viernes, 4 de octubre de 2019

La Modestia, una radiografía de tipos de personalidad


A veces nos encontramos por la vida con personas que muestran una actitud de modestia, entendida como cualidad de persona modesta, es decir, que no hace ostentación de sus buenas cualidades en una materia o hecho concreto. Pero no todas las modestias son de igual naturaleza, pues podemos toparnos con modestias sinceras, modestias falsas y modestias enfermas; así como tampoco se manifiestan de la misma manera, ya que podemos observar modestias temporales y modestias crónicas como hábito conductual. Hagamos su desglose:

Las modestias sinceras son propias de personas que denotan un estado emocional sano, aunque están sujetas a determinismos culturales que les obliga a declinar cualquier alago en exceso que públicamente engrandezca su persona como individuo. (En este punto, recomiendo la lectura de: “Más humildad socrática y menos sinceridad diplomática”). Su manifestación suele ser temporal por puntual, así como espontánea por un acto reflejo educativo. Asimismo, cabe apuntar que la naturaleza de la modestia sincera pertenece a la familia del orgullo discreto u orgullo educado por exposición de baja intensidad, en consecuencia la modestia sincera puede transmutarse en un conato reivindicativo de orgullo personal cuando el sujeto entiende que su modestia sincera está siendo malentendida o incluso atacada como signo de debilidad o incompetencia. (Ver: Reivindico el ego como instinto básico de existencia y supervivencia personal).

Por su parte, las modestias falsas son propias de personas que denotan un estado emocional tan insano como tóxico, pues más allá de estar sujetas a posibles determinismos culturales, utilizan la actitud de la modestia falsa como instrumento de engaño y manipulación de su entorno social más inmediato. Ya que en verdad éstas personas no se consideran modestas, sino más bien orgullosas de sí mismas con claros rasgos conscientes de descarada (por impúdica) altivez frente a la vida que revelan exclusivamente en su intimidad, pero que para encaje y supervivencia social actúan bajo el camuflaje de la modestia como medio instrumental de beneficio personal. La manifestación de la modestia falsa suele ser crónica, ya que dicha actitud suele conformar parte estructural del hábito conductual existencial construido por el sujeto. Asimismo, cabe apuntar que como la naturaleza de la modestia falsa pertenece a la familia de la prepotencia enmascarada, una vez destapada la falsedad de la modestia ésta puede transmutarse en un arrebato de rabia o ira, ya que la persona vive en una continua tensión controlada de superioridad respecto a los demás.

Mientras que las modestias enfermas, como bien indica su término, son propias de personas que denotan un estado emocional enfermo por psicopatológicas, es decir, por trastornos mentales ya sean de causa endógena u exógena. En este sentido, la modestia enferma es un rasgo característico de personas con bajos niveles de autoestima, e incluso de cuadros psicoemocionales depresivos en su grado más grave, cuya autopercepción personal registra importantes niveles de devaluación individual consciente respecto a su entorno social más inmediato. La manifestación de la modestia enferma tanto puede ser eventual como crónica, directamente proporcional a la psicopatología sufrida. Asimismo, cabe apuntar que como la naturaleza de la modestia enferma pertenece a la familia de la depresión, ésta puede transmutarse tanto en una actitud de anulación personal como de autodestrucción psicoemocional e incluso físico dentro de la polarización de su espectro conductual.

Así pues, como podemos observar, la modestia es una actitud cuyo registro nos dice mucho sobre el estado emocional, los rasgos de personalidad y el hábito existencial de una persona. Siendo su valor moral social asociado el concepto cultural judeocristiano de la humildad, que por ser cultural -cabe remarcar- no pertenece al marco de los valores universales, y que por tanto es susceptible de poder ser modificado mediante una adecuado proceso de reeducación.

Acabaremos señalando que por ser la modestia una actitud cultural, es decir un hábito educativo conductual -psicopatologías a parte-, y por tanto profundamente contextual a un espacio y un tiempo social, existe una conducta humana fuera del comportamiento de la modestia: la Autoridad Interna, que es aquella que permite al ser humano vivir mostrándose fiel a si mismo y respecto a su entorno exterior. (Ver: Conoce la fórmula de la Autoridad Interna y Valórate, ámate y vive desde tuAutoridad Interna). O dicho en otras palabras, el ser humano puede vivir una existencia sana psicoemocionalmente sin necesidad de adoptar la modestia como conducta personal y social. Aunque ello requiere, previamente, tanto de un trabajo personal de autoconocimiento como de un ejercicio de autotrascendencia sobre los cánones culturales limitantes establecidos. Cada cual que elija en plena consciencia de sus facultades emocionales y mentales la opción vital que más le convenga, sabedores que la máxima del “Yo soy Yo y mis circunstancias” de Ortega y Gasset puede transformarse en un “Yo soy Yo, a expensas de mis circunstancias”.

He dicho, modestia a parte.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano