viernes, 31 de enero de 2020

Diccionario del Alma (Deshelar / Despilfarrar) XXXIª Entrega

Nueva entrega del "Diccionario del Alma" allí donde lo dejé con la misma paciencia y motivación de quien tiene un macro puzzle inacabado, sabedor que lo divertido está en el viaje del proceso (que inicié a finales del 2013, y que no sé cuando lo acabaré). Para quienes lo conocen, saben que éste no es un diccionario al uso, sino que describe el eco que cada palabra resuena en mi alma (en un momento concreto y determinado de mi vida, lo que son susceptibles de continua revisión, pues yo -como todos-, no soy nunca siempre igual), por lo que no están todas las palabras sino tan solo aquellas que siguen este criterio.


Deshelar: Abrazar a alguien.
Desheredado, -da: Los sin voz.
Desheredar: Retirar la esperanza.
Desherrar: Comprar la libertad.
Deshidratar: Beberse la sustancia del prójimo.
Deshielo: La cuenta atrás.
Deshilachar: La pobreza elevada a moda.
Deshilar: Corregir un error.
Deshilvanado, -da: Las razones partidistas.
Deshilvanar: Transmutar un borrador.
Deshinchadura: El paso atrás del orgullo.
Deshinchar: El ego, con el paso de los años.
Deshojar: 1. Una destreza animal. 2. Yo, de pinche de mi mujer.
Deshollinador, -ra: Sin lugar a dudas Bert, el personaje de Mary Poppins.
Deshonillar: Un hábito recurrente para los que fumamos en pipa.
Deshonestidad: Una mezcla de falta de valentía y de mezquindad a partes iguales.
Deshonesto, -ta: Los supuestos amigos que quedaron por el camino.
Deshonor: La traición a uno mismo.
Deshonra: La vergüenza tendida al sol.
Deshonrar: Los políticos a la Política como instrumento de gestión del bien común.
Deshonroso, -sa: La falta de dignidad humana.
Deshora: Un acontecimiento fuera del reloj.
Deshuesar: Un castigo al olvido eterno.
Desiderátum: Vivir escribiendo junto al mar.
Desidia: La energía estancada o la energía descargada.
Desidioso, -sa: Tanto se nace como se hace.
Desierto: Un espacio de intimidad propio de la Naturaleza.
Designación: Una mochila más a cargar.
Designar: Un acto de poder.
Designio: Recordar cada día quién es mi Yo verdadero.
Desigual: Principio asimétrico de la vida.
Desigualar: El tránsito natural entre vasos comunicantes.
Desigualdad: La base del capitalismo.
Desilusión: Mirar desde adulto los sueños propios de joven.
Desilusionar: Uno solo se sobra.
Desinencia: La personalidad de la palabra.
Desinfección: Un acto de confinamiento local sanitario.
Desinfectante: La Parca de los microorganismos.
Desinfectar: Reparar.
Desinflamar: Llamar al orden.
Desinflar: Recriminar la especulación.
Desintegración: La tendencia segregacionista de los pueblos.
Desintegrar: La carencia de solidaridad.
Desinterés: Todo aquello que se haya en el extra radio del ombligo propio.
Desinteresado, -da: Un encefalograma plano.
Desinteresar: La verdadera razón tras la cultura del ocio.
Desistimiento: Estado de resignación.
Desistir: Ausencia de fuerza motriz.
Desleal: Un traidor al tiempo.
Deslealtad: El ejercicio de los gobernantes sobre su propio programa electoral.
Desleimiento: Nuestra corporeidad vuelta al polvo originario.
Deslenguado, -da: Propio de cráneos huecos.
Desliar: Rehacer la cama.
Desligar: Pasar página.
Deslindar: Colocar dos camas allí donde solo había una.
Deslinde: Definir tu propia personalidad.
Desliz: Entre parejas es una traición al respeto propio y ajeno.
Deslizadizo, -za: Un niño en un tobogán.
Deslizamiento: Efecto gravitatorio de mi barriga.
Deslizar: El arte criptográfico de la oratoria política.
Deslomar: Cualquier trabajo a partir de cierta edad.
Deslucido, -da: Todo talento en medio de un tumulto de mediocridad.
Deslucimiento: La incomprensible marca textil de las prendas de moda.
Deslucir: Una tertulia monopolizada por un monologuista egocéntrico.
Deslumbrador, -ra: La sonrisa de mi mujer y de mis hijas.
Deslumbrante: La expansión de la mente.
Deslumbrar: Si es con intencionalidad oculta, no me interesa.
Deslustrar: La prueba inequívoca de lo vivido.
Deslustre: Mi profesión.
Desmadejar: La falta de sentido en la vida.
Desmán: La judicialización de la vida por parte de los analfabetos.
Desmandarse: La socialización adulterada de la libertad personal.
Desmangar: Reinventar una herramienta.
Desmantelado, -da: El orden humanista de la sociedad.
Desmantelar: El mal denominado progresismo sobre la educación cívica.
Desmaña: Cuando habilidad y hábitat no son correspondidos.
Desmañado, -da: Un pez trepando por un árbol.
Desmarcar: (-se) Yo de la normalidad social.
Desmayar: La ausencia de cultura general.
Desmayo: Voluntad inconsciente de no querer ser consciente.
Desmedido, -da: La escasez de pudor.
Desmedirse: Ciertos autoproclamados demócratas sobre la propia Democracia.
Desmedrado, -da: La hucha pública de las pensiones.
Desmedrar: El Mercado sobre el Bienestar Social.
Desmejorar: El tedio como hábito.
Desmelenar: (-se) Romper la rigidez dela adulto.
Desmembrar: La estrategia de la victoria.
Desmemoriado,-da: Una característica casi patológica de un servidor.
Desmemoriarse: Recurso de salud mental.
Desmentido,-da: Tanto la bondad como la maldad universal humana.
Desmentir: 1. Reafirmar una mentira. 2. Un paso al frente de la verdad.
Desmenuzamiento: El espíritu del reciclaje.
Desmenuzar: Una persona inquieta jugando a trocear la piel de la naranja.
Desmerecer: Una riqueza heredada.
Desmerecimiento: El apático y el mediocre.
Desmesura: La sexolización de las relaciones humanas.
Desmesurado, -da: El consumismo impulsivo.
Desmigajar: El alimento de la senectud.
Desmirriado, -da: La mala vida por voluntad propia o por injusticia social.
Desmochar: Imponer la escala humana a la naturaleza.
Desmontaje: La volatilidad de la creación humana.
Desmontar: Yo, de la velocidad de vértigo de la sociedad.
Desmoralizar: El esfuerzo sin recompensa.
Desmoronamiento: El proyecto de la Unión Europea.
Desmoronar: El ciclo de la vida.
Desmovilizar: El triunfo social del consumismo.
Desnatar: Siempre, por favor.
Desnaturalizado,-da: El transhumanismo.
Desnaturalizar: El avance de la tecnología.
Desnivel: Una relación de poder.
Desnivelar: Una necesidad temporal.
Desnucar: Un viaje express fuera de la vida.
Desnudar: 1. Desproteger. 2. Liberar.
Desnudez: Un rasgo natural de la condición humana.
Desnudo, -da: 1. El poeta en sus poemas. 2. El ejercicio de un derecho personal.
Desnutrición: 1. (del espíritu) La falta de cultura. 2. (del cuerpo) Una circunstancia tan incomprensible como injusta en un mundo abundante.
Desobedecer: A veces, una cuestión de ética personal.
Desobediencia: Un derecho civil cada vez más extendido que comienza a adulterar los propios principios rectores de la Democracia.
Desobediente: Si es sin razón objetiva, un presunto delincuente.
Desobstruir: Siempre un imperativo en materia de bien común.
Desocupación: El éxodo rural.
Desocupado, -da: Una epidemia de las sociedades occidentales.
Desocupar: Un cambio de turno.
Desoír: Un mal extendido en una era hiperactiva.
Desojar: Un escritor que peina canas.
Desolación: Una vida no-vida.
Desolado, -da: Un desgarramiento interior.
Desolador, -ra: Un bosque quemado.
Desolar: La avaricia humana.
Desoldar: Redefinir el sistema de referencia.
Desolladura: Trabajar para subsistir.
Desollar: La otra cara de la estética alimentaria.
Desorbitado, -da: Ciertas fortunas.
Desorbitar: La fama mediante la telebasura.
Desorden: 1. La dualidad del orden. 2. Preludio del caos.
Desordenado, -da: Persona exenta de armonía interior.
Desordenar: Patología del equilibrio.
Desorganización: El principio del fin.
Desorganizar: El Mercado respecto al sistema educativo.
Desorientación: El progreso sin Filosofía.
Desorientado, -da: 1. Una hormiga sin antenas. 2. Un hombre sin propósito social.
Desorientar: El horizonte cambiante.
Desosar: Llegar al fondo de la cuestión.
Desovar: Uno de tantos milagros de la vida.
Desove: La perseverante tenacidad de la continuidad.
Desovillar: La vocación del filósofo.
Desoxidar: Una opción vital que acaba convirtiéndose en imperativo.
Despabilado,-da: Una persona consciente.
Despabilar: A todos los efectos, un buen café.
Despacio: Mi padre conduciendo.
Despachado, -da: Una de las diversas inteligencias múltiples en su justa posición y lugar.
Despachar: Un hábito conductual olvidado por nuestros gobernantes.
Despacho: Mi refugio personal.
Despachurrar: Un insecticidio muchas veces no intencionado.
Despampanante: Cualquier persona vestida de gala.
Despampanar: La capacidad resolutiva de mi mujer.
Despanzurrar: El acto de un ladrón poco mañoso.
Desparejado,-da: 1. El calcetín. 2. Una cama medio vacía.
Desparejar: Un acto doloso.
Desparejo: Ciertos dichos con sus hechos.
Desparpajo: Una cuestión de práctica.
Desparramiento: Una limpieza anunciada.
Desparramar: Una técnica de visión global.
Despasar: Priorizar la luz solar a la penumbra de las cortinas.
Despatarrarse: Un acto merecedor de admiración.
Despavorir: Sin duda, las arañas.
Despectivo, -va: Una conducta que ciertas personas y circunstancias se merecen.
Despecho: La semilla del mal.
Despechugado,-da: El valor efímero de una generación de nuevas cantantes.
Despedazar: Actitud propia de los soberbios.
Despedida: Aligerar la mochila personal.
Despedir: Un acto que se aprende con los años.
Despegado, -da: La aceptación en acción.
Despegar: Muchos son los llamados y pocos los elegidos.
Despegue: El más importante es el despegue interior.
Despeinar: La broma mañanera de la almohada.
Despejado, -da: Una mente serena.
Despejar: Un quehacer diario.
Despeluznante: La imaginación de los cineastas de terror.
Despellejar: Un juicio mediático.
Despender: El arte de los políticos en ascender socialmente.
Despensa: Un tesoro.
Despensero,-ra: Una persona con muchos pretendientes.
Despeñadero: El espacio inexplorado de una startup.
Despeñar: Cambiar las reglas del Mercado sin aviso previo.
Despepitar: Personalmente prefiero la uva con sus pepitas.
Desperdiciar: El talento sin ocupación.
Desperdicio: La comida de los restaurantes que no se consume.
Desperdigar: Quien mucho abarca poco aprieta.
Desperezarse: Un ejercicio cotidiano.
Desperezo: El tránsito entre el homo sentado y el homo en pie.
Desperfecto: Daño ocasionado por la dictadura del Mercado al sistema democrático.
Despertador: Un objeto tan antipático como irritante.
Despertar: Lo intento todos los días, aun sin demasiado éxito.
Despiadado,-da: Los balances de explotación.
Despicarse: Desdramatizar una situación.
Despido: El final de un capítulo.
Despierto, -ta: En muchas ocasiones, una ilusión.
Despilfarrar: Aparentar.



jueves, 30 de enero de 2020

La Biblioteca, un nodo dimensional al encuentro del saber


Abbey Library St. Gallen, Suiza
Reconozco que siento una predilección especial por las bibliotecas, una especie de atracción irresistible cual polilla a la luz desde que tengo noción de consciencia. Si tuviera que sintetizar los elementos nucleares de dicha gravitación, sin lugar a dudas destacaría el libro, el espacio y el conocimiento. El libro como unidad representativa de un conjunto formado por sumas de valores de enteros semejantes (relación intraespecífica), dotados cada uno de ellos de carga magnética para mi travieso espíritu curioso. El espacio como singularidad temporal cuya energía emanada es capaz de transmutar, por alteración del campo vibratorio del continuo espacio-tiempo, mi cuerpo más íntimo y emocional. Y el conocimiento como preciado brebaje fermentado a partir de los extractos secretos de la realidad, celosamente preservado bajo un riguroso sistema armónico, de cuyos efectos pseudoalucinógenos debo la expansión de mi mente que siempre acaba siendo proyectada hacia un viaje trascendental. Un nodo dimensional formado por libros, espacio y conocimiento que me permite esgrimir, tras previa inmersión en el mismo, los desafíos más mundanos por cotidianos de la realidad.

“El silencio, el uso inteligente de la luz, el olor de los libros, los movimientos respetuosos de las personas que trabajan, y la sabiduría inabarcable que contiene el conjunto de millares y millares de volúmenes, nos hacen percibir las bibliotecas de igual manera que espacios sagrados... los únicos espacios sagrados que pertenecen a toda la Humanidad”, afirmaba con sumo acierto mi viejo amigo Jesús Oliver-Bonjoch, profesor de Historia del Arte y Doctor en Arquitectura, en su sesión inaugural del curso “Los orígenes míticos de la civilización”. Una maravillosa y completa descripción de las bibliotecas, que si bien fue inspirada en su visita a la Biblioteca Nacional y Universitaria de Ljubljana (Eslovenia), es extensible al conjunto de bibliotecas del mundo, aunque éstas se encuentren olvidadas en medio del desierto más recóndito, como es el caso de la Biblioteca de Chinguetti (Mauritania).

Para los que nos sentimos impetuosamente atraídos por las bibliotecas, lo cierto es que éstas devienen un verdadero acelerador intelectual. No solo porque adentrarse en dichos espacios multidimensionales es equiparable a disfrutar de un hammam para la mente, y por extensión el alma, con independencia de su arquitectura estructural e interiorística que siempre devienen un potenciador del alo sagrado de los mismos. Sino que en pleno siglo XXI, incluso con la aceptada limitación de conocimiento albergable en las unidades de memoria física que son los libros (los verdaderos ladrillos de toda biblioteca), trabajar sobre cualquier materia objeto de estudio desde el seno de una biblioteca es una experiencia tan enriquecedora como espiritual.

Personalmente, todo hay que decirlo, prefiero la intimidad de las bibliotecas privadas antiguas, donde libros, espacio y conocimiento hacen la función de catalizador de ideas tanto apriorísticas, como consagradas e incluso de nuevas por descubrir; y donde el ordenador (internet mediante), como instrumento de labore natural de la era tecnológica, hace las veces de portal interdimensional en un universo fractal por esencia. En esa singularidad espacio-temporal sacralizada al conocimiento, la realidad se deconstruye para liberar conceptos radicales que, como elementos nucleares físicos, se entrecruzan hasta crear nuevas cadenas de moléculas de existencias imposibles. Aunque a veces, solo a veces, la paciencia del observador que persiste en bucear por las aguas etéreas de la reflexión tiene su recompensa, y las cadenas de moléculas de realidades alternativas formadas por ideas atómicas posibles revelan, como hilo conductor que interconecta lo visible con lo invisible, uno de tantos axiomas parciales que conforman la Verdad.

Qué decir que la inmersión prolongada en la dimensión desconocida del conocimiento más allá de los límites de nuestra realidad, cuya falsa seguridad de la distancia física intermundos viene dada por la solidez estructural del espacio de una biblioteca, conlleva sus peligros para la frágil naturaleza de la mente humana. La cual, puede llegar a perderse por dimensiones paralelas en un punto de no retorno sine die, e incluso puede regresar a nuestra realidad tetradimensional con una pérdida evidente de juicio mundano para la percepción de terceros observadores. Es por ello que cada buscador del conocimiento y la verdad, una vez que se adentra en las profundidades multidimensionales a través de una biblioteca como nodo espacio-temporal de acceso, requiere tomar las medidas de precaución necesarias para no perecer bajo los efectos secundarios de un estado de enajenación mental transitorio o permanente. En mi caso personal, el recurso que me permite navegar por el insondable espacio del mundo de las ideas posibles e imposibles sin desanclarme del mundo mortal de las formas, regulando la capacidad de oxígeno de raciocinio en el paseo interdimensional, no eso otro que el humo de mi pipa. Por lo que no realizo inmersión en biblioteca alguna si no es pipa en boca mediante. Toda precaución es poca, y más si el viaje hacia la búsqueda del conocimiento y la verdad se realiza en solitario.

Narrativa literaria, o no, a parte. Lo cierto es que siento una fascinación por las bibliotecas antiguas, que no tiene parangón en mi orbe personal. Seguramente por que las percibo como criptas del saber congeladas en el tiempo. Por lo que esta breve reflexión no intenta ser más que un sencillo y humilde reconocimiento hacia estos grandes tesoros de la humanidad como son las bibliotecas. Consciente de ser un afortunado al poder deleitarme en estas líneas creativas, pipa en boca, mediante el placer que siento al escribir desde la intimidad de una bella biblioteca privada, que a la par me sirve de despacho -por no decir refugio- temporal. Pues es el hombre, y no el conocimiento albergado en las bibliotecas, quien es de naturaleza temporal. Ya que el hombre pasa, mientras que los conceptos perduran.


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

martes, 28 de enero de 2020

Sin clase social media, no hay Democracia


El título de esta breve reflexión no puede ser más esclarecedor: sin clase social media, no hay Democracia. Pues la clase social media es el in medio virtus del espectro de clases sociales habidas en una sociedad. ¿Y qué pasa cuando no hay punto medio?, pues que solo quedan los extremos. O dicho en términos sociológicos, el espectro social existente se reduce a la clase alta y la clase baja, entendiendo en ésta última tanto la clase trabajadora como la no trabajadora en situación de pobreza real. Sí, sin clase social media, las sociedades quedan divididas bajo parámetros de su propia polarización, retrotrayéndonos a eras preindustriales.

Y, ¿cuál es la mecánica de la lógica social en una sociedad polarizada en clases sociales?. La respuesta es obvia: la dinámica de la organización social en dicho escenario en absoluto resulta nada equitativa, equilibrada y/o justa, por mucho que se guarden más o menos las formas, pues todo polo, por idiosincrasia, repele a su opuesto. La tendencia natural, por tanto, es el intento de los polos por dominar a su antagónico. Siendo vencedor aquel que ejerce una mayor fuerza contra su contrario.

En una sociedad compleja por global como la contemporánea, la fuerza reside en quién ostenta el poder económico, es decir, las riendas del Mercado. De lo que se deduce que la clase social alta, cuya identidad como clase social propia viene definida no tanto por su capacidad intelectual sino principalmente por su elevado nivel de rentas de trabajo o de capital, representa el segmento social con una mayor capacidad potencial de fuerza en una sociedad polarizada.

La fuerza, asimismo y como es bien sabido por todos, en una magnitud que mide la capacidad de transformación de una realidad singular. Una capacidad de cambio que lleva implícita una fuente de energía cinética que posibilita, en el ámbito social, un cambio tanto en positivo (evolución), como en negativo (involución). La fuerza ejercida desde la evolución la denominamos desarrollo social, mientras que aquella fuerza ejercida desde la involución la denominamos retroceso social. No obstante, ambas caras de una misma moneda (la fuerza) se materializan a través de dos vectores comunes: el control, que comporta vigilancia y verificación; y el dominio, que comporta autoridad y superioridad.

La incógnita del resultado de la fuerza social ejercida, como desarrollo o retroceso social en una sociedad polarizada, viene despejada por un factor humano tan relevante como indispensable en toda ecuación de esta naturaleza: el egoísmo humano. Una constante universal cuya participación provoca, en términos de matemáticas humana, que en toda sociedad polarizada, aquel extremo social con mayor capacidad de fuerza ejerza una energía de transformación mayor y en sentido contrario contra su extremo social opuesto para controlarlo y dominarlo en parámetros de retroceso social. Es decir, en una sociedad de Mercado polarizada, la clase social alta tiende a oprimir instintivamente y con descaro los derechos sociales de la clase social baja para interés y beneficio propio. Es por ello que diversas voces ya claman a cielo abierto que el Neoliberalismo (que es la filosofía que rige el Mercado capitalista) es contraria a la Democracia, pues tiende a suprimir los derechos sociales e individuales fundamentales que recoge ésta.

Pero igual ocurre en un teórico (y empíricamente demostrado históricamente) contexto de signo contrario, cuando es la clase baja la que ostenta una capacidad de fuerza mayor y en sentido contrario contra la clase alta. En este sentido, en un sistema referencial dual de extremos, en vez de una organización socio-económica de libre mercado nos encontraríamos frente a una organización socio-económica de mercado férreamente tutelado. Aquí diríamos que el Comunismo (como máximo exponente de un Mercado hipertutelado) es contrario a la Democracia, pues -de igual manera que el Neoliberalismo- tiende a suprimir los derechos sociales e individuales fundamentales que defiende una sociedad democrática.

De lo que se deduce, expuesto lo cual, que para la existencia viable de la Democracia, como sistema de organización humana que vela por la justicia y la equidad social como principios dignificadores de las personas a título individual y colectivo, ésta requiere de un hábitat social lo menos polarizado posible. Un efecto atenuante que solo es posible mediante el corpus orgánico de la clase social media, entendiéndose la misma tanto en parámetros de nivel cultural como de nivel económico.

Dime qué peso tiene la clase social media en una sociedad, y te diagnosticaré la salubridad de su Democracia.

La consiguiente pregunta obligatoria, por tanto, no puede ser otra que: si la ausencia de la clase social media pone en peligro la Democracia, ¿por qué no se toman medidas al respecto?. (Ver: ¿Por qué la clase media es la gran olvidada si aporta estabilidad económica, social y política?). Ésta respuesta, como en muchos otros casos, la encontramos sintetizada en una de las máximas clásicas más celebres de la humanidad: Nihil novum sub sole.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

viernes, 24 de enero de 2020

La voz humana construye nuestra realidad

Serena Saénz, soprano. Imagen de tenorvinas.com

Acabo de asistir, un año más, a la final del concurso internacional de canto Tenor Viñas, en el inmejorable marco del Liceu de Barcelona. Donde poco más de una quincena de finalistas, entre sopranos, mezzosopranos, tenores, barítonos, bajo-barítonos y bajos, de trece países distintos representantes de tres continentes diferentes, han tensado sus cuerdas vocales -al compás del piano- para alcanzar el podium maximum tanto en la modalidad masculina como femenina. Un verdadero deleite para oyentes aficionados y doctos en la ópera presentes. Pero, sin lugar a dudas y sin desmerecimiento de la ópera, la verdadera protagonista del evento que ha sido capaz de crear la magia ambiental protagonizada no es otra que la voz humana.

Sobre la voz humana se ha estudiado mucho, pues es materia específica de la fonología y la fonética, así como submateria de la biología como mecánica fisiológica. Tanto es así, que recientemente un grupo de científicos ha conseguido “hacer hablar” a una momia egipcia de 3.000 años de antigüedad mediante la replicación artificial de su aparato vocal. Por lo que, ciencia no-ficción a parte, particularmente me interesa centrar el objeto de la presente breve reflexión sobre la voz humana desde una materia tan antigua como el propio sonido de los hombres: la filosofía, y más concretamente desde su rama metafísica.

Y, ¿por qué tratar la voz humana desde la metafísica, y no desde la gnoseología, la estética o la lógica, por poner algunos ejemplos? Pues porque la voz humana representa uno de los componentes estructurales fundamentales de nuestra realidad. He aquí el axioma primero por principal.

A partir de aquí, veamos sus proposiciones derivadas por método deductivo:

1.-La voz es componente estructural de la realidad, pero no es la realidad en sí misma; ergo la voz es sustancia de la realidad.

2.-La voz, como sonido, es forma, pero no materia de la realidad; ergo la voz es esencia de la materia.

3.-La voz, como entidad percibida a través de los sentidos, es significante de la consciencia, pero no es la conciencia; ergo la voz es contenido de la consciencia.

4.-La voz es rasgo de singularidad de la persona, pero no es la persona; ergo la voz es accidente de la persona.

Por lo que podemos concluir mediante la clásica regla de inferencia del modus ponendo ponens, que la voz humana, como componente estructural fundamental de la realidad del hombre, es sustancia de la realidad, esencia de la materia, contenido de la consciencia, y accidente de la persona. Una naturaleza tetradimensional que, si bien ayuda al hombre a trascenderse sobre sí mismo y en connivencia con la realidad coexistente, pertenece a la dimensión de la realidad creada por el ser humano, quedando excluida su ascendencia sobre la realidad en sí misma e independiente del ser humano. Dicho lo cual, y a la luz de esta constante lógica, no está de más apuntar que la voz humana no pertenece a la categoría de entidades universales por apriorísticas, entre otros razonamientos porque no forma parte del mundo de las ideas sino del mundo de las formas.

Y es justamente en el mundo de las formas, dentro del sistema referencial de la realidad creada por el hombre, que la voz ha manifestado su magia transmutadora en el palacio de la ópera del Liceu de Barcelona. El sonido se hizo carne, y la carne creó -mediante la alquimia de la sustancia, la esencia, el contenido y el accidente de la voz-, una realidad que aun siendo efímera no por ello desmerece su alto valor como claro exponente de la gran belleza que el ser humano es capaz de materializar. Por favor, silencio, que la voz inspirada está creando.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

miércoles, 22 de enero de 2020

Diccionario del Alma (Descubrir / Deshecho, -cha) XXXª Entrega

Nueva entrega del "Diccionario del Alma" allí donde lo dejé con la misma paciencia y motivación de quien tiene un macro puzzle inacabado, sabedor que lo divertido está en el viaje del proceso (que inicié a finales del 2013, y que no sé cuando lo acabaré). Para quienes lo conocen, saben que éste no es un diccionario al uso, sino que describe el eco que cada palabra resuena en mi alma (en un momento concreto y determinado de mi vida, lo que son susceptibles de continua revisión, pues yo -como todos-, no soy nunca siempre igual), por lo que no están todas las palabras sino tan solo aquellas que siguen este criterio.


Descubrir: Forjar la experiencia.
Descuento: Levantarse cada mañana.
Descuidado, -da: Los agujeros negros de la atención.
Descuidar: La seguridad falsa.
Descuido: Una característica humana que escapa al entendimiento de los seres artificiales.
Desde: El punto y seguido del flujo continuo de la vida.
Desdecir: El poso del café.
Desdén: La diferencia entre habilidades sociales y empatía.
Desdentado, -da: 1. La quiebra del Ratoncito Pérez SA. 2. La marca de error en el sistema del Estado de Bienestar Social.
Desdentar: Un tránsito carnívoro.
Desdeñar: Parte de la lógica del tetris existencial.
Desdeñoso, -sa: Una compañía insoportable.
Desdibujado, -da: El profesional sin profesión.
Desdibujarse: Fase inicial del proceso de reinventarse.
Desdicha: La cara amarga de las Moiras.
Desdichado, -da: La carga significativa por oposición del exitoso en un mundo dual.
Desdoblar: Redimensionar el espacio.
Desdorar: Arma de la envidia y la mezquindad.
Desdoro: Una mancha con huella perecedera.
Deseable: El efecto de la excitación.
Desear: Vivir.
Desecar: El sol tras la lluvia.
Desechar: Imperativo necesario para la higiene mental, emocional y ambiental.
Desecho: El principio del reciclaje.
Desedificar: La incoherencia manifestada.
Desellar: Acceder con fuerza mediante.
Desembalar: Liberar.
Desembaldosar: Arrancar la piel de la pared.
Desembarazado, -da: La reconquista del vacío.
Desembarazar: Priorizar la armonía.
Desembarazo: La práctica de un don en su hábitat natural.
Desembarcadero: La frontera entre dos mundos.
Desembarcar: El origen del destino.
Desembarco: El germen de toda colonización.
Desembarque: La primera página de un nuevo relato.
Desembarrancar: Proseguir el camino.
Desembocadura: La falacia de alcanzar el horizonte.
Desembocar: La respuesta a toda acción.
Desembolsar: Fenomenología de la redistribución.
Desembolso: Empobrecimiento debido.
Desembotar: Mis cafés matinales.
Desembozar: La razón del olvido.
Desembragar: El descanso de todo guerrero.
Desembridar: Desculturalizar a un animal.
Desembrollar: Un hábito normalizado en una política contemporánea embrollada.
Desembuchar: El efecto del in vino veritas.
Desemejanza: La diversión de la diferencia.
Desempachar: Desconectarse de las redes sociales.
Desempacho: La naturaleza del comerciante.
Desempañar: La intencionalidad de ver.
Desempapelar: Un acto de justicia con retraso.
Desempaquetar: La ilusión en acción.
Desemparejar: Herir físicamente un corazón.
Desempatar: La azarosa línea entre el fracaso y el éxito.
Desempeñar: Jugar un rol en el gran teatro de la vida.
Desempeño: Una pieza del engranaje.
Desempleo: 1. Una realidad dolorosa. 2. Situación que atenta contra la dignidad humana.
Desempolvar: Los sueños de juventud.
Desempotrar: Ciertas creencias de mi mente.
Desenamorar: 1. Evolucionar por senderos diferentes. 2. Negligencia emocional.
Desencadenar: La mecánica natural del flujo de la vida.
Desencajar: Un estereotipo de su realidad.
Desencallar: Los estados de desánimo.
Desencaminar: Descaro flagrante de la cultura hedonista sobre los valores humanistas.
Desencantar: Las noticias de los telediarios.
Desencanto: Epidemia global en un mundo globalizado.
Desencapotar: Imposible en una sociedad sobresaturada de información no verificada.
Desencaprichar: La fuerza de gravedad del principio de realidad.
Desencargar: Los roles profesionales a los mayores de 45 años.
Desenclavar: Movilidad geográfica por necesidad.
Desencoger: Siempre, la falta de autoestima.
Desencolar: La educación inhibidora.
Desencolerizar: Responsabilidad urgente de los políticos sobre una sociedad desamparada.
Desencordar: Quitar la voz.
Desencuadernar: Un horror.
Desencuadrar: La inteligencia diferente dentro del marco de la inteligencia estandar.
Desenfadadamente: Desdramatizar la vida.
Desenfadado, -da: Cualquiera en el Caribe.
Desenfadar: Médico emocional.
Desenfado: Estado de paz interior.
Desenfocar: Requisito indispensable para poder ver más allá de la caja.
Desenfrenado, -da: El cambio climático.
Desenfrenar: Posición de velocidad vital.
Desenfreno: La política sin control ciudadano, el mercado sin control político, y el ciudadano sin control legal.
Desenfurecer: Suminístrese comida y ocio a partes por igual.
Desenganchar: (-se) Un acto solo apto para valientes.
Desengañar: La responsabilidad moral de los educadores.
Desengaño: El coste del conocimiento.
Desengrasar: La inspección técnica corporal periódica de los adultos.
Desenjabonar: El preludio de un final.
Desenlace: 1. El verdadero clímax de un libro. 2. La singularidad de toda historia humana.
Desenlazar: La respiración contenida de la ilusión.
Desenmarañar: Poner luz.
Desenmascarar: Una cuestión de tiempo.
Desenmohecer: Cambiar de armario.
Desenojar: El poder de la sonrisa de los seres queridos.
Desenredar: Habilidad de mentes analíticas y espaciales.
Desenrollar: Transmutar la geometría.
Desenronquecer: El deseo de muchos matrimonios.
Desenroscar: Dar espacio de movimiento.
Desensartar: Dividir un conjunto.
Desenseñar: Las modas superficiales.
Desentenderse: Comportamiento común de las sociedades modernas.
Desenterrar: 1. Conducta maquiavélica. 2. Aflorar el pasado, con independencia de su intencionalidad.
Desentonar: Toda generación frente a su sucesora.
Desentono: La diferencia mal disimulada.
Desentorpecer: Las preguntas sinceras y directas de los niños sobre los problemas del mundo.
Desentrañar: En algunas materias, una empresa imposible.
Desentumecer: Un ejercicio de fuerza de voluntad.
Desenvainar: Una manera sencilla de solucionar problemas.
Desenvoltura: La exquisitez de la práctica.
Desenvolver: La metamorfosis de una idea a una forma.
Desenvuelto, -ta: Cualquier ser en su medio natural.
Desenzarzar: Un asunto puntiagudo.
Deseo: Sentimiento entroncado en el adn del instinto de supervivencia y de superación.
Deseoso, -sa: Un anhelo sometido a altas temperaturas.
Desequilibrado, -da: Se cuentan por millares.
Desequilibrar: La sociedad de consumo.
Desequilibrio: La relación entre la riqueza y la pobreza.
Deserción: Un término relativo según el observador.
Desertar: Imponer la autoridad interna sobre el poder de terceros.
Desertor: Si es de los míos, un conocido menos.
Desesperación: La mecha de toda revolución.
Desesperado, -da: Un hombre en un túnel sin salida.
Desesperante: La parsimonia de nuestros gobernantes.
Desesperanza: Un crimen de la humanidad.
Desesperanzar: El progreso sin filosofía.
Desesperar: Un tempus interruptus.
Desestimar: 1. Un acto de salubridad psicoemocional. 2. La compañía yerma.
Desfachatado, -da: La irrespetuosidad personificada.
Desfachatez: El insulto conductual.
Desfalcar: Un hurto con traje y corbata.
Desfalco: La estafa sociabilizada al pobre.
Desfallecer: Frente a una playa de aguas turquesas, asegurado.
Desfallecimiento: La discontinuidad en la costumbre del buen comer.
Desfavorable: En una sociedad que brinda culto a la juventud, el hacerse mayor.
Desfavorecer: La falta de oportunidades.
Desfigurar: El futuro sin futuro.
Desfiladero: Un pasillo claustrofóbico.
Desfilar: Participar de la colmena.
Desfile: La homogeneización de la individualidad.
Desflorar: Se mire como se mire, no deja de ser un robo.
Desfogar: Parte del ciclo continuo del hombre animal.
Desgaire: El vuelo de la atención.
Desgajadura: El mordisco furioso del viento.
Desgajar: Diseccionar un todo.
Desgaje: El minimalismo de un conjunto.
Desgalichado, -da: Persona desprendida de su eje de gravedad.
Desgana: El triunfo del tedio.
Desganado, -da: Individuo sobreestimulado en el tiempo.
Desganar: Cualquier exceso.
Desgañitarse: La histeria con voz propia.
Desgarbado, -da: Se nace, no se hace.
Desgarrador, -ra: La maldad humana.
Desgarrar: Ceder a terceros nuestra mismidad.
Desgarro: La herida de un corazón roto.
Desgarrón: La pérdida de un ser amado.
Desgastar: La paciencia de la muerte.
Desglosar: La voluntad del estudio.
Desgobernar: El gobierno de los tontos.
Desgobierno: La atomización del parlamentarismo.
Desgoznar: Asaltar la intimidad.
Desgracia: Un reverso del destino.
Desgraciado, -da: Una persona con moralina.
Desgraciar: La imposición de la culturilla a la Cultura.
Desgranar: El tamiz educativo.
Desgreñar: Un efecto secundario del amor.
Desguarnecer: Recuperar la sobriedad.
Deshabitado, -da: La mente de demasiadas personas.
Deshabituar: El punto y seguido para un nuevo hábito
Deshacedor, -ra: Un entusiasta de los entuertos.
Deshacer: Ser.
Desharrapado, -da: El hábito no hace a la persona.
Deshechizar: Desconectar la televisión.
Deshecho, -cha: El hombre que no deja de mirar atrás.