luces, es un imposible por atentar directamente contra el Principio de Identidad del ser humano. Pues lo que Es es, y no puede ser otra cosa, por mal que nos pese. Las excepciones, habidas en todo caso por vía de la transcendencia personal, no hacen más que confirmar la regla por genérica. Dixi!


Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano