domingo, 31 de mayo de 2020

La ilusión del Retorno, el punto de partida del Ulises moderno


No hay que ser un Ulises clásico para querer fervientemente regresar a algún lugar añorado por conocido y deseado. Si bien justamente el Retorno es el hilo argumental de la Odisea, en la que Homero narra el viaje de vuelta a casa del rey de Ítaca, conocido como Ulises u Odiseo, tras finalizar la famosa guerra de Troya. El Retorno, por tanto, se me tercia como el primer concepto a analizar, desde un enfoque tanto de la Filosofía Contemporánea como de la Filosofía Efímera, en éstas Reflexiones filosóficas del viaje de Ulises, un viaje sea dicho de paso que en la Odisea trascurre durante diez largos y tormentosos años. 

Entrando ya en materia, la pregunta obligada es: ¿qué es el Retorno?. En primer lugar apuntar que cabe entender el concepto del Retorno como la acción de regresar, es decir de ir de vuelta a un lugar de donde se ha partido, por lo que implica tanto voluntariedad personal como singularidad del proceso por tener principio y fin. Pero, ¿qué pasaría si en dicho regreso no concurriera ni la voluntad ni existiera principio y fin?. En tal caso, debemos suponer que el hombre se encontraría sujeto a la dinámica de una fuerza mayor semejante a un bucle existencial, equivalente a un sistema de recurrencia cíclica. Una especie de eterno retorno que ya preanunciaron los estoicos, y que tanto Nieztsche como Schopenhauer recogieron como idea en sus obras respectivas de La gaya ciencia y El Mundo como voluntad y representación, y que yo mismo desarrollé hace tiempo en las siguientes reflexiones: “Vivimos atrapados en el bucle de nuestro personal sistema energético” y “Venimos de la esfera y, tras una vida en espiral, a la esfera regresamos”, por lo que no voy a explayarme en éste sentido. Lo que significa que centraré la presente reflexión en el Retorno como acción voluntaria y con singularidad temporal.

Sobre ésta premisa aclaratoria, del Retorno me interesan particularmente dos ideas: por un lado el Supuesto de Inalteración del punto al que se regresa, y por otro lado el Principio de Causalidad que aboca al hombre a regresar a dicho punto de partida inicial.

1.-Supuesto de Inalteración del Retorno

Si consideramos que el tiempo es una fuerza de traslación incesante del espacio tridimensional, y que en dicho continuo espacio-temporal en movimiento la realidad se manifiesta de manera impermanente, es decir en un recurrente estado de cambio y transformación, llegaremos a la conclusión que todo punto de partida al que se pretenda regresar ya no existe. Es decir, que el hecho de regresar a un punto espacio-temporal del que en algún momento dado se partió es pura ilusión, pues dicho espacio-temporal no es el mismo, ya que nada nunca es siempre igual como bien decretó Heráclito, puesto que en caso contrario estaríamos afirmando o bien la capacidad del hombre de viajar al pasado o bien la inalteración de la realidad, lo cual en ambos casos se incurre frontalmente contra el Principio de Realidad.

Pero asimismo, en un mismo sistema de referencias dinámico ni el punto de partida objeto del Retorno es el mismo como ya hemos visto, ni el sujeto que pretende regresar a dicho supuesto objeto de partida tampoco es el mismo, pues éste no está exento del continuo espacio-temporal en movimiento dentro de una realidad impermanente. Así pues, podemos concluir que el hombre nunca puede regresar a un lugar de donde partió, sino en todo caso intentar aproximarse de manera infinita al mismo sin lograr de alcanzarlo jamás, tal como la asíntota de una recta tangente sobre una curva en el infinito. Por lo que se puede afirmar que el Retorno como voluntad del hombre es pura ilusión, pues no puede regresarse a aquello que ya no existe porque nunca permanece igual y menos desde un punto de referencia personal (el individuo mismo) que siempre es igualmente diferente.

Luego, ¿si no existe regreso posible, cuál es la naturaleza real de la ilusión del Retorno?. Cuando creemos que hemos regresado a un punto de partida, lo que en verdad sucede es un simple proceso de armonización de dos o más continuos espacio-temporales en movimiento paralelo (el sujeto del Retorno y el objeto u objetos de dicho Retorno), proceso para el que se requiere de una resintonización de las frecuencias de los ritmos de dichos cuerpos en movimiento dentro de un espacio en eterna traslación, convirtiendo de manera ipso facto al supuesto punto de partida inicial en un nuevo punto de fuga de salida en términos de pura geometría, aunque sin que medie convergencia real entre ambos sistemas de referencia. Es decir, todo regreso significa un nuevo punto de salida para un camino casi convergente en continuo cambio y transformación.

2.-Principio de Causalidad del Retorno

Pero, con independencia del Supuesto de Inalteración, ¿qué causa precede al efecto del Retorno?. Es decir, ¿por qué existe la voluntad, como tendencia conductual recurrente del ser humano,  de acabar regresando al lugar de donde se ha partido?. Para dar respuesta a dicha pregunta, la física nos alumbra con el Teorema de Recurrencia de Poincaré, cuyo planteamiento afirma que ciertos sistemas, después de un tiempo suficientemente largo pero finito, vuelven a un estado muy cercano si no exactamente igual al estado inicial. Un teorema que parte de la hipótesis de una cantidad finita de energía que, a su vez, está confinada en un volumen espacial finito e invariable en el tiempo. Un postulado que bien puede encajar con la naturaleza del hombre. Pues por una parte el hombre es energía (Ver: ¿Y si el ser humano solo fuera una unidad de transporte de información de la Energía?), lo que nos recuerda la ley de la conservación de la energía del primer principio de la termodinámica, la cual afirma, como sabemos desde temprana edad escolar, que la energía ni se crea ni se destruyes, solo se transforma. Y por otra parte, porque el Universo como realidad espacio-temporal en la que se despliega la naturaleza humana es finito, como bien sabemos por las últimas investigaciones del físico teórico Stephen Hawking.

No obstante, explicaciones físicas aparte, lo que es evidente es que todo Retorno viene dado por una sucesión de acontecimientos que siguen reglas de causalidad, es decir que siguen un patrón de secuencias concreto de causas-efecto (Ver: Dime en qué caos estás, y te diré qué patrón de futuro te espera). En este sentido, si entendemos que todo ser humano es un sujeto determinado en su esencia por condicionantes biológicos (herencia familiar y fisiología propia), ambientales (hábitat en el que se desarrolla como persona) y psicológicos (capacidad cognitiva propia derivada de los dos anteriores factores determinantes), y que asimismo dichos condicionantes suelen estar anclados por una cultura de origen concreta, por ser el hombre un producto cultural al que le han impuesto una cultura específica en el momento incluso anterior a su propia concepción, entonces entenderemos que el ser humano medio vive y se desarrolla en una suma de historias personales cuyo recorrido existencial es de alcance limitado. Una restricción natural de recorrido posible que, si se tensiona demasiado alcanza un punto límite de elasticidad vital que provoca en la persona media una fuerza reactiva, de igual intensidad pero en sentido contrario, que le retorna al punto de partida o anclaje cultural, por puro efecto de retroceso de su propia fuerza cinética tal si de una goma elástica se tratase que tras ser tensionada se deja soltar. Pues más allá de dicho punto de tensión máximo existencial solo existe la transgresión de la cultura como identidad personal, un punto de fractura o de no retorno donde la persona se convierte en un ser postcultural propio de individuos tan excepcionales como escasos (Ver: El Hombre Indómito).

Es decir, el Principio de Causalidad del Retorno tiene su razón de ser en la existencia de una cuerda elástica invisible que ata a todo hombre a su punto de origen o partida. Una cuerda de naturaleza cultural, con toda la carga psicoemocional implícita que condiciona al ser humano, que si se tensa excesivamente sin que se llegue a romper, ya sea por voluntad consciente o por incapacidad personal de fracturarla, obliga a la persona a regresar a un estado muy cercano a su principio como punto de origen o partida tras haber llegado al fin de la singularidad de su limitado recorrido existencial, generando así el  tan conocido efecto vital cíclico. Conscientes, como ya hemos expuesto con anterioridad, que dicho punto de origen no es el mismo al de partida por el principio impermanente del continuo espacio-temporal en movimiento de la realidad.

Expuesto lo cual, y a modo de conclusión podemos decir, al igual que le pasó al Ulises de Homero, que todo Ulises moderno en su voluntad de retornar a un lugar de partida regresa a un punto de origen diferente al que conoció y recuerda, y que asimismo dicho deseo de volver es fruto de su imposibilidad por transgredir psicoemocionalmente la cultura de origen que le condiciona y le supedita existencialmente. Pues el hombre medio –que representa el 99’9 por ciento de la humanidad-, en su viaje personal por buscar su propia identidad, no hace más que reafirmar su naturaleza cultural de la que surge, perpetuando así el ciclo vital del que parte en su realidad más inmediata por manifiesta, a la espera que dicho bucle recurrente pueda ser superado por fracturación por alguna nueva generación familiar disruptiva venidera.



Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano

Reflexiones filosóficas del viaje de Ulises


Ulises, junto con Hércules, son los dos grandes famosos héroes míticos de la cultura clásica de la civilización occidental, sin lugar a dudas. Aunque si bien Hércules era un semidiós por ser hijo de Zeus, Ulises (u Odiseo, como también se le conoce) no era más que un mortal aunque fuera rey de Ítaca, una pequeña isla griega del mar Jónico. Así pues, tras haber realizado la Revisión filosófica de los 12 trabajos de Hércules, es de justicia hacer una reflexión asimismo filosófica del viaje de Ulises. Dicha reflexión la centraré, al igual que en la revisión herculiana, en la materia destacada que puede sustraerse como idea angular de cada una de las historias de aventuras que hilan el largo y tormentoso viaje de Ulises desde su salida de Troya, tras finalizar la guerra, hasta regresar a su país de origen Ítaca. Un viaje que, como es bien sabido, Homero lo dató en su Odisea a lo largo de diez interminables años.

Señalar que si bien las diversas entradas reflexivas quedarán registradas de manera independiente en el glosario de términos del Vademécum del Ser Humano, el corpus integral de éstas Reflexiones filosóficas del viaje de Ulises pasarán a formar parte de la sección de la Antología Efímera dentro de la misma obra.

1.-Salida de Troya: Retorno
                               
2.-Ísmaro (ciudad de los Cícones): Consecuencias

3.-País del Loto (tierra de los Iotófagos): Desvarío

4.-Isla de Sicilia (país de los Cíclopes): Atrapado

5.-Isla de Eolo (guardián de los vientos): Imprudencia

6.-Isla de los Lestrigones: Deshumanización

7.-Isla de Ea (tierra de la hechicera Circe): Entrega

8.-Descenso al Hades: Sacrificio
               
9.-A la deriva (Sirenas y monstruos marinos de Escilia y Caribdis): Escapar

10.-Isla de Trinacia (tierra de los animales sagrados de Helio, el rey Sol): Irresponsabilidad
               
11.-Isla de Ogigia (hogar de Calipso): Agasajar
               
12.-Ítaca: Reencontrarse
               

Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano


Crónica del Filósofo Efímero en tiempos de Pandemia


Una crónica no es más que una historiografía consistente en la recopilación de hechos narrados en orden cronológico, no obstante la presente Crónica del Filósofo Efímero en tiempos de Pandemia tiene la particularidad de ser una recopilación de reflexiones filosóficas sobre la relación directa existente entre una singularidad histórica como es la Pandemia del coronavirus y la vida del ser humano del siglo XXI, cuyos apuntes son registrados asimismo cronológicamente en el continuo temporal de la línea de sucesos, tal y como se muestran.

El interés de ésta crónica filosófica se centra no tanto en la Pandemia como entidad propia, sino en su afección directa con el hombre contemporáneo que se ve obligado a redefinir sus paradigmas existenciales, por lo que si bien se puede decir que es una obra de carácter ontológica, en la misma concurre asimismo tanto la Filosofía Social y Política como la Filosofía Económica y la Ética como partes manifiestas e indivisibles de la naturaleza del hombre como ser social.

La presente crónica, aun nutriéndose de entradas registradas en las diversas áreas temáticas filosóficas de la obra del Vademécum del Ser Humano, dada la naturaleza de su corpus pasa a engrosar la Antología Efímera del filósofo que escribe desde un lugar cualquiera a orillas del Mediterráneo español.

La crónica se inicia dos días antes que el Gobierno español decretase el estado de alarma para hacer frente a la expansión del coronavirus COVID-19, y un día después que la Organización Mundial de la Salud declarase la Pandemia a nivel mundial:


















-11 de Abril de 2020: El efecto de la Sociedad Burbuja



Cuaderno de Bitácora del Filósofo Efímero sobre el Independentismo Catalán


En estos tiempos tan volátiles como convulsos que me ha tocado vivir, como argonauta que navega por entre el océano de la mortalidad en busca del tan ansiado como escurridizo vellocino de oro de la Verdad, voy registrando mis reflexiones personales sobre las incidencias ocurridas durante mi navegación en esta vida. He aquí pues mi Cuaderno de Bitácora sobre el Independentismo Catalán a modo de crónicas filosóficas, las cuales se enmarcan dentro de las ramas de la Filosofía Política, Social y Económica, principalmente, así como de la Ética y de la Lógica.

El interés que como filósofo me suscita la temática objeto de análisis, como se puede imaginar, radica en tanto que afecta a elementos nucleares de la vida del ser humano, tanto a nivel de valores universales como pueda ser la Libertad, el Respeto o la Responsabilidad; como a modelos de organización social como es la Democracia y al concepto mismo de la política entendida como gestión de la res publica; así como a principios rectores del ámbito de la moral y de la razón.

No cabe decir que al no haber dado por finalizado mi viaje perecedero, ni asimismo concluido el proceso independentista catalán en su incesante empeño por secesionar la región de Cataluña del resto del actual Reino de España, resulta una obviedad señalar que el presente Cuaderno de Bitácora queda sujeto a futuribles continuas nuevas entradas. Por otro lado, apuntar que los registros que se presentan, todos ellos recogidos en las diversas áreas temáticas filosóficas de la obra Vademécum del Ser Humano, se exponen en forma de sucesión de apuntes filosóficos por orden cronológico, lo que permite contextualizarlos en su espacio-tiempo concreto. De igual manera, anotar que el actual Cuaderno de Bitácora del Filósofo Efímero sobre el Independentismo Catalán entra a formar parte desde éste preciso momento y con personalidad propia en mi particular Antología Efímera.

Entrada Filosófica I: Martes, 13 de octubre de 2015

Entrada Filosófica II: Martes, 29 de agosto de 2017

Entrada Filosófica III: Martes, 12 de septiembre de 2017

Entrada Filosófica IV: Sábado, 23 de septiembre de 2017

Entrada Filosófica V: Lunes, 2 de octubre de 2017

Entrada Filosófica VI: Jueves, 5 de octubre de 2017

Entrada Filosófica VII: Lunes, 9 de octubre de 2017

Entrada Filosófica VIII: Martes, 10 de octubre de 2017

Entrada Filosófica IX: Miércoles, 11 de octubre de 2017

Entrada Filosófica X: Jueves, 12 de octubre de 2017

Entrada Filosófica XI: Domingo, 22 de octubre de 2017

Entrada Filosófica XII: Sábado, 28 de octubre de 2017

Entrada Filosófica XIII: Domingo, 24 de diciembre de 2017

Entrada Filosófica XIV: Martes, 30 de enero de 2018

Entrada Filosófica XV: Sábado, 24 de marzo de 2018

Entrada Filosófica XVI: Sábado, 7 de abril de 2018

Entrada Filosófica XVII: Lunes, 30 de julio de 2018

Entrada Filosófica XVIII: Domingo, 19 de agosto de 2018

Entrada Filosófica XIX: Viernes, 26 de octubre de 2018

Entrada Filosófica XX: Jueves, 29 de noviembre de 2018

Entrada Filosófica XXI: Jueves, 6 de diciembre de 2018

Entrada Filosófica XXII: Viernes, 7 de diciembre de 2018

Entrada Filosófica XXIII: Lunes, 17 de diciembre de 2018

Entrada Filosófica XXIV: Sábado, 22 de diciembre de 2018

Entrada Filosófica XXV: Miércoles, 16 de enero de 2019

Entrada Filosófica XXVI: Martes, 5 de febrero de 2019

Entrada Filosófica XXVII: Martes, 12 de febrero de 2019

Entrada Filosófica XXVIII: Jueves, 21 de febrero de 2019

Entrada Filosófica XXIX: Lunes, 15 de abril de 2019

Entrada Filosófica XXX: Lunes, 14 de octubre de 2019

Entrada Filosófica XXXI: Jueves, 17 de octubre de 20019

Entrada Filosófica XXXII: Martes, 22 de octubre de 2019

Entrada Filosófica XXXIII: Miércoles, 13 de noviembre de 2019

Entrada Filosófica XXXIV: Jueves, 14 de noviembre de 2019

Entrada Filosófica XXXV: Jueves, 28 de noviembre de 2019



El Filósofo Efímero,
en un punto de la costa catalana del Mediterráneo español



miércoles, 27 de mayo de 2020

Pandemia: ¿salvar vidas o salvar la economía?


Manifestaciones contra el Gobierno por la apertura de la economía
Hace días que deseaba reflexionar sobre un debate de rabiosa actualidad entre la opinión pública en pleno contexto de la pandemia del coronavirus: ¿salvar vidas o salvar la economía?, y tras haber finalizado el trabajo previamente priorizado en mi agenda pensante (Revisión filosófica de los 12 trabajos de Hércules), ya puedo afrontar el nuevo reto reflexivo. Un problema éste, el de optar por medidas extraordinarias de contención sanitaria que afectan a la paralización de la economía de todo un país o en cambio el de apostar por la normal actividad productiva en detrimento de proteger la salud del conjunto de la ciudadanía, cuyo debate ha despertado pasiones entre defensores y detractores de uno y otro bando. Un tema que, cabe señalar para poder situarnos en la justa medida, es propiamente objeto de estudio de la Ética Aplicada, que es aquella materia de conocimiento que examina controversias entre éticas específicas, ya sean normativas o no. Y más específicamente, apuntar que el caso que nos ocupa se podría enmarcar dentro de la clásica duda ética denominada Dilema del Tranvía por su casuística, que plantea la disyuntiva de un vehículo que tras descarrilarse sin control obliga al conductor a optar por girar hacia uno u otro lado de la acera con el consiguiente atropello mortal de una persona joven o de un grupo de ancianos, respectivamente. Así pues, y con independencia del presente ejemplo cuyas variaciones narrativas existen por centenares, el planteamiento en cuestión, que centra el enfoque en la elección entre vidas o economía, es un conflicto profundamente ético en tanto que una u otra decisión afecta por descarte el desarrollo natural de la otra parte de manera gravosamente negativa.

No cabe decir que aquellos que parten del postulado de primar la vida sobre la economía, propio de la filosofía humanista, optarán por salvar vidas; mientras que aquellos otros que priman el capital en detrimento de la vida humana, propio de la filosofía ultraliberal capitalista, optarán por salvar la economía. Pero, en todo caso, ¿cuál es la opción moralmente correcta?. En ambos casos concurre el principio de exclusión o mejor dicho de sacrificio, en base al valor comparativo otorgado a cada una de las entidades perceptibles de ser afectadas. Por lo que éste doble horizonte de sucesos posible, como acción de una voluntad consciente selectiva, debe entenderse bajo la lógica del choque frontal en un mismo espacio temporal entre dos sistemas de creencias divergentes, para cuyos credos sacrificar su bien más preciado representa un verdadero sacrilegio. Por consiguiente, siendo la elección del objeto a sacrificar un juicio de valor discriminatorio reflejo de un sistema de creencias determinado, los cuales emanan de un imaginario moral tan singular como desigual, la respuesta al dilema planteado solo puede hallarse en el análisis contrastado de dichas naturalezas morales.

Si profundizamos un poco más en el substrato moral conjunto por tratarse de sistemas de creencias coexistentes, podemos observar que si bien ambos son aparentemente contrapuestos, comparten un mismo paradigma común: salvaguardar el bienestar personal. No obstante, dicho paradigma aun en coincidencia simbólica difiere en su contenido significativo de raíz, ya que si bien para los humanistas el bien personal tiene naturaleza existencial por ser la persona el bien a proteger, para los ultraliberales es de clara naturaleza material por ser el capital el bien a proteger. De lo que se deduce que unos y otros parten de un tipo de observancia del comportamiento ético diferente, estando éste para los humanistas basado en el suceso principal (que es la mortalidad causada por el coronavirus), por lo que el objeto a proteger es un cuerpo temporal definido en su principio y fin como es la vida humana; mientras que para los ultraliberales la observancia del comportamiento ético se basa en el suceso derivado (que es la repercusión financiera negativa originada por los efectos de control sobre la pandemia), siendo el objeto a proteger un cuerpo temporal sin singularidad por estar sujeto a la impermanencia de un continuo cambio y transformación como es la economía. De lo que aquí se deriva una nueva cuestión, ¿debe la Ética ocuparse de entidades definidas por singulares o indefinidas por carecer de singularidad? O, aún más: ¿debe la Ética poner su atención sobre decisiones concretas o sobre las relaciones existentes y futuribles entre las mismas?. Si en todo caso consideramos que todas las respuestas posibles planteadas son correctas, ¿cuál prima más sobre las otras para determinar qué es más o menos Ético?.

Realmente, todas éstas preguntas no son más que una simple estratagema propia de malabaristas de la lógica, que buscan enredar la razón y alejarnos de la verdad última que subyace en la respuesta cierta al dilema ético entre salvar vidas humanas o salvar la economía en un contexto como una pandemia en ésta caso provocada por el coronavirus. Un burdo intento por convertir dicho dilema en un problema racional irresoluble, para beneficio ya sea de unos u otros.  No obstante, tanto una defensa argumental fundamentada desde un suceso principal o desde un suceso derivado en verdad no tiene mayor consistencia para la Ética que el hecho de observar desde la moral un tipo de comportamiento conductual relativo a los mismos, y en todo caso emitir un juicio de valor en base a la cultura social imperante y al sistema de creencias de partida. Por lo que carece de razón de peso para intentar rebatir e incluso devaluar la intencionalidad de discernimiento de la Ética Aplicada ni en éste, ni en ningún otro caso donde medie conflicto entre comportamientos éticos dispares, ya que al fin y al cabo el examen crítico de la Ética no se basa tanto en la moral como conducta humana, sino en la reflexión filosófica de los valores en los cuales ésta se fundamenta.

Testear la doble moralidad posible

Así pues, para poder resolver cuál de las dos opciones planteadas, la de salvar vidas o la de salvar la economía, es la opción eticamente más correcta, cabe acudir al análisis objetivo de la naturaleza de los valores morales que influencian los sistemas de creencias implicados. Para ello no existe metodología más rápida, y certificada en su diagnosis de calidad a lo largo de la historia del pensamiento de la humanidad, que testear dichos principios morales a la luz de los valores universales como patrón ético de referencia atemporal por apriorístico. Por lo que partiendo de esta premisa, y sin intención alguna de hacer ninguna tesis al respecto, tan solo exponiendo dichos valores universales como unidad de medida ética, que no son otros que la Amistad, el Amor, la Bondad, la Confianza, la Dignidad, la Equidad, la Fraternidad, la Gratitud, el Honor, la Honradez, la Igualdad, la Justicia, la Libertad, la Paz, el Respeto, la Responsabilidad, la Sabiduría, la Solidaridad, la Tolerancia, la Valentía y la Verdad (Ver los Valores Universales en la sección de Antología Efímera del Vademécum del Ser Humano), podemos llegar a la conclusión aunque sea intuitivamente que aquella conducta moral que defiende el valor de la vida humana es eticamente superior a aquella conducta moral que defiende el valor de la economía sobre la propia vida del hombre. Y aún más, que ésta última no puede concebirse como una conducta moral sino propia de la moralina, que es aquella conducta moral falsa por distorsionada que se fundamenta en intereses particulares alejados de los valores universales. Pues en la defensa de la economía sobre la vida humana pueden observarse la concurrencia de principios tales como el egoísmo, la insolidaridad, la desigualdad, la falta de respeto o la denigración de la Dignidad del ser humano, entre otros, los cuales son de naturaleza claramente antagónica a los valores universales.  

Por otro lado, cabe señalar que el caso que nos ocupa de la disyuntiva entre vidas o economía es en realidad un falso Dilema del Tranvía, pues en éste el objeto susceptible de sacrificio en ambas historias posibles se encuentra al mismo nivel de valor, que no es otro que la vida humana. Mientras que el valor del objeto excluyente en el dilema entre vidas y economías es desigual, ya que no posee el mismo grado de valor la vida humana que la salubridad de un sistema económico, por mucho que culturalmente el hombre contemporáneo se esfuerce en equipararlos. Por lo que puede concluirse que en el caso que nos ocupa no se trata en absoluto de una materia de Ética Aplicada stricto sensu, sino más bien de un proceso de desambivalencia entre Ética verdadera y Ética falsa a la luz de la crítica de la razón pura en términos de imperativo categórico kantiano.

Condicionamientos sociológicos

No cabe decir, por otro lado, que la observancia del comportamiento ético desde la plusvalía de la economía como bien superior a defender por encima incluso del valor de la vida humana es resultado directo, en la actualidad, del éxito de los preceptos de la ideología capitalista (elevada a categoría de religión) en el sistema de creencias imperante a nivel global, la cual requiere para su pleno desarrollo del destierro de toda filosofía humanista en cumplimiento con el principio de la física clásica que dicta que dos entidades no pueden permanecer a la vez y en el mismo tiempo en un mismo punto espacial. Una nueva moral postindustrial invasiva al amparo de la exaltación institucionalizada del individualismo, como medio necesario para la retroalimentación de un modelo productivo de libre competencia, que en consecuencia lógica acarrea comportamientos conductuales tanto individuales como sociales claramente de corte egoísta. Por lo que frente a políticas que exigen disciplina social, derivadas de medidas racionales de prevención y control social en la lucha contra la emergencia sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus, es previsible prever que un ciudadano occidental medio como producto cultural que es de la filosofía capitalista, aun sin reconocerse como ultraliberal, acabe reaccionando instintivamente de manera revulsiva y contestataria contra cualquier acción que, aun al amparo de un bien colectivo respaldado por la comunidad científica, sea perceptible de atentar tanto contra su conducta individualista como contra su arraigado esquema emocional vertebrado desde el egoísmo personal. O dicho en otras palabras, no hay contención conductual exigida que sea sostenible, ni llamada a la responsabilidad social de las personas en pos del bien colectivo que valga, para aquellos seres humanos que han crecido en la promoción cultural del individualismo y el egoísmo. Los cuales, aun de manera inconsciente, frente al dilema planteado de salvar vidas o salvar la economía, optarán por ésta segunda no por convicción o ideología, sino como vía de escape a su naturaleza tan individualista como egoísta, al menos tan pronto superen el miedo a una situación de riesgo potencial por normalización de la misma, pues el hombre acaba acostumbrándose a todo por simple naturaleza dúctil con la realidad.

En este sentido, debe señalarse asimismo que el dilema entre vida o economía genera sociológicamente un proceso de polarización social, en el que cada polo opuesto centripita para sí todos aquellos elementos de la sociedad  que le son afines por naturaleza. Por lo que no puede establecerse una relación directa entre volumen de afiliación a uno u otro posicionamiento social, y la consideración positiva o negativa de la observancia del comportamiento ético. Es decir, por mucho que la inmensa mayoría de ciudadanos de una sociedad opten, por determinismo cultural y condicionamiento psicológico, por salvar la economía en detrimento de las vidas humanas, no por ello debe considerarse como una conducta Ética adecuada, a la luz del test comparativo con los valores universales anteriormente expuestos. Lo único que puede deducirse de dicho resultado social hipotético es que, desde un punto de vista Ético, nos encontramos ante una sociedad moralmente enferma por desvirtuación o transgiversión del esquema de valores de su sistema de creencias. 

Por lo tanto, y a modo de conclusión, ante el debate de rabiosa actualidad en la opinión pública en pleno contexto de la pandemia del coronavirus de resolver el dilema de salvar vidas o salvar la economía, queda claro que aquella conducta que se ajusta a la Ética no es otra que la de salvaguardar primero la vida humana para posteriormente ocuparnos de la economía. Al hombre lo que es del hombre, y a la economía lo que es de la economía. Y al individualista y egoísta, más educación en valores clásicos, por favor.

A orillas del Mediterráneo,
en una España de luto oficial por las víctimas del coronavirus.


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Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano

martes, 26 de mayo de 2020

Capturar la Docilidad: duodécimo trabajo del Hércules moderno


Amigo o amiga, imagina por un instante que eres un Hércules moderno, el cual debe realizar una penitencia de obligado cumplimiento impuesta por la más alta autoridad de tu sociedad para poder resarcirte de un grave daño causado en antaño, y con éste objetivo –beneplácito del Oráculo de Delfos mediante- se te encomienda que realices el total de Los Doce Trabajos de Hércules. Por lo que, tras haber acometido con éxito los once primeros, debes ahora enfrentarte al duodécimo y último trabajo que es capturar al Cerbero y sacarlo del inframundo. No cabe decirte, sea dicho de paso, que por mucho que viajes hasta el actual cabo de Ténaro o Matapán, el central de los tres cabos del sur del Peloponeso en la Grecia continental, no hallarás ya la entrada al inframundo así como tampoco al mítico perro guardián del mismo. El cual no solo era famoso por ser el perro de Hades, dios del mundo de los muertos, sino porque era un monstruo infernal de tres cabezas que aseguraba que los muertos no salieran del inframundo a la vez que no permitía la entrada a los vivos. Así que únicamente te queda afrontar el trabajo metafóricamente; es decir, acabar con aquello que la historia de capturar al Cerbero y sacarlo del inframundo representa, que no es otra cosa que la Docilidad. Dicho lo cual, la pregunta pertinente es: ¿cómo capturar la Docilidad?.

Capturar la Docilidad no es lo mismo que dominar lo Indómito, temática que ya traté en el octavo trabajo de Hércules que versa sobre el robo de las yeguas de Diomedes. Por lo que en éste caso que nos ocupa nos centraremos en la naturaleza propia de la Docilidad. La cual, no solo cabe entenderse como una actitud de aceptar con mayor o menor agrado aquello que se manda y que asimismo resulta fácil de educar, sino que también cabe entenderla como un estado de consciencia que percibe la necesidad de recibir dirección y guía en todos los aspectos de la vida. Es decir, la Docilidad es la cesión del poder individual de una persona en pos del beneficio de criterios dictados por terceras personas. Una cesión del poder personal que, asimismo, se enmarca dentro de una actitud de sumisión voluntaria. Por lo que la pregunta obligada no puede ser otra que aquella que plantea la cuestión del cómo y el porqué una persona, a título individual, llega voluntariamente a un estado de sumisión manifiesto propio de la naturaleza de la Docilidad.

En una primera instancia, podríamos decir que el hombre es dócil en tanto que ontológicamente es un cuerpo orgánico dúctil a la realidad en la que vive, y que asimismo es maleable a dicha realidad en tanto que ésta es concebida epistemológicamente por una cultura concreta que la percibe y le da sentido existencial. Ergo, el hombre es un animal dócil porque es un producto cultural cuya cultura de la realidad le es impuesta en el momento incluso anterior a su propia concepción. Una explicación que bien puede aplicarse a una oveja por ser un animal sin raciocinio, pero que no resulta satisfactoria para un animal racional como es el ser humano con capacidad de libre albedrío.

Así pues, si el hombre aun siendo un producto cultural que se adapta a su realidad es capaz tanto de transgredir dicha cultura como de reinventar por disconformidad la misma realidad, ¿cuál es la causa verdadera de su Docilidad?. La razón debe buscarse no tanto en la naturaleza animal del hombre, ni asimismo en su condición de animal racional, sino en su dimensión inherente a la propia especie humana como animal social. La cual, si bien se manifiesta formalmente a través de la cultura (entendida como conjunto de normas y creencias que rigen una comunidad), es incluso previa a ésta por apriorística. Ésta razón o causa principal de la Docilidad en la naturaleza humana puede expresarse a través de lo que podemos denominar los Votos de Sociabilización, entendiendo como votos aquellas promesas que realiza una persona consigo misma de manera consciente o inconsciente de vivir bajo un determinado comportamiento conductual, el cual conlleva algún tipo sacrificio para la persona con el objetivo de obtener un supuesto beneficio personal. De dichos Votos de Sociabilización podemos observar un total de cinco:

1.-La Obediencia
He aquí el primer Voto de Sociabilización del hombre como ser social. La Obediencia es un instinto conductual básico del ser humano como reflejo inconsciente, desde el preciso momento de su nacimiento, de total dependencia de supervivencia respecto al mundo exterior. Un mundo que enseña al hombre, desde su tierna concepción de ser vivo tan frágil como insuficiente por incapaz, no solo el hecho de que depende de niveles de poder superiores a él mismo, sino que a su vez dichos poderes superiores son buenos por mejores en términos de proveer los recursos necesarios para poder sobrevivir y desarrollarse como persona. Y en el contexto de dicha relación, como elemento nuclear imprescindible para la constitución de toda organización social, el ser humano se relaciona positivamente con el precepto de la Obediencia. Entendiendo, casi como un rasgo genético de la propia especie, que el hombre es un animal social, que fuera de la sociedad no se puede sobrevivir, y que para que exista sociedad debe existir la Obediencia debida. Por lo que Obediencia y supervivencia son dos conceptos estrechamente interrelacionados en la psiqué del ser humano, equiparables a la relación existente entre la campana y el alimento en el experimento del perro de Pavlov.

2.-La Pobreza
He aquí el segundo Voto de Sociabilización del hombre como ser social. La Pobreza es una disposición conductual mental inconsciente en el hombre, derivada de su naturaleza frágil e insuficiente reforzada por el Voto de la Obediencia al amparo del instinto de supervivencia. Una percepción mental en base a que la realidad social se conforma según la lógica de la pirámide de Maslow, como estructura fundamental para el orden del desarrollo de un ser humano, que establece como verdad categórica que no hay posibilidad de autorrealización personal sin reconocimiento propio y/o ajeno, ni éste sin afiliación a un grupo social determinado, el cual requiere de una seguridad física en todos los ámbitos de la vida humana, para la que previamente deben estar cubiertas satisfactoriamente el conjunto de necesidades fisiológicas. Una escala gradual de necesidades existenciales individuales que parte de la idea inconsciente de la carencia personal, o lo que es lo mismo, de la Pobreza, con independencia del nivel de la escala del que se parta por condicionamientos de clase social. Es por ello que la Pobreza representa un elemento intrínseco en el proceso de Sociabilización de un hombre respecto a su sociedad, que aunque si bien puede percibirse como un factor positivo por su efecto proactivo en la búsqueda del desarrollo vital de una persona, no por ello cabe perder de referencia el hecho de que al tener como punto de partida el inconsciente tanto de la idea de carencia propia, como de la idea de dependencia frente a otros, la Pobreza queda sometida al Voto de Obediencia debida a la sociedad de la que se participa. Por lo que al ser la Obediencia un Voto, asimismo lo es la Pobreza aunque sea de naturaleza inconsciente.

3.-Castidad
He aquí el tercer Voto de Sociabilización del hombre como ser social. La Castidad no entendida en términos sexuales, sino concebida en términos mentales. Es decir, tanto el Voto de Obediencia por supervivencia, como el Voto de Pobreza como inconsciente reactivo de las ideas de carencia y de dependencia que anhelan por defecto el pleno desarrollo personal al amparo de la lógica de la Obediencia a la sociedad partícipe, requieren de una negación explícita del pensamiento crítico. Una actitud de autocensura que tanto puede ser voluntaria por consciente como involuntaria o automática por inconsciente, profundamente potenciada sea dicho de paso por la inmersión de un sistema educativo que amputa la capacidad del libre pensamiento, pero que en todo caso queda sustituida por estados de opinión consumibles previamente paquetizados por parte de los niveles de poder sociales superiores, los cuales como ya hemos expuesto con anterioridad se consideran instintivamente buenos por mejores en parámetros de facilitadores de recursos. Es decir, el Voto de Castidad como inhibición del pensamiento crítico se percibe como un resultado tan natural como previsible en el contexto de una sociedad de Obediencia, cuyos miembros autopercibidos como pobres requieren de ésta para su desarrollo vital. Un tema que, como apunte, ya desarrolló magistralmente Ortega y Gasset en su pensamiento social sobre la Docilidad de la masa.

4.-Silencio
He aquí el cuarto Voto de Sociabilización del hombre como ser social. Vistos los votos precedidos, el Silencio se presenta como una imposición conductual del hombre como animal social que es en su necesidad de integrarse plenamente en el hábitat social al que pertenece, ya que fuera de dicho hábitat el hombre social no es capaz de vislumbrar vida alguna posible. El Silencio, ya se parta de una consciencia crítica o de una carencia de la misma, es un comportamiento directamente derivado de la Obligación tan debida como asumida, pero no puede considerarse en ningún caso una actitud individual positiva sino claramente negativa, ya que conlleva una alta carga emocional de miedo personal a las posibles consecuencias emanadas de un hipotético enfrentamiento contra el establishment social. Si tal fuera el acontecimiento, frente a dicha afrenta, la pena social impuesta suele ser la destrucción de la identidad social del individuo. O, lo que es lo mismo, el destierro sine die de la sociedad. Es por ello que, frente al miedo a la exclusión social, los miembros de una sociedad integran por sumisión ciega el Voto del Silencio en su perfil conductual, lo que les convierte directamente en servidumbre de dicha sociedad.

5.-Penitencia
Y, he aquí el quinto y último Voto de Sociabilización del hombre como ser social: la Penitencia. La cual, por decantación por fuerza gravitatoria del resto de votos expuestos, se concreta en la imposición del autocastigo a la renuncia de la trascendencia personal. Ya que la búsqueda de la trascendencia personal es un camino que conduce al hombre a un estado de transgresión social, en contra de la Obediencia; de la consciencia de la autosuficiencia personal, en contra de la Pobreza; del libre pensamiento crítico, en contra de la Castidad; y de la reafirmación contestataria de la identidad individual, en contra del Silencio. Es por ello que la Penitencia se concreta, por oposición a la trascendencia, en apuntalar al hombre social en una existencia cuyo contenido se constituye por y desde experiencias tan sensitivas como fugaces por efímeras. Que si bien éstas pueden considerarse como un valor socialmente positivo, al verse fuertemente retroalimentadas por una cultura consumista contemporánea que exalta el placer mundano como bien superior a alcanzar, haciendo así suya la máxima de la filosofía hedonista, dicha existencia exclusivamente sensitiva es, en realidad, una Penitencia en tanto y cuanto imposibilita al ser humano no solo poder alimentar su mundo interior, y con ello acceder al autoconocimiento de su mismidad, sino asimismo le impide poder saciar dicho propio vacío mediante una nutrición social tan enajenadora como adictiva, lo que se traduce en una vida de insatisfacción y sufrimiento continuo característica del Purgatorio.

Éstos cinco Votos de Sociabilización, razón esencial de la Docilidad en la naturaleza humana, no solo crean hombres dóciles a título individual, sino que por extrapolación sobre el conjunto de una misma comunidad común hacen posible lo que se denomina como Docilidad de la masa, entendida ésta como aquel volumen de personas que forman un cuerpo orgánico homogéneo y definido socialmente.

Expuesto lo cual, frente al reto que ocupa al Hércules moderno de capturar la Docilidad, en su empresa metafórica por capturar al Cerbero y sacarlo del inframundo como duodécimo y último trabajo herculiano, no cabe hacer nada, pues la Docilidad ya se encuentra capturada por ella misma a la vista de los Votos de Sociabilización autoimpuestos. Otro cantar sería la liberación de dicha Docilidad, en el que se requeriría transformar al hombre dócil en un hombre indómito por libre, para lo que cabría combatir contra los Votos de la Obediencia, de la Pobreza, de la Castidad, del Silencio y de la Penitencia. O, lo que es lo mismo, luchar contra la propia naturaleza del hombre como animal social, así como contra la sociedad como hábitat natural del mismo. Lo cual, a todas luces, es un imposible por atentar directamente contra el Principio de Identidad del ser humano. Pues lo que Es es, y no puede ser otra cosa, por mal que nos pese. Las excepciones, habidas en todo caso por vía de la transcendencia personal, no hacen más que confirmar la regla por genérica. Dixi!


Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano

domingo, 24 de mayo de 2020

Evitar el Engaño: undécimo trabajo del Hércules moderno

El jardín de las Hespérides de Frederic Leighton (1892)

Amigo o amiga, imagina por un instante que eres un Hércules moderno, el cual debe realizar una penitencia de obligado cumplimiento impuesta por la más alta autoridad de tu sociedad para poder resarcirte de un grave daño causado en antaño, y con éste objetivo –beneplácito del Oráculo de Delfos mediante- se te encomienda que realices el total de Los Doce Trabajos de Hércules. Por lo que, tras haber acometido con éxito los diez primeros, debes ahora enfrentarte al undécimo trabajo que es robar las manzanas doradas del jardín de las Hespérides. No cabe decirte, sea dicho de paso, que por mucho que viajes hasta Tartessos, lo que actualmente se conoce por las provincias andaluzas de Huelva, Sevilla y Cádiz de la España contemporánea, no hallarás las míticas manzanas doradas. Las cuales eran famosas no solo porque proporcionaban la inmortalidad, sino también porque se hallaban en un jardín que formaba parte del huerto de Hera, la esposa de Zeus, que asimismo era custodiado tanto por las ninfas Hespérides, como por su padre el titán Atlas que cargaba sobre sus hombros el cielo, así como por un dragón de cien cabezas llamado Ladón. Así que únicamente te queda afrontar el trabajo metafóricamente; es decir, acabar con aquello que la historia de las manzanas doradas del jardín de las Hespérides representa, que no es otra cosa que el Engaño. Dicho lo cual, la pregunta pertinente es: ¿cómo evitar el Engaño?.

Sabemos que el Engaño es una verdad ilusoria o una verdad tramposa. Es decir, el Engaño es la acción de hacer creer como verdad algo a alguien que en realidad no es cierto. Pero no es verdad, asimismo, que para que exista Engaño deban concurrir necesariamente tanto la mentira intencionada como la intencionalidad en la búsqueda de un beneficio o ventaja personal, como se puede suponer. Tal es el Engaño producido por una equivocación, una exageración o una subestimación, caso contrario que sucede con el Engaño derivado de la mentira, la ocultación o la falsedad. De igual manera, cabe apuntar que cuando en el Engaño concurre la mentira y el beneficio personal el sentimiento consiguiente percibido en el sujeto engañado es la traición, mientras que cuando no concurren tales factores en el Engaño el sentimiento consiguiente percibido suele ser la decepción, pues no se considera que se incurra en traición allí donde no hay existencia de una consciencia dolosa previa sobre el objeto perceptible del Engaño.

Así pues, tras esta breve reflexión introductoria, si bien podemos extraer que el Engaño representa una transgresión negativa de las expectativas en el marco de las relaciones interpersonales, se puede vislumbrar claramente que la naturaleza del Engaño abarca un espectro tan variado como elementos participan en el proceso. Por lo que para poder afrontar el Engaño, previamente cabe observar sus diferentes manifestaciones más notables. Veámoslas según los diferentes ámbitos que abarca a nivel intrapersonal, interpersonal y social

I.-El Engaño Intrapersonal
El Engaño Intrapersonal abarca el ámbito interno de la persona, es decir aquel que se circunscribe y viene determinado por la capacidad que tiene un individuo de ver con realismo quién y cómo es. Por tanto, hablar de Engaño Intrapersonal es hacer referencia al Autoengaño, entendido como aquel tipo de Engaño que se infringe una persona sobre sí misma, ya sea de manera consciente o inconsciente.

1.-Autoengaño Consciente
Cuando en éste caso concurre la consciencia mediante, el Autoengaño se presenta como una enajenación voluntaria sobre la propia persona y en relación a su ámbito circunstancial derivado de una falta de aceptación de su propia identidad como persona, estado al que se llega mediante un esfuerzo previo y recurrente de obligarse a creer aquello que en verdad no se cree en el trasfondo de su psique por ser contrario al Principio de Realidad. En este sentido, se puede presuponer la existencia de una consciente tensa lucha interior constante en la persona entre lo que es y lo que quiere ser, bajo el falso principio metodológico de que una mentira repetida de manera recurrente acaba convirtiéndose en una verdad.

El Autoengaño Consciente debe considerarse como resultante de un perfil de personalidad con un nivel de autoestima bajo que cede a las presiones de los estereotipos sociales de turno, en busca de intentar sentirse tanto integrado como autorrealizado, y que es abono para sistemas de referencia donde no prima el Principio de Oportunidad, como es el caso de las sociedades occidentales modernas. (Ver: Sin capacitación en gestión del conocimiento no hay Principio de Oportunidad que valga e Igualdad de bienestar para todos los ciudadanos). Un tipo de Engaño derivado directamente de la falsedad, en el que concurre tanto la mentira intencionada como la intencionalidad en la búsqueda de un beneficio personal, y que desemboca en la traición como sentimiento percibido por aquellos que son conscientes de haber sido engañados.

Visto lo cual, el Hércules moderno en pos de afrontar el reto de evitar el Engaño en su naturaleza Intrapersonal Consciente, debe a nivel individual revalorizar la autoestima personal mediante el sentido de la identidad propia en base a la mismidad, y por tanto exenta de determinismos sociológicos ajenos, así como a nivel social intentar contrarrestar los posibles desequilibrios derivados de la falta del Principio de Oportunidad.

2.-Autoengaño Inconsciente
En cambio, cuando concurre la inconsciencia mediante, el Autoengaño se presenta como la incapacitación de una persona de observar el Principio de Realidad, es decir de percibir cognitivamente la realidad tal y como Es. En éste caso, dicha limitación intelectual puede venir precedida de un trastorno patológico mental, como pueda ser un esquizofrénico, de un trastorno emocional transitorio, como pueda ocurrir bajo los efectos de la pasión o del miedo, o de una deficiencia cultural, como pueda ser la carencia de conocimiento suficiente para vislumbrar la veracidad de un hecho o circunstancia.   

El Autoengaño Inconsciente, por tanto, debe considerarse como fruto de un perfil de personalidad con una consciencia deficiente, alterada o limitada incapaz de percibir el Principio de Realidad más allá de la propia creencia personal que se tiene sobre lo que es verdad y lo que no lo es. Un tipo de engaño derivado directamente de la equivocación, la exageración y/o la subestimación personal, y que desemboca en la decepción como sentimiento percibido por aquellos que son conscientes de haber sido engañados.

Visto lo cual, el Hércules moderno en pos de afrontar el reto de evitar el Engaño en su naturaleza Intrapersonal Inconsciente, debe reforzar el Principio de Realidad mediante metodologías eficientes acordes para cada caso en particular, ya se trate de consciencias deficientes, como alteradas y/o limitadas, tales pueden ser los recursos, respectivamente, de naturaleza psiquiátrica, de gestión emocional y/o de gestión del conocimiento.

II.-El Engaño Interpersonal
Pero más allá del Engaño Intrapersonal nos encontramos con el Interpersonal, mucho más conocido por habitual. En éste sentido, cabe entender el Engaño Interpersonal como aquel que abarca el ámbito externo de la persona, es decir que implica a dos o más personas y cuya relación se extiende al conjunto de las actividades humanas. En éste punto, cabe distinguir entre el Engaño Interpersonal Privado y el Público, cuyos rasgos característicos diferenciables vemos a continuación:

1.-Engaño Interpersonal Privado
A la hora de referirnos con propiedad al Engaño Interpersonal en su ámbito privado es necesario observar la diferencia existente entre aquel tipo de Engaño que se manifiesta de manera consciente de aquel que lo hace inconscientemente. Veamos:

1.1. Engaño Interpersonal Privado Consciente:

Cuando concurre la consciencia mediante, el Engaño Interpersonal Privado se presenta como una instrumentalización intelectual de la falsedad de la verdad, mediante ya sea el uso directamente de la mentira, o de la manipulación o de la ocultación parcial o total de dicha verdad. En dicho Engaño éste puede surgir tanto del Autoengaño Consciente propiamente dicho, el cual ya hemos visto con anterioridad, como de una voluntad firme y decidida por engañar al prójimo desde el pleno uso de las facultades mentales y sin autoengaño mediante. En ambos casos, concurre tanto la mentira intencionada como la intencionalidad en la búsqueda de un beneficio personal, y acaba desembocando en la traición como sentimiento percibido por aquellos que son conscientes de haber sido engañados.

Este tipo de Engaño, por ser consciente y atentar contra la verdad fehaciente, es un comportamiento humano que se enmarca dentro de la Ética, y más particularmente de los vicios conductuales. Una actitud deshonesta que, no obstante, es promovida tan descarada como alegremente por una sociedad contemporánea que vive de la apariencia y de la imagen externa, fruto de una cultura consumista. (Ver: Vivimos en una sociedad en la que valemos más por ser clientes/consumidores,antes que ciudadanos y personas y El homo selfies, el alter ego virtual). Ergo, podemos afirmar que el engaño sociabilizado es reflejo de una sociedad inmoral, en términos contrapuestos al deber moral fundamental o imperativo categórico kantiano de decir y vivir desde la verdad. Y en ésta sociabilización del engaño, donde prima la apariencia por encima de la verdad, donde importa más la identidad creada artificialmente que la identidad verdadera de la persona, encontramos diversos grados de engaño según su utilidad para beneficio personal: el Engaño de Autodefensa, para evitar posibles situaciones de dolor, sufrimiento o castigo; el Engaño Social, como medio de astucia para pertenecer a una afiliación social determinada; el Engaño de Identidad, para preservar una imagen ilusoria creada; o el Engaño Delictivo, como el que busca un rédito económico mediante la estafa; entre otros tantos habidos y por haber susceptibles de catalogación.

Pero aún siendo el Engaño una conducta contraria a la moral, por sustentarse en un acto tan reprobable como es la mentira, no cabe rasgarse las vestiduras como supuestos seres iluminados que se rigen por una moral pura, pues es el Engaño un hábito conductual natural de la condición humana, al menos, desde los albores de las civilizaciones con la creación de la figura de la propiedad privada (germen de los desequilibrios en las relaciones humanas). De hecho, si profundizamos en la naturaleza antropológica del Engaño, ésta cuenta con tres elementos nucleares de raíz:

-El instinto de supervivencia del ser humano, que en un hábitat de desigualdad social le aboca a desarrollar el sentido de la picardía (que no es otra que sacar provecho de ciertas situaciones mediante artimañas varias).

-Un bajo nivel de autoestima personal, propio de sociedades enajenadoras de la individualidad singular bajo métodos educativos tanto estandarizadores de personalidad como bloqueadores del autoconocimiento, que canalizan premeditadamente la necesaria reafirmación de la identidad individual sobre la base de una imagen social obtenida por acaparación de consumibles externos, dentro del contexto de economías de mercado profundamente competitivas.  

-Y, un alto sentido del egoísmo como medio imprescindible para alcanzar el éxito social (Ver: La exaltación del Egoísmo: el éxito del capitalismo), propio de sociedades capitalistas que promueven la cultura del dinero como bien supremo para la tan anhelada vida hedonista propia del consumismo.

Por tanto, instinto de supervivencia, baja autoestima y promoción del egoísmo son las tres hebras con las que se teje el Engaño Interpersonal Privado en sociedades tan desequilibradas como necesitadas de aparentar por superficiales. Por lo que, si bien cabe defender la trascendencia del ser humano desde la justa observancia de la moral universal como ideario a perseguir, desde un punto de vista social su reprobación moral no tiene más calificativo que el de pura hipocresía. Es decir, el Engaño entre personas está tan normalizado por sociabilizado en la actualidad que es una conducta plenamente admitida, e incluso en algunos casos hasta vitoreada como virtud de la persona exitosa que ha tenido la habilidad y la inteligencia suficiente de engañar para beneficio propio, siempre y cuando no nos afecte a nivel personal, aunque en ello se vean mermadas las arcas del erario público. Como vemos, dos varas de medir según el ámbito de afección.

Visto lo cual, el Hércules moderno en pos de afrontar el reto de evitar el Engaño en su naturaleza Interpersonal Privada Consciente, no tiene más camino para alcanzar el éxito de su empresa que esforzarse en implantar en la sociedad, aun contra natura del ser humano no trascendido, la virtud cardinal de la Justicia entendida como aquella que obra desde y por la verdad como deber moral fundamental. Un arduo trabajo solo apto para héroes clásicos que debe iniciarse desde una adecuada e inderogable reeducación en valores morales.

1.2. Engaño Interpersonal Privado Inconsciente:

Contrariamente, cuando concurre la inconsciencia mediante, el Engaño Interpersonal Privado se presenta como una falta de la verdad admitida culturalmente y por tanto integrada por consenso colectivo en el sistema de creencias del ser humano. En éste caso no se puede hablar de mentira, ni de instrumentalización de ésta, porque no existe consciencia de la no veracidad del objeto de la misma. Nos encontramos, de hecho, en el ámbito que Platón definía como las sombras proyectadas en el interior de la caverna, que Descartes describía como el Engaño Deus en el que un ser superior creador obliga al hombre a engañarse sistemáticamente creyendo estar en la verdad cuando realmente está situado en el error (base de la famosa Duda Cartesiana), y que Nietzsche explicaba como efecto directo de un conocimiento humano cuya fuente original no se basa en la lógica sino en la imaginación. Es decir, hacer referencia al Engaño Interpersonal Privado Inconsciente es equiparable a hablar de un Autoengaño Inconsciente colectivo, cuya raíz parte tanto de la limitada capacidad cognitiva del ser humano sobre la realidad a la que pertenece, como del sistema de creencias que todo hombre tiene como producto cultural que es en el momento incluso anterior a su propia concepción, y aún más en la naturaleza poliédrica del concepto que denominamos verdad (Ver: La Verdad: la gran quimera de los mortales con múltiples caras).

Si bien en éste tipo de Engaño aunque no concurre la mentira condicionada, sí que podemos afirmar que concurre la intencionalidad en la búsqueda de un beneficio personal, en ésta caso colectivo, como derivación del intento de otorgar sentido a la existencia espacio-temporal humana aun partiendo desde la ausencia de la verdad o desde un posicionamiento de conocimiento erróneo. Un sentido existencial que, por no ser cierto, genera una seguridad o tranquilidad en la mente o imaginario colectivo que puede calificarse como falsa. Por lo que dicho postulado puede acabar abocado tanto a un sentimiento de decepción como de traición en aquellas personas conscientes de haber sido engañadas a la luz de la Razón y el conocimiento. Tal pueda ser el caso de descubrir que el planeta Tierra no es el centro del Universo o que una vida dedicada al esfuerzo del estudio de una profesión no asegura un puesto laboral.

Visto lo cual, el Hércules moderno en pos de afrontar el reto de evitar el Engaño en su naturaleza Interpersonal Privada Inconsciente, tan solo puede echar mano de la Filosofía como método del conocimiento humano que permite dudar de la verdad de las propias creencias con el objetivo, pensamiento crítico mediante, de intentar aproximarse a alcanzar la verdad última. Una empresa que, no obstante, seamos realistas, no deja de ser pura ilusión por tratarse de un trabajo que requiere tanto de la capacidad de la eternidad como de la omnisciencia, atributos naturales que le han sido vetados al hombre.

III.-El Engaño Social
Otro apartado se merece, por su carácter con personalidad propia, el Engaño Social, que debe entenderse como aquel que se realiza en y desde el ámbito público. En éste caso, hacer referencia al Engaño Social equivale a referirse al Engaño Institucionalizado, el cual puede darse tanto desde su vertiente política como económica, ya que no existe Estado sin Mercado ni economía de Mercado sin una sociedad organizada bajo los parámetros políticos de un Estado. Siendo conscientes, a su vez, que en un mundo globalizado, el gobierno del Estado y el gobierno del Mercado se sobreponen en una tensa dinámica continua en la que quedan difuminados los límites y radios de influencia de ambos en una relación de coexistencia tan estrecha como recíproca.

1.-Engaño Institucional del Mercado
Concurre Engaño Institucional del Mercado desde el preciso momento en que éste requiere vender sus bienes y servicios consumibles para su subsistencia y desarrollo mediante técnicas de marketing que buscan, sin pudor alguno y mucho menos moral mediante, sumar consumidores tan adeptos como adictivos. Pues sin consumidores no hay Mercado. Ni hay Mercado que alcance su máxima superior de acaparar recursos naturales y financieros, bajo la lógica y los principios rectores de un sistema capitalista de libre competencia, sin la expoliación de dichos recursos a los consumidores en calidad de pequeños propietarios mediante estrategias sibilinas propias del Flautista de Hamelín. Es decir, el Mercado (liberal) para asegurarse su propio enriquecimiento requiere tanto del empobrecimiento de los consumidores, ya que se trata de una relación basada en una pura aritmética de valores inversamente proporcionales (por lo que toda crisis económica es un escenario favorable para los intereses del Mercado en el que los que más tienen compran barato a los que menos tienen), así como requiere de sociedades dóciles por enajenadas bajo los efectos del opio propio de una cultura consumista de corte hedonista.

Asimismo, cabe apuntar que la sombra del Engaño Institucional del Mercado es tan alargada, como señor del dinero en que se ha erigido, que no solo ejerce una influencia directa sobre los consumidores a título individual, sino que en su tendencia orgánica natural a sobredimensionarse ejerce asimismo influencia directa sobre los gobiernos de los propios Estados con el objetivo de asegurarse sus propios intereses, a expensas tanto de la dignidad humana como en detrimento del modelo de sociedad democrático. (Ver: El Mercado, el nuevo modelo de Dictadura mundial). Siendo el Engaño Institucional último por magistral del Mercado, tanto sobre los ciudadanos/consumidores como sobre los Estados, la creencia implantada elevada a categoría de verdad dogmática irrefutable de que no existe otro modelo económico posible y alternativo al que el Mercado impone, en el que el capital prima por encima de las personas, y éstas son susceptibles de ser desechadas cuando no tienen valor productivo en el balance económico de pérdidas y ganancias.

Un tipo de Engaño derivado directamente de la falsedad y la ocultación, en el que concurre tanto la mentira intencionada como la intencionalidad en la búsqueda de un beneficio personal, desembocando en la traición como sentimiento percibido por aquellos que son conscientes de haber sido engañados.

Visto lo cual, el Hércules moderno en pos de afrontar el reto de evitar el Engaño en su naturaleza Institucional del Mercado, tan solo puede que reforzar el papel del Estado, mediante la revalorización de los principios rectores democráticos amparados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con el objetivo tanto de resituar al Mercado en su justa medida como medio instrumental necesario para la evolución social y no como un fin en si mismo, así como para llevar a cabo una transformación humanista del mismo. (Ver: El Capitalismo neoliberal ha muerto ¡Viva el Capitalismo Humanista!).

2.-Engaño Institucional del Estado
Por su parte, concurre Engaño Institucional del Estado, en términos de gestión política de la res publica, al estar éste supeditado a un sistema de partidos formado por personas humanas, profundamente humanas, que hacen de la política y sus resortes de poder un círculo vicioso para beneficio tanto personal como partidista, a expensas de sus conciudadanos/votantes. Siendo el diagrama del círculo vicioso el que sigue: 1.-Los políticos viven de la política / 2.-Los políticos, para vivir de la política, son dadores de favores / 3.-Para ser dadores de favores, los políticos necesitan dinero / 4.-Los políticos buscan dinero en el Mercado (sector bancario y empresarial) / 5.-Los políticos deben favores al Mercado / 6.-Los políticos se aseguran continuar viviendo de la política / 7.-Los políticos vuelven a comenzar el círculo viciado sin fin. (Ver: El círculo vicioso de los políticos, en el que los ciudadanos quedamos excluidos). Un círculo vicioso que, no obstante, cabe decir que se remonta a las primeras civilizaciones, encontrando su mayor exponente en la vida política del Antiguo Imperio Romano. Es decir, el Engaño Institucional del Estado como medio de gestión del poder público por parte de los hombres codiciosos, con independencia de sistemas políticos de orbe democrático o antidemocráticos, siempre ha existido y siempre existirá por principio de identidad con la naturaleza primaria humana. Un tipo de Engaño Institucional que, en la actualidad, se viabiliza mediante técnicas más complejas como es el control de los mass media y de la instrumentalización de una oratoria ambivalente capaz de afirmar una cosa y su contrario a la vez con plena impunidad en una cultura política imperante de panem et circenses (aunque hoy en día, a falta de suficiente pan, taza doble de circo). Pues no hay mejor estrategia para el Engaño que la distracción y el camuflaje. 

Un tipo de Engaño derivado directamente de la falsedad y la ocultación, en el que concurre tanto la mentira intencionada como la intencionalidad en la búsqueda de un beneficio personal, que desemboca en la traición como sentimiento percibido por aquellos que son conscientes de haber sido engañados.

Visto lo cual, el Hércules moderno en pos de afrontar el reto de evitar el Engaño en su naturaleza Institucional del Estado, tan solo puede esforzarse por que la sociedad evolucione hacia un sistema democrático más desarrollado, en el que la transparencia de la gestión, los criterios objetivos del bien púbico en términos de Bienestar Social, y el control sobre el perfil y el trabajo de los gestores de la res publica sean los verdaderos ejes vertebradores de la política en las sociedades modernas. 

Como hemos visto, afrontar el trabajo metafórico que representa el robar las manzanas doradas del jardín de las Hespérides no es tarea fácil. Ya el Hércules mitológico tuvo que acarrear temporalmente con el enorme peso que supone sostener el cielo, en sustitución del joven titán Atlas, para conseguir su empeño. En este caso, si bien no es el cielo con lo que hay que cargar, sí lo es con la propia naturaleza engañosa del conjunto de la humanidad, que ciertamente no sé qué es lo que pesa más. Pues si bien el cielo contiene estrellas éstas son limitadas, mientras que el engaño derivado de la codicia humana es infinito.


Nota: Para artículos de reflexión sobre filosofía contemporánea del autor se puede acceder online a la recopilación del glosario de términos del Vademécum del ser humano